Primera edición, julio de 1995. Cubierta: María del Carmen Herrera y Diego Carvalho Herrera La Aventura de Mariátegui: Nuevas Perspectivas Copyrigth © 1995 por Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Av. Universitaria cuadra 18, San Miguel. Lima, Perú. Tlfs. 462-6390, 462-2540 Anexo 220. Derechos Reservados ISBN 84 - 8390 - 980 - 4 Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcial­ mente, sin permiso expreso de los editores. Impreso en el Perú - Printed in Peru EL PROBLEMA DEL INDIO Y DE LOS INDIOS EN EL TIEMPO DE MARIÁTEGUI Catalina Romero Dos motivos han orientado mi interés por trabajar nuevamente a Mariátegui con ocasión del centenario que celebramos. El primero, de índole personal, es conocer mejor a través de sus obras una época y una generación de pensadores peruanos de la que participó mi pa­ dre, Emilio Romero. El segundo, ahondar en el conocimiento de los indios como personas y del indio como categoría social, tanto en Mariátegui como en algunos de sus contemporáneos, para compren­ der mejor las dificultades que tenemos hoy para reconocer ese com­ ponente de nuestra identidad personal y colectiva. Mi recuerdo de lecturas anteriores de Mariátegui me hacía pen­ sar que él le había quitado importancia a la dimensión étnico-racial de la identidad colectiva popular: la relación entre indios y entre in­ dios y blancos, para centrarla en el problema económico: la relación con la tierra. La condición de productores y propietarios fue la base fundamental de su propuesta de identidad colectiva sobre la cual po­ drían acomodarse las otras. ¿Qué significó esta propuesta socialista mariateguiana para la consolidación de una identidad popular indíge­ na emancipada e incorporada finalmente a la nación peruana? ¿Cuál era la relación de los indios con la sociedad y el estado en el tiempo de JCM? En primer lugar es importante ver la relación entre los indios mismos. ¿Cuál es el lugar del indio, como categoría social y étnica en la sociedad de la época de Mariátegui, y cuál es la situación de los indios, hombres y mujeres, personas con aspiracio­ nes, sueños y frustraciones que se relacionan con otros hombres que se perciben como no indios tratando de comprenderlos? El aporte de , 477 los contemporáneos para comprender a estos últimos no lo debemos perder. RECONSTRUYENDO LA ÉPOCA Reconstruir intelectual y afectivamente el tiempo de Mariátegui me ha llevado a releer los tomos de Basadre y a otros autores sobre las primeras décadas del siglo. En ellos he podido sentir la intensi­ dad del tiempo de Mariátegui por la sucesión rápida y la importan­ cia de los acontecimientos. En el país, el espacio se ensanchaba su­ perando los límites parroquiales de las provincias y los pequeños pueblos que se comunicaban por el telégrafo y el ferrocarril. El an­ sia de información llevaba a los jóvenes a buscar noticias del mundo y a sentirse parte de él. El aislamiento y la soledad quedaban atrás dando lugar a un sentimiento de integración nacional y mundial que abría el horizonte generacional de una manera muy particular. En ese contexto se recibieron las noticias de la primera guerra mundial y de la revolución rusa que, junto a las innovaciones tecno­ lógicas, marcaban la importancia del momento histórico que vivían, como umbral de una nueva época. Este espíritu presente en las provincias y no sólo en Lima, lle­ vó a muchos jóvenes de todo el país a migrar hacia las ciudades donde habían universidades: Arequipa y Lima, puntos de llegada principales, mientras se lograba el soñado viaje a Europa, vista como la cuna de la civilización y del progreso. No menos importante en este clima de expectativas en el pro­ greso era la continuidad «democrática-civilista» que permitió casi veinte años de elecciones sucesivas en un contexto de sociedad civil muy pequeña, urbana, ilustrada, propietaria y blanca. Quizá por eso le llama tanto la atención a Mariátegui el factor demográfico: tres cuartas o cuatro quintas partes del Perú era indio; aunque sólo hu­ biera sido por eso, tenían que ser tomados en cuenta para pensar el Perú. 478 En medio de ese clima cultural se produjeron una serie de le­ vantamientos indígenas 1 , que eran vividos con terror en las zonas donde se producían y también en Lima a donde llegaban las noticias de estos hechos. El indio podía ser percibido como peligroso para la nación, enemigo