Desarrollo y sociedad en el Perú del Centenario Patricia Palma y Jorge Lossio (editores) DESARROLLO Y SOCIEDAD EN EL PERÚ DEL CENTENARIO PATRICIA PALMA Y JORGE LOSSIO Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario Patricia Palma, Universidad de Tarapacá Jorge Lossio, Pontificia Universidad Católica del Perú Editores: © 2022 PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERÚ INSTITUTO RIVA-AGUERO Jirón Camaná 459, Lima 1 - Perú Teléfono: (511) 626-6600 Correo electrónico: ira@pucp.edu.pe Pagina web: http://ira.pucp.edu.pe/ Imagen de portada: Diagramación Tarea Asociación Grafica Educativa Pasaje Maria Auxiliadora 156, Breña Primera edición digital, septiembre de 2022 Publicación electrónica disponible en: https://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/187471 Hecho el Deposito Legal en la Biblioteca Nacional del Peru N.o 2022-07921 ISBN: 978-612-4496-11-0 Publicación del Instituto Riva-Agüero N.° 369 El contenido de los textos publicados es responsabilidad exclusiva de los autores. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial. 5 Contenido Palabras Preliminares 7 introduCCión 11 energías del Centenario: ingenieros, industria y el seCtor energétiCo en el Perú (1900 - 1920) Nashely Lizarme Villcas y Elías Amaya Núñez 17 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la indePendenCia Brunella Yzú Rossini 31 desastres naturales, ePidemias y PolítiCas PúbliCas. Piura en el Centenario de la indePendenCia (1912-1925) Julissa Gutiérrez Rivas y Víctor Velezmoro Montes 43 Patria y Peste: CelebraCiones del Centenario de la indePendenCia en trujillo Erika Claudia Caballero Liñan 63 agua Potable, salud PúbliCa y modernizaCión urbana. el Caso de la CanalizaCión de la Ciudad de arequiPa: 1920-1929 Edison Halley Quispe Quispe 77 6 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario del higienismo al urbanismo: ProCesos urbanos y modernizaCión rumbo a la CelebraCión del Centenario Patrio en la Ciudad del CusCo (1917-1921) Jessica Esquivel Coronado 99 los ProyeCtos de desarrollo en moquegua Para el Centenario Patrio: 1921-1924 Pedro Pablo Peralta Casani 119 el Centenario y las Colonias extranjeras: Chinos y jaPoneses en el Perú Patricia Palma 131 7 Palabras Preliminares Hace unos años participé de una reunión en el Instituto de Estudios Peruanos en que los expositores éramos historiadores que nos esmeramos en explicar temas que creía- mos eran complejos, pero la mayor parte del público estaba formado por profesionales de otras disciplinas de las ciencias sociales. Recuerdo una pregunta que tuvo un su- til tono de provocación: “En síntesis, ¿cuáles son las lecciones de estas historias?” Quien la formuló nos pidió elaborar una suerte de conclusiones generales que fuesen pertinentes para investigadores de otras disciplinas distintas a la historia. Me atreví a responder también provocadoramente algo así como que la principal lección de la historia es que se necesita más historia. Con ello quise decir no solo que las investiga- ciones históricas necesitan de más apoyo (en forma de becas, subsidio a publicaciones y trabajos para los profesionales); sino que todas las investigaciones sociales necesitan llevar más en cuenta la dimensión histórica de los orígenes y vicisitudes de los asuntos que analizan y que la cultura peruana tiene que reconocer la centralidad del estudio de su pasado. Al leer este valioso conjunto de ensayos creo que se necesita más historia también porque cuando aprendemos más sobre el pasado surgen nuevas preguntas y se sugieren más estudios. Todo libro tiene un contexto. En este caso este es sin duda la inacabable crisis política peruana teñida por la corrupción, la vocación nacional de repetir los errores y –ojalá– la fase final de la pandemia de Covid-19 que remeció al país y al mundo por más de dos años. Este contexto hizo a muchos peruanos pensar en temas con los que lidian cotidia- namente los historiadores como el origen y fragilidad de instituciones, profesiones, las disparidades sociales y regionales de la sociedad peruana, el consistente ninguneo de la investigación científica, el apoyo incierto a las profesiones vinculadas a las ciencias duras y a las de la vida (incluyendo a la salud pública) y también la indiferencia a los estudios históricos y a las ciencias sociales (en un país que tiene un pasado tan fascinante y una sociedad tan compleja). 8 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario La persistencia de la epidemia es un reflejo de la debilidad y fragmentación entre los saberes en el país. Las autoridades pensaron –hacia comienzos del 2021– que un enfoque biomédico que enfatizase las vacunas nos podía hacer salir de la emergencia. Se olvidó que las ciencias médicas no tienen el impacto necesario sino colaboran con las ciencias humanas y sociales. Preguntas que están en la base de la recurrencia del coronavirus, así como en la resistencia a la medicina y el hartazgo generalizado de la población y que no pueden ser respondidas por los profesionales de la salud son: ¿Cómo persuadir a la población de participar de campañas de prevención y tratamiento? ¿Cómo promover las respuestas biomédicas en un contexto de desigualdad social para que sean efectivas en el largo plazo? Y otras de las más importantes que requieren el concurso decisivo de los historiadores: ¿Cuáles han sido los obstáculos para crear una cultura científica; es decir a favor de las investigaciones transcendentes y los emprendimientos tecnológicos verdade- ros? Y ¿Cómo sostener en el tiempo esa cultura? Otra dimensión científica que se olvidó en las respuestas a la pandemia y que los historiadores y otros investigadores pueden ayudar a promover con libros como este es la Ciencia Ciudadana. Este es un concepto acuñado hace pocos años según el cual los científicos profesionales tienen que colaborar cada vez más con periodistas, activistas y personas no-profesionales en prevención de la salud, el cuidado del medio ambiente, la promoción del conocimiento y la educación de la población para distinguir y respetar la verdad; un bien escaso en muchas autoridades políticas. En el Perú hay una deuda pendiente en la creación de un puente de doble vía entre el saber oficial y el popular y una gran tarea de acercar la ciencia a las preocupa- ciones de los ciudadanos de a pie en que estos –algunos de los cuales ya lo hacen– se conviertan en dueños del saber. Los estudios reunidos en este libro nos ayudan a reflexionar el origen de estos pro- blemas, los desafíos que tienen por delante y van más allá de una celebración académica del Bicentenario de la Independencia peruana. Usando una variedad de fuentes, en- marándose en una literatura secundaria contemporánea y presentando interpretaciones originales brindan contribuciones pertinentes que profundizan nuestro conocimiento del pasado peruano. Los autores ofrecen perspectivas descentralizadas de cómo se dieron los procesos de modernización en ciencia, tecnología y salud en ciudades peruanas con una idiosincrasia diferente a Lima y a veces con élites políticas y profesionales disonantes de las limeñas. Otras valiosas contribuciones son la recurrente tensión entre los esfuer- zos individuales, de grupos profesionales y practicantes “informales” de la salud con la precariedad de la infraestructura en la que debían trabajar, la manera en la que la élite peruana buscó manipular la medicina para justificar la discriminación racial en un país marcado por las desigualdades sociales y raciales, el apoyo en la predicción y preparación que la ciencia y la tecnología podían ofrecer para mitigar los recurrentes desastres natu- rales y el manejo de brotes epidémicos en lugares claves para la exportación de materias 9 Palabras preliminares primas. De especial interés es el estudio de la transcendencia política de la construcción de infraestructura sanitaria en los discursos de médicos e ingenieros que tornaban su conocimiento como ingredientes vitales en los proyectos nacionales de desarrollo. Asi- mismo, destaca el análisis de cómo las iniciativas de reubicación de antiguos comercios y pavimentación de las calles formaran parte de proyectos problemáticos e inconclusos de modernización urbanos a inicios del siglo XX. Finalmente, un brillante estudio ilumina la dimensión étnica en el desarrollo de la ciencia. En el mismo se discute la participa- ción de la comunidad de inmigrantes china en la higiene urbana que tuvo un valor importante para el tratamiento y la percepción pública de la sanación demostrando que las conmemoraciones de primer Centenario de la Independencia no solo sirvieron a las comunidades foráneas, sino que se transformaron en una oportunidad para reafirmar la identidad de grupos de inmigrantes que reclamaban su integración plena al resto de la sociedad. En resumen, este libro es una contribución valiosa y fundamental para el acervo de la historia –especialmente para la ya no tan reciente historia de la ciencia, la tecnología y la salud–, el conocimiento de las ciencias sociales y para la cultura peruana. Una lección de la capacidad de los historiadores de revelar qué fuimos y sugerir qué podemos ser. Marcos Cueto Editor História, Ciência Saúde, Manguinhos, Río de Janeiro Presidente de la Asociación Peruana de Historia y Estudios Sociales de la Ciencia, la Tecnología y la Salud (2018-2021) 11 introduCCión A inicios del 2021, a un año desde la propagación masiva del COVID-19 y a pocos me- ses de celebrarse el Bicentenario del Perú, en diversos espacios académicos se reflexionó respecto a los 200 años de vida republicana, poniendo énfasis en los acontecimientos políticos, militares y sociales que permitieron la independencia del país. Si bien estas aproximaciones nos parecieron de gran importancia, como historiadores e historiadoras de la Ciencia, Tecnología y Salud, consideramos que las reflexiones sobre el Bicentena- rio debían incorporar una serie de temas sobre los cuales veníamos discutiendo desde el inicio de la pandemia, tales como el repensar los límites de los avances de la ciencia, la precariedad de la infraestructura sanitaria, la desigualdad en el acceso a la salud y el centralismo sanitario. Mientras los peruanos celebrábamos el Bicentenario con modestia y respeto a las casi doscientas mil personas fallecidas desde el inicio de la pandemia, nos preguntamos sobre el desarrollo de las celebraciones de la Independencia de hace un siglo atrás, (Corona- virus en Perú, 2021). Vinculándolo con el presente, buscábamos saber si estas conme- moraciones se transformaron en una oportunidad para discutir y repensar sobre el rol y lugar de la Ciencias, Tecnología, y, especialmente, la Salud a nivel nacional; sobre cuáles fueron los proyectos modernizadores que se buscaron implementar, quiénes fueron los agentes que buscaron aportar al progreso nacional, y si existieron o no diferencias regio- nales y/o provinciales en estos proyectos. Los editores queríamos reunir diversos trabajos en un libro, pero que fuera de acceso abierto y aportara a la discusión desde una perspectiva descentralizadora. Para ello in- vitamos a una serie de historiadores e historiadoras jóvenes radicados en diversas partes del país con el objetivo de que a partir de sus propias investigaciones –la gran mayoría desarrolladas en sus tesis de pre y postgrado– reflexionaran sobre el Centenario desde distintas temáticas referidas a la modernización de campos clave como la salud, el desa- rrollo urbano y la industria. En la mayoría de casos los artículos buscaron caracterizar 12 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario la situación sanitaria de ciudades alejadas del centralismo limeño y las iniciativas imple- mentadas para superar estos escollos muchas veces motivados por los festejos patrios o por la urgencia de la coyuntura. La insistencia porque estos proyectos pudieran materia- lizarse, exhibirse y celebrarse en el espacio urbano, y reflejaran este ansiado progreso al que aspiraban las élites, puede ser considerada como el hilo conductor de estos trabajos. El resultado de dicho proyecto está plasmado en este libro. La diversidad de autores y autoras nos genera una gran alegría y satisfacción, ya que nos permite dar cuenta de la pluralidad geográfica del país, al integrar aportes de Lima, pero también de Moquegua, Arequipa, Piura, Trujillo