FÉLIX DENEGRI LUNA HO,\IEXAJE A FELIX DESEGRI LL',\A Copyright © 2000 Fondo Editorial de Ja Pontificia Universidad Católica del Perú Av. Universitaria, cuadra 18, San :Miguel Telefax: 460-0872 Teléfonos: 460-2870, 460-2291 anexos 220 y 356 E-mail: feditor@pucp.edu.pe Derechos reservados, prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. Primera edición: diciembre del 2000 500 ejemplares Impreso en Perú - Printed in Peru Hecho el Depósito Legal , Registro Nº 1501222000-4715 Obra completa: ISBN 972-42-376-X Cubierta: Diseño y diagra1nación: Impresión: Gisella Scbench Siklos S.R.Ltda. El general José Félix Iguaín y la cuestión inglesa CELIA Wu BRADING * En el mes de setiembre de 1843, cuando los generales Ramón Castilla y Manuel Ignacio de Vivanco libraban una guerra civil para determinar quién debería ser el presidente del Perú, el capitán del buque de bandera británica Chilean, abor­ dó la nave peruana Limeña, que estaba bloqueando el puerto de Arica. Su inten­ ción era cerciorarse si la nave se encargaría de transportar su carga de nitrato de soda y entregarla a su destinario. Sin embargo, su visita fue interrumpida por un fuego de cañón disparado desde tierra que le atravesó la espalda y salió por el estómago matándolo instantáneamente. El impacto fue de tal violencia que sus intestinos se dispersaron en todas las direcciones. También cayó severamente herido el señor Mitchell, comandante de una goleta, que acompañaba a Grant. El terror causado por este incidente se agravó aún más cuando el general José Félix Iguaín, que había ordenado eJ disparo, celebró la muerte del bri tánico coa gritos de «Abajo con los extranjeros». Subsecuentemente mandó inscribir en el cañón la palabra .racatripa.r, con letras de oro de tres pulgadas y Jo exhibió como trofeo por Jas calles de Tacoa, acompañado de música y banderas. Un testigo de esto sucesos fue George Peacock, el jefe suplente de Ja compañía de vapores Pacific Steam Navigation, quien se encargó de trasladar los restos de Grant al Callao en el bugue Perú para ser enterrado en el cementerio de BeUavista. Pea­ c ck comentó que el término wcatripas era tan repugnante como bárbaro y [los autores] «se parecían más a los salvajes de las Marguesas que a los descendientes ilustrados de una nación noble e hidalga».1 Mi agrndecimiemo n Luis Esc:tlame Schuler, agceg:ido culmral de fo Embajada del Perú en Grnn Bretaña, quien me facilitó el tomo VID de Colmió11 de los Tm1t1dos, Co11vmdo11cs, Ar111iltirios y otros Actos diplo111á/ieos y polllieos de Rica~do Aranda y Págh1,u Dip/0111áticn1 dsl Pmí de J mm de Arona. 1 Public Record Officc, Porcign Oflicc, serie consular (citado después como PRO, FO) legajo 61/ 158, eorge Peacock, Gcfe suplente) al capitán J. icholas, R.N., comandante HMJ Vi11dirti11t. Pacific ARTiCL'LOS ¿Quién era José Félix Iguaín? en su Historia de la República, Jorge Basadre dice que «era uno de esos tipos rijosos e indomables que emergen en las épocas de transtornos». 2 Nacido en Huanta en 1800, desde temprana edad incursionó en la política, el periodismo y las armas. Su gran aspiración era llegar a set presidente del Perú. Su relación con otros adalides de la época fue compleja. Por ejemplo, primero fue amigo y luego enemigo de Bolívar. Lo mismo suce­ dió con Gamarra, Santa Cruz, Vivanco y otros. Sus sentimientos los expresó públicamente, dando cuenta no solo de sus puntos de vista controvertidos, sino también de la tremenda ira que tenía en su interior. Se distinguió por sus ataques feroces y hasta brutales. En La Atalaya contra vitalicios denunció a Bolívar, en La Patria en duelo a Gamarra, en Mierda Política a Santa Cruz y en El Fénix a Vivanco. En setiembre de 1843 se opuso con pasión a la Confederación Perú-Bolivia­ na y, como consecuencia, se vio forzado a exiliarse con Gamarra y Castilla en Chile. En ese mismo mes, Iguaín fue incorporado como miembro de la Supre­ ma Junta del Gobierno Provisorio conjuntamente con los generales Ramón Castilla y Domingo Nieto, quienes se oponían a las pretensiones políticas de Manuel Ignacio de Vivanco. A su vez, fue nombrado gobernador del departa­ mento de Moquegua y, a través de sus adeptos, el coronel José Arancibia, go­ bernador político y militar en Arica y Juan Gaspar de Artaza, gobernador del puerto de Islay, controló los puertos sureños. Por esas posiciones era uno de los principales partidarios de Castilla. 3 Mucho antes de ser conocido con el apodo de sacatripas, Iguaín era notorio por sus ataques xenofóbicos hacia los británicos en el Perú. Particularmente, resintió amargamente el apoyo que Belford Hinton Wilson, el primer encargado de negocios en el Perú y quien había sido edecán de Simón Bolívar, había dado a la Confederación Perú-Boliviana y a Andrés de Santa Cruz. Su virulencia la expresó a través de una campaña periodística y sacó a luz El Periodiquito y El Rebenque, calificados por Mariano Paz Soldán como pasquines de segundo orden. 