de los blancos, definido colectivamente como una «indiada» violenta2, o como multitud rebelde y peligrosa para la se­ guridad nacional3. Pero los indios también podían ser apreciados como seres hu­ manos que habían sido llevados a condiciones de vida materiales y espirituales que los habían deprimido, descentrado, marginado por causas sociales pero que tenían valores morales, espirituales, huma­ nos. La corriente indigenista surgida en torno a la producción artís­ tica y literaria se acercó desde una perspectiva humanista a los in­ dios y fue tildada de romántica y lírica; también hubo acercamientos Basadre da cuenta de por lo menos 14 levantamientos indígenas en los depar­ tamentos de P1,1no, Cusco, Ayacucho, Cajamarca, Ancash entre 1897 y 1929. Todos ellos reprimidos violentamente por el ejército nacional, o por fuerzas lo­ cales. 2 «El que antes era un poblador pacífico, modesto, laborioso, en el seno de sus ayllus o comunidades, e igualmente tranquilo, sobrio y perseverante, sin llegar a ser eminente, como colaborador en las ya antes referidas industrias, el indí­ gena está convirtiéndose, velozmente en desidioso, insubordinado y díscolo, dentro de los límites de las haciendas, y en turbulento, irascible y hasta inaudi­ to, fuera de ellas en sus alrededores. Causa en realidad espanto oir las relacio­ nes de los atentados cometidos por Jos indios de estas última categoría -más fácilmente pervertible que los otros- en muchos distritos de Huancavelica, Apurimac Cusco y Puno; y la de los asaltos realizados por ellos mismos con­ tra las fincas de ajena propiedad donde alguna vez han logrado soliviantar el peonaje. Los patrones o administradores de estos fundos, y aún sus familas, completamente extrañas a toda relación con la indiada, han sido víctimas en distintas localidades del más horrible ensañamiento». En El conflicto y el pro­ blema indígenas de Pedro Yrigoyen, Lima, Sanmarti y Cia., 1922. 3 Un autor que marcaba mucho los análisis de la época es Gustave Le Bon con sus estudios sobre Ja multitud. En 1923 Emilio Romero hizo su tesis sobre «La multitud indígena» que fue publicada por capítulos en La Crónica. Años más tarde Jorge Basadre publicaría «La multitud, la ciudad y el campo», un dis­ curso inaugural del año académico en San Marcos . Para muy pocos aparecía la imagen de una multitud rebelde por razones justas o por reclamos legítimos. , 479 calificados de filantrópicos, porque intentaban resolver problemas concretos, sin enfrentar quizá las causas de fondo, pero que encon­ traron en los indios personas con necesidades precisas a las que ha­ bía que atender. Finalmente están los esfuerzos de acercamiento científico a la vida de los indios, de comprender su psicología, sus relaciones sociales, sus valores y cultura. Estudios en el campo jurí­ dico, médico, geográfico y económico aportaron información y aná­ lisis valiosos que, releídos hoy nos permiten comprender una parte importante de nuestros problemas de relación entre peruanos de dis­ tinta identidad étnica. Es en estos aportes, que acercaban a los indios a la sociedad peruana que los había discriminado hasta entonces, que se pudo per­ cibir esa capacidad de rebelión en el indígena como una muestra de que no se había perdido el «espíritu de la raza», que ésta estaba de­ primida, pero no perdida. LA VISIÓN DE LOS INDIOS DESDE LOS PROVINCIANOS Fueron los provincianos que llegaron a Lima para continuar es­ tudios o desarrollarse profesionalmente los que relataron las condi­ ciones de vida de los llamado indios, sus costumbres, sufrimientos y rebeldías. Lo hacían con una gran dosis de romanticismo, idealismo, lirismo decían ellos, pero con conocimiento de causa por años com­ partidos en su infancia. Pero la aspiración era a ser científicos, rigu­ rosos en su conocimiento de un país que ellos percibían más grande y distinto al que se veía y pensaba desde Lima. Las corrientes científicas dominantes en la época marcaron su aproximación al problema del indio y a su relación con la sociedad. Las principales teorías daban mucha importancia al peso del medio ambiente y de las razas para explicar los fenómenos sociales. La gran novedad que recoge Mariátegui es la explicación social y eco­ nómica que adelanta el marxismo, así como la importancia que se da a la política y al poder en la práctica más que en la teoría; pero también conoce a