y Cusco, y con un equilibrio de género entre los autores. Esta publicación reúne 8 investigaciones que comparten el objetivo de reflexionar sobre proyectos científicos, sanitarios e industriales que se desarrollaron en el contexto de la celebración del Centenario de la Independencia del Perú. Los años de 1921 y 1924, en que se dieron estos festejos, fueron un periodo clave en la construcción de los imaginarios nacionales y funcionó como una vitrina de exposición para peruanos y extranjeros (Amilien 2022; Ortemberg 2016). Como señala Pablo Ortemberg, las activi- dades buscaron dar cuenta de una modernidad desde la periferia, más allá del tema eco- nómico. Como se observará a lo largo de los capítulos, gobernantes nacionales y locales, en conjunto con las élites económicas, profesionales y la sociedad civil –adhesión que no siempre fue armoniosa– plantearon iniciativas y programas que buscaban el progreso nacional y poner en escena el grado civilizatorio obtenido. Iniciamos con el capítulo Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900-1920) de Nashely Lizarme y Elías Amaya, el cual examina la importancia del factor energético en los proyectos de modernización de inicios del siglo XX, especialmente en el sector de la industria. Comprendiendo la relevancia de las fuentes de energía para el desarrollo material de una nación –propuesta tomada de G. Basalla– los autores estudian el panorama de la industria en el Perú y las propuestas técnicas por aprovechar las riquezas naturales del territorio como recursos energéticos base de una emergente industria nacional. De esta manera, develan la existencia de una élite dirigente progresista –encabezado especialmente por ingenieros– que en una etapa de “transición energética” buscaba reemplazar un modelo primario exportador y dependiente del capital extranjero, por uno industrial fomentado por el Estado. En el mejor de los casos estas iniciativas industrialistas aspiraron a regular, investigar, explotar y comercializar recursos con potencial energético como el petróleo, carbón y agua. Brunella Yzú Rossini en Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia analiza la manera en la que élite peruana buscó explicar y resolver en términos raciales los obstáculos socioeconómicos que impedían hacer del Perú un país moderno y civilizado. Según los agentes modernizadores, existían sectores sociales que, por su condición racial no blanca, especialmente indígena, eran considerados como seres degenerados y, por ello, asociados a una serie de males morales, “enfermedades sociales” 13 Introducción y falencias productivas. El posicionamiento de la medicina en los espacios de poder y académicos sirvió a facultativos, políticos e intelectuales para sustentar desde distintas teorías médicas, como el higienismo y la eugenesia, esa supuesta decadencia racial y moral, y proponer programas de salud pública que pudieran remediarlos. Por su tras- cendencia socioeconómica e histórica y en un contexto reivindicativo, el gobierno de Leguía –indica Yzú– dio curso a un conjunto de mecanismos que buscaron integrar a la población indígena y hacerlos funcionales al proyecto de la Patria Nueva. Con el título Desastres naturales, epidemias y políticas públicas. Piura en el Cen- tenario de la Independencia (1912-1925), Julissa Gutiérrez y Víctor Velezmoro descri- ben en su estudio las contradicciones materiales de una de las regiones más prósperas del norte peruano a inicios del siglo XX. A diferencia de la capital limeña que experimentó importantes cambios urbanos y de modernización para los festejos del Centenario, los autores proponen que ciudades periféricas como Piura estuvieron enfocadas en una lu- cha constante para hacer frente a los desastres naturales y a la ausencia de una política gubernamental enfocada específicamente en cuestiones sanitarias. Así, destacan el im- pacto material y social de terremotos, epidemias, fenómenos climáticos que golpearon a una región que acogía a un sector de la élite dirigente y las actividades económicas más importantes del país, como la agricultura y la industria petrolera, pero que poco había hecho por mejorar su infraestructura sanitaria y urbana. Aunque las políticas de las autoridades y la élite provincial fueron endebles, coyunturales y desorganizadas, a falta de una institución estatal especializada, los autores subrayan, la raigambre autoritaria y racista que estas tuvieron especialmente sobre la población menesterosa y que fue un denominador común tanto en Perú como en otras naciones de la región. La investigación de Erika Caballero, Patria y Peste: celebraciones del Centenario de la Independencia en Trujillo, continúa el estudio de casos del norte del Perú, esta vez analizando la respuesta de las autoridades y élite locales trujillanas por exhibir el progreso material de la ciudad en un escenario de tensión por las crisis sanitarias y los movimientos sociales. La autora destaca cómo los intereses empresariales de la oligarquía norteña, especialmente la dedicada al rubro de la agricultura de exportación, repercu- tieron en el manejo de los brotes epidémicos de bubónica y gripe y la ejecución de las obras de infraestructura. A diferencia de lo acontecido en Piura durante el contexto del Centenario, la oligarquía trujillana se propuso replicar a sus pares limeños y celebrar la independencia nacional a través de una serie de obras y eventos que se alejaban de los urgentes problemas sanitarios de la ciudad. Como bien describe Caballero, por medio de espacios asociativos en donde podían manifestar su filantropía y poder, la élite local bus- có modernizar tanto el aspecto urbano de la ciudad a favor de sus intereses comerciales como su figura empresarial burguesa. Las celebraciones públicas, la ejecución de obras viales y recreativas, y la inauguración de una exposición industrial fueron algunas de las iniciativas que buscaron cambiar la realidad sanitaria de Trujillo. 14 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario Si en los casos anteriores la ausencia de un proyecto sanitario durante las festividades por el Centenario fue una constante, en el sur del país sucedería todo lo contrario. En Agua potable, salud pública y modernización urbana. El caso de la canalización de la ciudad de Arequipa: 1920-1929, Edison Halley Quispe explora la respuesta de las autoridades y élites locales de Arequipa ante las políticas sanitarias instituidas por el gobierno de Augusto B. Leguía durante la década de 1920. Por medio del estudio de caso de los proyectos de canalización de agua potable y alcantarillado en la ciudad de Arequipa y las disputas por su realización entre el poder central y regional, Quispe des- cribe la transcendencia política de las obras de saneamiento en una coyuntura en la que el discurso médico se tornaba trascendental para los proyectos nacionales. Así, interpreta estas obras como un medio para mitigar las amenazas sanitarias y los altos índices de mortandad, transformar la ciudad en una urbe higiénica y moderna, y descentralizar el poder político y administrativo en favor de la élite arequipeña. Cabe destacar la singular perspectiva de enfocar el estudio histórico de la salud pública, posicionando a las obras de infraestructura como objetos de análisis desde donde se puede auscultar los intereses políticos, científicos y económicos de los grupos de poder de turno. Del higienismo al urbanismo: procesos urbanos y modernización rumbo a la celebración del Centenario patrio en la ciudad del Cusco (1917-1921) de Jessica Esquivel, continúa con los estudios de caso que ponen énfasis a los procesos urbanos re- gionales. Analiza la movilidad de las ideas higienistas modernas procedentes del exterior y la capital limeña y su asimilación en autoridades y profesionales locales cusqueños que buscaban frenar los males sanitarios producto de brotes epidémicos y una deplorable infraestructura urbana, así como implantar hábitos higiénicos en la población sureña. De la misma manera que ocurría en otras ciudades del Perú, en Cusco transformar el espacio urbano siguiendo los estipulados de la ciencia médica y los intereses políticos nativos se convirtió en uno de los principales propósitos modernizadores de las élites re- gionales. De esta forma, las políticas implantadas desde Lima por el gobierno de Leguía y ejecutadas por empresas constructoras foráneas generaron un hondo malestar en los grupos de poder cusqueños que veían como su autoridad y prestigio eran mellados. Las celebraciones del Centenario en Cusco –plantea Esquivel– estuvieron enmarcadas en el deseo de implantar grandes cambios urbanos y aligerar las tensiones entre los grupos de poder de Lima y Cusco. Es interesante destacar que para la autora, iniciativas como la reubicación de antiguos comercios, el mejoramiento de la calidad y la distribución del agua, la pavimentación de las calles, entre otras medidas, formaran parte de una política de planificación del proceso urbano a inicios del siglo XX. En su estudio Los proyectos de desarrollo en Moquegua para el Centenario patrio: 1921-1924, Pedro Pablo Casani detalla las obras de modernización emprendidas por el gobierno central, local y la sociedad civil moqueguana en el campo de la salud pública. A partir de los registros de los libros de Acta del Municipio de Moquegua y las notas 15 Introducción periodísticas del semanario local La Reforma, el autor reconstruye la precaria situación sanitaria de Moquegua a inicios del siglo XX y cómo ésta transitó por sustanciales cam- bios a raíz de las celebraciones del Centenario de la Independencia. Al igual que los casos anteriores, el autor se enfoca en destacar el curso problemático que tuvieron las iniciativas de modernización urbana y de los establecimientos ligados a la salud pública en Moquegua, lo que puede considerarse como un rasgo propio a las políticas sanitarias llevadas a cabo fuera de la capital. Estas iniciativas no partieron únicamente desde el Estado, ya que como expone y se verá con mayor profundidad en el último capítulo, la participación de comunidades ex- tranjeras como la china, a través de obsequios vinculados a las demandas higiénicas, tuvo un valor importante que fue más allá de lo simbólico. De esta manera, las conmemora- ciones del Centenario de la Independencia no solo sirvieron a las comunidades foráneas como una oportunidad para estrechar lazos diplomáticos e intereses económicos, sino también demostrar el aporte que brindaban a la sociedad peruana. En El Centenario y las colonias extranjeras: chinos y japoneses en el Perú, Patricia Palma profundiza en este temática proponiendo que estas colectividades con fuertes cuestionamientos y resis- tencia local –sostenido por una mirada racista que no solo partió de la élite blanca sino también los sectores populares–, aprovecharon los eventos celebratorios para mostrarse ante el Estado y parte de la población como elementos positivos que podían contribuir al progreso material y civilizatorio de la nación. De esta manera, resalta los aportes ma- teriales que las comunidades china y japonesa brindaron en ciertas localidades allende a la capital limeña en el contexto de las fiestas del Centenario como un mecanismo de integración y representación de lo moderno. Este libro es fruto de un esfuerzo colaborativo y son muchas las personas involucra- das en su elaboración. Queremos agradecer en particular a los autores, a los revisores que de forma generosa contribuyeron a la mejora de los trabajos acá presentados y a Elías Amaya, quien estuvo a cargo en la fase final de la edición y corrección del manuscrito. A nivel institucional, agradecemos al Instituto Riva Agüero por el financiamiento del proyecto, al Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la Universidad de Tarapacá y a la Asociación Peruana de Historia y Estudios Sociales de la Ciencia, Tecno- logía y Salud por su apoyo a los editores para que este libro viera la luz. Los Editores Arica & Lima, abril 2022 16 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario referenCias Amilien, E. (2022). Puesta en escena de la “Modernidad” en El Perú en el Primer Cen- tenario de su Independencia (1922). Revista de Ciencias Sociales Ambos Mundos, (3), 75-84. Coronavirus en Perú. (2021, 25 de julio). La República, https://larepublica.pe/socie- dad/2021/07/25/coronavirus-en-peru-en-vivo-hoy-25-julio-2021-ultimas-noticias- casos-y-cifras-mdga/ Ortemberg, P. (2016). Los centenarios de 1921 y 1924, desde Lima hacia el mundo: cuidad capital, experiencias compartidas y política regional. En A. Loayza (Ed.) La independencia peruana como representación. Historiografía, conmemoración y escultura pública (pp. 135-166). Instituto de Estudios peruanos. 