4 Después de la caída de la Confederación, el huantino se desempeñó Steam Navigation Co., buque a vapor Pmí, cerca de !quique, 16 de noviembre, 1843. FO 61/104 William Pitt Adams, encargado de negocios de Gran Bretaña a Lord Aberdeen, secretario de asuntos y negocios extranjeros de Gran Bretaña, Lima, 30 de setiembre, 1844. En inglés es usual omitir el nombre de pila y referirse a la persona como one Mr Grant. 2 Jorge Basadre, Historia de la República, 16 vols. (Lima, 1969) 11, 82-3. Véase El Comercio, 26 de setiembre, 1851. 3 E/ Comercio, Lima, 26 y 27 de setiembre, 1851 y Enciclopedia Ilustrada del Perú, 6 vols. (Lima, 1987) III, 1039. ' Jorge Basadre, ibídem, 111. 790 C ELIA Wu BRADING como gobernador de Piura. Con esa autoridad, ordenó a todos los comercian­ tes extranjeros, la mayoría de ellos británicos, a cerrar sus establecimientos salvo los del puerto de Paita, y les prohibió realizar transacciones comerciales. Asimis­ mo, los amenazó con embargar sus propiedades e incitó al pueblo a saquear sus tiendas.5 Sus sentimientos antibritánicos fueron claramente evidentes en el Con­ greso de Huancayo de 1839. En parte, fueron las amenazas de Iguaín lo que causó la salida de Belford Hinton Wilson de Lima y su búsqueda de refugio a bordo de una nave francesa. 6 En su feudo sureño, Iguaín intensificó su campaña contra los agentes y co­ merciantes británicos, Hugh Wilson y Thomas Crompton, que apoyaron con fervor la Confederación. Fue precisamente Crompton quien en 1839 ayudó a Santa Cruz y a sus partidarios a escapar del Perú en el buque de guerra británico Samarang. Con ese propósito, había desembarcado un pelotón de marinos para proteger al caído presidente. Más aún, en setiembre de 1843, Hugh Wilson asis­ tió a Santa Cruz en su fracasado regreso a Bolivia; se confirmó de esa manera su insistente intervención en la política local.7 Efectivamente, Hugh Wilson, quien había trabajado en las minas de Coquimbo y seguía en el negocio de las impor­ taciones en Tacna, no ocultaba su preferencia por Vivanco y luego por Domin­ go Elías. En agosto de 1844, Elías, que se había quedado a cargo del poder ejecutivo en ausencia de Vivanco, se proclamó Jefe Supremo. Iguaín, quien ob­ servaba cercanamente a Wilson y el desarrollo de estos eventos, no vacilaba en aprovechar toda oportunidad para mortificar al agente británico. Castilla y sus constitucionalistas habían derrotado a las fuerzas de Vivanco en julio de 1844, pero la situación política continuaba inestable y en consecuencia las mercaderías de los comerciantes extranjeros seguían expuestas a ser expro­ piadas. Ante esta situación, los representantes diplomáticos en Lima bajo el lide­ razgo de William Pitt Adams, el ministro británico, decidieron protegerse con la suscripción de dos protocolos, los del 20 y del 27 de junio de 1844. Estos protocolos responsabilizaban a la nación peruana de todo daño e injuria, sufri­ da o por sufrir, por parte de los súbditos o ciudadanos de los países que repre­ sentaban. Al mismo tiempo, no reconocían la legitimidad de los embargos y bloqueos establecidos o decretados. Esto no eximía el derecho de los beligeran- >PRO, FO 177 /5, (serie diplomática, Belford Hinton Wilson al ministro de relaciones exteriores del Perú. Lima, 3 de enero de 1839. ''Véase Celia Wu Brading, Generales y Diplomáticos Gran Bretaña y el PerlÍ 1820-1840 (Lima, 1993) 167. 7 Ibídem, 158-59. En 1840, residían 17 ciudadanos británicos en Tacna y 5 en Arica. Desde 1842, funcionaban 6 casas comerciales británicas en Arequipa, y 2 en Islay. Recogido de varios informes consulares y diplomáticos británicos. 791 ARTlCULOS tes de prevenir el comercio de armas. Poco después, varios de los firmantes lamentaron esa decisión, entre ellos, el representante de los Estados Unidos, porque favorecía los intereses británicos. 8 El 23 de mayo de 1844 Francisco Salked recibió una orden judicial de la Prefectura para que en el plazo de una hora entregara una suma de dinero que le pertenecía a Joaquín Garrido, de nacionalidad peruana y con quien realizaba transacciones comerciales desde 1843. Salked se quejó en el juzgado, pero Iguaín intervino para que se le inculpara y se le detuviera. Salkeld buscó asilarse en el consulado británico. A pesar de las protestas del cónsul Wilson, Iguaín envió un piquete de soldados que forzó su ingreso al local. Pero Salkeld había logrado escapar. 