otros autores en el campo de la psicologia social, como Le Bon, o de la sociología, como Tarde, Pareto y otros. Una 480 de las virtudes de Mariátegui es probablemente la de haber leído mucho a sus colegas, a los jóvenes intelectuales de su tiempo cuyos aportes recoge ampliamente, confrontándolos con las grandes teorías sociales de su época. Medio geográfico, relación hombre-tierra Emilio Romero, nacido en Puno, es uno de los autores que da mucha importancia al factor ambiental. Lo que hoy llamaríamos una perspectiva ecológica es un eje central de su preocupación. «El indio es el hombre de la meseta. Su gesto, sus actitudes, sus ojos, su ·espíritu, todo en él es engendrado por la naturale­ za en que vive». Esta explicación ambiental sin embargo no es excluyente de un punto de vista social y económico como vemos al continuar la lectura: «Es el producto orgánico inteligente de las fuerzas vitales que resultaron del medio geográfico y de la biología de la altiplani­ cie del Titicaca. ( ... ) El indio, el hombre de la meseta, keshua o aimara, el colla vino de hoy, no es sin embargo dueño de su suelo por causas históricas y sociales, que son el gran proble­ ma mundial»4. Uriel García, por otro lado, al escribir sobre el nuevo indio comparte la visión de la importancia de la relación hombre-tierra para entender al hombre peruano, e introduce también una relación de dominio: «El indio antiguo, la «raza india», fue antes del Descu­ brimiento, el único señor de la tierra, del territorio americano que es y será siempre parte concurrente en la historia, puesto que toda hu­ manidad es ligamen indisoluble con la tierra -en nuestro ~aso, con los Andes. Era, por ello, «sangre» pura y espíritu cerrado»s. 4 Emilio Romero, Monografía de Puno, Lima, 1928. 5 Uriel García, El Nuevo Indio, Cusca, 1930, p. 5. 481 La raza En la discusión de la época el factor racial ocupa un lugar cen­ tral en la explicación del potencial de progreso de los pueblos. El racismo, o la visión de las razas como superiores o inferiores por sus condiciones biológicas aparece en todos los autores sin excep­ ción, que a veces discuten consigo mismos y con esta visión domi­ nante. Así es como algunos perciben a la raza india en términos gené­ ricos como inferior, agotada, degenerada, y otros caracteres simila­ res. Mientras que otros van más allá de estas condiciones para en­ contrar razones, valores, motivos, extra-biológicos para explicar la situación en que se hallaba el pueblo indígena y para la búsqueda de nuevas posibilidades. Algunas citas como en el caso anterior nos permiten apreciar esta perspectiva: «Sus aptitudes se vieron detenidas por la crueldad castellana y por la religiosidad jesuítica. Este estancamiento de largos si­ glos en una raza inteligente y poderosa, ha engendrado el in­ dio actual, consciente pero callado, taciturno y triste»6. En José Antonio Encinas también hay una visión distinta de la raza, en términos de pueblo viviendo su historia, de relación raza-es­ tado. «En el imperio, el indio era el factor necesario, el eje alrede­ dor del cual giraba toda la actividad económica, social y políti­ ca de los incas. Regidos por una legislación rigorista habían de amoldar su espíritu a una mecánica cuya resultante era la soli­ daridad de la raza y del estado. En la hora presente el indio se encuentra descentrado. Ninguna actividad social ni política le 6 Emilio Romero, op. cit., p. 174. 482 incumbe realizar. Un exceso de trabajo aislado e infecundo agota sus energías»1. Estas visiones están entre las que recoge Mariátegui para acer­ carse al indio como un pueblo y un espíritu: «El indio no representa únicamente un tipo, un tema, un moti­ vo, un personaje. Representa un pueblo, una raza, una tradi­ ción, un espíritu. No es posible, pues, valorarlo y considerarlo, desde puntos de vista exclusivamente literarios, como un color o un aspecto nacional, colocándolo en el mismo plano que otros elementos étnicos del Perú»s. Como problema jurídico-político La independencia al unificar la república en una, terminó con la diferencia entre indios y blancos, pero al declarar a todos los pe­ ruanos iguales dejó en el limbo legal a la población indígena. La si­ tuación de las cuatro quintas de la población era un hecho muy par­ ticular. Las sucesivas e importantes propuestas de reformas en las constituciones, y en la legislación sobre los