ALCOHOL EN EL SUR ANDINO Embriaguez y quiebre de jerarquías GERARDO CASTILLO GUZMÁN ALCOHOL EN EL SUR ANDINO Embriaguez y quiebre de jerarquías Alcohol en el sur andino Embriaguez y quiebre de jerarquías Gerardo Castillo Guzmán © Gerardo Castillo Guzmán, 2015 De esta edición: © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2015 Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú Teléfono: (51 1) 626-2650 Fax: (51 1) 626-2913 feditor@pucp.edu.pe www.fondoeditorial.pucp.edu.pe Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP Primera edición: setiembre de 2015 Tiraje: 500 ejemplares Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. ISBN: 978-612-317-124-7 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2015-11830 Registro del Proyecto Editorial: 31501361500726 Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa Pasaje María Auxiliadora 156, Lima 5, Perú A Alexander Chávez (in memoriam) A Laura y Margaret AGRADECIMIENTOS Son muchas las personas las que de una u otra manera han colaborado en la culminación de esta investigación. Esta publicación es una versión corregida de la tesis de licenciatura que elaboré para optar el título de antropólogo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1995. Agradezco a Juan Ansión, quien fue mi asesor. A los profesores Teófilo Altamirano, Marco Curátola, Norma Fuller, Alejandro Ortiz y Juan Ossio, por sus valiosas críticas y recomendaciones. A mis compañeros Alejandro Chávez, Peter Jahnsen y Alexander Huerta Mercado, por su ayuda en la búsqueda bibliográfica, en la recolección de material de campo y en oportunas sugerencias. A Cecilia Castillo, por la elaboración de los gráficos. A Jorge Castillo, por la revisión de estilo. A los esposos Óscar y Maruja Iannacone, por facilitarme el uso de su estudio todo el tiempo que fue necesario. El trabajo de campo para la investigación fue llevado a cabo con la cooperación y el financiamiento plenos del CEDEP-Ayllu del Cusco; mi agradecimiento a la institución. A Alexander Chávez, por su confianza en la culminación del proyecto y la generosidad brindada. A Enrique Guzmán, Félix Flores y Pedro Germán Valero, por su guía en las salidas de campo. A Dominique Van der Borght, por su ayuda para el entendimiento de René Girard y su generosa hospitalidad en mi estadía en la ciudad del Cusco. Por su comprensión e invalorables enseñanzas, quedo en deuda con los comuneros de Huillcapata, Kallarrayán, Pampallacta, Patabamba, Rayanniyoc, Sequeraccay y Qenqo. Por su amistad y calurosa acogida, agradezco muy especialmente a Julián y Melitón Champi de la comunidad de Patabamba. Este trabajo habría sido imposible de realizar sin el permanente apoyo de mis padres. A ellos, mi más sincero reconocimiento. La tarea de volver la tesis en libro ha tomado un largo tiempo. Norma Fuller me alentó siempre a ello y realizó numerosas e importantes sugerencias al texto original. Asimismo, Rafael Anselmi realizó una revisión completa del texto original. Finalmente, los errores y deficiencias que puedan ser halladas a lo largo del libro son obra mía. Índice INTRODUCCIÓN 13 CAPÍTULO I. PROCESOS INICIALES 41 1. Bebidas 41 2. Uso de espacios 50 3. Escenificación 57 CAPÍTULO II. IMÁGENES PERSONALES 67 1. La broma 70 2. La intimidad 73 3. Construcción de la imagen personal: ruptura con la vida cotidiana 75 CAPÍTULO III. ESTRUCTURA SOCIAL 81 1. Adopción y manejo de roles 81 2. Rompimiento de jerarquías: poder y estatus 85 3. Conflicto y exteriorización de contradicciones 91 4. Espacios de libertad 95 CONCLUSIONES 109 ANEXOS. MATERIAL ETNOGRÁFICO 117 BIBLIOGRAFÍA 175 INTRODUCCIÓN A mediados de 1990 pasé varios meses en el Cusco y aproveché la oportunidad para visitar por vez primera algunas comunidades campesinas. A pesar de ir con amigos y promotores de desarrollo que trabajaban por largo tiempo en la zona, mi experiencia se limitó casi por completo a contemplar el paisaje. Esta dificultad de entablar contactos personales se me hizo más clara cuando en las siguientes vacaciones continué recorriendo varias comunidades del Cusco. Mi situación de joven universitario de la capital incapaz de comprender el quechua acentuaba mi alejamiento cultural que complicaba aún más la comunicación. En este tiempo y sin ningún proyecto en mente, acompañaba a Alejandro Chávez en su estudio sobre las fiestas de carnaval y asistía a cuanta inauguración de obras realizara la institución que nos apoyaba. De este modo, las ocasiones festivas fueron las que me permitieron iniciar mi acercamiento con los campesinos. En este contexto, las sesiones de bebida se convierten para mí en el espacio privilegiado de comunicación e interacciones más estrechas. Fueron en estos momentos de embriaguez en los que conocí a varios comuneros con los que pude establecer una relación fluida y es a partir de las situaciones que se me iban presentando en estos momentos que despertó mi interés por el tema. Así, las observaciones de la etnografía resultante son fruto de este proceso de acercamiento en el que participé sin encuestas, entrevistas, preguntas guías, grabadora ni cámara fotográfica. 14 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías Los tres capítulos que componen este libro son una reflexión acerca de la naturaleza e importancia del beber entre los campesinos andinos; reflexión planteada a partir de la revisión del material de campo. Por ello, en los anexos se consigna el material completo obtenido durante el trabajo en la zona. En la exposición de los eventos he mantenido su carácter de notas de campo, el estilo con el que fueron descritos y mis apreciaciones personales. Han pasado más de quince años desde el inicio de las primeras observaciones y, evidentemente, han ocurrido cambios importantes en la zona de estudio. Las transformaciones productivas que estaban en curso, con el cambio de cultivos y su orientación hacia el mercado gracias al acceso de agua para riego permanente, han alterado las condiciones sociales, económicas y culturales de las comunidades, así como las dinámicas al interior de las familias, incluyendo las relaciones de género. De esta manera, es muy probable que se hayan producido y se sigan produciendo cambios en los patrones de beber. Sin embargo, considero que los marcos teóricos utilizados siguen siendo útiles para entender la compleja relación entre estructuras sociales y actuación personal. Obviamente, urgen nuevas investigaciones que profundicen en el tema y amplíen la comprensión de las dinámicas que el consumo colectivo de alcohol actualiza en el contexto de poblaciones andinas que enfrentan procesos de cambio social. 