9 Esta persecusión fue instigada por Iguaín quien requería con urgencia recabar de .fondos para cubrir los gastos de los servicios públicos de Tacna. El 11 de junio los hermanos Murphy, a raíz de una visita al buque HMS Cormorant, fueron apresados por el gobernador de Arica y enviados a Tacna, acusados de haber violado la neutralidad del bloqueo establecido por Castilla. No se les llegó a probar nada, pero Iguaín se negó a darles la libertad y los denunció por favorecer la causa vivanquista. 10 El 21 de junio de 1844, Iguaín dispuso el arresto de Mariano Laura, un doméstico boliviano que trabajaba en casa de Hugh Wilson, bajo la acusación de escapar el servicio militar obligatorio a pesar que los empleados en estable­ cimientos diplomáticos estaban eximidos de la leva. 11 8 PRO,FO 177 /29, Adams a Aberdeen, Llma, 16 de febrero, 22 de abril, 8 de junio, y 17 julio, 1844. Sobre la suscripción de estos dos protocolos y las opiniones de los miembros del Cuerpo Diplomático, véase FO 177 /29 y William R. Manning, en Diplo111atic Correspondence of the United Sta/es, Intera111erica11 alfairs 1831-1860. Washington, Carnegie Endowment for lnternational Peace, 1938, t.X, 529-530. 9 PRO, FO 61/104,José Félix Iguain, prefectura y comandancia general del departamento de Moque­ gua al señor cónsul de SMB en Arica, Hugh Wilson. Tacna, 20 de junio, 1844. FO 61/104, Declara­ ción de testigos sobre la violación de la propiedad del cónsul Hugh Wilson. Tacna, 16 y 20 de julio, 1844. También en Archivo del Ministerio de relaciones exteriores del Perú, Servicio Consular Extran­ jero, Legación de Gran Bretaña, citado después como AMREP SC,LGB. (La investigación inicial de este trabajo se hizo en el Archivo de relaciones exteriores del Perú cuando se estaba comenzado a catalogar nuevo material. Para evitar confusiones, se citará Gran Bretaña -hay otra sección, Lega­ ción en Inglaterra-, la sección a la que pertenece, ya sea consular o diplomática y el año correspon­ diente al documento. Se omitirán las siglas y otros datos. PRO, FO 61/105, Hugh Wilson a lguaín, 13 y 18 junio, 1844. lguain a Wilson, 1 7 y 20 de junio, 1844. y FO 177 / 29, Adams a Aberdeen, 3 de setiembre, 1844. La correspondencia sobre el caso en Ricardo Aranda, Colección, Tratados, Conve11cio­ nes, Capitulaciones, Ar111isticios y otros Actos Diplo111áticos y Políticos celebrados desde la Independencia hasta el día. Lima, 1905.-T.Vlll, 341-372. 'ºPRO, FO 61/104, José Arancibia a Iguain, 11 de junio, 1844. Wilson a Iguain, 13 y 15 de junio, 1844 e Iguaín a Wilson, 14 y 17 de junio, 1844. Ricardo Aranda, VIII 340-45. 11 PRO, FO 61/105, Wilson a Iguaín, 22 de junio de 1844. 792 CELIA Wu BRADING Más importante aún, Iguaín ordenó la detención de dos buques de bandera británica. El 1 de agosto de 1844 se detuvo a la nave Horsburg y se le acusó de quebrar el bloqueo. Después de un intercambio de cartas agrias entre el contral­ mirante Richard Thomas, jefe de la escuadra naval británica del Pacífico que invocó los protocolos de 1844, se le permitió salir. El 10 de agosto de 1844, el buque Perú de la compañía de vapores Pacific Steam Navigation, que llegó procedente de Chile, fue detenido por las autori­ dades portuarias quienes alegaron cierta irregularidad en su documentación. Pero la verdadera intencíón de los constitucionalistas era la de secuestrar dicha em­ barcación y usarla para transportar 1 500 soldados al norte en cinco o seis dias en lugar de una jornada larga e inconveniente por tierra que tardaría tres meses . Se confiaba que esta estrategia les favorecería en su lucha contra las fuerzas leales a Domingo Elías. En este caso, los británicos se enteraron anticipadamen­ te del plan de secuestrar la nave y prepararon su huída. En el intercambio sub­ secuente de cartas entre Artaza y el jefe naval británico, este encontró ofensivo el tono arrogante y la falta de cortesía de parte del gobernador peruano ante sus protestas, lo cual sería más adelante motivo de queja y una de las causas que los britanicos esgrimieron en su defensa. 12 Esta cadena de incidentes creó pánico entre los británicos residentes, sobre todo la comunidad británica sureña que temía a Iguaín tanto porque a Hugh Wilson se le había casi anulado con el asunto Salked, como por sus pretensiones presidenciales. De alcanzar el poder, según Wilson, podía desencadenarse una cacería de los británicos que desembocaría en violencia y, consecuentemente, en la expulsión de los británicos. Alarmado, Wilson. escribió a su superior y solicitó su intervención. Para entonces, Adams y el comandante de la escuadra británica, el contralmirante Thomas, testigos de varios de los abusos de parte de Iguain, habían decidido demostrarle a las autoridades peruanas que Gran Bretaña no toleraría más los ataques a sus ciudadanos y a sus intereses comerciales. El 14 de agosto de 1844, los buques británicos ingresaron a Arica y embargaron los cua­ tro barcos que componían la pequeña escuadra peruana, por un período de tres meses. 