derechos y obligaciones de los indígenas son una muestra de ello. Así como los estudios para intentar comprender la visión indígena de las leyes y la aplicabilidad de éstas a sus comportamientos. En la segunda década del siglo la discusión sobre la importan­ cia de considerar a los indígenas como parte de la nación es muy grande y es un tema muy polémico porque afectaba los derechos de la minoría blanca. No podemos decir que los indios estaban excluídos de la nación porque hay iniciativas privadas y estatales 7 José Antonio Encinas, Causas de la criminalidad indígena, Lima, 1919, p. 12. Encinas también pone de manifiesto la importancia del factor económico tal como Mariátegui señala en los Siete Ensayos. 8 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad perua­ na, Lima, Empresa Editora Amauta, 13ª edición, 1968, p. 263. 483 para que se les tome en cuenta. Ellos se hacen presentes desde sus demaridas y movilizaciones, y encuentran eco de distinta intensidad en diversos ámbitos de la sociedad. Pero ellos no adquieren protagonismo ni representación política en el estado que gobierna para otros. Por eso es que en época de Leguía se crea el Patronato de la Raza Indígena. También encontra­ mos la Comisión Pro Indígena del Senado (Joaquín Copelo), y las comisiones investigadoras de denuncias o reclamos de los mismos indios, como el caso de Teodomiro Gutiérrez (Rumi Maqui), o los informes de Alejandrino Maguiña sobre las rebeliones en Ancash. Las respuestas del estado peruano incluían al indio como fuer­ za de trabajo o como fuerza militar. Las leyes que sí los tomaban en cuenta eran la del servicio militar, la de conscripción vial y las refe­ ridas al enganche. El campo más importante de la legislación que era el referido a la propiedad era .ambigüo y cambiante, como en el caso de la Ley de Comunidades Indígenas que da un lugar jurídico al colectivo in­ dígena pero no así al indio individual. Como problema social y moral A nivel de la sociedad civil, redu.cida también en esa época al ámbito organizado por el estado, el eco de las demandas indígenas encontró espacios de resonancia en la Asociación Pro Indígena de Zulen, Mayer y Copelo. Pero a ella también se refiere Mariátegui como un esfuerzo en gran medida estéril, reducido a la defensa de casos concretos9. 9 En el Problema del Indio, Mariátegui reconoce en una nota a pie de página que «el mejor resultado de la Pro-Indígena resulta sin embargo, según el leal testimonio de Dora Mayer, su influencia en el despertar indígena». Op. cit., p. 36. 484 El caso de los congresos indígenas en cambio es visto con es­ peranza por Mariátegui, porque permite a los indios encontrarse en­ tre ellos mismos, y escuchar a los activistas y líderes de la ciudad. Como arte y literatura Un espacio de resonancia con mayor impacto lo encontramos en el arte, la literatura, la poesía, donde el espíritu de los indios se presenta con una gran riqueza de valores y potencialidad. Criticada por ser un movimiento no indio, por el romanticismo y lirismo de su perspectiva no se vio que podía significar un primer nivel de repre­ sentación, no política, de una mayoría indígena que empezaba a irrumpir en la todavía muy escindida nacionalidad peruana. Para los provincianos que intentan expresar y representar a la mayoría india de la nación, los indios aparecieron como seres huma­ nos, personas concretas que ellos conocían con nombres propios. Con los que habían hablado y tenido amistad, a quienes intentaron comprender, y de quienes se distanciaron o diferenciaron cuando jó­ venes salieron de sus provincias para estudiar e integrarse a una vida social, económica y política a la que aquellos no tenían dere­ cho. Mariátegui recogió esta complejidad de la visión de los indios, intentando ir «más allá» para entenderlos como un grupo social, una clase. MARIÁTEGUI Y EL NUEVO PLANTEAMIENTO SOBRE EL INDIO Mariátegui descubre al volver de Europa, que el Perú es algo más que el mundo en que él había vivido antes de partir. Cautivado por el espíritu de revolución y progreso que se vivía en Europa des­ pués de la guerra y por los avances del socialismo que era la fuerza progresista del momento, redescubre el Perú que venía siendo ex­ puesto, descrito y analizado por las corrientes de intelectuales pro­ vincianos que habían ampliado el horizonte cultural local. La nove­ dad de su enfoque