El espacio público no es tal porque sea usado por el público, sino porque posee y reproduce en su uso un determinado valor de lo público. No existen espacios públicos sin ciudadanía democrática y tolerante, con capacidad de aprender a convivir en sociedad. Esta segunda edición de Lima y espacios públicos. Perfiles y estadística integrada 2010, actualiza- da y ampliada, ofrece, además de la primera data integrada de los espacios públicos en el territorio metropolitano Lima-Callao, el «Dossier 2019. Lima. Espacios públicos en contraste», con estudios sobre fenómenos urbanos recientes, como la recuperación de espacios públicos, la movilización juvenil y el urbanismo táctico en defensa del valor de lo público en la ciudad. Asimismo, contiene una data sobre las áreas verdes de cada distrito de Lima Metropolitana hasta el 2019. En conjunto, el libro registra todos los espacios públicos, sin exclusiones ni formas discriminatorias de distinción entre los usos y desusos que realizan los diferentes estratos sociales, así como entre los espacios formales o informales, diseñados o no planificados, ubicados en el centro o en la pe- riferia, en la parte plana o en las laderas de los cerros. Cualquier política y acción referida a los espacios públicos necesita contar con data e información precisa, detallada y actualizada. No se puede transformar aquello que se desconoce. «El libro tiene su principal foco de interés en los nuevos es- pacios públicos del área metropolitana de Lima. Al contrario de lo habitual, el autor no parte de los principios teóricos y tipológicos que dominan la investigación de la ciudad occi- dental del primer mundo: Wiley Ludeña recupera y revela una realidad no sistematizada de espacios públicos invisibilizados por la investigación urbana latinoamericana. [...] Utilizando una metodología propia y original, y un impecable registro fo- tográfico, el autor analiza diferentes tipologías y contextos es- paciales de la capital peruana, al mismo tiempo que muestra un gran entusiasmo por la vida urbana, sus espacios y lugares de convivencia colectiva, reconquista y reconstrucción de es- pacios cotidianos». Prof. Dra. Lilian Fessler Vaz y Prof. Dr. Antonio Colchete Filho Universidade Federal do Rio de Janeiro. Universidade Federal de Juiz de Fora «Este libro presenta un importante aporte sobre el statu quo del tamaño y la peculiaridad del espacio público en Lima. Se puede ver como un inventario extraordinario que incluye en su clasificación de espacio accesible al público una serie de categorías nuevas que siempre estuvieron presentes, pero no figuraban como tales». Prof. Dra. Waltraud Müllauer-Seichter Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid W ile y Lu de ña U rq ui zo SEGUNDA EDICIÓN Actualizada y ampliada dossier 2019 Lima. Espacios públicos en contraste Wiley Ludeña Urquizo Lima y espacios públicos Perfiles y estadística integrada 2010 OT. 18901/ PUCP-FAULima y espacios públicos / lomo OK: 1.9 cm. - 444 pp. - Couche mate 90gr. - COSIDO / Medida: 68.3 x 29.7 cm. / Javier ARQUITECTURA PUCP Li m a y e sp ac io s p úb lic os Lima y espacios públicos Perfiles y estadística integrada 2010 ARQUITECTURA PUCP Ludeña Urquizo, Wiley, 1955 Lima y espacios públicos. Perfiles y estadística integrada 2010 / Wiley Ludeña Urquizo 2.a ed. aumentada (con Dossier 2019. Lima. Espacios públicos en contraste / Wiley Ludeña Urquizo, ed.). Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial / Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 2020 (Lima: Tarea Asociación Gráfica Educativa) 442 p.: il. col., diagrs.; 21 cm. Bibliografía: p. 195-206 (Dossier: p. 169-171) D.L. 2020-08159 ISBN 978-612-317-609-9 1. Lima. 2. Espacios públicos. 3. Centro Histórico. 4. Tipos de espacios públicos. 5. Estadística de espacios públicos. 6. Ciudadanía y espacios públicos. 7. Diseño urbano y espacios públicos. 8. Urbanismo táctico. 9. Paisaje. Lima y espacios públicos. Perfiles y estadística integrada 2010 © Wiley Ludeña Urquizo Dossier 2019. Lima. Espacios públicos en contraste © Wiley Ludeña Urquizo (editor) © Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2020 Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú feditor@pucp.edu.pe https://www.fondoeditorial.pucp.edu.pe/ © Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Oficina de Publicaciones Pontificia Universidad Católica del Perú Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú Teléfono: 6262000, anexo 5580 http://arquitectura.pucp.edu.pe/ Concepto y diseño: Wiley Ludeña Urquizo Diagramación: Fernando Gutiérrez Delgado Revisión de base: Úrsula Tang Carhuavilca Edición y revisión de textos: Arquitectura PUCP Publicaciones Fotografías de portada: Mayra Vila Aranzaes, Wiley Ludeña Urquizo, Luis Alegre Zambrano, Franco Jáuregui Fung Primera edición: marzo de 2013 Segunda edición: diciembre de 2020 Tiraje: 500 ejemplares ISBN: 978-612-317-609-9 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2020-08159 Impresión: Tarea Asociación Gráfica Educativa Pasaje María Auxiliadora 156, Lima 5-Perú Lima-Perú ÍNDICE TEMÁTICO XV Presentación a la segunda edición. Wiley Ludeña Urquizo XIX Prólogo a la segunda edición. Mariana Alegre Escorza XXIII Prólogo a la primera edición. Waltraud Müllauer-Seichter XXVII A modo de introducción de la primera edición. Wiley Ludeña Urquizo XXXV Agradecimientos PRIMERA PARTE ESPACIO PÚBLICO. DOMINIOS Y CONCEPTOS DE BASE 5 1. ESPACIOS PÚBLICOS. DEFINICIONES DE BASE 5 1.1. Sociedad, esfera de lo público y lo privado 6 1.2. La dimensión físico-espacial del espacio público. Definiciones operativas 6 Dominios del espacio público 8 1.3. Espacio público. Definiciones en sentido específico y en sentido amplio 9 2. LIMA Y ESPACIO PÚBLICO. VARIANTES E INVARIANTES 9 2.1. El dominio histórico del espacio público. Variantes e invariantes 11 2.2. El sistema metropolitano zde áreas libres y sus componentes. Los primeros planteamientos 12 El sistema de áreas verdes recreacionales como propuesta consolidada 15 2.3. Espacio público en Lima y componentes sin sistema 18 3. LIMA. ESPACIOS PÚBLICOS. LA DATA AUSENTE 23 3.1. Lima Metropolitana. El verde urbano en cifras. Controversias SEGUNDA PARTE FUNDAMENTOS DE UN NUEVO «TERRITORIO» DEL ESPACIO PÚBLICO PARA LIMA METROPOLITANA 29 4. ESPACIO PÚBLICO Y NUEVO «TERRITORIO». TIPOLOGÍAS Y CONTENIDOS 29 4.1. Espacio público y componentes. Una propuesta de integración 35 Los espacios públicos punto-nodo 36 Los espacios públicos línea-flujo 36 Los espacios públicos línea-flujo/punto-nodo 37 Otros criterios de clasificación de los espacios públicos 37 4.2. Espacios públicos del Centro Histórico 40 5. ESPACIOS PÚBLICOS E INFORMACIÓN. VARIABLES Y CRITERIOS 40 5.1. Lima y el territorio sujeto de información. Organización y límites 43 Territorio, distritos y divisiones «a la carta» 45 Inventario y coordenadas geográficas de base 46 Centro Histórico, territorio y límites 47 5.2. Lima. Territorio, superficie y proyecciones 49 5.3. Lima y población. Del universo registrado TERCERA PARTE LIMA Y ESPACIO PÚBLICO. PERFIL CONTEMPORÁNEO. CRITERIOS Y PROYECCIONES 59 6. DEL REGISTRO DE INFORMACIÓN, VARIABLES Y PROCEDIMIENTOS 59 6.1. Sobre las variables y los procedimientos de cálculo de área 61 Calle-calles peatonales ex novo y ex post 62 Escaleras 62 Veredas 62 Bermas 65 Plazas y plazuelas 65 Losas deportivas 65 Malecones-parques (planificados) 65 Alamedas-paseos 65 Parques-jardinería vial 66 Parques zonales 66 Parques residenciales 66 Parque metropolitano temático 66 Parques metropolitanos de jure 66 Parques distritales 68 Parques «naturales-baldíos» (no planificados) 68 Superficie líquida 70 7. ESPACIOS PÚBLICOS DE LIMA METROPOLITANA LIMA-CALLAO (2010). BASE DE DATOS CON PROYECCIONES 2015 Y 2025 CUARTA PARTE LIMA Y ESPACIO PÚBLICO EN CUESTIÓN. CARENCIAS Y DESAFÍOS 101 8. LIMA Y ESPACIOS PÚBLICOS. REAJUSTE NEOLIBERAL Y EL VALOR PERDIDO DE LO PÚBLICO 101 8.1. Del espacio sin público al espacio público sin lo público 104 8.2. Espacios públicos y el contexto metropolitano del reajuste neoliberal. Nuevos procesos y territorios 112 9. LIMA Y ESPACIOS PÚBLICOS HOY. ANTECEDENTES, PERSISTENCIAS Y CAMBIOS 116 9.1. Espacios punto-nodo. Plazas, plazuelas y parques 120 Parques de urbanización, jardines populares y cementerios parques 121 Arborización. Entre árboles y arbustos 128 9.2. Espacios línea-flujo. Calles y veredas 133 9.3. Espacios públicos, ciudad popular, contracultura y espacios alternativos 133 Post-it city y los «otros» espacios públicos de Lima 137 10. LIMA 2010. DATA Y ESPACIOS PÚBLICOS EN CIFRAS 137 10.1. Espacios públicos-piso pavimento 137 Calles 139 Malecones-parques y alamedas-paseos 141 Escaleras 141 Plazas y plazuelas 141 Línea-flujo y punto-nodo 143 Otras zonas 144 10.2. Espacios públicos-piso verde 145 Parques residenciales 146 Parques metropolitanos y parques zonales 147 Parques-jardinería vial 149 Otras zonas 151 Área verde por habitante 152 Los espacios públicos en conjunto 160 11. CENTRO HISTÓRICO Y ESPACIOS PÚBLICOS 160 11.1. Gestión municipal, Centro Histórico y espacios públicos 161 Espacios de la restauración democrática. Eduardo Orrego Villacorta (1980-1983) 162 Alfonso Barrantes Lingán. La esperanza (1984-1986) 162 Jorge del Castillo (1987-1989). El primer «Plan del centro de Lima» 163 Ricardo Belmont Cassinelli (1990-1992, 1993-1995). El centro, Patrimonio Cultural de la Humanidad 163 Alberto Andrade Carmona (1996-1998, 1999-2001). Centro Histórico y espacios públicos como voluntad política 168 Luis Castañeda Lossio (2002-2010). El centro y espacios públicos como espectáculo 173 11.2. Centro Histórico y espacios públicos 2010. Data integrada 175 Dos «ciudades» del Centro Histórico 177 Ciudad exterior 179 Tierra y verde 181 Ciudad interior 182 Población, superficie y espacios públicos 182 Situación general 184 12. COTA FINAL. A MODO DE CONCLUSIONES 184 Espacio público y prescindencia 185 Espacios públicos, déficit crónico, pobreza y otras inequidades 189 Normatividad e institucionalidad ausente 189 Espacio público seco versus espacio público verde 191 Espacios de esperanza 195 13. BIBLIOGRAFÍA 207 14. ANEXO DOSSIER 2019. LIMA. ESPACIOS PÚBLICOS EN CONTRASTE ÍNDICE DE TABLAS 19 Tabla 1. Lima. Áreas verdes y evolución histórica. Porcentaje e índices por años 19 Tabla 2. Lima metropolitana (Lima-Callao). Índices históricos de superficie de área verde por habitante (m2/hab) 38 Tabla 3. Lima metropolitana (Lima-Callao). Tipologías de espacios públicos. Dominio en sentido específico 41 Tabla 4. Espacios públicos en Lima metropolitana (Lima-Callao). Otros criterios de clasificación 42 Tabla 5. Espacios públicos del Centro Histórico de Lima. Tipologías 51 Tabla 6. Corredor-Región metropolitana de Lima. Organización territorial 52 Tabla 7. Lima metropolitana (Lima-Callao). Población y superficie 2007-2025 70 Tabla 8. Espacios públicos. Metrópoli Lima-Callao (2007-2025). Extensión según tipologías y proyecciones 72 Tabla 9. Espacios públicos. Áreas metropolitanas Lima y Callao (2007-2025). Extensión según tipologías y proyecciones 74 Tabla 10. Espacios públicos. Zonas metropolitanas Lima central y Lima norte (2007-2025). Extensión según tipologías y proyecciones 76 Tabla 11. Espacios públicos. Zonas metropolitanas Lima sur y Lima este (2007- 2025). Extensión según tipologías y proyecciones 78 Tabla 12. Espacios públicos. Metrópoli Lima-Callao (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 80 Tabla 13. Espacios públicos. Áreas metropolitanas de Lima (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 82 Tabla 14. Espacios públicos. Áreas metropolitanas del Callao (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 84 Tabla 15. Espacios públicos. Zona metropolitana Lima central (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 86 Tabla 16. Espacios públicos. Zona metropolitana Lima norte (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 88 Tabla 17. Espacios