La normatividad de la vida ética : la doctrina de Hegel como alternativa a la ética de Kant
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Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial
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En los últimos años, se ha vuelto usual otorgar nuevamente un gran peso a la crítica hegeliana al punto de vista de la moral. Hoy en día, en la filosofía práctica ya no se acepta sin más que solo se puede denominar «morales» a aquellas normas o leyes que podemos concebir individual o colectivamente como universalmente obligatorias y vinculantes tras un proceso neutral de evaluación de las mismas. Los motivos de este distanciamiento frente al modelo de normatividad moral son variados e incluyen desde el énfasis puesto sobre la problemática de la motivación hasta la crítica al mero deber-ser característico de las obligaciones así derivadas. Entretanto, sin embargo, se ha revelado que la objeción decisiva ante dicho modelo sería que Kant y sus seguidores terminan atrapados en la paradoja de tener que presuponer una libertad para la autodeterminación o autovinculación moral que, empero, solo pueden explicar bajo la presuposición de normas morales preexistentes (Pinkard, 2011). Según este argumento, tan pronto como decidimos otorgar el predicado «moral» solo a aquellas normas que podemos representarnos como libremente generadas por nosotros en un acto de autosometimiento autónomo o de acuerdo no forzado, debemos introducir nuevamente —tarde o temprano, aunque de manera inevitable— normas morales. Esto es así porque les debemos a dichas normas aquella supuesta libertad o falta de coacción comunicativa. En la moral kantiana se concede, bajo la fórmula «factum de la razón», la así esbozada dependencia con respecto a normas preexistentes; en la ética discursiva se la puede entrever en cierta medida en el discurso aparentemente inocente de la necesidad de «formas de vida complementarias » (Habermas, 1991, p. 25)1. Ambas posturas, sin embargo, parecen encontrarse en el mismo apuro: es necesario atribuir de antemano una validez universal a ciertas normas morales para que pueda ser pensado, en primer lugar, el procedimiento de autodeterminación individual o comunicativa. Esta crítica a la falta de fundamentos de una teoría moral puramente constructivista tiene como consecuencia un retorno a posiciones cuyo punto de partida está situado en un horizonte ya dado de normas y reglas morales. En un movimiento pendular de reafirmaciones históricas —el cual parece completamente inevitable en la investigación filosófica— la atención vuelve a dirigirse hacia teorías de la moral que intentan obtener los principios y deberes reconstructivamente a partir de las normas históricamente ya existentes.
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