Índice de Competitividad Regional del Perú 2025
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Pontificia Universidad Católica del Perú. Centrum
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Acceso al texto completo solo para la Comunidad PUCP
Abstract
Después de casi una década de medición, el país muestra una situación de leve deterioro de la
competitividad regional y, por ende, nacional, en comparación con los primeros años de la serie y evidencia
que los avances logrados hasta el año 2022 se han erosionado ante la constante inestabilidad política, el
deterioro de la estabilidad jurídica y el debilitamiento institucional. El Índice de Competitividad Regional del
Perú (ICRP) 2025 confirma que la competitividad territorial sigue relativamente mejor en algunas regiones
costeras, pero declinando en los últimos años.
La evolución del ICRP muestra una tendencia crecimiento antes del 2022 y posteriormente una
pérdida de dinamismo. Esto indica que el país aún no consolida un sendero hacia mayores niveles de
competitividad. Reflejando la fragilidad de los fundamentos que sostienen la competitividad regional y la
ausencia de políticas públicas de largo plazo orientadas a cerrar brechas territoriales.
La dinámica en este año 2025 refleja un territorio donde las regiones mejores ubicadas muestran
signos de desaceleración: solo 4 de las 26 regiones analizadas mejoraron su puntaje, mientras que 21
regiones experimentaron caídas, siendo Puno y San Martín los departamentos que más escalaron en
posiciones, mientras que Ucayali, Pasco y Amazonas fueron las que más retrocedieron. Dichos resultados
refuerzan la imagen de un país donde el crecimiento económico no va de la mano de mejoras en la
competitividad, posiblemente como producto del incremento de las economías ilegales ocurrido en los
últimos cuatro años.
En esta edición, Lima Metropolitana mantiene el liderazgo nacional con 61.6 puntos, seguida por
Moquegua (53.0) y Arequipa (43.9). En cambio, Amazonas (24.5), Ucayali (26.0) y Cajamarca (26.7) se
ubicaron en los últimos lugares del ranking. La brecha entre la primera y la última región supera los 37
puntos, y la distancia entre Lima Metropolitana y la media del resto del país excede los 30 puntos,
demostrando una relativa alta concentración de capacidades competitivas en la capital y en un pequeño
bloque de regiones de la costa sur. Esta configuración revela una dinámica desigual, similar a la que ocurre
en la economía nacional: la actividad empresarial se concentra en Lima.
En el pilar Economía, el promedio nacional cayó, reflejando un menor dinamismo productivo, una
inversión privada debilitada y una mayor vulnerabilidad frente a la incertidumbre interna y externa. Aunque
Lima Metropolitana, Moquegua e Ica lideraron el pilar, varias regiones costeras sufrieron fuertes caídas,
mientras que Amazonas, Ucayali y Tumbes permanecieron rezagados, evidenciando una recuperación
económica incompleta y desigual en el territorio.
En Gobierno e Infraestructura, los avances fueron etéreos y no lograron revertir el estancamiento
estructural. El pilar Gobierno refleja retrocesos en la mayoría de las regiones y fuertes diferencias territoriales.
Aunque algunos departamentos, como Amazonas y Puno mostraron mejoras, estas no alcanzan para
compensar caídas en regiones clave. Por su parte, el pilar Infraestructura mejoró de forma muy leve, pero
sigue siendo el más rezagado del país: fuera de Lima Metropolitana, Callao y Arequipa, la mayoría de regiones
mantiene bajos niveles de dotación y calidad, donde las limitaciones de conectividad continúan frenando la
integración productiva.
El pilar Empresas también mostró un descenso notable, asociado a un entorno de negocios más incierto,
menor confianza para invertir, una seguridad pública muy deteriorada, un marco jurídico incierto y el avance
de las economías ilegales. Mientras Moquegua, Lima Metropolitana e Ica lideran con ecosistemas
empresariales más dinámicos, regiones como Tumbes, Amazonas y Huancavelica registraron fuertes caídas
que reflejan mercados más chicos, menor diversificación y una baja capacidad para atraer inversión privada.
En contraste, el único pilar que presentó una mejora clara fue Personas. Sin embargo, estas mejoras no se
están traduciendo en mayor productividad ni actividad económica, debido a cuellos de botella persistentes en
el entorno institucional, productivo y de infraestructura.
En conjunto, el ICRP 2025 evidencia que la competitividad regional en el Perú no mejora con el tiempo,
a pesar de los desarrollos tecnológicos, el crecimiento del PBI y una dinámica empresarial liderada por
sectores fuertes, tales como la minería, la manufactura, los servicios y la construcción. El país mantiene un
núcleo reducido de regiones costeras con mejores niveles competitivos, mientras que la sierra y la selva
continúan atrapadas en una productividad y, por ende, desempeño muy bajo. Los avances logrados antes de
la pandemia se han diluido frente a un escenario marcado por la inestabilidad política, brechas persistentes en
infraestructura y entornos empresariales cada vez más adversos. Esta combinación de factores profundiza las
desigualdades territoriales y limita las posibilidades de un crecimiento equilibrado y sostenible.
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Competitividad regional, Brechas territoriales, Productividad, Desarrollo sostenible
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