Valentín Paniagua : la virtud de la decencia y la docencia

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Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial

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Valentín Paniagua nos dejó el mismo año en que falleció uno de sus actores favoritos, Glenn Ford. Por su féretro desfilaron tirios y troyanos, fue sin duda el hombre del «consenso», aquel que en palabras de Augusto Elmore se había ganado el título vitalicio de «Señor Presidente». Al igual que Bobbio —su autor favorito—fue un hombre fiero y justo. Fiero puesto que defendía su posición desde la transparencia y la verdad de los hechos, justo porque nunca agravió a nadie, por el contrario, escuchó antes de comentar. Así, con la muerte de Paniagua no solo desaparece el político destacado sino que perdemos al pensador político por antonomasia, el agudo constitucionalista e historiador de las ideas1 . César Lévano dijo: «un político de la talla de Paniagua no puede ser aquilatado solo por lo que hizo o por lo que representó en un momento histórico de la política peruana. Su retrato tiene que incluir lo que escribía, lo que pensaba, lo que quería para el Perú y para los peruanos; su trayectoria. En suma, lo que era». Eso es lo que pretendemos en estas breves líneas.

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Páginas 53-59

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Paniagua Corazao, Valentín 1936-2006--Homenajes

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