1. Planteamiento del problema: antecedentes y enfoque del trabajo Una de las primeras lecturas que hice sobre el tema fue un artículo de Thierry Saignes (1989) acerca de las borracheras andinas. En este escrito, Saignes realiza un estudio histórico que abarca de 1550 a 1650, donde cuestiona el tratar a la embriaguez andina como una evasión por parte de las poblaciones campesinas ante una crisis traumática producida por la conquista española, un beber sin objetivo en un contexto de comunidades desestructuradas. Antes bien, propone prestar atención al trasfondo de la elaboración de tal discurso por parte de cronistas y evangelizadores 15 Gerardo Castillo Guzmán españoles (lo que remite a un estudio de las mentalidades). Al estudiar los patrones de beber que manejaban los indios, encuentra que la borrachera puede ser comprendida como un mecanismo de apropiación del lenguaje y del dios de los vencedores; pero también como un medio de comunicación con lo Otro, entendido como el intento de traspasar las fronteras de la consciencia cotidiana —a conclusiones similares llega William Taylor (1987) en su notable y bien documentado estudio en poblaciones coloniales mexicanas—. El enfoque propuesto por Saignes para el caso andino es en extremo valioso porque permite escapar a un punto de vista médico y psicológico que enfoca a la borrachera como una patología1, ya sea social o individual; pero además rompe con estudios centrados únicamente en contextos rituales, con la coca y la chicha como elementos centrales2, en los que se destacan los aspectos integradores del beber. Una excepción dentro de esta escasísima literatura es el trabajo doctoral de Penélope Harvey (1986) en Ocongate. Ella, con herramientas tomadas de la lingüística y de las propuestas de Pierre Bourdieu, dedica un capítulo a explorar el discurso de los ebrios como un juego de intercambios simbólicos de poder, en los que cobra gran importancia la capacidad de los individuos de manejar diferentes códigos (como es la ventaja del bilingüismo) para expresar y mantener posiciones de estatus. En una reciente compilación (Saignes, 1993), un artículo de la misma autora introduce la dimensión de género en el tema del beber. La presente investigación está articulada por la pregunta: ¿por qué razones son importantes las borracheras para los sujetos participantes y para el conjunto de la sociedad? Mi respuesta pone el interés en considerar a la borrachera como un momento de gran acción que rompe el curso de la vida cotidiana. En la borrachera se produce una suerte de relajamiento de las conductas estereotipadas que rigen la acción cotidiana, 1 Al respecto, ver Almeida (1987) y Mariátegui (1984 y 1985). 2 Ver, por ejemplo, Cutler & Cárdenas (1991), Doughty (1987), Mangin (1958), Riquelme (1992), Vázquez (1967), Vergara (1991) y Zuidema (1989). 16 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías creándose una atmósfera de rompimiento de roles y de jerarquías de la muchas veces rígida estructura social. Pero, aunque la borrachera misma esté fuertemente pautada y aun cuando el «retorno a la normalidad» muestre que las estructuras no se modificaron, la borrachera no es una simple ilusión o escape; sino que ofrece a los sujetos la posibilidad de modificar y mejorar su imagen personal ante los demás y, lo que es más importante, proporciona a los actores hitos vivenciales en los que apoyarse al proyectarlos retrospectivamente: entre la monotonía de la vida cotidiana, las borracheras (y otros momentos de gran acción) aparecen como ritos que valen la pena recordar y reactualizar3. Para la sociedad entera, representa un tiempo de reafirmación de valores fundamentales para el mantenimiento del grupo; ya que, sin llegar a suponer una anulación de las jerarquías sociales, ella permite la creación de espacios para la expresión de conflictos existentes y para la renovación o inauguración de identidades y solidaridades. Las borracheras condensan de este modo rivalidades o amistades gestadas en el transcurso de la vida diaria. A manera de grandes ejes que cruzan el trabajo, se encuentran: 1. El análisis focalizado en la acción; 2. La noción de borrachera tratada como «quiebre» con la vida cotidiana y las reglas de interacción; y 3. Junto a esta noción se presenta una profunda ambigüedad del momento de la 3 Al decir que el individuo proyecta retrospectivamente sus vivencias, retomo ideas de Alfred Schütz (1972). El sujeto vuelve conscientes sus acciones al fijar su atención en vivencias pasadas y otorgarles así un sentido subjetivo: «En lo que respecta al concepto de acción mismo hemos establecido 1) que un curso de acción es una serie politéticamente construida de Actos (Akte) sobre los cuales, luego de cumplidos, podemos dirigir nuestra atención en un haz “unirradiado” o concentrado, dentro del cual se los ve como un hecho o acto (Handlung), y 2) que por lo tanto la acción es en sí misma un complejo de significado o contexto significativo […]. Este último [el significado] está determinado subjetivamente y solo subjetivamente» (Schütz, 1972, p. 244). Independientemente de los muchos problemas a los que nos pueden llevar las definiciones de Schütz, nos es útil la noción de que el interés pragmático del Yo selecciona algunos aspectos del mismo objeto, los ilumina y circunscribe en su «cono de luz», mientras deja en la penumbra a otros. El sujeto vuelve significativas las vivencias conforme fija su atención en el flujo de consciencia pasado. 