13 Castilla buscó de inmediato negociar. 12 PRO, FO 61/104, Juan Gaspar de Artaza, gobernador de Islay a Richard Thomas, contralmirante de las fuerzas navales británicas, 10 de agosto de 1844. Richard Thomas a Artaza, 11 de agosto, 1844. Informe del embargo de la escuadra peruana por el contralmirante Richard Thomas al honorable Sidney Herbert, Almirantazgo, Dublin, Callao, 19 de octubre, 1844. Adams a Aberdeen, 30 de setiembre, 1844 .Gran parte de las cartas intercambiadas entre Iguaín y los agentes británicos en Sección Documentos y Apéndice Rej11taáón de los cargos que hace el General Ig11aín al Señor Encargado de Negoáos de S.M.B. en las notas del 23 y 25 de mayo publicadas en el periódico ofiáal el 25 de setiembre de 1845. Lima, 1845. 13 Sobre el embargo de la escuadra peruana y sus antecedentes, véase el excelente estudio de Félix Denegri Luna en: Historia Maritima del Pení. La República-1826-1851. Capítulo XXXI, 163-191. 793 ARTÍCULOS El 1 de setiembre de 1844, el buque HMS Cormorant fue al puerto de Islay para aprovisionarse de agua. El gobernador de Arica le negó la autorización y envió soldados para prevenirlo porque, explicó, los británicos habían iniciado las hostilidades. Adams, quien había viajado al sur para negociar, estuvo en la escena de los hechos, habló con Arancibia y le mostró las últimas comunicacio­ nes oficiales y una carta de Castilla en donde en términos cordiales expresaba claramente su deseo de buscar una negociacion pacífica. El mensaje era claro, no existia un estado de hostilidades. Efectivamente, Castilla y dos representantes de Adams se habían reunido en Arequipa para tratar de resolver la situación. 14 Pero el gobernador mantuvo su postura. Después de un intercambio de notas y una advertencia del ministro británico sobre la posibilidad del uso de la fuerza, que fue ignorada por Arancibia, Adams asumió la responsabilidad y sancionó los disparos. Un cañonazo fue disparado del HMS Cormorant hacia el pueblo, después de cinco minutos, se disparó otro, pero ninguno de los dos fueron notados. Se lanzaron varios tiros y granadas hacia una pared de barro que estaba rodeada de casas de extranjeros y dos hacia la residencia del gobernador. La precisión fue admirable y no hubo heridos ni se incurrieron en daños. Este fuego fue contestado en forma tan débil que los británicos interrumpieron el ataque. Más tarde, Adams le confesó a Wilson « Estoy sorprendido y complaci­ do del poco daño que hizo el fuego del Cormoranb>.15 La flota británica de­ mostró su poder sobre la marina peruana, sobre su comercio y sus puertos y lo hizo sin respetar la soberanía del Perú, solamente estaba determinada a proteger los intereses de Gran Bretaña. *** Embargar la escuadra peruana era un asunto, pero otro era obligar a Castilla a despedir a Iguaín de la vida pública, sobre todo, cuando se trataba de un parti­ dario prominente que ejercía considerable influencia en las provincias sureñas. El 1 de octubre de 1844, Iguaín ordenó la salida de Hugh Wilson de Tacna y el 23 de octubre le envió una nota en donde le comunicó que no lo reconocía como representante británico sino, más bien, como un enemigo. El 9 de diciem­ bre del mismo año, Iguaín le entregó a Wilson su pasaporte para que abandona- 14 PRO, FO 61 / 104, Manuel Mariano Basagoitía al señor encargado de negocios de SMB y contralmi­ rante en jefe SMB, Arequipa, 3 de setiembre, 1844. Ver Juan de Arona (Pedro Paz Soldán y Unanue) Páginas Diplo1JJáticas del Perú. Lima,189. Reeditada por la Academia Diplomática del Perú. Lima, 1968. 180-85. 13 PRO, FO 177 /29, Almirantazgo a Aberdeen, 30 de setiembre, 1844. FO 61 / 151, Adams a Wilson, 12 de octubre, 1844. Privada. 794 CELIA Wu BRADING ra la ciudad en el plazo de 24 horas, al mismo tiempo exigió que la mercadería de la casa comercial en donde trabajaba fuera colocada en los depósitos de la Aduana. 16 Esta acción fue vista como un hecho arbitrario y ejercida sin una justificación legal. En todo esto, Iguaín continuó apoyado por Arancibia y Arta­ za, sus leales subordinados. En 1845, Adams había decidido que no estaba dispuesto a seguir tolerando las agresiones del gobernador de Moquegua y, concluyó que la situación deman­ daba un arreglo « pronto y aquí, Iguain debe irse». Con el apoyo de la marina, estaba preparado a «recurrir el uso de la fuerza si hay el intento de proteger a Iguaín, pero Castilla parece dispuesto a ceder aunque de mala voluntad, pero gente respetable se lo urgen, y yo dudo que lo haga>>. 