públicos. Zona metropolitana Lima sur (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 90 Tabla 18. Espacios públicos. Zona metropolitana Lima este (2010). Ponderaciones y porcentajes por habitante, superficie y tipologías 92 Tabla 19. Espacios públicos del Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje, superficie e índice m2/hab 94 Tabla 20. Espacios públicos del Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje, superficie Ciudad Exterior y Ciudad Interior 96 Tabla 21. Espacios públicos del Centro Histórico de Lima (2010). Zonas de delimitación territorial (hectáreas) 175 Tabla 22. Lima. Censo de percepción ciudadana (2011). Lugares asociados al concepto de «espacio público» 178 Tabla 23. Espacios públicos. Lima metropolitana (Lima-Callao). Síntesis y proyecciones 2007-2025 178 Tabla 24. Área verde. Lima metropolitana (Lima-Callao). Índices m2/hab y superficie requerida 1967-2025 207 Tabla 25. Lima. Parques por distritos y porcentajes (ONPU, 1954) 208 Tabla 26. Situación actual de parques en la gran Lima (ONPU, 1964) 209 Tabla 27. Lima metropolitana (Lima-Callao). Conservación de parques (SENAMHI, 1996) 210 Tabla 28. Lima metropolitana (Lima-Callao). Conservación de áreas verdes (INAPMAS, 1998) 211 Tabla 29. Metros cuadrados (m2) de áreas verdes por habitante. Distritos de Lima Metropolitana y el Callao (Defensoría del Pueblo, 2010) 212 Tabla 30. Provincia de Lima. Tipo y áreas verdes según distrito 2007 (INEI, 2010) 213 Tabla 31. Inventario de áreas verdes a nivel metropolitano (Instituto Metropolitano de Planificación, 2010) 213 Tabla 32. Áreas verdes del distrito de Surco (Municipalidad de Santiago de Surco, 2011) 214 Tabla 33. Lima. Propuestas de estructura y organización de las «áreas libres» y «áreas verdes» (1938-1958) 215 Tabla 34. Lima. Propuestas de estructura y organización de las «áreas libres» y «áreas verdes» (1967-1995) 216 Tabla 35. Lima. Propuestas de estructura y organización de las «áreas libres» y «áreas verdes» (1989-2006) ÍNDICE DE GRÁFICOS 19 Gráfico 1. Área verde metropolitana Lima-Callao. Índices históricos de superficie de área verde por habitante (m2/hab) 20 Gráfico 2. Lima. Perfil urbanístico 1821-1970. Promedio histórico. Aportes de área por décadas 20 Gráfico 3. Lima. Perfil urbanístico 1821-1970. Promedio histórico. Estructura urbanística de los espacios públicos-piso verde según tipos 20 Gráfico 4. Lima. Perfil urbanístico 1821-1970. Promedio histórico. Estructura urbanística de los espacios públicos-piso pavimento según tipos 136 Gráfico 5. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Extensión de superficie por componentes (hectáreas) 136 Gráfico 6. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de componentes respecto a la superficie total 136 Gráfico 7. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie de componentes respecto a la superficie de «mancha urbana» 138 Gráfico 8. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes respecto a la superficie total de espacios públicos 138 Gráfico 9. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes respecto al total de área de espacios públicos-piso pavimento 138 Gráfico 10. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Superficie de componentes por el número de habitantes (m2/hab) 139 Gráfico 11. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por estructura morfológica respecto al total de área de los espacios públicos-piso pavimento 139 Gráfico 12. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por estructura morfológica respecto al total de superficie de espacios públicos 139 Gráfico 13. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie respecto al área total del territorio de cada zona metropolitana 140 Gráfico 14. Espacios públicos-piso pavimento. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie de «mancha urbana» respecto al territorio de cada zona de Lima metropolitana 140 Gráfico 15. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Extensión de superficie según componentes (hectáreas) 140 Gráfico 16. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes 144 Gráfico 17. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie de componentes respecto a la superficie de «mancha urbana» 144 Gráfico 18. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes respecto a la superficie total de espacios públicos 144 Gráfico 19. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes respecto al total de área de los espacios públicos-piso verde 147 Gráfico 20. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes (excluido «parques naturales-baldíos») respecto al total de área de los espacios públicos-piso verde 147 Gráfico 21. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Superficie de componentes por el número de habitantes (m2/hab) 147 Gráfico 22. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por estructura morfológica respecto al total de área de espacios públicos-piso verde 148 Gráfico 23. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por estructura morfológica respecto al total de superficie de espacios públicos 148 Gráfico 24. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje respecto al territorio según zonas 148 Gráfico 25. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie respecto al total de superficie de «mancha urbana» según zonas 149 Gráfico 26. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie respecto al total de superficie de espacios públicos según zonas 149 Gráfico 27. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Diferencia entre el porcentaje de área total de piso verde y el porcentaje de área del rubro «parques naturales-baldíos» según zonas 149 Gráfico 28. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Índice de superficie de espacios públicos-piso verde y espacios públicos-piso verde dominio tradicional por habitante (m2/hab) 150 Gráfico 29. Espacios públicos-piso verde. Área metropolitana Lima-Callao (2010). Superficie de componentes (excluido «parques naturales-baldíos») por el número de habitantes según zonas (m2/hab) 153 Gráfico 30. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Extensión de superficie por tipologías y componentes (hectáreas) 154 Gráfico 31. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por componentes 154 Gráfico 32. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie de componentes respecto a la superficie de «mancha urbana» 155 Gráfico 33. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie de componentes respecto a la superficie total de los espacios públicos 155 Gráfico 34. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Superficie de componentes por el número de habitantes (m2/hab) 156 Gráfico 35. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Extensión de superficie según tipologías excluida «piso tierra» (hectáreas) 156 Gráfico 36. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Extensión de superficie según tipologías (hectáreas) 156 Gráfico 37. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por estructura morfológica respecto al total de componentes del espacio público 157 Gráfico 38. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por tipologías según zonas 157 Gráfico 39. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por tipologías respecto a la superficie de «mancha urbana» según zonas 160 Gráfico 40. Espacios públicos del área metropolitana Lima-Callao (2010). Porcentaje de superficie por tipologías respecto a la superficie de espacios públicos según zonas 163 Gráfico 41. Espacios públicos de la ciudad exterior y la ciudad interior. Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie (hectáreas) 163 Gráfico 42. Espacios públicos de la ciudad exterior y la ciudad interior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de extensión de superficie según zonas del Centro Histórico 164 Gráfico 43. Espacios públicos-piso pavimento de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Superficie por componentes (hectáreas) 164 Gráfico 44. Espacios públicos-piso pavimento de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de área de componentes respecto al total de superficie del Centro Histórico 164 Gráfico 45. Espacios públicos-piso pavimento de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de área de componentes respecto al total de superficie de los espacios públicos del Centro Histórico 165 Gráfico 46. Espacios públicos-piso pavimento de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de área de componentes respecto al total de superficie de los espacios públicos-piso pavimento 165 Gráfico 47. Espacios públicos-piso verde de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie por componentes (hectáreas) 165 Gráfico 48. Espacios públicos-piso verde de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de componentes respecto al total de superficie del Centro Histórico 166 Gráfico 49. Espacios públicos-piso verde de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de área de componentes respecto al total de superficie de los espacios públicos del Centro Histórico 166 Gráfico 50. Espacios públicos-piso verde de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de área de componentes respecto al total de superficie de los espacios públicos-piso verde 166 Gráfico 51. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie según tipologías (hectáreas) 168 Gráfico 52. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie según tipologías respecto a la superficie del Centro Histórico 168 Gráfico 53. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie según tipologías respecto a la superficie de los espacios públicos 168 Gráfico 54. Espacios públicos de la ciudad interior. Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie según tipologías (hectáreas) 169 Gráfico 55. Espacios públicos de la ciudad interior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie según tipologías respecto al total de superficie del Centro Histórico 169 Gráfico 56. Espacios públicos de la ciudad interior. Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie según tipologías respecto a la superficie de los espacios públicos 169 Gráfico 57. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Relación de población residente y superficie de espacios públicos (m2/ hab) 170 Gráfico 58. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Relación de población total (residente y flotante) y superficie de espacios públicos (m2/hab) 171 Gráfico 59. Espacios públicos de la ciudad exterior. Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie por componentes y tipologías (hectáreas) 172 Gráfico 60. Espacios públicos. División zonal del Centro Histórico de Lima (2010). Superficie de tipos de espacios públicos de la ciudad exterior (hectáreas) 172 Gráfico 61. Espacios públicos. División zonal del Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie por tipos de espacios públicos respecto a la superficie del Centro Histórico 174 Gráfico 62. Espacios públicos de la ciudad exterior y la ciudad interior. División zonal del Centro Histórico de Lima (2010). Porcentaje de superficie por tipos de espacios públicos respecto a la superficie total de espacios públicos 174 Gráfico 63. Espacios públicos de la ciudad exterior y la ciudad interior. División zonal del Centro Histórico de Lima (2010). Extensión de superficie por tipos de espacios públicos (hectáreas) 176 Gráfico 64. Espacios públicos-piso verde. Lima metropolitana (Lima-Callao). Déficit de área verde en relación al área verde óptima 1967-2025 (hectáreas) 176 Gráfico 65. Lima metropolitana (Lima-Callao). Tasa de evolución del índice de área verde por habitante 1967-2025 (m2/hab) ÍNDICE DE PLANOS 30 Plano 1. Lima corredor. Evolución histórica. Triángulos de expansión 31 Plano 2. Lima. Áreas y zonas metropolitanas. Propuesta Arellanos & Burgos 2004 31 Plano 3. Lima. Áreas y zonas metropolitanas. Propuesta Ipsos Apoyo 2010 31 Plano 4. Lima. Áreas y zonas metropolitanas. Propuesta Wiley Ludeña Urquizo 2011 32 Plano 5. Centro Histórico. Leticia. Sistema integral de espacios públicos 2010 53 Plano 6. Centro Histórico. Territorios y zonas. Ordenanza N.