es la centralidad que da al factor económico y al socialismo para explicar el progreso de los pueblos. , 485 ' Un primer componente de su enfoque es el demográfico: A principios de siglo, el problema poblacional era uno de escasez de fuerza de trabajo para la agricultura en la costa. La respuesta a ello fue la inmigración asiática, de chinos y japoneses. Las discusiones sobre la necesidad de interesar a naciones blancas a inmigrar para mejorar la raza se dieron en esta época. Pero las poblaciones inmigrantes eran muy pequeñas y no soportaban el ritmo y las con­ diciones de trabajo que existían en el Perú. Por eso se había regla­ mentado el enganche como práctica de imponer a la fuerza una obli­ gación de trabajo a los indios concentrados en la sierra. Los indios eran el único recurso reconocido por todos; su valor era ser fuerza de trabajo para todo: tierras, minas, caminos, etc. Por algo cita Mariátegui el dicho de «Gobernar es poblar»10. «El problema primario del Perú, es el problema del indio, el problema de la nacionalidad. Son la mayoría, las 3/4 partes, 4'000,000 de indios»11. « Lo que da derecho al indio a prevalecer en la visión del pe­ ruano de hoy es, sobre todo el conflicto y el contraste entre su predominio demográfico y su servidumbre -no solo inferiori­ dad- social y económica12. Por eso, «Querer construir una sociedad y una economia perua­ na sin el indio y contra el indio» es el pecado original del proceso histórico peruano. Un segundo elemento es su radicalidad. Conoce las otras pers­ pectivas sobre el problema del indio y se define frente a ellas. El primer párrafo del Problema del Indio tiene todos los elementos de su planteamiento que reaparece en uno y otro artículo: l O José Carlos Mariátegui, op. cit., p. 91. 11 José Carlos Mariátegui, Peruanicemos el Perú, Lima, Empresa Editora Amauta, 1986, p. 42. 12 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos ... , p. 264. 486 «Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o elu­ den a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos -y a veces sólo verbales- conde­ nados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas su bue­ na fe. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo des­ cubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiás­ tico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condi­ ciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administaracion o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los «gamonales» ( ... ) La ley no puede prevalecer contra los gamonales. ( ... ) El gamonalismo invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección in­ dígena»B. El punto de vista de Mariátegui es polémico. Se afirma frente a otras visiones del problema del indio y descarta su dimensión .le­ gal, racial, moral, eclesiástica, educativa. Para Mariátegui la uni­ dad existente entre el gamonalismo y el estado, impide que la ley pueda alcanzar a los indios. El estado es la expresión del gamona­ lismo, como lo es en otras sociedades de la burguesía. Mientras sub­ sistiera el gamonalismo, como sistema social y económico, equiva­ lente a la feudalidad, el indio no tendría lugar en la sociedad. Era el socialismo el que rompería esa unidad entre sociedad civil gamonalista y el estado. «La fe en el resurgimiento indígena no proviene de un proceso de «occidentalización» material de la tierra quechua. No es la civilización, no es el alfabeto del blanco, lo que levanta el alma del indio. Es el mito, es la idea de la revolución socialis- 13 /bid., p. 30. 487 ,, ta.» ( ... ) El socialismo aparece en nuestra historia ( ... ) como una fatalidad histórica»I4. Pero también hace propuestas al plantear lineamientos concre­ tos de política agraria. «Quiero que no se diga que de mi examen crítico de la cuestión agraria peruana se desprenden sólo conclusio­ nes negativas o proposiciones de un doctrinarismo intransigente»1s. · El tercer elemento es que replantea el problema en términos sociales. El problema del indio es un problema social. Lo que hay que cambiar es la relación social de servidumbre. El colectivismo indígena, la comunidad indígena, puede ser el mejor ambiente para la recuperación de la raza. «El nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indí­ gena en el problema de la tierra»16. En cuarto lugar, si el problema es social, la solución debe ser también social: «La solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios ( ... ) a los indios les falta vinculación nacional. Sus protestas han sido siempre regionales. Esto ha contribuido, en gran parte, a su abatimiento. Un pueblo de cuatro millones de hombres, cons­ ciente de su número, no desespera nunca de su porvenir. Los mismos cuatro millones de hombres, mientras no son sino una masa inorgánica, una muchedumbre dispersa, son incapaces de decidir su rumbo histórico»11. Se trata de crear conciencia del poder que podrían tener si se conocieran y encontraran. Por eso el aprecio de Mariátegui por los congresos indígenas, que permitían a los indios encontrarse entre sí 14 /bid., p. 30. 15 José Carlos Mariátegui, Peruanicemos ... , p. 154. 16 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos .. . , p. 37. 17 /bid., p. 41. 488 siendo de distintos lugares, y también encontrarse con los activistas limeños a quienes esperaba que siguieran: «Se encuentran entre ellos y con la vanguardia que los trata como hermanos». En quinto lugar, no descarta la dimensión educativa política: «La propagación en el Perú de las ideas socialistas ha traído como consecuencia un fuerte movimiento de reivindicación in­ dígena»1s. Las ideas podían impulsar una práctica y para Mariátegui casi la antecedían. La visión de Mariátegui sobre los indios es, sin embargo, un tanto despersonalizada y distante y los percibe como una raza en di­ solución, debilitada y aletargada: «Al virreinato le corresponde, originalmente, toda la responsa­ bilidad de la miseria y la depresión de los indios. ( ... ) La Re­ pública ha pauperizado al indio, ha agravado su depresión y exasperado su miseria ( ... ) este despojo ha constituido una cau­ sa de disolución material y moral ( ... ) La República además, es responsable de haber aletargado y debilitado las energías de la raza»I9. ¿Quién será el sujeto de la revolución socialista peruana entonces? ¿Cuáles son los indios que van a llevar a cabo la transformación? ¿Quién en el nuevo indio para Mariátegui? En el ensayo sobre el Proceso de la Literatura, Mariátegui avanza varias tesis importantes sobre el indio. No es por él mismo que ocupa el primer plano en la literatura y el arte peruanos: «no será, seguramente, por su interes literario o plástico, sino porque las fuerzas nuevas y el impulso vital de la nación tienden a reivindicar- 18 /bid., p. 40. 19 /bid., pp. 39, 40. 489 10»20. Es la corriente indigenista la que empieza a expresarlo literariamente, como en el campo político y social lo hará la van­ guardia socialista, son las fuerzas progresistas las que recuperarán a los indios para la nación. Todavía no están como raza y pueblo en condiciones · de producir su propia literatura, como tampoco lo están de participar directamente en política. La esperanza es que lo lle­ guen a estar. «Una literatura indígena, si debe venir, vendrá a su tiempo. Cuando los propios indios estén en grado de producirla»21. Es esta proyección al futuro lo que mueve a Mariátegui a dife­ renciar al indigenismo del colonialismo: «Y mientras la liquidación de los residuos de feudalidad colo­ nial se impone como una condición elemental de progreso, la reivindicación del indio, y por ende de su historia, nos viene insertada en el programa de una Revolución ( ... ) Lo único que sobrevive del Tahuantisuyo es el indio. La civilización ha pe­ recido; no ha perecido la raza, imperecible e inmutable»22. Para Mariátegui los mestizos no son los nuevos indios. Conti­ nuando el ensayo sobre la literatura Mariátegui desarrolla su posi­ ción sobre el mestizaje, donde aparece su lucha intelectual contra el racismo, que es un interlocutor demasiado fuerte en la época. Comentando la polémica entre Le Bon (pesimista frente al mestizaje) y Vasconcelos (que ve en el mestizaje la raza cósmica) dice: «El mestizo real de la historia, no el ideal de la profecía cons­ tituye el objeto de su investigación (del crítico) o el factor de su plan. En el Perú por la impronta diferencia del medio y por la combinación múltiple de las razas entrecruzadas, el término mestizo no tiene siempre la misma significación. El mestizaje 20 /bid., p. 264. 21 /bid., p. 265. 22 !bid., p. 266. 