17 Gerardo Castillo Guzmán embriaguez y su descripción: tiempo desestructurado y estructurador a la vez, de desafío y de confirmación de las relaciones sociales, de solidaridad y de conflicto. El manejo de los datos enfatiza el beber como construcción cultural y social; al centrarme en la acción, busco captar algunos aspectos de cómo los sujetos construyen, mantienen y transforman constantemente sus relaciones sociales. En términos etnográficos, es imposible alcanzar la meta —propuesta por Malinowsky en su Argonautas del Pacífico Sur— de asir el punto de vista nativo, su relación con la vida, y su visión del mundo. Ni uno puede entrar en la conciencia de otra persona para compartir esa experiencia subjetiva de vida. A lo que uno puede tener acceso es a una intersubjetividad creada cuando la comunicación toma lugar. Desde esta perspectiva, lo que para Catherine Allen (1988, pp. 23-24) fue el chacchado de coca, para mí fue el beber alcohol el que proveyó el contexto por excelencia de comunicación. Todas las actividades y relaciones sociales tomaban lugar en este contexto y en aquellas es en las que está puesta mi atención al describir los eventos. En el capítulo primero, exploro los usos que hacen los actores de las bebidas, del espacio en el que ellos se ubican y de sus movimientos, buscando siempre resaltar los cambios que se producen en el transcurso de la borrachera. El capítulo segundo procura trazar el curso vivencial desarrollado en la borrachera, aunque con la gran limitación que supone mi incapacidad de comunicarme en quechua; aquí se mostrará a la borrachera como un «tiempo de quiebre» socialmente aceptado en el que es posible manejar algunos rasgos de nuestra identidad personal. El tercer y último capítulo se ocupa de los procesos estructurales que se repiten en estos momentos de embriaguez colectiva. El texto ha sido organizado de tal forma que algunos ejemplos son extraídos para mostrar ciertos rasgos específicos, y las descripciones completas de los eventos se encuentran en los anexos. De otro lado, en los anexos se presenta el material de campo recogido. He procurado no realizar mayores modificaciones y conservar el personal estilo con el que fueron escritas estas notas, con el doble propósito de lograr 18 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías trasmitir el proceso a través del cual me acercaba a la comprensión de una cultura diferente a la mía, a la par de esclarecer el contexto en el que son descritas las situaciones que utilizo en la investigación. En casi todos los casos, los nombres de los participantes han sido cambiados. Como ayuda para visualizar mejor las descripciones, he incluido gráficos; no obstante, en muchos casos estos gráficos son representaciones estáticas y simplificadas de lo realmente ocurrido. Aunque sé que el fenómeno del alcohol comprende otros campos y las razones para explicarlo pueden ser mucho más variadas y acertadas, espero que —dentro de las limitaciones del caso— este trabajo contribuya a una mejor comprensión de las comunidades andinas actuales y del comportamiento humano en general. 2. Estudios antropológicos sobre el uso del alcohol4 Douglas y Heath coinciden en señalar que en años recientes se han producido importantes avances en el estudio de las creencias y conductas relacionadas con las bebidas alcohólicas, especialmente desde perspectivas antropológicas. Aún practicantes de las llamadas «ciencias duras», reconocen que factores sociales y culturales deben ser tomados en consideración, junto con factores fisiológicos y psicológicos, cuando uno procura entender la interacción entre alcohol y conducta humana. Esto se debe a que, como lo ha demostrado el estudio transcultural, una sola especie (Homo sapiens) presenta una gran diversidad de conductas resultantes bajo el efecto de la misma droga (etanol). Desafortunadamente, pocos observadores han prestado sistemática atención al estudio antropológico del beber hasta mediados de este siglo. 4 Este acápite ha sido elaborado sobre la base de los artículos de Mary Douglas, titulado «A distinctitive anthropological perspective»; y Dwihgt B. Heath, titulado «A decade of development in the anthropological study of alcohol use: 1970-1980», ambos en Douglas (1987). 19 Gerardo Castillo Guzmán De acuerdo a D. Heath, escasos antropólogos antes de los años setenta habían estudiado deliberadamente los patrones de acción y de pensamiento con respecto al beber. No obstante, existían numerosas etnografías en las que se hacía referencia al alcohol. Esto debido a que, independientemente del tema sobre el que se centrasen, ellos no podían evitar tomar nota de la importancia del beber en las vidas de las personas entre las que se realizaba el trabajo de campo. Por tanto, la desigualdad de los estudios etnográficos sobre el beber anteriores a los setenta, se debió en parte al hecho de que nadie fue al campo con la intención de centrar su atención en esta materia. Esto significa no solo que análisis e interpretaciones fueron hechos post facto, sino también que los datos fueron usualmente recogidos accidentalmente, como derivados fortuitos de un trabajo de campo que tenía otro énfasis. Si bien mucho más puede ser hecho para incrementar la cantidad y la calidad de los reportes detallados, esta situación en los Andes ha empezado a cambiar. Muestra de ello son los trabajos de Cutler y Cárdenas (1991), Doughty (1987), Holmberg (1971), Llosa (1992), Mangin (1958), Orlove (1986), Vázquez (1967) y Vergara Collazos (1991); pero muy especialmente los de Camino (1987), Saignes (1989) y los artículos de Abercrombie, Harvey, Heath, y Salazar-Soler (Saignes, 1993). Sin disminuir en modo alguno la importancia del sufrimiento humano que ocasionalmente se deriva de los efectos tóxicos del alcohol, merece mención que una fuerza que atraviesa los estudios antropológicos ha hecho que ellos presten atención no solo al «alcoholismo», sino más al alcohol como un artefacto y al complejo de actitudes, valores y acciones asociados con él. Un gran hallazgo, en perspectiva transcultural, es que los problemas relativos al alcohol son realmente raros, aun en muchas sociedades donde el beber se acostumbra y la borrachera es activamente buscada. Esta