17 energías del Centenario: ingenieros, industria y el seCtor energétiCo en el Perú (1900 - 1920) Nashely Lizarme Villcas1 y Elías Amaya Núñez2 introduCCión A la par del crecimiento y la diversificación que la economía peruana experimentó desde finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, surgió en diversos especialistas e instituciones locales –especialmente las vinculadas a la ingeniería y el empresariado– un particular interés por evaluar el potencial de los recursos energéticos con los que contaba el territorio peruano. Si bien durante la segunda mitad del siglo XX emergieron desde los círculos profesionales técnicos propuestas por ampliar la matriz energética nacional, destacándose el uso de las energías renovables (Amaya, 2020), parte de estas inquietudes encontraban sus fundamentos en las primeras décadas de la centuria con la transición energética del carbón y el petróleo. En este sentido, cabe preguntarse ¿por qué es relevante discutir sobre los recursos energéticos y qué relación guardan estos con el desarrollo de una nación, en este caso con el Perú? A lo largo de la historia de la humanidad, se pueden distinguir diferentes procesos que han revolucionado la forma en la que los individuos se relacionaron con su entorno natural y social. Según Carlo Cipolla (2000), estos episodios de grandes transformaciones se caracterizaron por su intensidad en el dominio, el aprovechamiento y la inversión de ciertos recursos naturales a través de medios biológicos e inanimados en favor de la producción de energía en sus múltiples variantes. Con la emergencia de la modernidad empezó a tejerse un vínculo directo entre el grado de civilización de las 1 Centro de Estudios sobre China y Asia - Pacífico. Universidad del Pacífico (ny.lizarmev@up.edu.pe). 2 E.A.P de Historia. Universidad Nacional Mayor de San Marcos (elias.amaya@unmsm.edu.pe). 18 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario naciones y su consumo de energía, o lo que George Basalla sintetizó en una “ecuación” denominada energy-civilitation. Es decir, el progreso material y cultural de un país de- pendía de la intensidad y amplitud de la explotación de sus recursos energéticos en determinados contextos y espacios (Basalla, 1979). En el caso peruano, entre 1910 y 1920 –periodo que coincide con las celebraciones del Centenario– se cuestionaron los paradigmas de progreso de finales del periodo deci- monónico. Aunque no se planteó de manera directa, se puede afirmar que durante este proceso se desarrolló una mayor toma de conciencia con respecto a que los procesos de modernización también eran formas de gestión de los recursos energéticos. Como afirma Lizardo Seiner, si toda actividad económica requiere “alguna forma de energía” (2012, p. 87), es necesario identificar aquellas fuentes de acuerdo a su contexto. Como se ha sostenido en recientes publicaciones (López Soria y Lizarme, 2020; Guizado y Ragas, 2021), el sector ingenieril peruano concibió un proyecto de modernización a principios del siglo XX basado en el aprovechamiento de los recursos naturales, la construcción de infraestructura pública y el fomento de una industria nativa en aras del bienestar social y material. Por su naturaleza, este último sector demandó una mayor disponibilidad de recursos energéticos modernos. En este sentido, los proyectos planteados en torno a la explotación de recursos, tales como el carbón, el petróleo, el agua de los ríos y otros tipos de energías alternativas, imprimieron ciertas características a las iniciativas industrializa- doras e incluso a los ideales progresistas, sostenidas por los ingenieros. Somos conscientes de la complejidad que entraña el estudio histórico de la transición energética –proceso por el cual elementos como el carbón y el petróleo se posicionaron en América Latina en el tránsito de los siglos XIX al XX–, sobre todo por la variedad de determinantes sociales, culturales, técnicos y ambientales que se involucran en su desenvolvimiento (Melosi, 2010), así como por la escasa bibliografía especializada que existe en nuestra historiografía. Por ello, en este capítulo examinamos las características del sector industrial y su relación con los recursos energéticos, así como las propuestas planteadas por los profesionales técnicos para su aprovechamiento entre 1900 y 1920, y la manera en la que estas se insertaron dentro del programa de modernización impul- sado por el Estado. formaCión de una matriz energétiCa a iniCios del siglo xx A inicios del siglo XX, no existía una idea clara de la condición finita de las fuentes de energía y, en general, de los recursos naturales, empleados ya sea en el desarrollo industrial o en las demandas propias de la vida moderna. No obstante, un pequeño, pero importante sector de hombres de ciencia y empresarios, pusieron en la palestra la relevancia de la investigación de los recursos como fuentes de energía para alimentar los proyectos modernizadores, particularmente los vinculados a una industria local. En esta 19 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) tarea, tanto ingenieros como científicos estudiaron las posibilidades energéticas que la riqueza del territorio peruano podía brindar. De acuerdo a la evaluación de algunos pro- fesionales técnicos, como Eduardo de Habich y Michel Fort, estas “fuentes naturales de energía” podían clasificarse en dos amplios grupos. Por un lado, se encontraban los com- bustibles (carbón y petróleo) y la energía hidráulica, recursos que por su fuerza calorífica y su maleabilidad para ser transformados y transportados se impusieron en el mercado global (Habich, 1901, p. 42; Fort, 1918, p. 151); mientras que, por otro lado, se ubica- ban aquellas fuentes que emanaban directamente de la naturaleza, como las “fuerza del viento”, las “energías de las mareas” y el “calor”, que por los límites tecnológicos y altos costos no fueron estimadas por los especialistas (Fort, 1918, p. 151). La desigual importancia que se le otorgó a cada sector energético y los proyectos planteados para su aprovechamiento determinaron algunas características que la indus- tria, los empresarios, científicos e ingenieros peruanos tuvieron durante este periodo. Tal como demostraremos en las siguientes líneas, una de las principales particularidades del sector industrial e ingenieril de inicios del siglo XX fue su enfoque en la generación de una industria a través de la exploración y exportación de recursos naturales con potencial energético, tales como el carbón y el petróleo, más que en el consumo de estas materias primas para el sostenimiento energético del sector manufacturero. Como sucedió en otros países de la región, desde finales del siglo XIX la base tecnológica y los medios de producción peruanos experimentaron importantes cambios en favor de la explotación de los combustibles fósiles y en detrimento de iniciativas menores que ensayaban el aprovechamiento de recursos de “biomasa”, como los estudios químicos de los residuos de la caña de azúcar hechos por ingenieros en algunas haciendas del norte. Como señalan Thorp y Bertram (1974), a partir de 1890, Lima experimentó un importante crecimiento en el sector manufacturero, así como en los servicios públicos y las finanzas, aunque luego este iría estancándose en la década de 1920 (pp. 2-15). En la reseña industrial de 1905, Alejandro Garland señaló que la industria fabril se enfrentó a distintos problemas, entre los cuales el más perjudicial fue la escasez de mano de obra técnica, de personal directivo y de componentes para la producción (1905, pp. 108- 109). En ese mismo año, el Ministerio de Fomento solicitó a los cónsules en el extran- jero que, de acuerdo a sus experiencias, envíen propuestas sobre industrias susceptibles de ser instaladas en el país y que pudieran generar riquezas (Cisneros, 1905, p. 67). Esta petición se justificaba en la idea de que el Perú era un país rico en recursos, pero pobre en industrias, donde no había un verdadero espíritu de empresa, y además se carecía de conocimientos y maquinarias (Cisneros, 1905, p. 74). Esta situación fortalecía la depen- dencia del país a los mercados extranjeros y elevaba los costos de vida. A pesar de ello, en Lima se logró desarrollar una incipiente industria a raíz del aumento demográfico y los procesos de modernización urbana. En el afán de fomentar este crecimiento, el Estado autorizó la creación de una Escuela de Agricultura (1902) y de las secciones de Ingenie- 20 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario ría Industrial (1901) y de Mecánicos Eléctricos (1903) en la Escuela de Ingenieros, así como la reapertura de la Escuela de Artes y Oficios de Lima (1904). Estas instituciones formativas proporcionarían a los agentes del cambio y los recursos técnicos necesarios para la tecnificación y ampliación de la producción, no solo en la agricultura sino en el sector fabril. Sin embargo, como sostiene Vaclav Smil, la industrialización también incluye un número de cambios interconectados, entre el más importante se encuentra la introducción de diferentes formas de energía que muevan los diseños técnicos de las maquinarias modernas (Smil, 2017, pp. 313-314). En la agricultura, el desplazamiento de la fuerza de tracción animal y la paulati- na inserción de tecnologías foráneas que aprovecharan la energía calorífica de ciertos productos de combustión permitió mejorar la capacidad productiva de las modernas haciendas norteñas (Cueto y Lossio, 1999; Gonzales, 2016, p. 102). El reemplazo de los combustibles vegetales y de origen animal por carbón de piedra y petróleo se volvió co- mún para el transporte marítimo, ferroviario, y para usos militares e industriales. Desde mediados del siglo XIX, la navegación a vapor por el Pacífico o el Amazonas dependió del carbón mineral, así como el funcionamiento de los ferrocarriles, las fábricas de texti- les y de cervezas, los molinos, y para la fabricación de otros bienes de consumo (Seiner, 2012, p. 88). La geografía agreste del territorio dificultaba el transporte de carbón desde los yacimientos del centro del país, por lo que la mayor parte de la demanda era cubierta por productos carboníferos importados desde Inglaterra y Australia. Si bien es cierto que este complejo medio natural representaba un problema para la circulación de mercan- cías, también ofrecía posibilidades para generar energía mediante el aprovechamiento de la fuerza de los ríos y las caídas de aguas (Contreras y Cueto, 2018). Las fábricas textiles y los asientos mineros aprovecharon la fuerza hidráulica para echar a andar sus motores, fundir minerales y, en algunos casos, para la calefacción y el alumbrado. Entre 1850 y 1918, las investigaciones de Marino de Rivero, Antonio Raimondi y de ingenieros como Ricardo Deústua, Santiago Antúnez de Mayolo, Michel Fort, Eduardo de Habich –solo por citar a los más representativos–, consolidaron la idea de que el Perú era un país con un importante potencial y variedad de recursos energéticos. En este pe- riodo, la matriz energética sufrió cambios paulatinos al expandirse el uso del petróleo, el carbón y la electricidad. Cabe destacar que el posicionamiento de estos recursos mo- dernos no fue disruptivo y homogéneo, ya que convivieron con elementos anticuados y reducida capacidad energética, pero necesarios para ciertos sectores de la economía y vida cotidiana. En ese sentido, las fábricas textiles utilizaron centrales hidroeléctricas para generar electricidad y combustibles fósiles como fuerza motriz. En provincias, los motores de las fábricas funcionaban con vapor y fuerza hidráulica. En cuanto a los tejidos de lana, el proceso de fabricación dependía del petróleo, agua y leña (Jiménez, 1922). El gas se siguió usando en menor medida para el alumbrado en el sector urbano, pero fue desplazado por la electricidad desde inicios del siglo XX. 21 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) la energía que