17 En los meses anteriores a los planes de esta operación, el ministro y los cónsules británicos en el sur, se mantuvieron en silencio y optaron por no contestar públicamente los ataques de Iguaín en la prensa. Tampoco Wilson en Tacna entró en discusiones con el pre­ fecto sobre las provocaciones y los varios insultos a que había sido sometido, se contentó con reportar cada incidente a la legación británica en Lima. 18 En una carta, que revela el grado en que Adams había personalizado las dificultades, felicitó a Wilson y observó «Estoy completamente satisfecho en la manera como usted ha confrontado y conquistado el Reptil, el nombre con el que tan magis­ tralmente lo ha bautizado. Su ira y su impotencia se manifestan en sus propias publicaciones, y sus ultrajes, ahora conocidos por el pueblo, los atesoraremos para usarlos algún día contra él». 19 El 16 de mayo, Adams se reunió con el presidente Castilla para discutir las relaciones de sus dos países. Cortés y sobrio, Castilla defendió a Iguaín y se quejó de la persistente hostilidad de parte de Hugh Wilson hacia él y su partido. Expresó su convicción de que los cónsules británicos habían sobrepasado los límites de los cánones de la diplomacia y habían actuado sin consultar a sus superiores. Sin lugar a dudas, Castilla estaba convencido que una vez que el Foreign Office se enterase de la versión peruana de los hechos, condenaría la acción de los cónsules. Además había llegado a sus oidos las opiniones de los representantes diplomáticos de los Estados Unidos y Francia, quienes desapro­ baban la agresión británica. Por su cuenta, Adams adoptó una actitud inflexible y afirmó que los ultrajes perpetrados contra los intereses británicos eran de naturaleza tan grave, que su gobierno consideraba que el embargo de la escua- l6 PRO, FO 61/104, Adams a Aberdeen, Lima, 4 de diciembre, 1844 y FO 177 /29, 1 de junio, 1844. 17 PRO, FO 61/151, Adams a Wilson, Lima, 16 de mayo, 1844 .. Privada. 18 PRO, FO 61/151, Adams a Wilson, Lima, 27 de julio,1845. Privada. 19 PRO, FO 61/151, Adams a Wilson, Lima, 11 de enero,1845. Privada 795 ARTiCU LOS dra peruana no era compensación suficiente. Para una solución pacífica de la disputa, Adams hizo ver que la dimisión de Iguaín y la suspensión de su rango militar y civil era un sine qua non. Asimismo demandó la renuncia de Arancibia y la reparación de parte de Artaza al contralmirante Thomas. Adams estaba dispuesto a seguir las negociaciones con Castilla, pero solo cuando el presidente estuviese listo a sacrificar a Iguaín. En la segunda reunión entre Castilla y Adams que tuvo lugar el 17 de mayo, el presidente le comunicó que el asunto sería considerado por el Congreso y las futuras negociaciones correrían a cargo de su nuevo ministro de relaciones exte­ riores. 20 A estas alturas, Adams destacó que mientras su conducta contaba con el apoyo absoluto de Londres, en contraste, ni Castilla ni su gabinete habíán de­ fendido las acciones de Iguaín, aunque se quejaban de la agresión británica. Tal fue la presión en Castilla, que el 19 de mayo designó a José Gregario Paz Sol­ dán como ministro de relaciones exteriores. A pesar de su enemistad, lo llamó a su escondite y le dijo llanamente «tengo que arreglar una cuestión con motivo de una reclamación inglesa y ningún otro sino usted puede soludonarla». En este nombramiento, Castilla había escogido a un diplomático, un jurista y un perio­ dista, que había participado en el Congreso de Huancayo como diputado, mi­ nistro plenipotenciario en las negociaciones con Bolivia en 1841, fiscal de la corte suprema y director general de hacienda. Años más tarde, Paz Soldán vol­ vería a ocupar la cartera de relaciones exteriores en otras dos oportunidades.21 Las discusiones entre Adams y Paz Soldán se iniciaron el 23 y al mismo tiempo la Cuestión Inglesa, como se conoció el caso, se debatía en al Congreso. Cuando se volvieron a reunir al dia siguiente, Paz Soldán le dijo a Adams que creía que Castilla había dispensado de los servicios de Iguaín y que no se le volvería a emplear hasta que el asunto se resolviese en Londres. Enfatizó que el Perú bus­ caría reparaciones por las repetidas violaciones de su soberanía y de la ley, co­ metidas por la flota británica. En una sesión del Congreso, los partidarios de Castilla que lo aconsejaban a seguir resistiendo, fueron derrotados por una ma­ yoría decisiva. Este debate en el Congreso convenció a Adams de que «el gene­ ral Castilla mismo, vanidoso de sus victorias y su reciente elevación [a la presi­ dencia] era el principal obstáculo a ceder, mientras que sus adversarios vieron la necesidad de evitar una confusión interna que podría devenir fácilmente de cua- 20 AMREP,S/C, LGB 1845, Adams al ministro de relaciones exteriores, 30 de marzo, 1845. PRO, FO 177/ 29, Adams a Aberdeen, Lima, 19 de mayo y 14 de junio, 1845. También en AMREP, S/D, LGB,1845. 