simple observación toma especial significancia en contraste con la situación de la mayoría de sociedades occidentales y otras urbanas e industrializadas. Investigadores, clínicos y otros especialistas prestan atención a las bebidas alcohólicas en aquellos contextos focalizados 20 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías casi exclusivamente en las consecuencias patológicas del beber, ya sea en términos de costo económico, incapacidad física o mental, ruptura social o en otros términos. El punto de vista etnográfico, en cambio, no solo ha acrecentado nuestro entendimiento del rango de variación en las creencias y conductas humanas con respecto al alcohol, sino también que muchas de las consecuencias de su uso son mediadas por factores culturales al igual que por químicos, biológicos y otros factores fármaco-fisiológicos. Igualmente, la importancia del beber como una conducta «normal» (y no necesariamente «desviante») ha sido raramente reconocida en otras disciplinas. Lo mismo es cierto con respecto al hecho de que el alcohol puede tener efectos de poco cuidado —o aun positivos—, tanto como algunos otros que causan deterioro. Tal «aproximación fenomenológica desprejuiciada»5 es distintiva y excepcionalmente prometedora, especialmente en contraste con el «énfasis- problema» que domina en otras aproximaciones. Investigadores médicos y sociólogos utilizan métodos y parten de presunciones orientados a tratar el tema como una patología. En muchas ocasiones, estos investigadores exageran el problema: «In concentrating on the excess and abuse of alcohol, they are tending to express a strong bias of western culture and one […] to be particularly entrenched in America» (Douglas, 1987, p. 3). En el Perú, programas desarrollados por instituciones como el Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro), parten de una concepción normativa y a priori negativa del alcohol6. Ellos consideran que, al margen de que el consumo de alcohol (y otros estimulantes) se presente en todas las épocas y en todas las sociedades, el beber es perjudicial porque altera el estado de conciencia del hombre. En realidad, ellos están hablando de un hombre ahistórico, construcción 5 Para un debate de esta aproximación antropológica, ver el artículo de Room (1984) y la respuesta de Hill (1987). 6 Esta afirmación sobre Cedro está basada sobre mi experiencia de trabajo en dicha institución entre julio de 1993 y enero de 1994, la asistencia y participación en seminarios organizados por ella y la lectura de boletines informativos. 21 Gerardo Castillo Guzmán ideal de lo que debe ser el estado de normalidad dictado por occidente. Afán normativo donde todo lo que escapa a estos modelos es asimilado a lo patológico (como se ha hecho con la homosexualidad, la locura, el onanismo y el consumo de drogas). Los antropólogos han alzado numerosos desafíos a los supuestos de otros investigadores del alcohol. Heath señala que ellos desafían la visión común de que algunas razas son, debido a su herencia biológica, particularmente vulnerables a los efectos dañinos del alcohol. También dudan de la visión de que el alcohol conduce a la anomia. Ellos prefieren la noción de que un estado de anomia conduce al alcoholismo. Tampoco encuentran clara la relación entre el uso de alcohol y la tendencia a una conducta agresiva o criminal. Ellos sostienen que la conducta del ebrio ejemplifica un relajamiento de los constreñimientos culturales antes que señalar efectos naturales. La borrachera es un fenómeno cultural en tanto toma la forma de patrones de comportamiento aprendido, los cuales varían de una cultura a otra. El tono general de la perspectiva antropológica enfatiza el hecho que la celebración es normal y que en la mayoría de culturas el alcohol está normalmente presente en la celebración. El beber es esencialmente un hecho social, realizado en un contexto social. Si el foco consiste en el abuso del alcohol, entonces los trabajos de antropólogos sugieren que la vía más efectiva de controlarlo sería a través de la socialización. En un ideal programa comparativo en el cual antropólogos e investigadores médicos colaboren, los primeros proveerían análisis sistemáticos de la naturaleza e incidencia de las reglas que gobiernan el beber. El proyecto comparativo involucraría comparar los niveles de alcohol bebido por un individuo con los patrones locales acerca de dónde, cuándo, qué beber y con quién. Predicciones sobre alcoholismo estarían basadas en un análisis de estos patrones de reglas, una tarea muy compleja y técnica. Dos áreas en las cuales la relevancia práctica del entendimiento transcultural es inmediata están en la provisión de servicios de salud y bienestar para poblaciones minoritarias y en el declarar la diferente 22 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías naturaleza y los niveles de ocurrencia de problemas entre poblaciones variadas. La revisión de Heath concluye que, del análisis de las descripciones de creencias y conductas en diversas sociedades, los estudios transculturales han llegado a significativas generalizaciones: 1. En la mayoría de sociedades, el beber es esencialmente un acto social y, como tal, se halla incorporado dentro de un contexto de valores, actitudes y normas. 2. Este contexto de valores, actitudes y normas constituye un factor importante sociocultural que —junto a factores bioquímicos, fisiológicos y farmacológicos— tiene influencia sobre los efectos producidos por el beber. 3. El consumo de bebidas alcohólicas tiende a ser normado por reglas concernientes a quiénes pueden beber y quiénes no, cuánto y qué, en cuáles contextos, en compañía de quiénes y así sucesivamente. A menudo, tales reglas son el foco de emociones y sanciones excepcionalmente fuertes. 4. El valor del alcohol para promover relajamiento y la sociabilidad está enfatizado en muchas poblaciones. 5. La asociación del beber con alguna clase de problemas —físicos, económicos, psicológicos, de relaciones sociales u otros— es rara entre culturas tanto a través de la historia como entre culturas actuales. 