490 es un fenómeno que ha producido una variedad completo, en vez de resolver una dualidad, la del español y el indio». Y comentado la propuesta de «nuevo indio» de García: «El Dr. Uriel García halla el neo-indio en el mestizo. Pero este mestizo es el que proviene de la mezcla de las razas española e índigena sujeta al influjo del medio y la vida andinas. El pre­ juicio de las razas ha decaído; pero la noción de las diferencias y desigualdades en la evolución de los pueblos se ha ensancha­ do y enriquecido, en virtud del progreso de la sociología y la historia ( ... ) La raza es apenas uno de los elementos que deter­ mina la forma de una sociedad. ( ... ) El mestizaje como cues­ tión sociológica descubre sus verdaderos conflictos, su íntimo drama. El color de la piel se borra por el contraste, pero las costumbres, los sentimientos los mitos, reinvindican sus dere­ chos»23. Por último, Mariátegui afirma estar en búsqueda del Perú inte­ gral. Comentando a More sostiene que en el Perú «O se es colonial o se es inkaico ( ... ) No estoy lejos de pensar como More que este con­ flicto, este antagonismo, es y será por muchos años clave sociológi­ ca y política de la vida peruana»24. Pero Ricardo Palma, a quien More erróneamente designa como un «representativo expresador y centinela del colonismo», malgrado sus limitaciones «es tambien de este Perú integral que en nosotros principia a concretarse y definirse»2s. 23 /bid., p. 272. 24 /bid., p. 198. Rodrigo Montoya en «7 tesis de Mariátegui sobre el problema étnico y el socialismo en el Perú» plantea la opción entre inkario y colonia quedándose en esta referencia de Mariátegui: «Optar por el Perú colonial o por el Perú incaico es la clave sociológica de la sociedad peruana». Pero no sigue con el texto que incluye a Palma. Anuario Mariateguiano, vol II, nº 2, 1990, p. 49 . 25 /bid., p. 199. 491 ' El pasado nos desune, el futuro nos unifica. No se trata de retroceder, no de definirse entre una identidad india a blanca. El progreso, la revolución, lo nuevo, está en encon­ trar una identidad integral nueva: «Por los caminos uní versales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan, nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos»26. ROMPIENDO LAS DISTANCIAS En las visiones de los intelectuales provincianos contemporá­ neos a Mariátegui hay aportes fundamentales para pensar el proble­ ma del indio como raza, población, nación, espíritu, cultura, y tam­ bién para acercarnos a los indios como personas oprimidas, explota­ das, discriminadas, maltratadas, marginadas, pero con nombres, mi­ radas, sonrisas, lágrimas. Seres humanos con sentimientos, aspiracio­ nes e ideas, que se sentían o podían sentirse a sí mismos parte de este país que no los reconocía pero en el cual vivían. Contemporáneos a los clásicos de la sociología intentaban pen­ sar este país con sus características peculiares usando los enfoques más avanzados que llegaban a sus manos. No sólo habían poetas modernistas o círculos literarios que seguían las últimas novedades europeas. Los científicos social.es de la época leían y ponían en práctica sus nuevos marcos teóricos en investigaciones que no debe­ mos perder. Un framento de Uriel García, polemizando con el reduccio­ nismo racista, es un buen ejemplo: . «Indio no es, pues, sólo ese hombre de color bronceado, de ojos rasgados, de pelo lacio y grueso, sino todo aquel que se acrecienta interiormente al contacto con los incentivos que le ofrece esta gran naturaleza americana y siente que su alma está enraizada a la tierra. 26 /bid., p. 277. 492 El indio antiguo, hoy, es más sangre que espíritu, el nuevo in­ dio debe ser más espíritu que sangre. Porque indígena es el hombre que crea en la tierra, y no sólo el que procrea. Nuevo indio no es, pues, propiamente un grupo étnico sino una enti­ dad moral, sobre todo. Nuevos indios son todos los guías de nuestros pueblos, pensadores, artistas, héroes que dan modali­ dad al continente. La sierra es una palpitación perenne de indianidad ( ... ) El pasa­ do opone su fuerza de contraste, la acometida de su valor a quienes se sienten con aptitud de libertarse de su dominio. La tierra áspera en estos pueblos oprimidos e insulares provoca el deseo de la liberación y de la victoria. ( ... ) En este libro se busca al hombre y no a la raza. ( ... ) El indio con relación a nosotros es la tradición prehistórica que a cada momento nos oprime, que cruza por calles y caminos, que irrumpe hasta nuestros hogares y aún hasta los dominios más recónditos de nuestra propia alma ( ... ) Ésta es su función valiosa: asimilar lo extraño y trocarlo en fruto distinto y ele­ mental. El mestizo ( ... ) es un estado moral determinado que impulsa la voluntad de los pueblos. El mestizo hace complejo el elemento que le ofrece el indio tradicional, como simplifica la compleji­ dad que le brinda el invasor ( ... ) Ese estado de alma es, pues, todo un campo de trajín de intercambio o trueque, de fusión, en buena cuenta21. REFLEXIONES FINALES ¿Qué nos dicen pues hoy las ideas de Mariátegui y de sus con­ temporáneos sobre el problema del indio y sobre los indios? 