Los actuales manuscritos de Huarochirí y la larga duración de los ayllus checas

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Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial
Instituto Francés de Estudios Andinos

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El 19 de marzo de 1928, Toribio Mexía Xesspe, futuro traductor de extractos del Manuscrito quechua, salió con Julio C. Tello rumbo a Huarochirí. En la subida, los viajeros observaron que «los viales», es decir, los obreros de la famosa conscripción ordenada por Leguía, iban abriendo el camino. Mejía Xesspe apuntó en su diario de campo: trabajan allí por ayllus y cada uno de estos por secciones o tramos. El trabajo es rudo y peligroso. Se observa el trabajo gregario, tal como se realizaba en tiempos precolombinos. En medio de una charla amena y jocosa rompen la roca, ensanchando el camino que algún día ha de servir para el servicio público de automóviles y camiones de los hijos de Huarochirí1. Su profecía se hizo realidad, gracias a labores constatadas no solo por Mejía sino también en los libros de los mismos ayllus participantes. Estos libros de ayllus son el objeto de este estudio. Sus tesis centrales son dos: primero, que la durable organización segmentada en ayllus es el motivo subyacente de muchas prácticas gráficas endógenas. Y segundo, que mientras estas escrituras reflejan la adecuación de una sociedad antes acéfala a las jerarquías estatales incas, españolas y republicanas, también demuestran la extraordinaria adaptabilidad de la sociedad de linajes, con sus prácticas gráficas, bajo condiciones cambiantes.

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