mueVe las industrias: ingenieros e industrializaCión Como era de esperarse, el crecimiento y la diversificación de la economía requirieron, entre otros elementos, la modernización de los medios de producción y el suministro de mejores recursos de energía. El progreso tecnológico en las grandes haciendas de la costa norte fue uno de esos factores que facilitó la aceleración de la producción y el po- sicionamiento del azúcar y el algodón peruanos en el mercado mundial. La presencia de ingenieros y técnicos en el circuito productivo de las haciendas fue algo tan habitual, que algunos de ellos se permitieron investigar las posibilidades energéticas de los residuos orgánicos. Tal fue el caso del “bagazo”, la “cachaza”, “melaza” y el “alcohol” (Monge, 1928; Ferreyros, 1908; Althaus, 1908). No resulta exagerado afirmar que este ambiente de abierta tolerancia a la ciencia y a la innovación facilitó el despliegue de iniciativas para mejorar la eficiencia energética de los artefactos empleados en las haciendas norteñas. No obstante, el impacto de estos combustibles alternativos fue bastante focalizado, re- ducido y no se extendió a otros sectores industriales. En la minería, la incursión de grandes capitales extranjeros favoreció la moderniza- ción de los medios de producción. La Cerro de Pasco Cooper Corporation, instalada en 1900 en la Sierra Central, en un breve periodo de tiempo resolvió gran parte del proble- ma de la escasez de fuentes de energía para echar a andar sus plantas de procesamiento metalúrgico. La empresa adquirió minas de carbón para facilitar el funcionamiento de sus fundiciones en Viyahuaura y Tinyahuarco, y para mover las líneas de los ferrocarriles que unían La Oroya, Cerro de Pasco, Goyllarisquizga, Morococha, Quishuarcancha y Lima. Además, en 1914, fundó una moderna planta de procesamiento eléctrico en La Oroya (Kruijt y Vellinga, 1983, pp. 50-51). En comparación al sector agroindustrial, que estuvo controlado principalmente por capitales nacionales, las inversiones extranjeras fueron paulatinamente monopolizando el negocio minero entre 1900 y 1920. A diferencia del guano y del salitre, el Estado no intentó controlar la explotación, procesamiento o comercialización de minerales e hidrocarburos como el carbón y el petróleo. En lugar de ello, los cuerpos técnicos nacio- nales se esmeraron en realizar una mayor cantidad de exploraciones que les permitiera mapear la cantidad y calidad de los recursos energéticos. El alto costo de las inversiones en tecnología y mano de obra hacían que una empresa minera estatal fuera un proyec- to inviable y poco rentable. Mientras el sistema financiero favoreció con créditos al sector agroindustrial, las bancas de fomento minero e industrial recién fueron creadas entre 1930 y 1940 (Manrique, 2015, p. 143; Lobo, 2019, p. 29). En ese sentido, no parecía existir una mayor preocupación por desarrollar procesos de integración vertical que permitieran fortalecer una base industrial local a través de los excedentes de las exportaciones y el aprovechamiento de los recursos mineros energéticos. En la mayoría de casos, las demandas del consumo interno eran atendidas por las casas comerciales, 22 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario cuyas principales actividades se concentraron en la importación de bienes de consumo y de capital que no favoreció el mejoramiento de la oferta de bienes nacionales. Solo el sector textil se benefició de las casas comerciales con suficientes capitales para iniciar un proceso de crecimiento industrial (Monsalve, 2020, pp. 281-282). El rubro textil logró articular las aplicaciones de la hidráulica para producir energía eléctrica –por lo que no dependía íntegramente de las fuentes tradicionales– y en torno a ella fueron surgiendo nuevas empresas, tal como fue el caso de la Empresa Trasmisora de Fuerza y Luz Eléctri- ca (Hidalgo, 2008, p. 28). Hasta 1915 el petróleo se usaba a nivel local como fuerza motriz en un porcentaje mínimo. La gran demanda nativa, principalmente para la Compañía Nacional de Va- pores y, en otros casos, para los ferrocarriles y algunas industrias, era abastecida a través de la importación de aceites minerales pesados traídos desde California por la Lobitos Oildfields (Alayza y Paz Soldán, 1915, p. 469). El carbón, que a pesar del crecimiento del consumo de los hidrocarburos líquidos seguía siendo el combustible más usado en la industria local –gracias a su poder térmico de producir fuerza mecánica para mover ma- quinarias, y para la combustión de los hornos de fundición de minerales y las actividades domésticas–, era prácticamente monopolio de la Cerro de Pasco Cooper Corporation. Esta empresa controlaba los yacimientos de Goyllarisquisga y Quishucarcancha, que durante esta época producían el 86% del carbón nacional. Las posibilidades de competencia eran escasas debido a que los altos costos de transporte hacían inaccesible este recurso para las industrias locales, por lo que las demandas de energía de esos sectores eran aplacadas con carbón importado y, más tarde, con petróleo o electricidad. Entre 1914 y 1915, la Primera Guerra Mundial provocó una crisis energética debido al cierre de los mercados europeos y, en consecuencia, la escasez e incremento del precio del carbón. Este escenario despertó el interés de algunos ingenieros por promover una industria estatal vinculada al uso de energía para la industria local y la exportación. Has- ta 1917, reconocidos especialistas como Carlos P. Jiménez, Ricardo Deústua, Ernesto Diez Canseco, Enrique I. Dueñas, Héctor Escardó, Fernando Fuchs, Luis A. Delgado y Manuel G. Masías habían publicado en diversos medios locales extensos informes téc- nicos sobre el carbón peruano y sus posibilidades de desarrollo. Los reportes indicaban que el Perú estaba dotado de una ingente cantidad y variedad de recursos carboníferos como la hulla, el lignito, la asfaltita, la antracita, entre otros, ubicados generalmente en la costa norte y el centro del país y, por ello, explotados principalmente en las activi- dades metalúrgicas de cobre y, en menor medida, en el consumo doméstico de algunas regiones del litoral, como la capital (Diez Canseco, 1916, p. 74). Sin embargo, también se reportaba que el aprovechamiento del carbón no lograba despegar, sobre todo por la falta de inversiones, tanto públicas como privadas. Estas ideas se retomaron en el marco del Primer Congreso Nacional de Industria Minera (1917-1918), realizado con auspicio del Estado y organizado por la Escuela de 23 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) Ingenieros, el Cuerpo de Ingenieros de Minas, la Sociedad Nacional de Minería y la So- ciedad de Ingenieros. De hecho, este evento contó con una sección sobre carbón y petró- leo, la cual giró en torno a la posibilidad de establecer reservas fiscales de estos recursos, así como la modificación de la legislación minera en favor de una industria nacional. El ingeniero Carlos Alayza sostuvo que la explotación del carbón en Perú se encontraba entrampada en un círculo vicioso, pues las cuencas hulleras no estaban preparadas para su explotación ni podían estarlo ante la ausencia de un medio que transportara los recur- sos. Entonces, según sus propias conclusiones, le correspondía al Estado intervenir en la construcción de una vía férrea, de tal manera que los productos carboníferos pudieran satisfacer las demandas del consumo interno y ser exportados a los mercados foráneos a través del recién inaugurado Canal de Panamá (Sociedad de Ingenieros del Perú, 1918, p. 140). La exposición de Alayza retomaba algunas ideas planteadas entre 1911 y 1916 por los ingenieros Enrique Dueñas y José Balta, así como del presidente de la Sociedad Nacional de Minería, José de Osma, sobre la nacionalización de ciertos recursos estratégicos como el carbón y el petróleo. Estos proyectos representaban, en sí mismos, respuestas alter- nativas frente a la crisis del modelo de desarrollo exportador que limitó el crecimiento de la industria, sobre todo, en un periodo en el que los sectores más progresistas de la élite estaban convencidos de que la industrialización representaba una nueva promesa de progreso. La frase del ingeniero Ricardo Tizón “hagamos industria y la industria hará la nación” (López Soria y Lizarme, 2020, p. 303) resumía los quiebres entre los miembros de la oligarquía civilista que había ostentado el poder político desde 1903, así como los intentos de empresarios e ingenieros por hacer notar el desgaste de un modelo de desarrollo económico que entendía a la industria como un sector extractivo promovido por capitales internacionales, en el que el Estado no tenía mayor injerencia (Manrique, 2015, pp. 172-176). El sector ingenieril desempeñó un rol activo en el cuestionamiento de las políticas mineras y petroleras civilistas. Entre los debates sobre la construcción de “industrias nacionales” llevados a cabo en la Sociedad de Ingenieros, se pueden rescatar dos de- talles importantes: en primer lugar, la búsqueda de un rol activo del Estado y de los profesionales en la fiscalización y fomento de la economía nacional; y, en segundo lugar, el acuerdo unánime de que el Perú debía aprovechar y proteger sus recursos. En esta línea debatieron y apoyaron la creación de empresas públicas de petróleo y carbón (Málaga, 1920, pp. 161-163), así como la posibilidad de establecer una industria pesada utilizando las reservas de fierro de Huacravilca (Dueñas, 1918, pp. 9-80). Algunos ingenieros como Fermín Málaga, en 1918, propusieron la creación de comisiones permanentes, y laboratorios especiales de investigaciones y estudios sobre clasificación, composición, propiedades, poder calorífico, y aplicaciones del carbón y el petróleo nacional (Congreso Nacional de Industria Minera, 1917, p. 390), pero 24 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario su propuesta hizo poco eco hasta 1940, cuando se crea el Instituto de Petróleo en la Escuela Nacional de Ingenieros. La creación de una industria siderúrgica requería, además de la disposición de fuen- tes de energía para el transporte y el proceso de transformación del hierro, de políticas de fomento para las industrias locales. Mediante sus propuestas, los ingenieros habían resuelto lo referente a la cuestión energética; sin embargo, hacían falta cambios en la legislación industrial. Una vez en el poder, el presidente Augusto B. Leguía (1919-1930) se mostró dispuesto a apoyar el proyecto ingenieril. De hecho, en sus discursos públicos indicaba que “el desarrollo material de nuestro país es, señores un problema de ingenie- ría de vastas e incalculables proyecciones. En manos del ingeniero está, sin hipérbole alguna, la prosperidad y el porvenir del Perú” (Sociedad de Ingenieros del Perú, 1923, p. 407). Leguía uso las propuestas de ingenieros para legitimar su discurso modernizador, aunque en la práctica solo les dio viabilidad a algunas de ellas. La creación de una Comi- sión Carbonera y Siderúrgica Nacional en 1924 mostró su buena voluntad para el sector empresarial local, pero no sucedió lo mismo con el banco minero y la ley del petróleo (Ueda, 2002, pp. 144-152). Durante su gobierno no se estableció una política energética propiamente dicha, pero indirectamente apoyó de manera selectiva algunas industrias locales mediante la normativización del uso de los recursos como fuentes de energía. Tal fue el caso de los usos de las “aguas públicas”, que también era un tema de constante debate entre inge- nieros, empresarios y autoridades. El agua como recurso natural podía ser empleado en diversos sectores de la economía, como para el servicio de agua potable, las irrigaciones agrícolas y las actividades industriales. Cada una de estas aplicaciones demandó en el campo legal un tratamiento diferente por parte del Estado. Como era lógico, la utilidad energética de las “aguas públicas” para la esfera industrial requirió una legislación que fijara las condiciones y pagos para su aprovechamiento privado. En las dos primeras décadas del nuevo siglo, los ingenieros y técnicos se mostraron ansiosos por conocer con mayor exactitud y regularizar la explotación de las fuerzas hídricas, pues creían, como lo hizo Ricardo Tizón, que estas medidas otorgarían mayores ingresos en impuestos para el Estado (1919, p. 22). Si bien en 1910 Michel