21 PRO, FO 61 / 105, Adams a Aberdeen, Lima 27 de junio,1845. José Pareja Paz Soldán, José Gregorio Paz S oldá11 Diplomático y Jurista (Lima 1964) 13-16. 796 CELIA Wu BR,\Dlt>.48 Una vez más, Adams amenazaba el uso del poder naval para imponerse al gobierno peruano, una acción que contaba claramente con la aprobación de su superior. ¿Qué podía hacer el gobierno peruano? Días antes, Paz Soldán, todavía mi­ nistro de relaciones exteriores, le informó a Barton que Castilla y su gobierno estaban determinados a no aceptar la presencia de Adams en territorio peruano, «aunque ustedes [los ingleses] nos quemen». 49 Cuando Adams envió la carta de Palmerston, Castilla estaba extremadamente mortificado y fue así que instruyó a León a temporizar. Empero, cuando el asunto se discutió en el gabinete, varios ministros le aconsejaron fuertemente evitar una confrontación con las fuerzas navales británicas, especialmente si se tenía en cuenta que el precio político que se había pagado por el convenio de 1845 había sido muy alto. Castilla, ante una diferencia profunda de opiniones y la posibilidad de la renuncia del gabinete, optó por ceder y permitir que Adams asumiese su cargo de ministro. Aún asi, Matías León dimitió a los pocos días de su juramento, en protesta a una discu­ sión reñida con Castilla en donde fue brutalmente castigado. A su desembarco en tierra peruana, Adams fue recibido con los rituales de saludos conferidos a personas de alto rango, o sea una salva de cañones y con la presencia de miem­ bros del gobierno. 50 Pero la manera cómo había utilizado para asegurarse su reingreso, no pasó desatendida porque el 13 de marzo de 1848, Mariano José Sanz, sucesor de León en la cartera de relaciones exteriores, elevó una carta al Foreign Office. En ella, expresó los deseos de su gobierno de mantener buenas relaciones con Gran Bretaña y «la más solemne de ellas es la última admisión de Adams.». No obstante, insistió también que el gobierno peruano tenía derecho a no admitir a cualquiera y en cuanto al señor Adams: [ ... ] poderosos y multiplicados son los fundamentos en que habría podido ayudar su repulsión. Sin embargo, he querido y quiero llevar su moderación y templanza hasta vías más allá del límite que otro gobierno se habría impuesto en igual caso, pero no por eso desiste del firme y bien deliberado propósito de reclamar contra la permanen­ cia en el país de agente tan poco idóneo como el señor Pitt Adams para cultivar las relaciones que ligan al Perú con la Gran Bretaña.51 48 PRO, FO 61/118, Adams al gobierno peruano, a bordo de HMS Sompson, 7 y 13 de febrero, 1848 y en.AMREP,S/D, LGB,1848. Manning, Diplomotic Comspondence ... 563-4. Matías León, ministro de relaciones exteriores a Adams, 11y12 de febrero, 1848. AMREP,S/D, LGB,1848 Adams al ministro de relaciones exteriores, 12 de febrero, 1848. PRO,FO 61/120,Capitán Courtnay al almirante Sir George F. Seymour, Callao, 13 de febrero, 1848. 49 PRO, FO 177 /2 y 61/118, Adams a Palmerston, Llma, 20 de febrero, 1848. so PRO, FO 177 /2 y 61/118, Adams a Palmerston, Llma, 20 de febrero de 1848. ' 1 114 de diciembre, el gobierno peruano elevó una queja sobre Adarns, en PRO, FO 177 /36, Mariano José Sanz, oficial mayor del ministerio de relaciones exteriores al vizconde de Palmerston. Llma, 14 808 CELIA \'qu BRADING Pero Palmerston no aceptaría nada de esto y declaró que su ministro había procedido de acuerdo con las instrucciones que había recibido y que si el go­ bierno peruano tenía quejas, no debía dirigirse a él, sino al gobierno británico. Subrayó que «Gran Bretaña encuentra imposible remover a Adams y la decisión de retenerlo se decidió en 1846 y 184 7». 52 Para Adams, su admisión fue otra victoria más que «completó la sumisión del gobierno peruano», y añadió «El lenguaje decidido y la presencia de la escuadra» lo hicieron posible. Sin embargo, admi­ tió que imponerse al gobierno peruano con el respaldo de los cañones de la escuadra británica, no constituía la mejor manera de reestablecer relaciones per­ sonales con el presidente y «no es probable que olvide o perdone mi oposición en 1844 y 1845 por sus insultos y los de sus oficiales a los representantes de Su Majestad Británica». 