1. Los indios han cambiado mucho en el Perú y nosotros tam- 27 Uriel García, EL nuevo indio, Cusco, 1930, pp. 9 y ss. , 493 bién: hemos cambiado sobre todo nuestras visiones de nosotros mis­ mos. Nos hemos acercado más entre nosotros. Hemos acortado dis­ tancias. Hoy la pregunta es en primera persona plural: quiénes somos, y no tanto quién es el indio, por eso podemos afirmar que la pregun­ ta de Mariátegui sobre el peruano integral continúa vigente. 2. La relación del indio con la sociedad también ha cambiado. El costo fue abandonar la tierra para romper con la servidumbre, pero también intentar nuevas movilizaciones y levantamientos. Tam­ bién los intentos socialistas, pero no sólo ellos, han contribuído a cambiar la relación social gamonalista. 3. Su relación con el espacio geográfico ha cambiado. Han re­ cuperado la movilidad por todo el territorio, que perdieron con el coloniaje y con la república temprana. Hoy recorren todo el territo­ rio como lo hicieron sus ancestros, de norte a sur y de costa a selva, por carreteras, ríos y aviones. 4. Su relación con el Estado ha cambiado. Es ciudadano, aún analfabeto y no propietario, joven y mujer. Mariátegui sigue siendo una referencia para nosotros, en pri­ mer lugar, por el estilo de su pensamiento. Su toma de posición cla­ ra y radical frente a los problemas. La necesidad de · plantear los pro­ blemas concretos, con solidaridad activa y no de manera abstracta y evasiva.Y también por su apertura para buscar nuevos planteamien­ tos para estudiar y conocer mejor las relaciones humanas y sociales. Y en segundo lugar por sus aportes novedosos para avanzar en la comprensión del «problema indígena»: 494 Toma de posición frente al problema con una definición neta: Sin los indios, no se puede pensar el país. El problema del indio lo liga al problema de la tierra, hay que verlo desde un ángulo económico, social y político. Los demás se subordinan a esta entrada. Pero le interesan. No hay vuelta al pasado. El dilema no era entre dos hechos del pasado, entre coloniaje o inkario, porque el futuro está en pen­ sar el Perú integral que incluye a ambos. Pero también está vigente el pensamiento de muchos de los contemporáneos de Mariátegui, que conocieron sobre el futuro del problema indígena, su confianza en ellos y en su capacidad de inte­ gración y participación en la vida de la nación, no era sólo producto de la lírica o del romanticismo. Era reconocimiento no sólo de una profunda humanidad sino de capacidades y virtudes presentes en las razas y naciones indígenas, cuyo espíritu no se quedaba en ellos sino que se extendía a aquellos que lo conocían. Quizá por eso es que, pese al fracaso de la idea del socialismo en las primeras décadas del siglo en el Perú, los indios avanzaron en todos los campos y se incorporaron al país. Migraron de uno en uno hasta trasladar el ayllu, se educaron en Lima y en el extranjero, trabajaron de sol a sol, hicieron el servicio militar logrando docu­ mentos de identidad, construyeron caminos que luego recorrieron, aprendieron castellano, se hicieron ciudadanos, abandonaron la tie­ rra, y rompieron así con la servidumbre permitiéndonos hoy pensar en el Perú integral en nuevos términos. Quiero terminar con una cita de Emilio Romero que es justa­ mente un llamado a reconocer la grandeza humana de los peruanos a los que se llamaba indios, y con los que debemos reencontrarnos permanentemente -a veces en nosotros mismos- emancipados: «El indio no quiere ser más indio ( ... ) eso no quiere decir que el indio haga renunciación absoluta de su equipo espiritual. Precisamente al indio emancipado le es concedida la gracia del reencuentro consigo mismo y por ese camino descubre su gran­ deza»2s. 28 Emilio Romero, Perú por los senderos de América, México, 1955. 495