° 062 102 Plano 7. Lima metropolitana (Lima-Callao). Espacios públicos-piso pavimento 2010 106 Plano 8. Lima metropolitana (Lima-Callao). Espacios públicos-piso verde y superficie líquida 2010 110 Plano 9. Lima metropolitana (Lima-Callao). Espacios públicos. Sistema total de espacios públicos 2010 114 Plano 10. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Espacios públicos-piso pavimento 2010 118 Plano 11. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Espacios públicos-piso verde y superficie líquida 2010 122 Plano 12. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Sistema total de espacios públicos 2010 126 Plano 13. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Espacios semipúblicos-piso pavimento 2010 130 Plano 14. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Espacios semipúblicos-piso verde 2010 134 Plano 15. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Sistema total de espacios semipúblicos 2010 ÍNDICE DE ESQUEMAS 103 Esquema 1. Lima metropolitana (Lima-Callao). Espacios públicos-piso pavimento 2010. Sector de Pueblo Libre 107 Esquema 2. Lima metropolitana (Lima-Callao). Espacios públicos-piso verde y superficie líquida 2010. Sector de San Borja 111 Esquema 3. Lima metropolitana (Lima-Callao). Sistema total de espacios públicos 2010. Sector de Villa El Salvador 115 Esquema 4. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Espacios públicos-piso pavimento 2010 119 Esquema 5. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Espacios públicos-piso verde y superficie líquida 2010 123 Esquema 6. Lima Centro Histórico-ciudad exterior. Sistema total de espacios públicos 2010 127 Esquema 7. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Espacios semipúblicos- piso pavimento 2010 131 Esquema 8. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Espacios semipúblicos- piso verde 2010 135 Esquema 9. Lima Centro Histórico-ciudad interior. Sistema total espacios semipúblicos 2010. LIMA. ESPACIOS PÚBLICOS EN CONTRASTE Poder, urbanismo y espacios públicos en un contexto de reestructuración de las élites en el Perú El distrito de San Isidro, Lima. Actuaciones 2015-2018 Wiley Ludeña Urquizo Lima: movimientos juveniles y reivindicación del espacio público. Urbanismo táctico: La Plaza, Chorrillos Martina Pestarino y Maria Simeone Lima y Callao: data municipal de área verde por distritos, 2011-2019 Ana Sofía Chávez Villar 7 57 173 Wiley Ludeña Urquizo (editor) D o s s i e r 2 0 1 9 LIMA ESPACIOS PÚBLICOS EN CONTRASTE Dossier 2019 WILEY LUDEÑA URQUIZO 7 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e Wiley Ludeña Urquizo* Poder, urbanismo y espacios públicos en un contexto de reestructuración de las élites en el Perú El distrito de San Isidro, Lima. Actuaciones 2015-2018** ** El presente texto es resultado de la investi- gación «Lima: poder, urbanismo y espacios públicos en un contexto de reestructuración de las élites en el Perú. El caso del distrito de San Isidro. Actuaciones recientes 2015-2018», elabo- rada por el autor para el Centro de Investigación de la Arquitectura y Ciudad (CIAC) de la Ponti- ficia Universidad Católica del Perú (PUCP) entre el 1 de octubre de 2019 y el 30 abril de 2020. Un avance del trabajo se presentó como ponencia en el III Encuentro de Diálogos Metropolitanos Lima-Bahía, organizado por la PUCP (Lima, 22 al 24 de agosto de 2018). * Arquitecto. Doctor en Urbanismo por la Technische Universität Hamburg-Harburg. Profesor principal de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP. 1. INTRODUCCIÓN Lima experimenta desde hace más de dos décadas un tiempo de profundos cambios en su estructura y funciona- miento, como consecuencia del severo reajuste neoliberal gestado a inicios de la década de 1990. Todo se mueve y se trastoca. En este escenario, uno de los ámbitos de cambio más reveladores son las relaciones entre arquitectura, urbanismo y poder, sobre todo en un país donde más del 70% de las ciuda- des resultan construidas desde el im- perativo de una informalidad extrema. Ello sucede en un país que, luego de la recuperación democrática en el año 2000, tras la década autoritaria coman- dada por Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, experimenta un ciclo de vida republicana tan precaria como el escamoteo de los derechos humanos o la idea de bien común, así como la inexistencia de una sólida instituciona- lidad pública. Se trata de un contexto en el que la preeminencia absoluta del mercado y de los intereses privados en el manejo de la cuestión pública —in- cluida la ciudad— se ha transformado en una auténtica idolatría generaliza- da, hasta para los propios arquitectos y urbanistas. Un dominio en el que puede observar- se con nitidez las razones y pulsiones de este contrapicado contexto social, económico y político, es el de los es- pacios públicos. En la ciudad, la lucha en pro de los espacios públicos es la madre de todas las batallas, como parte una confrontación cada vez más acentuada entre los intereses de lo pú- blico y lo privado. Es en este territorio donde se puede validar la vitalidad de una sociedad que se resiste tanto a las lógicas del control privado de la vida social, cuanto a la insania y la natura- leza socialmente tanática del poder del dinero sin ningún control. Por ello, la defensa constante de los espacios públicos frente a la agresiva lógica pri- vatizadora, amparada por el gran capi- tal inmobiliario o los negocios turbios de la informalidad urbana, expresa de manera dramática el escenario de conflictos que caracteriza hoy a diver- sos espacios del mundo urbano en el Perú. No hay ciudad, distrito o barrio que no registre uno o varios conflictos vinculados a alguna cuestión de los es- pacios públicos. Sin embargo, las lectu- ras sobre este fenómeno ya no pueden ser tan lineales como antes. Casi treinta años de narrativa neolibe- ral y neopopulista han dejado huellas 8 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r indelebles, al punto que han consegui- do trastocar ciertos axiomas sociales y políticos. Hasta hace unas décadas, por ejemplo, habría sido impensa- ble que en Villa El Salvador o Comas, distritos de tradición de izquierda po- pular y con una noción comunitarista de la vida, se permitiera o alentara la privatización o desaparición ominosa de diversos espacios de la comunidad. Todo lo contrario a lo que sucede en distritos como San Isidro o Miraflores, donde se observa más bien una ten- dencia de afirmación de lo público, no obstante la tradicional prevalencia de lo privado. Lima es un extraordinario ejemplo para reconocer las compleji- dades de esta sorprendente paradoja social y política: más espacio público en territorios tradicionalmente con- servadores y ajenos a la idea de lo público compartido, y menos espacio público en zonas o barrios antes popu- lares y progresistas, pero hoy ávidos de más mundo privado y privatizado. Si bien las acciones destinadas a la re- cuperación o expansión de espacios públicos emprendidas desde media- dos de la década de 1990 registran un incremento notable, la mayoría se han producido en espacios de escala metropolitana o distrital y han estado dirigidas básicamente a resignificar espacios de carácter cívico e institu- cional, y no residencial. En este último contexto, el del mundo residencial, es posible advertir con mayor crude- za la conflictividad y la confrontación cotidiana entre la esfera de la vida privada y aquella de la vida pública o semipública. Tal es el verdadero espa- cio de confrontación entre una noción y otra. Aun cuando las intervenciones en este ámbito han sido las menos, se han producido algunas que han gene- rado típicas dinámicas de aceptación/ rechazo, incluso violentas, que solo es posible advertir en escenarios de ca- rácter vecinal o residencial. Un caso singular es el de San Isidro. Durante el período 2015-2018, San Isidro, el distrito de más alta renta de Lima y del país, fue escenario de una agresiva política de renovación de es- pacios públicos, con una manifiesta oposición de parte de sus vecinos. Se trata de un episodio de tensiones sin precedentes entre los intereses de lo público y lo privado debido a una serie de acciones adoptadas por el munici- pio en materia de recuperación de los espacios públicos y el fomento de la movilidad sostenible. Esto generó dos situaciones que consiguieron revelar, por un lado, las profundas razones que alimentan hoy la noción de lo pri- vado y una domesticidad señorial en uno de los sectores de la sociedad pe- ruana económica y socialmente más privilegiados; y, por otro, la comple- jidad —y las contradicciones— de las relaciones entre arquitectos, arquitec- tura, urbanismo y poder que se proce- san en la sociedad peruana. Elegido como candidato del Partido Popular Cristiano (PPC) —desde su ori- gen un partido conservador, en térmi- nos políticos y religiosos—, el abogado Manuel Velarde Dellepiane impulsó en San Isidro, durante su gestión en la al- caldía (2015-2018), diversas iniciativas en materia de recuperación de espa- cios públicos y movilidad, con cambios que provocaron casi en el acto una manifiesta y mediática oposición de parte de sus vecinos.1 ¿Qué pudo suceder para que un alcalde ocasionara tal reacción en un contexto social en el que casi todos formaban parte de aquello que suele denominarse «la gente como uno»? ¿Era comprensible la reacción de los vecinos ante alguien que se había convertido, para ellos, en un alcal- de «rojo», que pretendía subvertir la calma de un distrito señorial con acciones como reducir el tránsito ve- hicular para fomentar la movilidad peatonal y el uso de bicicletas, así como instaurar una urbanidad co- munitaria antes que una sustentada en la individuación de los espacios, entre otras medidas? ¿Era un alcal- de —el impulsor de los cambios— que se equivocó de distrito? ¿Era un caso episódico y no estructural, que sería rápidamente revertido? ¿Se trató de una política y de obras con- vertidas en una gesta de pedagogía urbana directa dispuesta a conven- cer a los vecinos de que tenían una postura inicial equivocada? ¿O era 1. Manuel Fernando Jorge Carlos Velarde Dellepiane (Lima, 1968) es abogado titulado por la Facultad de Derecho de la PUCP. Sus padres fueron Manuel Velarde Aspíllaga y Gerda Dellepiane Zoeger. Durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde (1964-1968), su padre se desempeñó como ministro. Un tío suyo, Javier Velarde Aspíllaga, arquitecto, fue igualmente ministro del segundo gobierno de Fernando Be- laúnde (1980-1985). Es posible que su vocación por la política y las cuestiones del urbanismo y la arquitectura se alimentaran de un marco familiar conectado estrechamente con los principales actores de la vida social y política de las décadas de 1980 y 1990. Su trabajo como abogado estuvo dirigido a la asesoría legal financiera en diversas instituciones del Perú y la banca internacional. Trabajó en la firma Shearman & Sterling de Nueva York y en el departamento legal del Euroclear Bank de Bruselas. En paralelo, realizó estudios de posgrado en Derecho Corporativo en la Universidad de Pensilvania (1995) y en Derecho Financiero en el King’’s College de la Universidad de Londres (1999). Entre 2003 y 2009 trabajó en el sector público como abogado en el Ministerio de Economía y Finanzas, donde ocupó el cargo de director general de la Oficina General de Asesoría Jurídica. Entre 2006 y 2009 fue miembro del directorio de la Superinten- dencia del Mercado de Valores (Conasev) y, posteriormente, jefe de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat). De 2010 a 2015 se desempeñó como profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de San Martín de Porres. En 2004 se hizo militante del PPC. Postuló sin éxito a la alcaldía de San Isidro en las elecciones municipales de 2010, que perdió frente a Antonio Meier. Se presentó nuevamente en las elecciones de 2014, en las que ganó la alcaldía con un 29,6% de los votos, superando a Madeleine Osterling (27,8%). En junio de 2017 renunció a su militancia en el PPC aduciendo motivos personales. Postuló sin éxito a la alcaldía de Lima metropolitana en las elecciones de 2018. 