6. Cuando problemas relacionados al alcohol ocurren, ellos están claramente ligados a modalidades de beber y usualmente también con valores, actitudes y normas relacionadas al beber. 7. Tentativas de prohibición voluntarista nunca han sido exitosas excepto cuando están expresadas en términos de reglas sagradas o sobrenaturales. 23 Gerardo Castillo Guzmán Desde los pioneros estudios transculturales, los puntos de vista antropológicos han ganado amplio reconocimiento entre profesionales de otras disciplinas. Es alentador que los «métodos de observación» y «el método etnográfico» hayan ganado amplio reconocimiento y hayan sido respaldados por diseñadores de políticas como también por científicos sociales, como capaces de proveer valiosos datos que de otro modo no serían obtenibles con respecto al alcohol y otras drogas. Es igualmente prometedor que más antropólogos estén prestando atención al alcohol y sus diversos significados y roles en las culturas y que algunos están suficientemente interesados en aprender acerca de otras aproximaciones tanto como para que la comunicación y la colaboración multidisciplinarias sean realzadas. Esto no implica que la «alcohología» debería llegar a ser una nueva subdisciplina dentro de la antropología; sino que más y mejores contribuciones a la literatura resultan en más y mejores oportunidades para los antropólogos en trabajar en un tema que es de un interés creciente para un amplio rango de agencias públicas y privadas a lo largo del mundo. A pesar de estos logros, aún quedan por investigar algunos vacíos que, aunque pocos, permanecen como faltas importantes en la literatura sobre el alcohol: explorar los procesos de endoculturación a través de los cuales los jóvenes aprenden las reglas del beber, junto con esto se encuentra el problema de los estudios generacionales. Indagar por las razones que permiten a las personas permanecer en la abstinencia en un medio de fuertes presiones y asimismo cómo es que logran muchos bebedores ocultar diversos problemas relacionados con el alcohol hasta que no se llegue a un momento crítico. La antropología debería estar preparada para señalar pautas de prevención y sintomatología sobre los cuales desarrollar los programas de ayuda: reformular los conceptos de «alcoholismo», «enfermedad», «mal», «incapacidad», claves en el tratamiento de la «adicción»; ensayar nuevos métodos y aproximaciones en el siempre controversial campo de la relación entre alcohol y factores 24 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías genéticos; identificar las clases de conducta que varias poblaciones consideran como problemáticas y el investigar por las diferencias entre las visiones del «medio» profesional y las de conocimiento popular, ayudarían a mejorar los programas educativos y de prevención; ingresar la dimensión de género (además de las de clase y edad con las que comúnmente se trabaja), permitiría nuevas comprensiones acerca del ordenamiento de las relaciones sociales. Preguntarse por el impacto de la industria de las bebidas alcohólicas en las economías nacionales y regionales es algo que cobra una mayor importancia. La actual campaña lanzada por compañías cerveceras abogando por la moderación puede deberse en gran medida a una estrategia para aumentar ganancias, pero ella nos hace recordar de los prejuicios que tenían los países europeos bebedores de vino respecto a sus vecinos del norte aficionados a la ginebra y al vodka, quienes practicaban un beber impropio de caballeros al no saber seguir las reglas de la «moderación» (Braudel, 1994). De igual forma, se requieren descripciones detalladas de las bebidas en sí mismas. El énfasis en los «problemas sociales», en términos de promisorias áreas para futuras investigaciones, no debería oscurecer el fundamental y más importante hallazgo que los antropólogos han alcanzado en los estudios del alcohol: el hecho que la mayoría de personas que beben —como la mayoría de individuos en sociedades occidentales que beben— lo hacen sin ningún padecimiento discernible. El beber solitario, a menudo visto como un síntoma crucial del beber problemático, es virtualmente desconocido en muchas sociedades. Más allá de si el foco sean creencias o conductas con respecto al alcohol, una mayor atención al detalle en los reportes sería de ayuda para llevar a cabo análisis y comparaciones, tanto como para incrementar la credibilidad de tales estudios. Las contribuciones de la antropología a los estudios del alcohol han sido muchas y variadas. Encadenamientos entre alcohol y otros aspectos culturales, ya sea en términos de ideología, relaciones sociales, aspectos materiales y otros, pueden revelar descubrimientos importantes sobre los sistemas socioculturales. Hay abundantes oportunidades para un amplio 25 Gerardo Castillo Guzmán rango de investigación y aquellos que optan por aplicar sus habilidades a problemas prácticos en esta relación hallarán colegas y público no especializado interesados en casi cualquier lugar. 3. Consideraciones iniciales sobre la acción Al hablar de borracheras en los Andes, rápidamente podemos pensar en prácticas que remiten a estructuras de largo plazo de un mundo andino duradero y bastante estático. Sin embargo, esta investigación no busca explicar las conductas observadas como variaciones de una estructura formal que da cuenta de las prácticas sociales, aun cuando los propios actores no se reconozcan en el sentido estructural atribuido. El énfasis lo coloco en el análisis de la acción misma y, a partir de ella, se van trazando diversas relaciones sociales que den cuenta del complejo entramado social. De esta manera, me alejo de explicaciones estructuralistas en las que la acción es vista casi como un epifenómeno derivado del modelo (mental) subyacente. Pero también tomo distancia de una posición, en apariencia contraria a la anterior, que concede peso extremo a las configuraciones históricas pasadas: concepción según la cual a fin de cuentas la acción actual se explica por condicionamientos históricos inmodificables7. 