Fort indicaba que se había reglamentado la concesión de fuerza motriz hidráulica para el laboreo de minas y las oficinas metalúr- gicas (1910, p. 71), no fue sino hasta 1922, con la Ley N°4391, cuando finalmente se logró reglamentar orgánicamente su aprovechamiento. En la Dirección de Agua e Irrigación del Ministerio de Fomento recaería la atribu- ción de todo lo concerniente a las concesiones de aguas públicas. A diferencia de otros sectores como el petróleo, las empresas eléctricas estaban formadas por capitales nacio- nales y se orientaron al abastecimiento del mercado interno. Hacia la década de 1920, Lima contaba con una de las centrales hidroeléctricas más importantes de la región, como lo era la de Yanacoto, a la que acompañaban las centrales de Santa Rosa, Chosica 25 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) y Piedra Liza; sin embargo, la energía producida no era suficiente para una demandante ciudad que estaba en pleno proceso de expansión. Era imprescindible, entonces, am- pliar y modernizar el sistema de electrificación de la capital. El presidente Augusto B. Leguía comprendió la importancia estratégica de la energía eléctrica para sus planes de modernización material: por un lado, amplió las concesiones eléctricas y tranviarias de Lima, lo que facilitó el ingreso de un ingente capital extranjero para las obras necesarias (Bonfiglio, 1997, pp. 34-39), y; por otro lado, regularizó el aprovechamiento de la fuer- za motriz del agua a través de la Ley N°4391. Reflexiones Finales El inicio de la Primera Guerra Mundial (1914–1918) tuvo un importante impacto en el escenario local. Por un lado, permitió cuestionar el rol del Estado en la sociedad y además cuestionó la idea de progreso vinculado al desarrollo de la ciencia y tecnología. El crecimiento de los ingresos del erario público a causa del incremento de las exporta- ciones de materias primas no transformó a Perú en un país moderno o civilizado como la élite lo esperaba. En un balance general, las políticas migratorias no dieron los resultados esperados, por lo que la población indígena seguía siendo parte de una amplia mayoría excluida, mientras que el aumento del precio de las subsistencias y las precarias condi- ciones de vida de las poblaciones encubaron tensas relaciones entre la sociedad civil, la empresa y el aparato público. Este periodo de crisis cuajó en el sector ingenieril la idea de romper la dependencia económica y dejar de exportar materia prima para luego importar productos manufac- turados (Sociedad de Ingenieros del Perú, 1921, p. 283). Se cuestionó firmemente las ideas progresistas sustentadas solo en el desarrollo de ciencia y tecnología, para reclamar la presencia de un Estado profesional capaz de “intervenir en la marcha económica de la industria privada para amparar a la colectividad” (Dueñas, 1921, p. 244). El rol activo del sector público y profesionales se veía reflejado en las propuestas de nacionalizar y controlar “recursos estratégicos”, como el caso del petróleo, el carbón y el agua. Para cumplir este ideal, los estudios previos y la labor estadística eran considerados tan im- portantes como los capitales y la mano de obra (Sociedad de Ingenieros del Perú, 1921, p. 283). Los recursos energéticos fueron vistos como elementos concretos para el desarrollo material y social del país, pero en calidad de productos útiles para el intercambio co- mercial y no principalmente como generadores de energía para una industria local. Sin embargo, el fomento de su explotación requería de una compleja infraestructura vial, la formación de profesionales y del ingreso de capitales, lo que en cierto modo beneficiaba la formación de una “industria de la extracción”. Por otro lado, los intentos de aprove- char los recursos energéticos tampoco se vincularon con alguna industria en específico, excepto los proyectos de creación de una base industrial siderúrgica, la cual vio sus pri- meros frutos entre 1924 y 1950. 26 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario El presidente Augusto B. Leguía se benefició políticamente de los proyectos de inge- nieros y dio cierta flexibilidad para la puesta en marcha de algunos de ellos, pero no creó las bases necesarias para impulsar un desarrollo industrial sostenido y sobre todo aprove- chando los recursos energéticos locales. A pesar de un tibio impulso a la burguesía local de manera selectiva, favoreció la consolidación de capitales extranjeros sobre recursos de energía como el petróleo en detrimento de los intereses nacional. Muchos de los pro- yectos presentados por ingenieros se quedaron sobre la mesa; no obstante, en décadas posteriores fueron la base de los intentos por industrializar el país entre 1940 y 1960. referenCias Alayza y Paz Soldán, F. (1915). El Petróleo. Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 13(9 y 10), 465-534. Althaus, E. (1908). El bagazo de la caña de azúcar en la fabricación de papel. Boletín del Ministerio de Fomento, 7(9), 99-100. Amaya, E (2020). Solar energy and the Energy Institute of the National University of Engineering (1962-1969). Journal of Physycs: Conference Series, 1433, 1-6. Basalla, G. (1979). Energy and Civilization. Epri Journal, 4 (6), 21-25. Bonfiglio, G. (1997). Historia de la electricidad en Lima. Noventa años de modernidad. Museo de Electricidad-Electrolima. Cipolla, C. (2000). Historia económica de la población mundial. Crítica. Cisneros, B. (1905). Pequeñas industrias susceptibles de ensancharse o implantarse en el Perú. Boletín del Ministerio de Fomento, 3(1), 67-95. Congreso Nacional de Industria Minera (1921). Anales del Congreso Nacional de Indus- tria Minera: Vol. 1. Organización y Funcionamiento del Congreso. Imprenta Torres Aguirre. Congreso Nacional de Industria Minera. (1921). Anales del Congreso Nacional de Indus- tria Minera: Vol. 4. Trabajos Presentados a la Sección III; Carbón y Petróleo. Imprenta Torres Aguirre. 27 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) Contreras., C. y Cueto, M. (2008). Caminos, ciencia y Estado en el Perú, 1850-1930. História, Ciências, Saúde – Manguinhos, 15(3), 635-665. Cueto, M. y Lossio, J. (1999). Innovación en la agricultura: Fermín Tangüis y el algodón en el Perú́. Universidad del Pacifico-Centro de Investigación. Dueñas, E. (1921). Breves consideraciones económicas y legales sobre nuestra industria de materiales pétreos de construcción. Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 23(8), 235-247. Dueñas, E. (1918). El yacimiento de fierro de Huacravilca. Boletín del Cuerpo de Inge- nieros de Minas, 87, 9-80. Diez Canseco, E. (1916). Estado actual de la industria del carbón en el Perú. Informa- ciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 18(2), 74-84. Ferreyros, A. (1908). Utilización de las malezas provenientes de la fabricación del azúcar de caña como alimento del ganado. Boletín del Ministerio de Fomento, 6(4), 17-20. Fort, M. (1910). Las caídas del agua. Boletín de minas, industria y construcciones, 2(5), 71-72. Fort. M. (1918). La utilización de las fuerzas naturales para la producción de la energía eléctrica. Boletín de minas, industrias y construcciones, 10, 10-12. Garland, A. (1905). Reseña industrial del Perú. Imprenta La Industria. Gonzales, M. (2016). Azúcar y trabajo. La transformación de las haciendas en el norte del Perú 1860-1933. Instituto de Estudios Peruanos-Banco Central de Reserva del Perú. Guizado, Y. y Ragas, J. (2021). La Escuela Nacional de electricidad y la educación téc- nica en Perú. Diseña, 18(5), 1-14. Habich, E. (1901). Aguas corrientes y yacimientos de combustibles del Perú. Boletín de minas, industria y construcciones, 17(6), 42-46. Hidalgo, N. (2008). La Central del Mantaro. El arte de hacer luz. Museo de la Electrici- dad Publicaciones. 28 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario Jiménez, C. (1922). Estadística Industrial del Perú. Imprenta Americana. Kruijt, D. y Vellinga, M. (1983). Estado, clase obrera y empresa transnacional. El caso de la minería peruana, 1900-1980. Siglo XXI Editores. Lobo, F. (2019). Desarrollo inicial del Banco Industrial del Perú, 1937-1956. H–indus- tri@: Revista de Historia de la Industria, los Servicios y las Empresas en América Latina, 24, 25-45. López, J. I. y Lizarme, N. (2020). El pensamiento de los ingenieros sobre el Perú (1850- 1930) (Tomos 1-2). Eduni-Centro de Historia Universidad Nacional de Ingeniería. Málaga, F. (1920). El carbón el Perú. Imprenta Torres Aguirre. Manrique, N. (2015). El proceso económico. En C. Contreras y O. Gonzales (coords.), América Latina en la Historia Contemporánea. Perú 3: Mirando hacia dentro. 1880- 1930 (pp. 123-176). Turus y Mapfre. Melosi, M. (2010). Energy Transitions in Historical Perspective. En L. Nader (Edit.), The Energy Reader (pp. 45-60). Wiley-Blackwell. Monge, J. (1928). Utilización de las cachazas en los ingenios de azúcar de caña. Informa- ciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 30(2), 85-87. Monsalve, M. (2020). Industria y mercado interno, 1821-1930. En C. Contreras (Ed.), Compendio de Historia Económica del Perú. Economía de la Primera Centuria Indepen- diente (pp. 239-301). Banco Central de Reserva del Perú. Smil, V. (2017). Energy and Civilization: a history. The MIT Press. Sociedad de Ingenieros del Perú. (1923). La celebración del XXV aniversario. Informa- ciones y Memorias, XXV (10), 399- 408. Sociedad de Ingenieros del Perú. (1921). Editorial. Las industrias posibles en el mo- mento actual. Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 23(9), 283-285. Sociedad de Ingenieros del Perú. (1918). Ponencia presentada al Congreso de la Indus- tria Minera por el ingeniero Carlos Alaiza. Informaciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 20(1 y 2), 40-46. 29 Energías del Centenario: ingenieros, industria y el sector energético en el Perú (1900 - 1920) Seiner, L. (2012). Territorio, población y medioambiente. En El Perú Republicano 1821- 2011 (pp. 15-101). Fondo Editorial de la Universidad de Lima. Thorp R. y Bertram G. (1974). Industrialización y economía abierta: El caso del Perú en el periodo 1890-1940. Documento de Trabajo 23. Pontificia Universidad Católica del Perú. Tizón, R. (1919). Política hidráulica. El gravamen de la fuerza motriz hidráulica. Infor- maciones y Memorias de la Sociedad de Ingenieros del Perú, 21(1), 21-23. Ueda, M. (2002). Historia del Cuerpo de Ingenieros de Minas del Perú, 1902-1950. Pro- yecto Historia-Universidad Nacional de Ingeniería. 31 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la indePendenCia Brunella Yzú Rossini 3 Invencible bastión de tu raza, te saludan los pueblos de pie, y la Patria que se honra en tu estirpe te coloca en la frente un laurel. –Himno del Cusco Hacia fines del siglo XIX, una de las principales preocupaciones por parte de las autori- dades y élites políticas era la falta de mano de obra y el lento crecimiento poblacional. Así, se percibía la despoblación como uno de los elementos que impedía alcanzar el anhelado crecimiento de la Nación y progreso económico. En efecto, la República se encontraba en sus inicios, en una situación poco alentadora, según Bustíos Romaní (2011): En esos primeros días del Perú republicano, se argumentaba que el escaso tamaño de la población nacional era consecuencia de una alta mortalidad provocada por las guerras independentistas, internacionales y civiles; la subalimentación, las enfermedades ‘pesti- lenciales’ y las deficientes condiciones higiénico-sanitarias (pp. 44-45). De igual modo, estudios de inicios del 900, como el realizado por el doctor Enrique León García sobre las razas de Lima (basándose en el censo de 1908), señalaban que la alta natalidad era opacada por la igual de elevada mortalidad (1909, pp. 37-38). Asi- mismo, el desgaste de la guerra del Pacífico llevó a las autoridades sanitarias a plantearse la necesidad de regenerar el país en diversos aspectos. Como indica el historiador Paulo 3 Asistente de Docencia en Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, Perú. Correo electrónico: brunella.yzu@pucp.edu.pe. Agradezco los acertados comentarios de Patricia Palma y a Jorge Lossio por la oportunidad. 