9 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e más bien un alcalde cuyas iniciativas impactaron en la línea de flotación sobre la que se procesaba la dinámica confrontacional entre los vestigios de la antigua oligarquía señorial y el sector moderno de una burguesía empresarial globalizada, facciones de la «clase alta» peruana, ambas, con residencia plena en San Isidro? En este escenario, ¿cómo conceptuar las relaciones entre arquitectura, ur- banismo y poder, en medio de la con- traposición conservadurismo/progre- sismo y la impugnación vecinal? El alcalde, sus arquitectos y planifica- dores, ¿fueron voceros ingenuos de una visión progresista del urbanismo en una ciudad conservadora? ¿O, por el contrario, se trató de una política deliberada, convertida en una gesta de pedagogía urbana que, a fuerza de persuasión, ha conseguido convencer a los vecinos de que la política está más allá de la ciudad? La Municipa- lidad de San Isidro y su alcalde, ¿re- presentaban ese poder al que se unió un contingente de profesionales para plasmar sueños e intereses compar- tidos? Finalmente, ¿cómo valorar la experiencia de San Isidro en ese cris- pado campo de fuerzas que represen- tan hoy la sociedad y el territorio de la metrópoli limeña? San Isidro y los cambios producidos en materia de recuperación de espacios públicos, representan un caso excep- cional para observar con claridad y evidencias los procesos e impasses de- trás de las interrogantes formuladas. Ha conseguido poner en relieve —y en cuestión—, como pocos casos en Lima, hechos que aluden directamen- te a la noción de vanguardia urbanís- tica o cultural y su conexión política, así como ha conseguido develar las tensiones y pugnas entre grupos con intereses y estilos de vida distintos, que hoy conforman la élite o la «clase alta» peruana. URBANISMO Y VANGUARDIA. TRASVASES, PARADOJAS Y CINISMO NORMALIZADO Tras la recuperación de la democra- cia en 1980 y las primeras elecciones municipales, una serie de ciudades y municipios del Perú, con alcaldes ele- gidos por los partidos de izquierda, convocaron a lo que podría denomi- narse la vanguardia progresista de la arquitectura peruana, conformada por arquitectos jóvenes, muchos de ellos formados en la Universidad Na- cional de Ingeniería, la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, la Universidad Nacional de San Anto- nio Abad del Cusco y la Universidad Nacional del Centro del Perú. Los in- tegrantes de esta vanguardia tenían algunos rasgos en común: se habían formado durante una década de recu- sación política al orden establecido, la misma de la revolución cubana, el re- chazo a la guerra de Vietnam, el mo- vimiento contracultural hippie y las revueltas del París de mayo de 1968. Este fue el Zeitgeist de la época para una generación de arquitectos que optó por identificarse con la izquierda en diversos matices, desde una mili- tancia activa hasta un compromiso incidental. Arquitectos como Adol- fo Córdova, Oswaldo Núñez, Diego Robles, Jorge Burga, Raúl Quiñones Aranda, Jorge Ruiz de Somocurcio, así como Eliseo Guzmán, Edgardo Ramí- rez, José del Carpio, Urlo Sanabria, Augusto Ortiz de Zevallos, Gerardo Silva y Eduardo Figari, entre otros, se involucraron como asesores, funcio- narios o proyectistas en los diversos municipios, que desde 1980, inaugu- raron una gestión políticamente dis- tinta a las administraciones conser- vadoras, populistas y tecnocráticas de derecha. Casi cuarenta años después, el Perú ha sido sacudido por cambios dramáticos en diversos ámbitos del quehacer na- cional. Desde los días aciagos de la cri- sis económica y el terror de la década de 1980 hasta el reajuste neoliberal de 1990, impulsado por Alberto Fujimori, más la expansión del populismo con- servador, junto con la crisis y disolu- ción de los partidos políticos tradicio- nales durante los últimos veinte años, la sociedad peruana ha visto trastocar o desaparecer sus referentes históri- cos en términos sociales y políticos. En paralelo, desde el punto de vista político, la caída del Muro de Berlín y la desaparición del «campo socialista» puso en abierta interpelación no solo a la izquierda peruana, sino también el discurso de esa primera generación de arquitectos adscritos a esta visión y que recién intentaban vertebrar un planteamiento teórico-práctico como expresión del alegato formulado por José Carlos Mariátegui: «ni calco ni co- pia, sino creación heroica». Las sucesivas crisis que asolaron al país y a la izquierda durante más de tres décadas terminaron por desarticular y desaparecer abruptamente diver- sas iniciativas que habían empezado a desarrollarse en la arquitectura pe- ruana como parte de una tradición progresista. Tradición que, si bien en la década de 1960 tuvo un inicio vinculado estrechamente al trabajo con la ciudad y los asentamientos de «sectores populares» en tareas de asesoramiento técnico, planificación y proyectos de arquitectura de baja intensidad, en la década de 1980 em- pezaban a formular un discurso pro- positivo mucho más complejo, consis- tente y diversificado, en términos de las tareas inherentes a la arquitectu- ra, el urbanismo y el paisajismo. Tanto así, que se podría hacer referencia a una especie de hegemonía del pen- samiento de izquierda en el debate arquitectónico y urbanístico nacional. Transcurrido el primer lustro de la década de 1980, durante este des- pliegue hegemónico del discurso arquitectónico de izquierda —o pre- cisamente para contrarrestarlo— em- pezaron a activarse iniciativas en el campo arquitectónico desde el espa- cio conservador, de centroderecha y liberal. El proceso terminaría de gal- vanizarse a fines de la misma década con el surgimiento del Movimiento Libertad —liderado por Mario Vargas Llosa y dos arquitectos de conocida trayectoria pública y profesional: Luis Miró Quesada y Frederick Cooper—, cuyo objetivo central era oponerse al plan de nacionalización de la banca emprendido por el gobierno de Alan García (1985-1990). En universidades particulares, como la Facultad de Arquitectura y Urbanis- mo de la Universidad Ricardo Palma, 10 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r 2 Durante la segunda mitad de los años ochenta, en momentos de una profunda crisis económica y agudización del clima de violencia y terror en el país, en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Ricardo Palma se generó un estimulante ambiente de polarización y debate sobre la orientación que debía adoptarse en la universidad respecto a la formación profe- sional y el rol del arquitecto. Partiendo de una postura disruptiva de crítica política y estética, el colectivo Los Bestias, conformado por estu- diantes como Álex Ángeles, Alfredo Márquez y Herbert Rodríguez, propuso una ruptura con las convenciones establecidas, incluido el ejercicio tradicional de la propia arquitectura. En la otra orilla, un grupo se había constituido precisa- mente para enarbolar una postura diferente, de articulación plena con el ejercicio profesional de la arquitectura y una postura social y política- mente acrítica, por no decir evasiva, respecto a las difíciles circunstancias que vivía el país: el colectivo Arquidea, conformado por estudiantes como Juan Carlos Doblado, Javier Artadi, Pedro Villar, José Orrego, Carlos Pestana, Jean Pierre Crousse, Antonio Rubio y Gino Soracco, iden- tificados por su pertenencia al Taller de Diseño del arquitecto Juvenal Baracco. Al finalizar la década, en un clima cada vez más insostenible desde el punto de vista económico y de la violen- cia política, este último colectivo, que promovió eventos académicos y profesionales, quedó reducido a algunos de sus miembros debido a la migración de otros al extranjero. No hay aún un estudio sistemático del itinerario de este sector, pero queda clara su nada desdeñable influencia al concentrar en su ámbito un ejercicio proyectual de obras significativas ligadas a las gestiones del alcalde Alberto Andrade Carmona en Miraflores (1990-1995) y en Lima (1996-2003), así como en la concreción de proyectos académicos como el de Facultad de Arquitectura de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. había tenido lugar el nacimiento de colectivos de estudiantes adscritos públicamente a un pensamiento conservador desde el punto de vista político y profesional, como el grupo Arquidea.2 Con un signo contrario al de la vanguardia progresista —pero, aunque resulte sorprendente, con muchos puntos comunes en su iti- nerario—, de la década de 1990 en adelante surge una vanguardia con- servadora y liberal desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanis- mo, con integrantes, en su mayoría, de facultades de la especialidad de reciente creación en las nuevas uni- versidades-empresa, o de algunas otras de antigua data. De este espacio pedagógico nace gradualmente una nueva generación de arquitectos, todos provenientes de los estratos medios altos y altos, formados para funcionalizarse según los requerimientos de un mercado laboral dominado por el gran capital inmobiliario, durante uno de los ciclos de expansión constructiva más pro- longados de la historia republicana. Los mejores exponentes de esta ge- neración emprenderán aquel mismo viaje que hiciera la vanguardia arqui- tectónica de izquierda desde media- dos de la década de 1960, pero con objetivos distintos y en un contexto social y político radicalmente diferen- te. Todos se hicieron profesionales en el Perú como arquitectos-diseñadores de objetos autorreferenciales y regre- saron como urbanistas o paisajistas de formación reciente. Todos viajaron al exterior luego de estudiar en espa- cios privilegiados —sin pisar, de segu- ro, un «asentamiento humano», y sin entender las complejidades políticas del país—, para continuar estudios de posgrado y, en este camino, descubrir recién el Perú y sus problemas, con tesis en la Architectural Association School of Architecture de Londres, o el Berlage Institut de Holanda y su conocido Master in Architecture and Urban Design, así como en la Escue- la Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Ma- drid, la Universidad Politécnica de Madrid o la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (etsab) de la Universitat Politècnica de Cata- lunya. No pocos continuaron estu- dios de especialización en la Bartlett School of Architecture de la Univer- sity College London, así como en la Harvard University Graduate School of Design y sus estudios de posgra- do como el Master of Architecture in Urban Design y el Master of Lands- cape Architecture in Urban Design, entre otras prestigiosas instituciones académicas. Esta generación, que inaugura el si- glo XXI, recorrerá la misma Europa y los Estados Unidos de Norteaméri- ca transitados por la generación de arquitectos socialprogresistas y de izquierda de los años sesenta y se- tenta del siglo pasado, pero ya sin los hippies o jóvenes en las calles, y sin una revolución que provocar o apo- yar, como había acontecido en París, California, Londres, México o Berlín de 1968. Recorrerán un mundo dis- tinto, en el que en lugar de hippies contraculturales habrá yuppies con- servadores; en lugar de la vieja cul- tura de la revuelta política y sindical aparecería esa diáspora posmoder- na de movimientos fragmentados y efímeros sin ningún propósito de ruptura, salvo el de abordar los pro- blemas en clave regresiva, apolítica y neutral. Todo esto, en un paisaje de hipsters y BoBos (bourgeois