3.1. Relación entre estructura y acción Para entender las acciones involucradas en la borrachera, parto de considerar que la acción social es un conjunto de vivencias que construye el individuo en su relación con otros sujetos y al que otorga un sentido o significado (Weber, 1964). Este sentido se estructura en diferentes niveles que pueden ir desde el mentado conscientemente hasta otros más profundos y de carácter colectivo. De otro lado, si bien la acción social la construye el propio individuo en una interacción constante con los demás, 7 La «herencia colonial» como clave explicativa de nuestra realidad es buena muestra de esta postura (ver Morse, 1964; y Cotler, 1986). 26 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías estas prácticas no «parten de cero» en cada situación; sino que suponen, entre otros aspectos, un conocimiento previo que nos remite a estructuras que tienen su «existencia real» a través de dichas prácticas. Es decir, se da un doble proceso por el cual las prácticas sociales (aun las individuales) reproducen condiciones estructurales similares a las estructuras que las producen: «[…] estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones […]» (Bourdieu, 1991, p. 92). La relación entre acción y estructura supone necesariamente una relación de bicondicionalidad en la que no cabe una preeminencia ontológica por parte de alguna de ellas. Las acciones, ya sean colectivas o individuales, no tienen sentido ni pueden ser entendidas en sí mismas. Ellas nos remiten tanto a configuraciones sociohistóricas previas como a otras acciones del universo cultural en el que se inscriben. Si deseamos analizar el comportamiento de los individuos en un evento concreto, debemos saber lo que representa ese tipo de acción a lo largo de la historia del grupo y debemos observar en cuánto difiere esa conducta mostrada de otras conductas mostradas en otros eventos, similares o no. Pero lo central para incorporar dimensiones más allá de la misma acción no reside en el problema señalado acerca de lo «representativo» que puedan ser las acciones observadas. El punto clave consiste en que las acciones de los individuos no son posibles de ser entendidas si no se conocen los significados que los actores atribuyen a sus acciones y, al ser estos construcciones sociales, no se limitan a encuentros cara a cara; sino que abarcan todos los aspectos de la vida social. Si es que observo beber a padre e hija juntos en una comunidad andina, yo no puedo entender su comportamiento si no conozco cuáles son las reglas que señalan los límites del comportamiento adecuado entre padres e hijos, entre personas de género diferente, entre personas con diferencias generacionales, etc. Si otros sujetos intervienen, es posible que la relación se vaya complejizando y nuevas dimensiones ingresen. Dar cuenta de la acción 27 Gerardo Castillo Guzmán lleva a dar cuenta también de estructuras de fondo. Pero, después de todo, estas dimensiones y categorías —como lo étnico o la situación de clase— solo tienen existencia real a través de las prácticas que han configurado. Las estructuras no existen como realidades lógicas y ordenadas más que en la mente del investigador. Ellas están contenidas en las prácticas de la misma forma en que estas son contenidas por las primeras. El comportamiento de los individuos no es el resultado de seguir una estructura de roles y estatus que le señala cómo comportarse en cada momento. El individuo actúa contextualmente utilizando para ello herramientas que ha adquirido mediante los procesos de socialización. 3.2. Patrones culturales y habitus La antropología cultural estadounidense ha utilizado por largo tiempo el concepto de «patrón cultural» para referirse a los grandes rasgos que caracterizan y moldean la personalidad de los miembros de una cultura. Este modelo ha sido acusado de ser —y de hecho puede resultar— en extremo funcionalista y estático, por cuanto impide observar las variaciones, ya sean en el tiempo o al interior de la sociedad; de enfatizar la relación armónica entre estos patrones interiorizados a través de la socialización y el funcionamiento de la sociedad como sistema; y de considerar patológica o desviante toda conducta que se aparta de este patrón normalizador. Sin embargo, es muy útil la noción de que los patrones culturales de cada sociedad proveen a los individuos de herramientas con las cuales pueden desarrollar estrategias particulares. En este sentido, los patrones culturales se asemejan al habitus de Bourdieu8, por cuanto producen «estrategias de acción» que son una manera de organizar la acción (dependiendo, por ejemplo, de los grupos de parentesco o de amigos) que le permiten a uno alcanzar diversas metas en la vida. Las estrategias de acción incorporan y son dependientes 8 Para una comprensión de la obra de Bourdieu, ver el estudio crítico de Sánchez de Horcajo (1979) y la edición realizada por Calhoun, LiPuma y Postone (1993). 28 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías de hábitos, modas, sensibilidades y visiones del mundo. Más que a través de dictar fines últimos a los sujetos, los patrones culturales o el habitus influyen en la acción al proporcionar los medios semielaborados9 que los individuos moldean para alcanzar sus metas particulares. En suma, un habitus es: […] a system of lasting, transposable dispositions which, integrating past experiences, functions at every moment as a matrix of perceptions, appreciations, and actions and makes possible the achievement of infinitely diversified tasks, thanks to analogical transfers of schemes permitting the solution of similarly shaped problems […] (citado por Swidler, 1986, p. 277. Énfasis en el original). 