32 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario Drinot, en el contexto de la República Aristocrática los grupos de poder consideraban el crecimiento económico como un medio a partir del cual lograr incorporarse a las grandes potencias, unido a la explotación de recursos naturales (2020, p. 2). Pertenecer a las potencias implicaba alcanzar los preceptos propios de una cultura civilizada (Drinot, 2020, p. 4). La civilización a partir de los cánones occidentales, poseía diferentes matices además del crecimiento económico y el aumento de la natalidad, pues se esperaba que fuera de la mano con la moral y las buenas costumbres. Así, existían hábitos propios de pueblos más desarrollados y otros que, por el contrario, lindaban con la degeneración. Entre los males que degeneraban a la población, encontramos lo que Drinot define como enfer- medades sociales: criminalidad, alcoholismo, apuestas, vicios, etc. Estas condiciones iban unidas con otros problemas sociales, como la precariedad de la vivienda y nutrición deficiente (2020, p. 5). Una de las observaciones que realiza el historiador, es que este discurso de degeneración y búsqueda de mejor calidad de vida se aplicaba a grupos ra- ciales específicos y asociados a determinados oficios menores, tanto hombres y mujeres no blancos, entre los cuales estaban los afroperuanos, personas de origen asiático4 y sobre todo indígenas (Drinot, 2020, p. 5). La raza indígena fue objeto de discusión por parte de médicos y autoridades políticas, quienes consideraban que no se había logrado el progreso de la Nación a causa de su de- gradación moral y racial. Así, en su afán de modernizar y civilizar a la población y guia- dos por un pragmatismo económico propio de la época, estos agentes buscaron evitar la degeneración de una de las principales fuerza de trabajo, como la indígena, guiándola desde el Estado en preceptos morales e higiénicos. Este artículo pretende presentar el origen de estas visiones a partir de los escritos de médicos, intelectuales y políticos en el contexto del Centenario de la Independencia. La distinción entre las diversas razas y el género de los ciudadanos jugó un rol pre- dominante en la concepción y discursos presentados durante inicios del siglo XX, ya que existía una noción racializada del progreso. Por consiguiente, según las autoridades intelectuales de la época, el Estado debía consolidarse asemejándose lo más posible a los principios deseables de las potencias civilizadas. Por ejemplo, a fines del siglo XIX personajes importantes en el medio intelectual, como Clemente Palma (1897), presen- taban sus reflexiones en torno a las características de la población indígena y cómo esta afectaba su productividad: El indio no tiene aspiraciones; todas ellas se reducen a vivir tranquilo en su comunidad, poseyendo unas cuantas varas de tierra para sembrar papas y coca con qué alimentarse 4 Estos relatos respecto a los asiáticos han sido profundizados por Patricia Palma y José Ragas (2018, p.167). 33 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia y alimentar a sus mujeres e hijos, una botella de ron con qué embriagarse5, y nada más; no necesita más. De esta falta de aspiraciones se explica su poca iniciativa, su inactividad mental, que a lo más, en materia de lucubraciones cerebrales, puede llegar a la astucia. El indio, como el chino, es refractario al contacto con los hombres que no son de su raza, como si sintieran agitarse en el fondo de su sangre la conciencia de su inferioridad étnica y se sintiera humillado (p.8). Según Palma, la raza india era una raza inferior y degenerada, con una vida mental casi nula, la cual no solo afectaba al propio individuo y sus familias, sino que a la nación en su conjunto: “El progreso de las naciones, más que la inteligencia, lo hace el carácter, y a este respecto el abismo que separa a la raza india de las razas perfectibles es enorme” (Palma, 1897, p.11). La percepción negativa que existía entre las élites sobre las personas de raza india no cambió mucho en las primeras décadas del siglo XX. Eso se observa en las afirmaciones realizadas por el doctor Enrique León García, el cual señaló en su tesis para optar al grado de médico que la situación económica y social de la población indígena estaba lejos de asemejarse a los ideales civilizados. Así, según León García, la experiencia de vida cotidiana y laboral del indígena estaba caracterizada por un estancamiento, el cual se oponía a los ideales de las elites modernizadoras de inicio de siglo: “La raza india más indolente, sumisa y, principalmente, más descuidada de protección, no ha podido levan- tarse todavía en el nivel profesional” (1909, p. 22). Ser indígena traía consigo una serie de prejuicios, por lo cual no es de extrañar que –según León García– durante el censo realizado en Lima en 1908 las personas buscaban “blanquearse” en el registro, aspirando ascender socialmente: Muchos indios, sobre todo los que gozan de cierta holgura pecuniaria y de alguna ele- vación social, se han inscrito como blancos, sin que haya sido posible evitarlo; como los indios, muchos mestizos en igualdad de circunstancias, se han filiado como blancos en el empadronamiento (…) el indio ó mestizo que se cuidan de declararse blancos revelan, con este hecho, que se sitúan ó tratan de situarse en iguales condiciones que los individuos de la escala superior á que aspiran pertenecer (León García, 1909, pp. 14-15). La raza, pero particularmente el racismo tenía un impacto en el mercado del tra- bajo. Debido a que la educación y civilización eran consideradas propios de personas blancas, la raza como concepto se transformó en un indicador del tipo de empleo que desempeñaban las personas. Por ejemplo, en el informe desarrollado a partir del censo de 1908, León García afirmaba que existía un nexo entre el tipo de empleo y 5 La embriaguez era vista como un problema grave para el progreso, en la medida que deterioraba el cuer- po y según los conocimientos de la época, el alcoholismo además de la falta de productividad terminaba por heredar este vicio a sus hijos. 34 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario las “calidades étnicas” de las personas (1909, p. 19). Para él existían diversos tipos de trabajo, cada uno con necesidades diferentes. De esta manera, algunas estaban más conectadas al aspecto físico del individuo, otros más a cuestiones mentales y morales. Según la información producida por el Censo y el análisis que de él hizo León García, las personas de raza blanca eran las que se desempeñaban en profesiones más econó- micamente rentables, lo que además los situaba como intelectualmente superiores en comparación con sus contrapartes: Las profesiones que producen los más altos rendimientos pecuniarios ó la mayor conside- ración social son ejercidas, preferentemente por los blancos. Asi sucede con “el comercio”, “la propiedad”, las “profesiones liberales” y “sanitarias” y las destinadas á la difusión de la instrucción. Esta distribución es natural y hasta, pudiera decirse, equitativa puesto que, por lo menos hasta ahora, el blanco ocupa, en el mayor número de los casos, el rango más elevado en virtud de sus actividades intelectuales y morales mejor cultivadas y dirigidas individual y hereditariamente (p. 20). Podemos observar cómo se consideraba que la población racialmente blanca poseía una capacidad intelectual superior para tomar los puestos de poder, los cuales a su vez eran considerados como hereditariamente beneficiados. Es por ello que la élite en el país, al igual que otras de la región, consideró estrategias para “blanquear” a la población local, sobre todo a partir de la migración de europeos que supuestamente mejorarían la raza nacional. Al identificar que ciertas razas y clases menos favorecidas poseían problemas y enfer- medades sociales particulares, las autoridades se vieron obligadas a pensar en la necesi- dad de realizar cambios que ayudasen a asegurar el desarrollo de estas. Así, para 1920, los problemas que afectaban a estas razas fueron pensados como una cuestión social. Para ello, desde el Estado se buscó el apoyo de autoridades tales como médicos e ingenieros, con el fin de desarrollar programas de salud pública y reformas que ayudasen a evitar estos males sociales y el retroceso del país (Drinot, 2016, p. 51). El desarrollo de la salud pública a inicios del siglo XX era incipiente, pues se pen- saba que los problemas de índole social eran tarea de las organizaciones filantrópicas y no cuestiones de Estado. Sin embargo, con el paso de los años existió un cambio en Perú y América Latina en general, pues como indican Marcos Cueto y Steven Palmer, las élites fueron conscientes que los avances médicos eran necesarios para consolidar el Estado-Nación (2015, p. 58). La importancia de la medicina posicionó a su vez a los médicos en espacios de poder, pues se configuraron como importantes agentes en ins- tituciones públicas y espacios de supervisión social, asimismo muchos ingresaron a la política y desde ahí buscaron influenciar respecto a la importancia de la salud pública. La profesionalización de la medicina y su mayor incidencia en el espacio público les dio la posibilidad de plantear sugerencias y proyectos para el progreso del país. Esta labor 35 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia conectada a los problemas sanitarios les dio un nuevo apelativo a los galenos, el médico político e higienista (Cueto & Palmer, 2015, p. 65). Como afirma Jorge Lossio para el caso de Lima, los llamados “higienistas” fueron figuras clave en el intento de hacer de Lima una capital más saludable y progresista. Estos médicos libraban una guerra contra las enfermedades epidémicas, a la vez que atacaban las condiciones insalubres en que vivía la mayoría de la población limeña (2021, pp. 116-117). Tomado de Amy Cox Hill “Framing a Lost City: Science, Photography. and the Making of Machu Picchu” p.120. 2017 36 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario El higienismo surgió durante el siglo XIX, planteándose como un movimiento médi- co que buscaba mejorar la calidad de vida de la población, además de evitar la trasmisión de enfermedades en el espacio urbano por medio de cambios en las costumbres (Lossio, 2021, p. 91). Como observamos anteriormente, estos problemas afectaban mayormente a los grupos menos favorecidos, quienes además de ser juzgados a partir de prejuicios, no cumplían con las ideas de civilización e higiene que eran necesarios para el progreso. Al respecto, Parker (2002) señala: Pero con la misma frecuencia, los informes daban pábulo a la idea de que la moral relajada de los pobres los predisponía a vivir de ese modo, o al menos, hacía que olvidaran que estaban violando todos los principios de la vida “civilizada”. Como de costumbre, ideas de raza dominaban la ecuación: por definición, las razas “incivilizadas” no comprendían la limpieza y la higiene, de modo que el hecho de que cantidades desproporcionadas de indios y asiáticos vivieran –y murieran– en las peores y más insalubres viviendas de Lima confirmaba, no su opresión, sino su atraso (p. 128). Entre los problemas propios de la cuestión social se encontraban las enfermedades conec- tadas con el medio y las razas. Por ejemplo, la tuberculosis era vista como el resultado que la miseria, mala alimentación, hacinamiento y alcoholismo podía causar (León García, 1909, p. 59). La tuberculosis era una enfermedad que preocupaba de forma recurrente tanto a los médicos como autoridades políticas. Por ejemplo, en un discurso realizado por Augusto B. Leguía en 1922, el mandatario señalaba que “La tuberculosis es, como sabéis, una de las enfermedades que más estragos ocasiona en Lima y demás poblaciones de la costa. La lucha contra esta enfermedad debe, pues, preocupar seriamente la atención de los poderes públicos, llamados a velar por la conservación del capital humano y el porvenir de la raza” (p.15). Al igual que la tuberculosis, otras enfermedades estudiadas por los higienistas estaban conectadas a cuestiones de moralidad, como es el caso de la sífilis6. Las enfermedades además eran vistas como males que no solo dañaban a la familia que las padecía, sino que era heredable y afectaba a la sociedad en su conjunto. Así lo hizo saber el presidente Augusto B. Leguía en 1921, el cual destinó fondos de Asistencia Pública para la cons- trucción de un sifilicomio con el propósito de evitar el “desmedro evidente de la raza” (1921, p. 5). Este discurso sobre la raza y sus afecciones también fueron repetidos por las autoridades y médicos, quienes aseveraban que se debía evitar la propagación de enfer- medades por el bienestar nacional. En palabras del galeno Carlos Enrique Paz Soldán, la erradicación de enfermedades era vital, ya que males como la sífilis y la gonorrea, además de daño físico, degeneraba a la población (Drinot, 2020, p. 180). 