bo- hemians), tratando de convertir el mundo en un anodino festival global de cliché de sofisticación y moda, una repentina conciencia ecológica y una obsesión por la tecnología, así como por la movilidad sostenible, la medicina alternativa, el recono- cimiento social y una afición por la «ayuda social», tal como lo describe con humor y acidez David Brooks en su Bobos in Paradise (2000). Algunos con desgano y otros con ge- nuino interés, los jóvenes arquitectos peruanos que salieron al mundo a es- tudiar en los centros más calificados empezaron a encontrarse con —o a descubrir— los verdaderos proble- mas de la ciudad peruana, las barria- das y la informalidad, el caos urbano, la degradación ambiental o las crisis de gobernabilidad de las ciudades 11 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e 3 Denominación propuesta por el periodista y analista político Juan Carlos Tafur en su artículo «La derecha bruta y ‘achorada’ no aprende», pu- blicado durante la campaña electoral municipal de 2010 en Cambio 16 (29 de setiembre), con- vertida en una auténtica categoría sociopolítica. Describe a un sector de la derecha tradicional, pero también de la nueva derecha popular, que promueve un gobierno «fuerte» —tipo autorita- rismo fujimorista— y un régimen mercantilista de libertad sin regulación alguna, en el que im- porta todo menos el otro. Es una derecha inculta, instintiva, machista y contraria a la defensa de los derechos humanos. en el Perú. En casi todos los casos, la mayoría habían emigrado siendo jóvenes arquitectos, sin mayor con- ciencia social ni política, aspirando tan solo a emular a «héroes» del sta- blishment arquitectónico, evocados a medio camino entre rutilantes estre- llas de rock, inventores impenitentes e intelectuales disruptivos, con avión propio, además de expositores de al- gún TED Conference y con obras en los cinco continentes. Pero no resul- tó así: retornaron al Perú con un afán «civilizatorio», unos con un conser- vadurismo refinado y globalizado, y otros esbozando un anticapitalismo romántico con críticas de ocasión. Es- tudiaron aquí aspirando a ser yuppies y muchos retornaron como hipsters o BoBos en clave andina, comprometi- dos con un urbanismo y una arquitec- tura con responsabilidad social y am- biental, así como con la promoción de la movilidad sostenible y la defensa del espacio público como un espec- táculo antes que como un valor so- cial. La misma historia que aquella de cuando la modernidad llegó al Perú a mediados del siglo xx, como forma y no como contenido, como estilo y no como vocación o acto de cambio so- cial y político. A diferencia de la preeminencia de las alcaldías de izquierda en el Perú de ini- cios de la década de 1980, en la actua- lidad la gestión de las municipalidades está a cargo de integrantes tanto de la derecha popular, representada por el partido fujimorista Fuerza Popular, cuanto de la derecha empresarial ilus- trada y globalizada. Numerosos miem- bros representativos de esta nueva ge- neración bobo-hipster de arquitectos y urbanistas de altas calificaciones pro- fesionales y políticamente ubicados en un espacio que va desde el centro hasta la derecha extrema, constituyen la nueva tecnocracia e intelligentsia conservadora, en términos de arqui- tectura y urbanismo, sobre la que se sostiene hoy el discurso hegemónico en el Perú. ¿Qué relación tiene este cuadro de vanguardias profesionales —ávidas de validación sociocultural— con lo acon- tecido en San Isidro? En circunstancias de una relativiza- ción de posturas y actitudes políticas y profesionales, en el que catego- rías como derecha e izquierda están permanentemente interpeladas, la situación resulta aún más comple- ja. Es verdad: el panorama actual se ha trastocado significativamente en todos los sentidos, en medio de una cultura líquida cuyos límites se han difuminado en tanto se configura la crisis de los partidos políticos —y sus respectivas narrativas—, la descon- fianza generalizada y la desestructu- ración institucional del país bajo la idolatría al mercado desregulado y la privatización de todas las iniciativas. En estas circunstancias de dilución y normalización posmoderna de la po- lítica «sin política» aparente, se ha conseguido legitimar el más desver- gonzado trasvase de ideas, actitudes y personajes de un espacio político a otro, hasta el punto de no saber exac- tamente quién es quién: cinismo puro con carta de ciudadanía. Políticos de derecha que ahora aparecen como socialdemócratas o hasta de izquier- da; exmilitantes de la izquierda —in- cluso radicales— convertidos hoy en empresarios y conservadores ultra- montanos; y entre estos extremos, el transfuguismo político adquiere una profusión cromática tan diversa como la escala de grises en el lado oscuro del debate nacional. Si algo de positivo pueden generar situaciones políticas de polarización, es que los actores y las ideas políti- cas se perfilan con mayor nitidez para conformar un espacio de debate más preciso. Los sociólogos coinciden en que el reajuste neoliberal y neopopu- lista de la década de 1990 galvanizó y aglutinó por primera vez en la historia social y política del país a sus princi- pales beneficiarios: aquella «derecha empresarial» sofisticada y globaliza- da, con una «derecha popular» prag- mática e informal, bautizada por Juan Carlos Tafur como la «derecha bruta y achorada» (DBA).3 En el otro extremo se encuentra esa nebulosa a veces in- descifrable que es la izquierda perua- na, que continúa en estado de per- plejidad y sin vertebrar una narrativa persuasiva, consistente e innovadora 12 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r desde el punto de vista político. El es- pacio del medio tampoco es una tabla cartesiana: sigue siendo un territorio acuoso, donde todos quieren estar primero para salir también primero. En este panorama de curiosa geome- tría variable en términos políticos y culturales, ¿tiene sentido, en el Perú, hacer referencia a algo que podría de- nominarse «vanguardia», en materia de arquitectura y urbanismo? ¿Cuáles son los contenidos doctrinarios y pro- gramáticos de esta vanguardia, si algo de ella existe? ¿Cuál es su narrativa arquitectónica y urbanística en re- lación con los tres espacios políticos descritos: derecha, centro e izquier- da? ¿Cuál es el «proyecto» de arqui- tectura y ciudad enarbolado por la derecha empresarial y por la DBA, lo mismo que por la izquierda, y cuáles son aquellas propuestas que surgen desde el centro político? La experiencia reciente de la gestión del alcalde Manuel Velarde en San Isidro (2015-2018) resulta una oca- sión extraordinaria para observar con cierta transparencia la complejidad y las contradicciones, así como las li- mitaciones y las posibilidades de los nuevos discursos y actores político- profesionales que participan en la escena. Habida cuenta de la ideología conservadora del partido que lo en- cumbró a la alcaldía, ¿puede inferirse que sus planteamientos en favor de un urbanismo sostenible y una recu- peración del valor de lo público en el espacio urbano están más cerca de un urbanismo progresista y hasta de izquierda que de su propio partido y electorado? ¿O es que un programa de transformación urbana como el emprendido por el alcalde Velarde no tiene por qué ser identificado con una postura política particular? ¿Cómo caracterizar políticamente, entonces, al equipo de arquitectos y urbanistas que lo acompañaron en su gestión, muchos de los cuales provenían del trabajo en la gestión de la alcaldesa Susana Villarán (2011-2014), elegida por una coalición de izquierda? ¿Ar- quitectos de izquierda trabajando en el distrito tradicionalmente más con- servador y de derecha de Lima, con un alcalde nativo del distrito, en equi- librio precario entre realidad y pro- yecto municipal? ¿O todos —alcalde y asesores— militantes y promotores de la versión más ilustrada, demo- crática y sofisticada de la burguesía o derecha empresarial peruana? ¿O se trata al mismo tiempo —para el caso de San Isidro— de todas las posibili- dades de trasvase político antes seña- ladas? ¿Eso es posible en el Perú? SAN ISIDRO Y LA «LUCHA DE ÉLITES» En el Perú, por razones comprensible- mente morales y políticas, las ciencias sociales le han dedicado más tiempo y análisis al estudio principalmente de los «pobres», y no tanto a los «ricos». El estudio de aquello que puede de- signarse como la élite, los sectores altos, las clases dominantes u otras denominaciones, ha estado más iden- tificado con el orden económico y po- lítico, tal como sostiene Liuba Kogan en un libro cuyo título resulta de por sí significativo: Regias y conservado- res. Mujeres y hombres de clase alta en la Lima de los noventa (2009). La tradición de los estudios sociológicos o antropológicos sobre las clases altas no constituye una serie continua ni consistente; por ello, el mundo de las costumbres, los estilos de vida y las apetencias estéticas de las élites está mejor retratada en novelas o pelícu- las que en las páginas de investigacio- nes sociales rigurosas. Otro proble- ma que refuerza la opacidad de este conocimiento es que se ha enfocado básicamente como lo opuesto esque- mático al otro sujeto social, si acaso de por medio no aparecen prejuicios de diverso tipo. Tanto como el conjunto de la socie- dad peruana, las élites han experi- mentado profundos cambios des- de que a mitad del siglo XX el Perú empezó a redefinir drásticamente su perfil histórico. Si en 1940 el 73.1% y el 26.9% de la población era rural y urbana, respectivamente, al finalizar el siglo XX la situación resultaba ya rigurosamente inversa. Esta tenden- cia se ha acentuado: según el censo de 2017, la población urbana alcanza el 79.3%, mientras que la rural —con el 20.7%— continúa disminuyendo (INEI 2018a: 15-16). El Perú se ha convertido, estadísticamente al me- nos, en un país urbano casi con los mismos índices que registran hoy Francia o Alemania, obviamente sin ser como estos países. Los cambios son profundos. Hoy, la tercera par- te de la población está concentrada en Lima y más de la mitad habita en la costa. A mediados del siglo XX el Perú era un país andino-serrano-ru- ral; hoy es un país urbano-costeño, con todo lo que ello significa en tér- minos sociales, económicos, cultura- les, territoriales y ambientales. Este vertiginoso proceso de urbani- zación defectiva ha traído consigo lo que José Matos Mar denominó el «desborde popular», y que ha trans- formado sustancialmente la estructu- ra social y la morfología de la ciudad peruana, así como la composición de las élites tradicionales. Informalidad extrema, precariedad urbana y tri- balización social son, entre otros, los signos más visibles de dicho cambio de época. De un sistema de ciudades más o menos homogéneo en formato y población, se pasó a una constela- ción asimétrica y centralizada, con una sola metrópoli dominante; y de una élite señorial oligárquica, a una serie de élites en pugna. En este contexto de profundos cam- bios que venía procesando la socie- dad peruana, las reformas emprendi- das por el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) ter- minaron por cancelar la vigencia del llamado régimen oligárquico, cuyo núcleo de poder se encontraba en ese grupo de un poco más de treinta familias que lo conformaban desde su origen. Este grupo de poder, con algunos matices de modernidad, es- taba dominado básicamente por una ideología conservadora y poseía un estilo de vida señorial basado en la cultura de la «casa hacienda» rural, el servilismo feudal y la endogamia social. A partir de entonces, entre el desborde popular, la crisis del poder y la cultura oligárquica —así como ante la ausencia de un proyecto con- vincente de modernización industrial burguesa y moderna—, los sectores 13 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e altos tradicionales se vieron someti- dos a un proceso de fraccionamiento entre