3.3. Replanteamiento del mundo andino Si seguimos la línea señalada, podemos hablar de «mundo andino» del modo como lo hacemos con un patrón cultural o un habitus. Es decir, lo andino entendido como una matriz de percepciones, apreciaciones y acciones que genera y es generada por las prácticas mismas. De esta manera, lo andino deja de ser un esquema atemporal e ideal que se mantiene y reproduce no se sabe cómo, para inscribirse en la acción misma de los sujetos y cruzado por condicionamientos sociales, económicos, políticos y culturales. El mundo andino sería, entonces, un sistema que integra funciones y experiencias pasadas y les proporciona a los individuos socializados, según este sistema, los medios con los cuales desarrollar estrategias particulares de acción. Si el énfasis quiere ser puesto en la continuidad de esta matriz; entonces, en vez de considerar una racionalidad andina a modo de fuerza 9 Uso el término «semielaborados» en vez de «semiestructurados» para evitar confusiones. La idea es que el habitus le permite actuar al individuo y no hace todo el trabajo por él, proporcionándole piezas con las que armar estrategias de acción. Esta estrategia la logra el individuo integrando experiencias pasadas en situaciones nuevas y utilizando los recursos culturales para los que ha sido capacitado. 29 Gerardo Castillo Guzmán misteriosa que atraviesa linealmente todas las épocas, es de gran utilidad la noción de episteme formulada por Michael Foucault (1981)10. Contrario a la idea hegeliana de la existencia de una racionalidad occidental que se desenvuelve linealmente en una continuidad histórica que da cuenta de sí misma, Foucault prefiere hablar de la existencia de diversas racionalidades. Un episteme sería un gran eje ordenador, históricamente construido, que marca las características fundamentales de una sociedad en épocas precisas, sin que tenga que establecerse necesariamente un hilo de continuidad entre estos epistemes. Por consiguiente, cuando hablamos de mundo andino, debemos referirnos a períodos históricos precisos y no presuponer la existencia de un esquema mental que ordena la acción de diversos grupos sociales por un tiempo indefinido. Habría entonces que precisar cuáles han sido y son las grandes fuerzas ordenadoras que marcan la acción de las sociedades andinas. 3.4. Borrachera y acción Cuando me centro en la acción misma, procuro indagar por los contenidos o significados construidos por los actores. Así, dejo de lado un tipo de análisis interesado principalmente en las formas, que busca analogías y se concentra en los símbolos en tanto remiten a otros símbolos con el fin de hallar el orden lógico de una estructura profunda. En el contexto de la investigación, la borrachera es un momento en el que muchas 10 En Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas, Foucault emplea el término «episteme» para referirse al orden implícito que hace posible la formulación de los enunciados científicos. Una episteme define las condiciones de posibilidad de todo saber en una época, define el orden y el «a priori histórico» sobre el que se han formado racionalidades que pueden desvanecerse en seguida. Pero una episteme es un espacio abierto, un campo de dispersión y de relaciones descriptibles infinitas. Por esta razón, Foucault no asimila episteme a estructura. La episteme no asegura la reproducción de las continuidades, ni siquiera la continuidad de la discontinuidad. Las mutaciones entre epistemes no pueden ser explicadas por un hilo lógico de continuidad; sino por cambios en las relaciones de poder. Para una comprensión de la obra de Foucault, ver Philp (1990) y Gabilondo (1990). 30 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías de las estrategias de acción utilizadas para organizar la vida diaria son dejadas de lado y reemplazadas por otras. Es de este modo que el consumo colectivo de alcohol se convierte en una entrada, en varios aspectos privilegiada, que permite observar el comportamiento del individuo al interior de estructuras socioculturales. La borrachera, por tanto, permite contrastar tipos de acción que se desarrollan siguiendo pautas diferentes a los momentos de no-embriaguez. En su Teoría de la acción comunicativa, Habermas (1981) señala que es posible identificar cuatro tipos de acción: 1. La acción teleológica que, definida según relaciones de medios/fines, se desarrolla en el mundo objetivo (esta acción es característica de los campos de la ciencia y de la economía) y utiliza los criterios de verdad y eficacia para validarse. Su estudio encuentra en Max Weber uno de sus pilares. 2. La acción normativa que, además del mundo objetivo, incluye al mundo de lo social, está caracterizada por actuar en las esferas de la moral y el derecho. Su validez se encuentra a través de los valores y normas compartidos por el grupo en la que se da y no busca la verdad, sino la aceptación. Parsons y la sociología estadounidense son los que han centrado su atención sobre ella. 3. La acción dramatúrgica es aquella que busca mostrar la interioridad de los individuos en tanto actores que construyen su identidad en cada interacción. Por lo tanto, abarca, además de los anteriores, el mundo subjetivo. Su criterio de validez está dado por la autenticidad que el personaje logre despertar en los demás. Se ubicaría preferentemente en las esferas del arte y de la estética. Los trabajos de Erving Goffman están dedicados casi exclusivamente a este tipo de acción. 4. Por último, la acción comunicativa es aquella en la que los sujetos deliberan para llegar a un acuerdo acerca de los requisitos que hagan posible comunicarse entre iguales. Este tipo de acción presupone 31 Gerardo Castillo Guzmán un «mundo de la vida» compartido, a partir del cual los individuos debaten racionalmente; es decir, con pretensiones de verdad11. En la acción dramatúrgica, Goffman (1971) nos indica que el sujeto establecerá relaciones cara a cara con los demás (el público) tratando de mostrar parte de su subjetividad con el objetivo de mejorar y mantener una imagen personal que se construye y reelabora en cada interacción social. Esta inestabilidad de las imágenes personales procura ser atenuada a través de conductas estereotipadas o reglas convencionales que además sirven de guía para la acción cotidiana. Es así como la conducta estereotipada se convierte en mecanismo para evitar colocar en constante riesgo nuestra imagen. La acción de los individuos se produce mediante secuencias de constante interacción reflexiva. Es decir, la acción del Yo dependerá del contexto