6 Como señalaban Carol Pasco y Julio Núñez (2009), incluso a inicios del siglo XX se afirmaba que el contraer sífilis era evidencia de problemas de regulación en el aspecto sexual, una suerte de castigo divi- no por el vicio (p. 187). 37 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia De esa forma, las celebraciones por el Centenario de la Independencia se desarrolla- ron en un clima marcado por discusiones respecto a los males que ocasionaban deter- minados grupos raciales para la nación. Según señala César Sáenz (2015), para 1919 se dio un debate que giraba en torno a la cuestión indígena y su integración a la Nación: El debate sobre la ‘cuestión indígena’ comenzó en la 13ª sesión del 12 de octubre de 1919. En este día fue discutido el artículo no. 45 de la propuesta hecha por la Mesa. El repre- sentante Javier Prado Ugarteche dio un discurso en la presentación del artículo. Resaltó el objetivo de la norma en su exposición: rehabilitar al indígena como un deber patriota. En su concepción, la población indígena era una raza de grandes virtudes que merecía ser defendida y elevada. Según su parecer, esta colectividad había sido tratada con crueldad en el país (p. 41). Al reconocer que la productividad y el crecimiento del país recaían en la clase obrera, el discurso respecto a la raza debió modificarse. Para fines del siglo XIX e inicios del siglo XX las ideas eugenésicas estaban empezando a tener su apogeo a nivel mundial y en parti- cular, a nivel latinoamericano. De esta manera, si bien durante años se había asimilado la importancia del blanqueamiento como principal medio de desarrollo, se le empezó a dar relevancia al rol que jugaba la herencia y los hábitos en la vida cotidiana. De igual modo, el problema de la alta mortalidad infantil seguía afectando al país: “De 1.000 niños que nacen en Lima, 250 mueren durante los dos primeros años de vida, víctimas en su mayor parte de enfermedades evitables” (Leguía, 1922, p. 15). De las diversas teorías que bus- caban mejoras en la raza, la propuesta lamarckiana tuvo mayor influencia en Perú. Esta aseveraba que la raza podía mejorarse sin necesidad de una selección genética o racial, sino más bien, a partir de la influencia sobre el medio que habitaba (Parker, 2002, p. 124). A pesar de lo favorable que resultaba esta propuesta teórica para la élite moderni- zadora como marco interpretativo y de acción, no resultaba suficiente para responder al complejo problema de la regeneración de las razas, especialmente indígena. No bas- taba cambiar el espacio que habitaban si conservaban hábitos antihigiénicos y viciosos (Espinoza, 2017, p. 65). En efecto, la única manera de lograr mejorar las condiciones de la raza indígena era incorporándola como parte de las políticas del Estado, como se pretendía con la creación de la sección de Asuntos Indígenas y el Patronato. De acuerdo con el mandatario Augusto B. Leguía, en esta sección se abordaría la incorporación de la raza indígena que él señala como “la fuerza más sana y robusta de nuestro definitivo engrandecimiento” (1922, p. 16). Esta iniciativa por incorporar a la población indígena también se manifestó en el aspecto económico, donde se buscó regular la situación laboral del campesino: La resolución suprema de 11 de mayo de 1923, ha dispuesto que los concejos muni- cipales de las provincias andinas fijen, anualmente, la tasa mínima que corresponde al 38 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario jornal que los operarios indígenas deben percibir en las labores agrícolas, ganaderas y de transporte. Se ha aprobado el reglamento que precisa las funciones del patronato de la Raza Indígena y se ha establecido juntas departamentales en el Cuzco, en Cajamarca, en Ancash, en Puno y en Ayacucho. Muy en breve se establecerán análogas dependencias en los otros departamentos de la sierra (Leguía, 1923, p. 17). Sin embargo, como indicaba el entonces presidente, un año después, la situación social de este grupo poblacional no había variado mucho: Y conjuntamente con todo esto rehabilitaré al indio a la vida del derecho. El indio es el agricultor de nuestra sierra, el obrero de nuestras minas, el soldado de nuestro Ejército y, sin embargo, es todavía casi un siervo. Es necesario hacer un gran esfuerzo por incorporar este elemento, de valor incalculable, a la comunidad de la patria (Leguía, 1924, p. 2). Por sus profundas raíces históricas el desprecio hacia lo indígena, explicado desde el siglo XIX en términos raciales, se mantendría en las posteriores décadas. Por ejemplo, en la Primera Jornada Peruana de Eugenesia llevada a cabo en 1939, uno de los expositores de apellido Sáenz (1940) señalaba que la población de la sierra padecía de los mismos problemas alguna vez mencionados por Palma: La población de nuestra sierra, numéricamente representa alrededor de los dos tercios de natalidad de los pobladores del Perú y está en sí misma constituida por un tercio de indios y dos tercios de mestizos, en los que puede apreciarse actualmente un cierto grado de inferioridad somática y psíquica, originada por factores de insalubridad de los que hasta hoy no han podido librarse y entre los que en primera fila se encuentran la pésima alimentación, la ausencia de higiene personal, doméstica, urbana y rural, la toxicomanía de la coca y las epidemias que sin control azotan a estos pobladores ya tarados de las an- teriores causas (p.89). Como se ha podido dar muestra en el presente artículo, si bien el Estado y sus go- bernantes intentaron crear una Patria Nueva apelando a la integración de todos los indi- viduos y regeneración de uno de los grupos étnicos con más habitantes en el país, como lo era la indígena, existía una brecha entre lo teórico y lo práctico. Así, mientras por un lado se buscó la incorporación de la población indígena a partir del desarrollo de decre- tos y leyes que los reconocían como ciudadanos, gran parte de los discursos intelectuales y científicos, además de las iniciativas desarrolladas por las autoridades seguían interpre- tándola como carente de civilización y símbolo de atraso. Al celebrarse el Bicentenario de nuestra “independencia” cabía preguntarse si hemos logrado superar esos preceptos higienistas y dicotómicos sobre la raza para poder consolidar el desarrollo de la patria y la representación de la población en su totalidad. 39 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia fuentes Primarias León García, E. (1909). Las razas en Lima; estudio demográfico. (Tesis para optar el grado de Doctor en Medicina). UNMSM. URL: https://archive.org/details/lasrazasenlimaes00leng Leguía, A. B. (1921). Mensaje del presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía Salcedo, ante el Congreso Nacional, el 28 de Julio de 1921. Congreso de la República. URL:https://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/mensaje_ nacion_congreso_28_julio_1921 Leguía, A. B. (1922). Mensaje del presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía Salcedo, ante el Congreso Nacional, el 28 de Julio de 1922. Congreso de la República. URL:https://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/mensaje_ nacion_congreso_28_julio_1922 Leguía, A. B. (1923). Mensaje del presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía Salcedo, ante el Congreso Nacional, el 28 de Julio de 1923. Congreso de la República. URL:https://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/mensaje_ nacion_congreso_28_julio_1923 Leguía, A. B. (1924). Mensaje del presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía Salcedo, ante el Congreso Nacional, el 28 de Julio de 1924. Congreso de la República. URL:https://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/mensaje_ nacion_congreso_12_octubre_1924 Palma, C. (1897). El porvenir de las razas en el Perú. (Tesis para optar el Grado de Ba- chiller). UNMSM. URL:https://cybertesis.unmsm.edu.pe/bitstream/handle/20.500.12672/338/Palma_ cl.pdf?sequence=1&isAllowed=y Sáenz, L.N. (1940). El control de la natalidad, factor antieugénico en el Perú. En Prime- ra Jornada Peruana de Eugenesia (pp. 87-90). 40 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario bibliografía Bustíos, C. (2011). La cuestión demográfica y la planificación familiar en la historia de la salud pública peruana: 1821-2005. Concytec. Cueto, M. & Palmer, S. (2015). Medicine and Public Health in Latin America. Cambri- dge University Press (versión Kindle). Drinot, P. (2016). La seducción de la clase obrera. Trabajadores, raza y la formación del Estado peruano. IEP (versión epub). Drinot, P. (2020). The Sexual Question. A History of Prostitution in Peru, 1850s-1950s. University Printing House (versión Kindle). Espinoza, J. M. (2017). La higiene como experiencia moderna y placentera: la difusión de concepciones y prácticas asociadas a la salubridad en la revista Variedades (Perú, 1908-1920). En J. Lossio & E. Barriga (Ed.), Salud Pública en el Perú del siglo XX. Paradigmas, discursos y políticas (pp. 46-77). PUCP-IRA. Lossio, J. (2021). Pandemias y salud pública. Historias de cuarentenas y vacunaciones. Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú. URL:https://bicentenario.gob.pe/biblioteca/detalle-libro/pandemias-y-salud-publi- ca-historia-de-cuarentenas-y-vacunaciones Palma, P. & Ragas, J. (2018). Enclaves sanitarios: higiene, epidemias y salud en el Barrio chino de Lima, 1880-1910. ACHSC. 45(1), 159-190. URL: https://repositorio.uc.cl/handle/11534/47565 Parker, D. (2002). Civilizando la Ciudad de los Reyes: higiene y vivienda en Lima, 1890-1920. En D. Armus (ed.). Entre médicos y curanderos. Cultura, historia y enfer- medad en la América Latina moderna (pp. 107-150). Grupo Editorial Norma. Pasco, C. & Núñez, J. (2009). Medicina, prostitución y sífilis en Lima y Callao: 1910- 1930. En M. Cueto, J. Lossio & C. Pasco (eds.). El rastro de la salud en el Perú (pp. 181-210). IEP-Universidad Peruana Cayetano Heredia. 41 Visiones sobre la raza indígena en el Centenario de la Independencia Sáenz, C. (2015). La cuestión indígena en las Constituciones peruanas de 1920 y 1933 (Tesis para optar por el título de Licenciado en Historia). PUCP, Departamento de Historia. URL:http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/handle/20.500.12404/6708#:~:text=La%20 inclusi%C3%B3n%20de%20la%20cuesti%C3%B3n%20ind%C3%ADgena%20 en%20la%20Constituci%C3%B3n%20de,ingreso%20oficial%20a%20la%20na- ci%C3%B3n. 43 desastres naturales, ePidemias y PolítiCas PúbliCas. Piura en el Centenario de la indePendenCia (1912-1925) Julissa Gutiérrez Rivas7 y Víctor Velezmoro Montes8 introduCCión Desde fines del siglo XIX, en todo el Perú se venía dando un impulso generalizado de los procesos de mejora urbana con la instauración de elementos de modernidad, afán que fue promovido por el presidente Augusto Bernardino Leguía desde que asumió el poder en 1919, quien en su gobierno –también conocido como el Oncenio– implementó la política denominada Patria Nueva, que impactó en los ámbitos tecnológico, cultural, científico, educativo, sanitario, agrícola, entre otros (Contreras y Cueto, 2013). En este contexto se dieron las celebraciones del Centenario de la Independencia na- cional, las que se prolongarían los tres años siguientes hasta diciembre de 1924, aniver- sario de la Batalla de Ayacucho. Casalino (2017) señala que se puso especial empeño en desplegar un gran espectáculo cívico y monumental dirigido a embellecer la ciudad de Lima. Para ello, se contó con el compromiso de instituciones y personalidades, así como de algunas embajadas y colonias extranjeras radicadas en el país. De este modo, la capital fue adornada con bellas esculturas y monumentos, edificios, parques y espacios urba- nos, transformaciones que en muchos casos perduran hasta el presente. Sin embargo, ¿qué pasó en el resto del país? En este artículo analizaremos la difícil situación de Piura durante las primeras décadas del siglo XX, para lo cual contrastaremos documentación 7 Doctora en Patrimonio. Profesora asociada del departamento de Historia y Arte, Facultad de Humani- dades, Universidad de Piura (julissa.gutierrez@udep.edu.pe). 