53 *** La intransigencia de Iturregui y su falta de talento político y diplomático estancaron las negociaciones. Pero el cambio se produjo el 28 de m arzo de 1849 cuando Felipe Pardo y Aliaga asumió la cartera de relaciones exteriores. Asimismo, poco después, tuvo lugar el traslado de José Joaquín de Osma de Washington a la legación peruana en Londres. Las prioridades de Pardo eran clarísimas. El Perú quería un nuevo tratado con Gran Bretaña en sustitución del de 183 7, resolver la cuestión de los tenedo­ res de bonos, los nuevos contratos de consignación del guano, y la deuda exter­ na. Pero antes había que buscar una solución rápida al impasse de las negocia­ ciones sobre el protocolo de 1845. Para agilizar el trámite, redujo las demandas a tres puntos, primero, las posiciones de Iguaín, Arancibia y Artaza, segundo, reparación de perjuicio por el bombardeo de Arica y, tercero, la cesación de Adams en su cargo. De estas tres, consideró que las más importantes eran la primera y la tercera, mencionó dijo que con la segunda se podía ser indulgente, y sugirió un trueque para obtener la satisfacción en los otros dos. En sus instruc­ ciones al representante en Londres, Pardo, al igual que Paz Soldán, aconsejó proceder con cordura y sagacidad pero difirió de su antecesor en cómo abor­ dar las negociaciones porque: de diciembre de 184 7 .y otras dos fueron escritas el 11 y el 13 marzo, 1848, después del reingreso de Adams, en FO 61 / 120 y en AMREP,S/ D,LGB, 1847.52. ; 2PRO, FO 61/120, Palmerston a Mariano José Sanz, 16 de mayo,1848 y en FO 177 /36 y Ai\1REP, S/D,LGB,1849.53. ;J PRO, FO 61/118, Adams a Palmerston, Llma, 20 de febrero, 1848. 809 A RTÍCULOS [ ... ] en la superioridad de poder que tiene Gran Bretaña, nada podríamos lograr de reclamaciones arrogantes que irritasen su amor propio, en vez de moverla a actos de justicia, que respeto de un estado débil, puede ella considerar como actos de condes­ cencia. El gobierno espera que usted, en sus conferencias tendrá presente esta obser­ vación, representará nuestra justicia con dignidad pero con los miramientos que nuestra posición exige, y que no solo se contentará en apoyarse en razones de justicia, sino se valdrá también de los que ofrece la misma conveniencia de la nación británica que nada perderá de su decoro en satisfacer a una nación que no puede exigirle satisfacciones por la fuerza, y que debe procurar captarse la benevolencia de los pue­ blos con que comercia, más bien que irritar su amor propio y alimentar prevenciones siniestras, que no pueden menos que ser perjudiciales a sus súbditos. En cuanto el gobierno peruano, obrará en adelante sobre el particular del modo que convenga a su honor y a sus intereses, sin creerse obligado a cumplir lo que se le ha exigido por la fuerza. 54 El nombramiento del nuevo ministro peruano despertó la curiosidad de Palmerston quién le pidió sus referencias a Adams. Todas las dudas se esfuma­ ron cuando le informó que de Osma, además de ser íntimo amigo político del canciller Pardo, se había desempeñado como chargé d'ájfffires en Washington, «es un hombre de buena familia y educación y aparentemente bien calificado para el nombramiento», sobre todo para tratar con el asunto de los tenedores de bonos y «el tratado que es el objetivo favorito del general Castilla». 55 La presencia de de Osma en Londres inauguró una nueva era en las relacio­ nes entre Gran Bretaña y el Perú. El momento era propicio porque, en 1848, Gran Bretaña era la mayor compradora de guano y lo hacía a través de la casa de Antony Gibbs e hijos, que era el agente escogido en esta transacción. El ingreso derivado de la venta del guano cambió la situación y esto fue patente en la reunión del 4 de enero de 1849. De Osma y el presidente de la comisión de tenedores de bonos hispanoamericanos firmaron un convenio por el cual los bonos de los empréstitos peruanos contratados en 1822 y 1825 se convirtieron en nuevos bonos que ganarían un interés de cuatro por ciento. Los intereses y la futura amortización de la deuda dependían de la venta anual del guano, porque la mitad de ésta ayudaría a cancelar la deuda. El mismo día, de Osma renovó 54 Felipe Pardo y Aliaga, notable poeta y escritor, había sido rrúnistro de relaciones exteriores de Vivanco en 1843-44, luego en Chile, España y Washington . .Sobre rasgos biográficos, ver la introduc­ ción de Luis Monguió en Poesías de don Felipe Pardo y Aliaga, introducción, edkió11 y notas. (Berkeley, Los Angeles, Londres, 1973). AMREP,S/D,LGB, 1848 Felipe Pardo al rrúnistro plenipotenciario del Perú cerca de Gran Bretaña. Lima, 11 de agosto, 1848. ss PRO, FO 61 / 118, Adams a Palmerston, 12 de agosto de 1848. FO 61/120, memorándum del Foreign Office, 16 noviembre, 1848. 