grupos con intereses diversos y hasta antagónicos. Después de la crisis del poder oligár- quico de la década de 1970 y la au- sencia posterior de un proceso de re- composición con un estamento social vinculado orgánicamente a un proyec- to nacional burgués o neoligárquico, lo que vino a mediados de la década de 1990, con la instauración de un mode- lo de desarrollo neoliberal y neopopu- lista, fue un nuevo ciclo histórico para aquello que puede denominarse «la historia de los grupos de poder», toda vez que estos dejaron de pertenecer a una matriz oligárquica de origen: se hi- cieron disímiles desde el punto de vista del origen económico, social y territo- rial, y pasaron a tener distintos grados de articulación y oposición entre sí. Así como existen diversas facciones de los grupos de poder, respecto a la movilidad e interacción socioespa- cial —que van desde la convivencia hasta el rechazo mutuo—, en lo que se refiere a los fundamentos econó- mico-productivos las ciencias sociales identifican principalmente dos gran- des grupos conformados a lo largo del siglo xx. Por un lado, la oligarquía agroexportadora, señorial, cuyo poder residía en la propiedad casi feudal de la tierra y los recursos primarios, ade- más de estar anclada culturalmente en las formas de la aristocracia colonial; y por otro, la incipiente burguesía indus- trial y comercial moderna que empe- zó a gestarse a partir de la década de 1950 y que nunca pudo constituirse en la facción dominante. Kogan caracteriza al primer grupo como herederos de una notación colonial hispánica: «Esta “vieja” oli- garquía de terratenientes representó hegemónicamente a la clase alta (en términos sociales, políticos y econó- micos) hasta los años cincuenta del siglo xx» (2009: 9). La otra facción de la clase alta estaría conformada por familias de origen europeo que arri- baron al Perú entre finales del siglo xix e inicios del siglo xx y que, como sostiene Kogan, «a diferencia de la gran oligarquía, en general se trató de familias que gestaron sus fortunas en la manufactura, el comercio y la ban- ca, es decir, en actividades ligadas al ámbito urbano» (2009: 9). A estos dos grupos «tradicionales» de la élite peruana habría que incorporar- les un tercero conformado por ese mo- saico de facciones emergentes nacidas tras el reajuste neoliberal y neopopu- lista de la década de 1990. Este grupo estaría constituido, a su vez, por dos segmentos: los «empresarios emer- gentes» ligados a la actividad transna- cional y al grupo de ejecutivos, socios y profesionales altamente calificados, con trabajo en las corporaciones glo- bales (las familias Añaños, Rodríguez y otras); y los nuevos ricos surgidos de actividades comerciales, educativas, deportivas, gastronómicas y del show business (las familias Acuña o Capu- ñay, Paolo Guerrero, Magaly Medina y otros), a menudo provenientes de la informalidad pura. Este conglomerado de facciones de lo que podría llamarse la «clase alta peruana» coexiste en un campo ten- sional de intereses en permanente pugna, en el que si algo resulta in- objetable es la progresiva desapari- ción de las expresiones objetivas y subjetivas de la vieja oligarquía, en contraste con el ascenso estriden- te de los nuevos grupos de poder emergentes, más articulados con el mundo global y la vida moderna y posmoderna. En efecto, como sos- tienen Kogan, «en la actualidad, los pocos remanentes de la oligarquía tradicional conviven con grupos de poder económico provenientes de la burguesía modernizante de los años sesenta además de nuevas élites económicas relacionadas al capital transnacional» (2009: 11). Los pro- fundos cambios producidos en la so- ciedad peruana desde la década de 1990 reestructuraron la composición y proporción de los estratos sociales, sobre todo en los sectores medios y altos. No solo los pobres se han he- cho más pobres, sino que los ricos se han hecho más ricos, además de la discutible expansión de las clases media y media alta, que aspiran a mejorar su calidad de vida y a residir en lugares con un mayor plus simbó- lico desde el punto de vista social. Los «nuevos ricos», surgidos del re- ajuste neoliberal en el marco de una sociedad estructuralmente informal, no solo han «democratizado» el es- tamento dominante del país, sino que se encuentran distribuidos fuera de los espacios convencionales de la élite tradicional oligárquica y hasta burguesa moderna —incluidos San Isidro y el Club Nacional—. El poder económico de este nuevo grupo pro- cede, por un lado, de actividades que registraron una expansión considera- ble tras el reajuste neoliberal, como el negocio educativo, el comercio informal, el negocio deportivo y el de los medios de comunicación, la recreación y las grandes diversiones; y por otro, de aquellas actividades relacionadas con lo que Francisco Du- rand (2007) considera el sector de la «economía delictiva» (narcotráfico, contrabando y otros), además de los sectores de la «economía formal» y la «economía informal». Otro grupo de nuevos ricos lo cons- tituyen la generación de jóvenes empresarios «formales», empren- dedores creativos, profesionales calificados con trabajos en grandes corporaciones nacionales y extranje- ras globales con sede en el país u or- ganismos similares, todos vinculados a actividades urbano-industriales, la minería de oro y la gran agricultura de exportación. Junto a estos conglo- merados o, como demanda de estos, ha surgido desde hace una década un sector terciario de servicios princi- palmente a cargo de una generación de jóvenes profesionales altamente capacitados. Durand menciona los si- guientes servicios: [...] asesoría en la forma de estudios de abo- gados y de tributación, asesoría de imagen, encuestadoras y think tanks, creando una superestructura altamente sofisticada y muy bien informada de profesionales al servicio de los grupos, que los potenció como poder y so- fisticó su influencia, ahora guiada y apoyada por expertos (2017: 42). Entre yuppies e hipsters, este grupo de nuevos ricos, al constituirse como una nueva facción de los grupos de poder, 14 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r 4 Rolando Arellano propone categorías pertinen- tes a los «estilos de vida», prescindiendo de la ubicación económica o sociopolítica. Ello, sobre la base de una primera constatación: en la Lima actual las clases altas están mezcladas con otras y el poder adquisitivo ya no es un factor de iden- tificación determinante para ubicar a las personas en un sector u otro. Plantea nueve categorías que identifican otros tantos estilos de vida: los conservadores, los trabajadores, los tradicionales, los progresistas, los adaptados, los afortunados, los emprendedores, los sobrevivientes y los sensoriales (Arellano 2004: 96-98). Independien- temente de si forman parte de los nuevos ricos informales o formales, el grupo conformado por los progresistas —jóvenes emprendedores, hijos de provincianos, que trabajan y asumen el estudio como sinónimo de progreso—, los afortunados —jóvenes con estudios calificados, modernos y de consumo cosmopolita— y los sensoriales —jóvenes con estudios calificados, refinados y modernos en su consumo— confor- marían en gran medida esta nueva élite, más allá de la vieja élite de raíz oligárquica. tiene, igualmente, otros requerimien- tos y demandas.4 La clase alta peruana tradicional —el sector oligárquico—, que fue más ex- plotadora que grupo dirigente, nunca gozó de legitimación social por su re- finamiento intelectual, sensibilidad artística, promoción de la invención científica u otros valores que implica- ran prestigio de esta índole, como su- cedió con sectores similares en otros lugares de la región. Ha sido incapaz de forjar paradigmas propios, de gran pregnancia social, que se convirtie- ran en formas de comportamiento o símbolos consensuados de poder a ser imitados por quienes aspiraban a formar parte de —o a ejercer— dicho poder. Por ello, al no producirse este hecho, los nuevos ricos del neolibe- ralismo de la informalidad o el anoni- mato social, a menudo con mayor ca- pacidad económica que los miembros de la élite tradicional, inventaron sus propios modos de formalizar su poder sin abandonar sus espacios de origen y sus propios territorios de subjetividad. Este fenómeno reprodujo tres dinámi- cas distintas y tuvo un gran efecto en la composición de los grupos de poder del país, además de un fuerte impac- to en lugares como el distrito de San Isidro. La primera, una dinámica sur- gida de nuevos ricos sin interés por legitimarse socialmente —u obtener «reconocimiento»— en los espacios tradicionales del poder, lo que se ha- bría traducido, por ejemplo, en vivir en San Isidro o en Las Casuarinas de Sur- co; en cambio, continúan residiendo en sus espacios de origen, tales como Comas, Villa El Salvador o Los Olivos, manteniendo estilos de vida que lucen con orgullo. Una segunda dinámica corresponde al grupo de nuevos ricos, con una dinámica distinta, que optan más bien por el camino de lograr reco- nocimiento social con acciones como el cambio de residencia, de estilo de vida y de actuación pública; es lo que en el Perú se llama «blanquearse». Y, finalmente, una tercera dinámica, la de nuevos ricos que optan por un camino híbrido o de alternancia diná- mica entre uno u otro espacio: poseen grandes residencias o departamentos en el centro de los espacios de la élite tradicional, pero desarrollan su vida cotidiana y pública entre uno y otro espacio; son los que enarbolan frases como «uno no se olvida de sus oríge- nes» o «nunca me olvido del barrio». Desde las clases altas tradicionales y modernas, la actitud o «respuesta», a esta geometría social variable de las demandas de una generación de nue- vos ricos ansiosos de reconocimiento e institucionalización, ha sido previsible- mente simétrica en sentido inverso: de la aceptación democrática y liberal de convivir con ricos y poderosos de origen popular en el mismo espacio residencial a la aceptación resignada de coexistencia en este espacio con otro intruso, pasando por el rechazo tajante a establecer siquiera un espa- cio mínimo de convivencia compar- tida. El rechazo de los vecinos de San Isidro —sobre todo de los residentes en el sector histórico del distrito— a la presencia de personas «ajenas» al entorno social, así como el miedo a la conversión del bosque de El Olivar en un «parque zonal» popular o el impe- dimento a acceder a clubes exclusivos o a residir en ciertos condominios re- fleja esta convulsa situación en la que se encuentra el estamento de los gru- pos de poder o la élite social peruana. Si existe una geografía del conflicto donde estas dinámicas sociales se in- terceptan, colisionan, se fusionan o repelen, es aquella de los espacios re- sidenciales y domésticos de reproduc- ción social de la élite tradicional como San Isidro, Miraflores, Las Casuarinas de Surco, La Molina. En este domi- nio se reproduce la misma dinámica de tensiones o acuerdos fácticos que tiene lugar en el terreno político cuan- do convergen en un solo propósito —aunque resulte paradójico— los ex- ponentes de algo que podría denomi- narse «derecha culta y democrática» (dcd) y la «derecha bruta y achorada» (dba) de origen básicamente popular, en gran medida expresión política de los nuevos ricos del reajuste neoliberal de corte fujimorista. Si Velasco puso en crisis a la élite oli- gárquica, el reajuste neoliberal la am- plió socialmente sin siquiera haber constituido una burguesía industrial 15 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e moderna. Como la sociedad peruana misma, el espacio social de esta élite resulta fragmentado y disperso en múl- tiples intereses, incluso antagónicos en muchos casos, por razones básica- mente sociales y culturales. Mientras que la élite tradicional percibía que su control de todos los poderes del país se diluía cada vez más, el poder de los nuevos ricos se