8 Doctor en Historia del Arte. Profesor principal del departamento de Historia y Arte, Facultad de Hu- manidades, Universidad de Piura (victor.velezmoro@udep.edu.pe). 44 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario pública aparecida en revistas, prensa e informes oficiales de la época y nos apoyaremos en investigaciones especializadas, tanto internacionales como nacionales. Piura está localizada en la costa norte del Perú y hacia 1927 contaba con una po- blación estimada de 300 mil habitantes (Contreras, 2020, p. 433), distribuida en las numerosas haciendas situadas en las márgenes de sus principales ríos, Chira y Piura, lo que le confería un carácter rural. Las principales ciudades de ese momento eran Piura y el puerto de Paita, de gran tráfico comercial. El período comprendido en este estudio es el del primer cuarto del siglo XX, en el que la región sufrió cuatro desastres naturales: el terremoto de 1912, la epidemia de peste bubónica (1918-1923), la epidemia de fiebre amarilla (1919-1922) y el fenómeno de El Niño (FEN) (1925). La investigación concluye que estos eventos tuvieron un im- pacto negativo y ralentizador en el desarrollo económico regional, lo que provocó que se limitara la realización de proyectos celebratorios por el Centenario nacional a actos ocasionales de escasa relevancia. estado de la Cuestión El devenir histórico no solo está definido por el accionar del hombre, sino también por la presencia de fenómenos naturales que, en la mayoría de los casos, encuentran des- prevenidas a las sociedades humanas y ocasionan verdaderas catástrofes, más aún cuando van acompañadas de epidemias. El concepto de catástrofe (del alemán Katastrophe), según Schenk, se define como “a great calamity, an event occurring abruptly with serious consequences like the harming or loss of life for humans and animals, material damage and large-scale destruction” (2007, p. 12). Para este autor, el concepto engloba eventos peligrosos de tipo geofísi- co, meteorológico o de naturaleza biológica, como terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, tormentas, fuegos, epidemias y hambrunas. Asimismo, incluye eventos producidos por amenazas tecnológicas o sociopolíticas: accidentes en plantas nucleares, guerras o terrorismo. La aproximación histórica a los eventos catastróficos se ha realizado desde cuatro perspectivas: como evento dañino o desastroso, como evento social y cultural, como acontecimiento unificador, y como hecho extraordinario. De la primera manera, la ca- tástrofe evidencia la vulnerabilidad de la sociedad humana ante un desastre. De la se- gunda manera, debido a que corresponde a una realidad material, la catástrofe tiene una dimensión social y cultural importante, porque es generadora de reacciones colectivas negativas (miedo, desesperación, terror), percibidas como una amenaza contra el orden construido por el ser humano. Paradójicamente, esto también la convierte en un evento unificador, porque fortalece los vínculos simbólicos (y de identidad) entre los individuos o grupos que constituyen una comunidad o sociedad. Finalmente, la catástrofe es un 45 Desastres naturales, epidemias y políticas públicas. Piura en el Centenario de la Independencia (1912-1925) hecho extraordinario debido a sus circunstancias temporales, sea este evento esporádico e intenso o regular y persistente. Así, cabe incluir bajo este término desastres naturales y eventos motivados por el ser humano, como crisis económica, política o social (Quenet, 2000). Aunque los estudiosos de Annales fueron los primeros en atender al desastre natural en su relación con las sociedades humanas, será durante las décadas de 1960 y 1970 cuando la historiografía estudie los desastres bajo dos perspectivas: como una estructura latente en el decurso de las sociedades o como evento revelador de las mentalidades de una época. A partir de 1980, los desastres se analizaron como fenómenos internos y no externos a las sociedades humanas a las que trastornan y perturban. Por ello, el enfoque es desde el análisis de la totalidad de los factores internos intervinientes en una determi- nada sociedad, antes y después del evento (García, 1993). Desde una perspectiva crítica, al analizar los desastres en relación con las socieda- des humanas, se pueden identificar algunas “lecciones” o consideraciones que pue- den utilizarse como marco teórico. En primer lugar, que los desastres interrumpen el proceso de desarrollo de una sociedad. Segundo, que no se pueden dejar de estudiar las catástrofes naturales en relación a los procesos sociales y económicos de una pobla- ción. Tercero, el desastre evidencia dos tipos de respuestas: en un lado, la capacidad organizativa de la población afectada; en el otro, la inercia o rémora de las autoridades gubernamentales. Finalmente, los desastres naturales deben sumarse al conjunto de desastres económicos y políticos que surgen en el devenir de un país, región o sector poblacional (García, 1993). Lupe Camino y Susana Aldana presentaron sendas investigaciones sobre desastres na- turales en el Perú a partir de los registros de crónicas y documentos coloniales. Camino (1996), concretamente, estudió la crónica de Felipe Guamán Poma de Ayala, El primer Nueva Corónica y buen gobierno (ca. 1612-1613) a fin de comprender los conceptos de desastres, salud, enfermedad y muerte expuestos por el cronista indígena para los pueblos andinos. Por su parte, Aldana, a partir del estudio de tres desastres ocurridos en distintos lugares del Perú durante el siglo XVIII, analizó el impacto que tuvo el evento catastrófico en el ánimo de la población. La región de Piura tiene en su estudio un apar- tado especial, específicamente en relación con el impacto económico que tienen tanto las lluvias intensas como los largos períodos de sequía. Sobre esto último, afirma que las lluvias anuales, las avenidas de ríos o las sequías durante determinadas etapas “nos per- miten acercarnos a aquellas pequeñas crisis que se entretejen en el cotidiano vivir de una sociedad y las formas en que son percibidas y sumidas” (Aldana, 1996, p. 137). La construcción de una cronología de ocurrencia del fenómeno de El Niño en la costa peruana, desde la época prehispánica hasta fines del siglo XIX, a partir del análisis crítico de la documentación publicada en cada época corresponde al objetivo de la inves- tigación de Anne Marie Hocquenghem y Luc Ortlieb (1992). La revisión de las fuentes 46 Desarrollo y Sociedad en el Perú del Centenario históricas les ha permitido identificar distintos tipos de eventos según su intensidad e impacto (muy débil, muy fuerte o catastrófico). La historiografía sobre epidemias y sismos es aún escasa para el ámbito peruano. Existen estudios, aunque se limitan, por lo general, a enfoques netamente geográficos o médicos; sin embargo, rescatamos algunos de ellos. El primero es el de Marcos Cueto (2000), El regreso de las epidemias, interesante estudio que analiza distintas epidemias ocurridas en el Perú durante el siglo veinte. El autor se centra no solo en las políticas pú- blicas referidas al bienestar físico y la salubridad, sino también en la mentalidad popular: qué pensaba la población sobre determinadas enfermedades. Un aporte interesante es la detección de la existencia de un perfil epidemiológico en el Perú para la costa, la sierra y la selva. Otro trabajo valioso es el recientemente publicado Hijos de la peste. Una historia de las epidemias en el Perú, de Marcel Velázquez (2020), donde, a través de cuatro visiones (historia, miedo, violencia y humor) el autor analiza el impacto de las epidemias desde la época incaica hasta la actualidad con el COVID-19. Resulta interesante que el autor emplee no solo fuentes históricas sino también literarias para su trabajo. El estudio de los sismos desde la perspectiva histórica también es reciente. Para fines de la década del setenta del siglo XX, destacamos el trabajo de Enrique Silgado (1978) titulado Historia de los sismos más notables ocurridos en el Perú (1513-1974), donde refie- re los sismos ocurridos a lo largo de más de cuatro siglos, considerando los lugares que fueron afectados en mayor o menor dimensión. Finalmente, en 2016, Lizardo Seiner publicó Historia de los sismos en el Perú. Catálogo: Siglos XVIII-XIX, que recoge en orden cronológico los terremotos ocurridos en nuestro territorio en ambos siglos. Piura a iniCios del siglo xx: modernizaCión y meCanizaCión Al comenzar el nuevo siglo, el territorio del departamento de Piura se dividía en cinco provincias: Piura, Paita, Ayabaca, Huancabamba y la provincia litoral de Tumbes. En 1911 se creó la provincia de Sullana, cuya población mostraba un crecimiento constante cercano al 1.7% desde 1876 (Contreras, 2020, p. 428). La población de la sierra (Ayaba- ca y Huancabamba) representaba en 1896 el 37.4% del total, mientras que la de la costa (Paita y Piura), el 62.6%; los principales núcleos poblacionales eran las haciendas de los valles del Chira, Alto Piura y Bajo Piura. La costa piurana estaba dedicada a la producción y exportación de algodón y a la explotación petrolera, lo que promovió su modernización frente a los modelos semifeu- dales impuestos en las haciendas serranas (Aldana, 1994); sin embargo, gracias a leyes otorgadas entre los años 1920 y 1930, los terrenos de estas últimas fueron recuperados por varias comunidades indígenas a las que les habían sido arrebatados desde la época colonial a favor de los hacendados (Apel, 1996). 47 Desastres naturales, epidemias y políticas públicas. Piura en el Centenario de la Independencia (1912-1925) A diferencia de otras regiones, desde fines del siglo XIX, Piura estaba experimentando un proceso de transformación y modernización ajena al desarrollo estatal, especialmente en las provincias costeñas de Piura, Paita y Sullana. Es posible identificar dos razones para ello. En primer lugar, el auge de la agricultura de exportación modernizante que caracterizó a la economía hacendaria desde la República Aristocrática. En segundo lugar, la aparición del fenómeno de El Niño al inicio del período (1891) como al momento de su término (1925). Este evento, de carácter climático y cíclico, es el causante de los mayores desastres en las instalaciones públicas y privadas, pero, contradictoriamente, es el principal responsable de la fertilización de las tierras de cultivo, aspecto que derivó en la construcción de infraestructura agrícola durante el período. Las principales actividades económicas fueron el cultivo de algodón y la extracción de petróleo. La primera estuvo en manos de privados, quienes, apoyados en bancos in- ternacionales y nacionales, pudieron extender las tierras de cultivo a través de obras de irrigación y tecnificación, así como sacar provecho de la construcción de ferrocarriles. La segunda fue realizada por empresas extranjeras, como la London Petroleum Company (1889), a las que se dio concesión. Gracias a estas actividades, Piura mantuvo su po- sición de plaza comercial importante, puerta de entrada y salida de gran variedad de productos ganaderos, agrícolas y mineros. En este contexto favorable a la empresa, se funda en 1891 la Cámara de Comercio de Piura bajo la presidencia del ciudadano inglés Henry Hilton Leigh (Moscol, 1991a). El valle del Bajo Piura se convirtió en la principal zona algodonera de la región, en parte debido a que desde 1910 se introdujo una nueva variedad de algodón, la ameri- can-egyptian, que rápidamente desplazó al tradicional cultivo del algodón de la tierra, denominado “áspero”. Pero esto se debió también a que en Piura se aplicó el mismo modelo de mecanización y tecnología empleado en las haciendas de Lambayeque y La Libertad por los barones del azúcar (Burga y Flores Galindo, 1984), lo que supuso la in- corporación de bombas de vapor para elevar el nivel del agua, canales de irrigación, má- quinas desmotadoras, entre otras (Ortega, 2004). Gracias a la confluencia de estos dos elementos, al algodón piurano se le empezó a denominar “oro blanco” y su producción tuvo un rápido crecimiento: de 22.900 hectáreas cultivadas e