810 CELIA Wu BRADING por dos años el contrato a la Casa Gibbs para la exportacion del guano a Gran Bretaña. Por su parte, esta firma se hizo responsable del pago de los intereses. En el frente diplomático, el 30 de enero de 1849, Whitehall le confirió a de Osma las credenciales de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la república del Perú cerca de la corte de SMB. Después de un intercambio de notas, en frases atentas y moderadas y en un francés impecable, de Osma declaró que la razón de su presencia en Londres era para lograr: la suscripción de un tratado de amistad, comercio y navegación entre Gran Bretaña y el Perú. Agregó que había la necesidad de llegar a un acuerdo común sobre los sucesos de 1844, o sea La Cuestión Inglesa. La respuesta británica fue a su vez conciliatoria y amigable. Con esta disposición positiva, se iniciaron las negociaciones. 56 En su primera reunión del 14 de abril en Whitehall, Palmerston le expresó a de Osma su sincero deseo de cimentar relaciones estrechas de amistad y buena voluntad con el Perú y que el gobierno de su Majestad renunciaba al derecho convenido en el protocolo de 1845 de precluír a Iguaín en su capacidad civil y militar. O sea, se dejaba al Perú en completa libertad de hacer uso de los servi­ cios de Iguaín. Ambos acordaron no entrar en discusión sobre la acción de HMS Cormorant en el puerto de Islay, y «pedir sino la seguridad de que no se repitan iguales actos y que las autoridades del Perú sean tratadas por los agentes de HMG con la consideración y respeto que se debe a las autoridades de un estado independiente y amigo». Sobre la posición de Adams, Palmerston reafir­ mó su permanencia en Lima. Los dos partes resolvieron en olvidar las pasadas diferencias y trabajar para suscribir un tratado de amistad, comercio y navega­ ción. Un nuevo tratado que sustituyó al de 183 7 se firmó el 1 O de abril de 1850. 57 Relatar el proceso de las negociaciones es otra historia. La Cuestión Inglesa puede ser vista como la última fase de un ciclo desafortuna­ do de incidentes que comenzaron desde los años veinte, y entre los más graves está El Caso Hidalgo que ocurrió en 1830. Fue un ciclo en donde la debilidad y la xenofobia peruanas y la agresión y determinación férrea británicas estuvieron a la par, cada uno de ellos determinado a proteger los intereses de sus ciudadanos. En el caso de la Confederación Perú Boliviana, el encargado de negocios de Gran Bretaña, Belford Hinton Wilson, favoreció abiertamente a Santa Cruz y firmó un tratado que reconoció a la Confederación como un estado soberano. Sin embar­ go, la marina británica no intervino en ningún momento para defender a la Con- 56 Véase Ricardo Aranda, VIII, 409-10, W. M. Mathew. The Ho11se of Gibbs and the Pm1via11 Guano Monopo!J. 1981. PRO, PO 177/29. Adams a Palmerston, 12 de abril, 1848 y FO 61/122, Adams a Palmerston, 12 de noviembre, 1849. AMREP, S/D, LGB 1849. F.O. a la Legación del Perú. 30 enero, 1849 y Presentación de credenciales. 57 MREP S/D,LGB, 1849. Palmerston a de Osma, 14 de abril, 1849. 811 ARTiCIJLOS federación. A pesar de su dominio de los mares, esa marina restringió sus opera­ ciones a la defensa de los intereses británicos. Iguaín, llevado por su falta de juicio de discernimiento, incurrió en enemistarse con Adams, Wilson y otros agentes británicos. Castilla era nuevo en el poder y buscó inicialmente defender a su aliado y amigo, se sentía adeudado a Iguaín por su apoyo leal. Pero también demostró su gran don de estadista cuando tuvo que sacrificar a su partidario y aceptar avenirse a los términos británicos hasta el punto de recibir a Adams. Después de la muerte del ministro británico, la situación cambió totalmente, la venta del guano fue para el país,la fuente principal de su prosperidad y la fuente de su ingreso. Castilla emergió como un presidente de prestigio y el Estado no estaba ya sujeto a demandas extranjeras. Igualmente importante, el dominio naval británi­ co se vio pronto amenazado, la edad del buque de vela quedaría atrás para entrar en la del buque de vapor. A inicios de los años cincuenta, los intereses de Gran Bretaña y los del Perú eran los mismos. Curiosamente los participantes principales en la Cuestión Inglesa desaparecieron. En 1851, Iguain murió y Wilson, estando bajo fianza, escapó del Perú. En 1852 fallecieron Crompton y Adams. Para terminar con una nota irónica, Adams murió a causa de una apoplegia un 1 º de setiembre, al conmemorarse el octavo aniversario del «hombardem> britá­ nico del puerto de Arica. 58 ;s PRO, FO 61/133, Muerte de William Pitt Adams, Barton al Earl de Malmesbury, 4 de setiembre de 1852. Papers relating to the Death a11d Funeral of the late 117i/linm Pitt Adams, Her Ma¡esfJ' Charge'ajfaires a11d comu/ general to the Republic of Peru. (Circulación privada) Londres, 1853. FO 61/151, Stephen Sulivan a Lord Clarendon, Lima, 24 de diciembre, 1854. 812