expandía y se articula- ba a proyectos políticos que reflejaban el nuevo rostro social del país. En este marco, si de identificar rasgos comu- nes se trata, cuestiones como la «iden- tidad de clase» resultan un fenómeno absolutamente singular para el caso de la élite peruana, en cuanto a la pro- ducción cultural, los estilos de vida o la arquitectura aspiracional, salvo que se trate de constatar probablemente más diferencias que similitudes. Este es el «mosaico de grupos de poder» al que alude Kogan (2009). La dramática transformación y las tensiones que procesa desde hace un tiempo el distrito de San Isidro re- flejan, desde todo punto de vista, los signos de este nuevo escenario econó- mico en el país, así como los cambios y/o reacomodos del tejido social, y la conformación de grupos de poder en- tre la vieja y la nueva élite. San Isidro, al ser el espacio tradicional de residen- cia y reproducción social de la clase alta peruana, se ha convertido en un extraordinario ejemplo para observar y comprobar encuentros y desencuen- tros, invasiones y destierros, así como empatías y antipatías entre las faccio- nes de la nueva clase alta limeña, o de lo que se cree que es. En San Isidro aflora la debacle de una élite tradicional oligárquica y señorial que exuda racismo, intolerancia social y una angustiosa subjetividad mal- trecha en clave de afrenta narcisista, frente a una facción boyante, joven, cosmopolita, moderna y socialmente más tolerante. Se trata de una facción que, en lugar de una villa suburbana tipo «casa hacienda sin hacienda», in- cluido el mayordomo sin derechos del abuelo o de los padres —como escri- biría Luis Rodríguez Cobos (1983)—, prefiere ahora vivir en un apartamen- to ubicado en una ciudad abierta y peatonal, para evocar el Ámsterdam, Londres, París, Nueva York, Barcelona o Berlín de los años de su Master of Business Administration, su doctora- do en tecnologías exponenciales o, tal vez, alguna de sus estadías creativas. Esto, aunque sea «soportando» a los nuevos ricos de origen popular pro- pietarios de algunos de los departa- mentos o penthouses más costosos de San Isidro, que llegan en autos de alta gama para subir cargando bolsas de pollo a la brasa Norky’s o anticuchos para fiestas con música de la Princesita Mily. San Isidro se ha convertido en el nue- vo y fascinante Parque Social de las Le- yendas, donde es posible observar el complejo nacimiento de la nueva élite del país. 2. SAN ISIDRO O LA CONSTRUCCIÓN DE UN ESPACIO PARA LA ÉLITE San Isidro es uno de los 43 distritos de Lima Metropolitana. Se ubica al sur del Centro Histórico, entre Miraflores, Surquillo y Magdalena, con un frente al océano Pacífico. Su territorio com- prende 11.1 kilómetros cuadrados. A una década de constituirse la históri- ca urbanización San Isidro, en el año 1931, su población era de apenas 2131 habitantes. Según el censo de 1940 se había incrementado cuatro veces, has- ta alcanzar los 8778 pobladores. En 2017 su población era de 60 735 habi- tantes, un incremento de 4.6% respec- to a la población de 58 056 habitantes registrada por el censo de 2007 (INEI 2018b, vol. 1: 25). Atrae a una pobla- ción flotante de cerca de un millón de personas diarias. Con un índice de 0.992 (muy alto) al año 2013, es el dis- trito del Perú que ocupa el primer lu- gar en el índice de desarrollo humano (IDH). Es el espacio privilegiado de la élite peruana y de las infraestructuras de las redes de la economía global. Como otros distritos de Lima Metro- politana, San Isidro registra una his- toria milenaria. Con el inicio del Inter- medio Temprano (200 a. C. a 550 d. C.) y la cultura Lima, unos 100 a. C. la tradición cultural Pinazo empezaba a erigir huacas como la de Huallamarca. Otras huacas, de las siete del actual te- rritorio de San Isidro y Miraflores, son las de Santa Cruz y Pucllana, erigidas durante el Intermedio Tardío (900 d. C. a 1450 d. C.) y la cultura Ychma. San Isidro ocupa lo que en la Lima prehis- pánica conformaba el territorio del se- ñorío de Guatca, que comprendía los curacazgos de Cacaguasi, Limatambo y Santa Cruz, irrigados —como el actual bosque de El Olivar— por la acequia- canal Huatica, derivada del río Rímac a la altura del cerro San Cristóbal (Ros- torowski 1977, Agurto 1984, Williams 1981, Cornejo 2004). Según Miguel Antonio Cornejo Guerrero, la capital del señorío de Guatca se encontra- ba en el pueblo del mismo nombre, ubicado posiblemente en el territorio actual de Limatambo. Este pueblo era el asiento del kuraka, el santuario de Límac y un templo inca dedicado al Sol (2004: 788). Tras la instauración del régimen colo- nial, la destrucción de la infraestruc- tura nativa de manejo territorial y el exterminio casi total de la población originaria, Francisco Pizarro dispuso la repartición de los terrenos del va- lle de Lima en encomiendas entre los capitanes de la conquista y las congre- gaciones religiosas. La encomienda de Guadca —la otra era la de Maranga— se asignó a Nicolás de Ribera Gómez de la Reguera, el Mozo. También por decisión de Francisco Pizarro, la orden dominica recibió el 8 de setiembre de 1539 la propiedad de las haciendas Limatambo y Santa Cruz, con el fin de hacerlas producir e instalar anexos de retiro espiritual y convalecencia para los frailes de dicha orden. La hacienda Limatambo comprendía un área de 900 fanegadas (579.6 ha), que abar- caban desde la actual urbanización Córpac hasta los bordes de la avenida Camino Real (Flores Zúñiga 2008: 345- 368, Sánchez Concha Barrios 2014: 19-22). La otra hacienda de propiedad de la orden dominica, la de Santa Ma- ría de Santa Cruz —conocida también como Chacarilla de Santa Cruz—, de 135 fanegadas (86.9 ha), se extendía desde los bordes de la actual aveni- da Camino Real hasta los acantilados 16 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r Plano 1. Plano de la urbanización San Isidro. Fuente: proyecto definitivo de Manuel Piqueras Cotolí, 16 de octubre de 1920. Plano original: 0.96 × 0.57 m. Soporte: tela. Archivo: Manuel Piqueras Cotolí - Museo de Arte de Lima. 5 Según el registro de área del 1 de agosto de 1920, que consta en el plano levantado por el in- geniero Cristóbal de Lozada y Puga, la hacienda poseía 2 944 837 metros cuadrados, de los cuales 2 699 481 correspondían al «área de terreno la- borable» y 245 356 al «área de terreno perdido». El Olivar registraba un área de 265 518 metros cuadrados, y en ese entonces los terrenos colindaban con la hacienda Lince, las chacras de Santa Cruz y Orrantia. Información consignada en ocasión del reconocimiento notarial del plano de la hacienda Conde de San Isidro, ingeniero Cristóbal de Lozada y Puga, 1 de agosto de 1920, Lima, Compañía Urbanizadora San Isidro, Archivo Familia Pablo Moreyra Loredo, vol. 1 (Ludeña 2003: 207). del océano Pacífico y Magdalena. En ambas haciendas se cultivaba caña de azúcar, maíz y olivos. Junto con las instalaciones religiosas, contaban con ambientes para la producción de acei- te de oliva y otros bienes procesados. El territorio de El Olivar formaba par- te de la hacienda El Rosario, en tanto que el nombre original del convento dominico en Lima era Nuestra Señora del Rosario. A mediados del siglo xviii, las dos ha- ciendas —Limatambo y Santa Cruz— empezaron a ser subdivididas y re- gentadas o traspasadas en propiedad a funcionarios o comerciantes laicos. Ello trajo consigo la aparición de dos haciendas más: San Isidro y Orrantia —conocida también como San José de Huatica—. El nombre «San Isidro» proviene de uno de sus propietarios: Isidro de Abarca Calderón y Gutiérrez Cossio, conde de San Isidro, alcalde del cabildo de Lima, quien adquiriría en 1777 parte de la hacienda Lima- tambo, que pasó a ser reconocida desde entonces como la hacienda de Los Condes de San Isidro. Su último propietario en tiempos coloniales fue Luis Manuel de Albo y Cabada. Tras la derrota del ejército realista y la inde- pendencia de España, muchos predios y haciendas de propiedad de españo- les o de congregaciones religiosas que- daron en el limbo, mientras que otros se vendieron, traspasaron o fueron expropiados por el Estado. En 1853, objeto de una subasta, fue adquirida por José Gregorio Paz Soldán y Ureta, abogado y canciller de la república du- rante el gobierno de José Rufino Eche- nique Benavente (1851-1855). Poste- riormente, la hacienda, ya conocida como «San Isidro», la heredaron sus hijos José Luis Paz Soldán y Luisa Paz Soldán de Moreyra.5 En un contexto de expansión urbana y boom inmobiliario como el que experi- mentó Lima desde inicios del Oncenio de Augusto B. Leguía (1919-1930), y en la medida en que los terrenos de la hacienda San Isidro adquirieron un alto valor debido al proyecto para unir Lima con Miraflores a través de la hoy avenida Arequipa, la familia Moreyra decidió impulsar, en 1920, la consti- tución de la Compañía Urbanizadora San Isidro Limitada. El diseño de la 17 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e 6 Los otros miembros del directorio fueron los señores José Ortiz de Zevallos (director gerente), Luis Alayza y Paz Soldán (vicepresi- dente), Germán Leith (vocal), Luis Montero y Tirado (secretario) y Óscar Ramos Cabieses. El ingeniero Manuel Moreyra Paz Soldán, hijo de los propietarios del fundo, fue designado como uno de los representantes del capital tierras. La composición y los nombres de los accionistas de la compañía registraron algunos cambios desde su constitución. En el primer año, Óscar Ramos Cabieses sería reemplazado por Carlos L. Claret. A partir de 1947, los once hermanos Moreyra Paz Soldán se constituyeron como los únicos accionistas de la compañía. En distintas épocas ocuparon cargos, dentro de la compañía, Enrique Canaval Moreyra, Carlos Palacios Villacampa, Carlos Miró Quesada Laos, Ernesto Sousa Al- madoz y otros. La compañía se constituyó con el objetivo de urbanizar parte del fundo Conde de San Isidro, formar el parque Moreyra (conocido como El Olivar), así como vender terrenos urba- nizados al contado y a plazos, y participar en la creación de nuevas urbanizaciones en el fundo y el resto de Lima («Constitución de la Compañía Urbanizadora San Isidro Limitada S. A.», notario don Maximiliano Menéndez, Lima, 13 de agosto de 1920. Archivo de la familia Pablo Moreyra Loredo. Archivo de la Nación, Sociedad de Re- gistro Mercantil de Lima, asiento 19, folios 181, tomo 72, como se citó en Ludeña 2003: 240. Urbanización San Isidro fue encargado a Manuel Piqueras Cotolí. La urbaniza- dora se constituyó por escritura públi- ca del 13 de agosto de 1920, con un ca- pital inicial de 45 000 libras peruanas. El «capital tierra», en una extensión de 300 000 metros cuadrados, fue el aporte de la señora Luisa Paz Soldán de Moreyra y su esposo Francisco Mo- reyra y Riglós, quien asumiría el cargo de presidente del directorio y de la compañía, un personaje central para la gestación del negocio inmobiliario de la familia (Ludeña 2003: 207).6 Lo que hoy se conoce como el distri- to de San Isidro fue, en sus orígenes, la conjunción de tres urbanizaciones y de los terrenos rústicos aledaños: la urbanización San Isidro, formada en 1920, y las urbanizaciones Orrantia y Country Club, de 1924 y 1925 respec- tivamente. El núcleo base del distrito fue sin duda la urbanización del mis- mo nombre, denominada por algunos urbanización «El Olivar de San Isidro», en alusión al parque de olivos en torno al cual se generó. Pero, tal como apa- rece consignado en los documentos notariales y los planos rubricados por su autor, Manuel Piqueras Cotolí, su nombre oficial es urbanización de San Isidro; de igual manera, el nombre del parque de los olivos es parque Mo- reyra. El distrito se creó el 24 de abril de 1931 por Decreto Ley 7113. Antes de la formación de la urbani- zación San Isidro, la élite social lime- ña se debatía aún entre residir en el área central y su exclusiva zona sur del Parque de la Exposición o hacerlo en Miraflores, una especie de balneario mesocrático sin una identidad social definida. En ambos casos se trataba de una ciudad compacta, lejos del aire campestre y de una comunidad urba- nística espacialmente caracterizada. La urbanización San Isidro resolvió el dilema: con ella nacieron un nuevo escenario urbano y una nueva modali- dad de urbanizar la ciudad y el campo, que discurría entre el referente euro- peo romántico, a lo Camillo Sitte, y la versión norteamericana de la urbani- zación del suburbio. San Isidro representa, para el urbanis- mo peruano, el inicio de una nueva tradición temática: el urbanismo del suburbio campestre, de diseño perti- nente, figuración pintoresquista y de raíz romántica ecléctico-historicista. Esa es su matriz morfológica, que se intentaría replicar en las otras urba- nizaciones que a lo largo del siglo xx conformarían el distrito del mismo nombre. La consolidación de la urbanización San Isidro, con todos sus componentes y servicios, sería gradual. En 1924, año de inauguración del Lima Golf Club, de propiedad de la colonia británica, se procedió recién a asfaltar con dos cin- tas de concreto la vía entre el óvalo Paz Soldán y el Golf. En 1945 se inauguró la laguna de El Olivar; y posteriormen- te, la pista de patinaje y la cancha de básquet. Pero antes, el 8 de febrero de 1927, se había constituido ya pro- bablemente uno los símbolos de dis- tinción —y exclusión— social más im- portantes del distrito: el Country Club Lima Hotel. Con la cancha del Lima Golf Club y el Country Club Lima Hotel, de propie- dad de The Foundation Company, la Cerro de Pasco Corporation y el Ban- co Popular, San Isidro pudo conver- tirse en el espacio privilegiado de la élite y los grupos de poder económico y social del Perú. Ambos espacios se convirtieron en un imperativo no solo de selección y exclusión social, sino también de irradiación de un estilo de vida a la usanza de los ricos y famosos de los Estados Unidos. No en vano el hotel fue proyectado por el arquitec- to norteamericano T.  J.  O’Brien, con un diseño de evocación colonial cali- forniana, e inaugurado con un selecto personal suizo para la atención de los huéspedes. Con el parque El Olivar, el Lima Golf Club y el Country Club Lima Hotel, la urbanización San Isidro se hizo de una identidad social y morfológica abocada a reproducir en Lima el típi- co suburbio norteamericano destina- do a las clases alta y media alta. Esto se consolidó con la creación del dis- trito de San Isidro, por D. L. 7113 del 24 de abril de 1931, sobre la base de las urbanizaciones San Isidro, Orran- tia y Country Club, hasta entonces 18 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r Casa hacienda, San Isidro. Imagen 1. Urbanización San Isidro. Fotografía: Fabio Camacho, Aspectos de Lima. Sumario. Florilegio e índice gráfico de la Capital del Perú, spi, sf, p. 88. Residencia, Av. De los Incas. Imagen 2. Urbanización San Isidro. Fotografía: Wiley Ludeña Urquizo 2001. conformantes del distrito de Miraflo- res. Las dos últimas urbanizaciones se habían estructurado teniendo como eje de referencia la nueva avenida Ja- vier Prado, que debía unir la avenida Brasil con la avenida Arequipa. En lo que resta del siglo xx, hasta la actua- lidad, surgirían otras urbanizaciones, como Chacarilla, Santa Cruz, Lobatón, San Gabriel, Santa Inés, Santa Rosa, Oyague, entre otras. En su origen, el distrito de San Isidro comprendía una extensa área rural entre Limatambo, Chacarilla y Santa Cruz. En 1930 se inauguró el primer aeródromo de Lima, el aeropuerto de Santa Cruz, emplazado en las actuales avenidas Belén y Juan Antonio Pezet. El hipódromo de San Felipe entró en funcionamiento en 1932, y en ese mismo año se inauguró la iglesia de la Virgen del Pilar, otro hito de refe- rencia del distrito. Ante la expansión del transporte aéreo de pasajeros, en 1935 se inauguró el nuevo aeropuer- to de Limatambo, igualmente ubicado en el distrito de San Isidro. La idea era seguir fortaleciendo la imagen de un distrito entre tradicional y moderno —para la élite, como lo era también el acceso al transporte aéreo—. Entre los terrenos del aeropuerto de Limatambo y el cruce de las avenidas Javier Prado y Paseo de la República, precisamente al oeste de esta últi- ma, la firma norteamericana Sears Roebuck decidió instalar en 1953 un gran almacén por apartamentos. Pronto esta zona, ya con otros esta- blecimientos comerciales, se cons- tituiría en lo que hoy se considera como el epicentro del nuevo barrio financiero y empresarial de Lima. En 19 D o s s i e r 2 0 1 9 L i m a . E s p a c i o s p ú b l i c o s e n c o n t r a s t e 1980, se inauguró otro hito de refe- rencia para el distrito y la ciudad de Lima, el centro comercial Camino Real, en torno al cual se construiría luego el centro empresarial de San Isidro. Las dos últimas décadas del siglo xx —un tiempo de crisis económica, vio- lencia política y terror—, San Isidro se sumió en una profunda retracción y parálisis económica, como ocurrió en el conjunto del país, situación que em- pezó a cambiar drásticamente desde mediados de la década de 1990, tras el severo reajuste neoliberal emprendi- do por el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000). Hoy San Isidro acusa un agresivo proceso de transformación de su condición de distrito eminente- mente residencial a uno con diversas funciones y servicios de escala me- tropolitana, desde las institucionales hasta las comerciales, pasando por las educativas y financieras. SAN ISIDRO CONTRA SAN ISIDRO: TRADICIÓN Y MODERNIDAD NEOLIBERAL Con distinta intensidad y continuidad, el impacto de los cambios experi- mentados por Lima tras el proceso de reestructuración neoliberal de 1990 continuó ad portas el inicio de la dé- cada de 2020. Si antes los factores de estructuración urbana dependían de una especie de consenso entre las fuerzas del capital privado y una re- gulación estatal expresada en planes y normas de aplicación general —aun cuando ello no se concretara tal cual en los hechos—, a partir del reajuste estructural y la instauración del mo- delo neoliberal el capital privado for- mal e informal se convirtió en el úni- co y excluyente factor de producción urbana. Con ello, en la ciudad se hi- cieron norma y realidad —cuestiona- bles, ciertamente— la ley de la selva y un mercado desregulado de tierras y también de construcción. Las fuerzas «naturales» del mercado, con un sector terciario en expansión, empezaron a producir una dinámi- ca de descentralización del antiguo Centro Histórico de Lima a través de la formación gradual de centrali- dades alternativas en el norte, sur y este de la metrópoli. Junto con estos nuevos espacios de capitalización y concentración de redes, el distrito de La Victoria —con el emporio textil Gamarra— y el distrito de San Isidro —con el nuevo Centro Financiero de Lima— constituyen las dos caras de un mismo fenómeno: la reconcentra- ción neoliberal de la economía perua- na de cara a la globalización, informal y formal respectivamente. El éxodo del centro de Lima de las principales sedes del sistema financie- ro peruano e internacional, así como de las principales corporaciones glo- bales, iniciado en la década de 1980, se aceleró en este período hasta, en menos de una década, transformar estructuralmente el distrito de San Isidro. Miriam Chion, en un temprano estudio sobre los signos de esta nueva dinámica metropolitana basada en el incremento de las redes financieras, sostiene que: Esta expansión y reorganización espacial de actividades informacionales tienen una ex- plicación especial en la configuración espacial de la región metropolitana. Hasta mediados de los años 80, estas actividades se localiza- ban principalmente en el Centro Histórico y en el centro moderno de Miraflores. Durante los 90 las actividades informacionales se divi- dieron en dos grupos principales. Las activi- dades corporativas, que concentran la toma de decisiones y las conexiones internaciona- les, se ubicaron en el nuevo Distrito Financie- ro de San Isidro, mientras que los servicios bá- sicos como servicios financieros al público en general, corretaje de bienes raíces o servicios locales crecieron en vecindarios periféricos, y hasta cierto punto han permanecido en el Centro Histórico y Miraflores (2002: 77-78). La elección del distrito de San Isidro no es, ciertamente, gratuita. Una de las razones: su ubicación estratégica en el «centro» de la nueva configura- ción metropolitana; la otra, sin duda, su capital simbólico, por ser el distrito de la élite peruana y sede de casi todas las legaciones extranjeras, entre otros atributos de interés para la expansión del gran capital inmobiliario. En este contexto de cambios, no existía, en los años noventa, ningún otro lugar de Lima con las condiciones para el desa- rrollo de la nueva «ciudad» requerida por la globalización neoliberal: En los años ’90, ni el Centro Histórico ni el centro moderno de Miraflores pudieron ab- sorber el crecimiento de los negocios y em- pleos informacionales. A pesar de la vitalidad económica, servicios internacionales y facili- dades disponibles en Miraflores, San Isidro fue considerado como el lugar más atractivo. [...] la emergencia y consolidación de este Distrito Financiero en San Isidro ha ocurrido en un área residencial de alto status social y económico, desplazando principalmente a una población de altos ingresos [...]. La con- solidación de este distrito refleja el más direc- to impacto espacial que Lima Metropolitana haya experimentado a causa de la extensión de redes financieras globales, en un área que constituye el nodo económico más importan- te de la economía metropolitana y nacional (Chion 2002: 78). El distrito de San Isidro registra nue- vas dinámicas como consecuencia de los cambios estructurales de su base económica, su composición social y demográfica, y su configuración mor- fológica; dinámicas que explican, en diversos aspectos, los impasses que acontecen entre autoridades y ciuda- danos respecto a asuntos de interés urbano. Entre ellos, los conflictos que derivaron del cambio de modelo de ciudad implementado por el entonces alcalde Manuel Velarde, respecto a las gestiones precedentes. Las razones no solo de su elección como alcalde, sino de la viabilidad u oposición a su plan de gobierno, se encuentran en los pro- fundos cambios producidos en los últi- mos años en el perfil social y demográ- fico de los residentes del distrito, como es el creciente contraste entre pobla- ción nativa adulta mayor y población joven, muchos de ellos, seguramente, migrantes recientes. Los límites de este contraste en la base del nuevo perfil de la composición de- mográfica de San Isidro se revelan de manera nítida en los datos del cen- so de 2017. Del total de la población distrital censada, se advierte que un 39.01% está constituido por grupos etarios de entre los 15 y los 44 años; y un 47%, por una población compren- dida entre los 45 a los 65 y más años. Mientras que para Lima Metropoli- tana, los porcentajes en ambos casos alcanzan el 48.49% y 29%, respecti- vamente (INEI 2018b, vol. 1: 370). La población adulta mayor del distrito re- gistra el porcentaje más alto de la me- trópoli. Esto explica el tenso desfase de expectativas en términos de estilos de vida y requerimientos de la urbe entre un sector generacional y otro. Aquí se confrontan modos de concebir y pro- ducir la ciudad: el de una población 20 W i l e y L u d e ñ a U r q u i z o M a r t i n a P e s t a r i n o y M a r i a S i m e o n e A n a S o f í a C h á v e z V i l l a r 7 Respecto a la población flotante, un estudio de Arellano Marketing la estima en 755 717 perso- nas, la mayor parte concentrada en los sectores 3 del San Isidro histórico (169 101 habitantes) y en la 4 del centro financiero (296 039 habitantes) (MSI 2017: 12). adulta —casi la mitad del distrito— y el de una población joven, con una tas