y de las expectativas que tenga del Otro; a su vez, la acción del Yo dará las pautas para la respuesta del Otro y así sucesivamente en una continua relación de interpretación/respuesta/reinterpretación. De esta manera, la imagen personal resultante depende tanto de la habilidad del sujeto como de la acogida que reciba de los demás (aceptación que finalmente validará su actuación). Al interesarse por los mecanismos de los ritos de pasaje en la iniciación de adolescentes Ndembu, Turner (1980) analiza en detalle el significado 11 Aunque escape totalmente al alcance de este trabajo, es necesario notar que esta concepción de Habermas de acciones comunicativas configuradas al margen de estructuras de poder (entendido como violencia o ley del más fuerte), si bien tiene esperanzadoras consecuencias, no nos es muy útil al analizar la producción de los discursos. Bourdieu (1992) demuestra cómo el lenguaje (o intercambios simbólicos) se estructura no solo por relaciones de poder, sino que es utilizado por los individuos para intentar mejorar y/o mantener su posición; el lenguaje es otro de los campos de lucha de intereses (cruzados por consideraciones de clase, de género, étnicas, culturales). Utilizando la crítica de Bourdieu, Harvey (1987) analiza las relaciones de poder expresadas entre campesinos y «mistis» en Ocongate, para luego proponer acciones de política lingüística. En una línea no muy diferente, casi toda la obra de Foucault (y muy especialmente La arqueología del saber) se propone poner al descubierto que todo saber, toda «verdad científica», es constituido a partir de relaciones de poder. 32 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías de los principales símbolos usados en la ceremonia. Primero, indaga cómo los Ndembu mismos interpretan los símbolos; segundo, analiza lo que las personas y grupos involucrados hacen con ellos; tercero, los relaciona con otros símbolos usados en el mismo ciclo ritual. Así, trata directamente con el problema de cómo el pasaje de los jóvenes de la adolescencia a la adultez es simbolizado en el ritual. Además, cuando examina lo que se hace con el símbolo (él llama a esto el «contexto operacional» del símbolo), Turner analiza cómo los grupos y personas son movilizados alrededor de los símbolos; lo cual lo involucra en un análisis de las agrupaciones y relaciones sociales de los Ndembu relevantes en el contexto de la iniciación. Turner se mueve dentro de la trama de conflicto y cooperación que compone la sociedad Ndembu (Gluckman, 1975, p. 18). Muchas de las proposiciones lanzadas acerca de la borrachera como «tiempo de quiebra», las he tomado por analogía a lo dicho por Turner sobre los períodos liminales en los ritos de pasaje; pero, al igual que con Goffman, la discusión teórica misma será desarrollada en las descripciones de los capítulos siguientes. 4. Metodología Dentro de cada sociedad, los individuos actúan utilizando estrategias o esquemas de acción proporcionados por la cultura; pero, con la borrachera, muchas de estas convenciones se ven afectadas y precisamente son estas variaciones conductuales las que interesa enfocar. En este trabajo seguimos el «análisis situacional» de microprocesos propuesto por Van Velsen (1964, pp. XIII-XIX). Este método consiste en observar el comportamiento del individuo y sus variaciones de acuerdo a los contextos limitados en los que actúa. Mientras el método de «caso extendido», que utilizó el grupo del Manchester School liderado por Gluckman, solo puede ser usado en conjunción con un estamento de la estructura de la sociedad, los argumentos de Van Velsen señalan que los límites —si es que hay algunos— que constriñen las acciones de las personas son definidos por los actores mismos en contextos específicos. En esta definición pueden estar 33 Gerardo Castillo Guzmán asociados recursos o relaciones personales, pero no un cuerpo abstracto de reglas no escritas ni un número coherente de normas (Long, 1992, pp. 160-164). Van Velsen, en su crítica al análisis estructuralista por el énfasis en la consistencia y en el rechazo a la variabilidad, argumenta que el análisis situacional provee de un método para integrar variaciones, excepciones y accidentes dentro de descripciones de regularidades. Las normas o reglas generales de conducta son de hecho trasladadas por los actores dentro de prácticas que son finalmente manipuladas en situaciones sociales en un esfuerzo por servir a fines particulares. La idea de Van Velsen no busca definir normas y reglas de conducta en abstracto; sino que son parte de un cuerpo de conocimiento social que es construido por individuos a través de un activo quehacer con su mundo. Así, los significados se dan en contextos específicos, dependiendo de la manipulación y juego de los propios actores: A basic assumption of situational analysis is that norms are often vaguely formulated and discrepant. Not all individuals in a community will agree on what the norms are. It is this fact allows for their manipulation by members of society in furthering their own aims (Long, 1992, p. 163). Solo examinando los modos como la gente construye relaciones sociales o se aparta de otras con el objeto de obtener fines sociales, económicos o políticos es que uno puede entenderlas. Los mismos grupos de relaciones sociales pueden servir para diferentes intereses en tiempos diferentes y las mismas personas pueden verse involucradas en nuevas relaciones en cuanto sus intereses cambian. En otras palabras, las relaciones sociales son más instrumentos en las actividades de las personas de lo que estas están determinadas por aquellas. Para hacer posible el estudio del proceso a través del cual la gente selecciona un amplio rango de posibles relaciones con el fin de alcanzar sus metas, nosotros debemos observar a las personas en una amplia 34 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías variedad de situaciones sociales. En este sentido, es importante obtener diferentes versiones e interpretaciones de disputas o de otros eventos de una variedad de personas más que investigar por la versión o interpretación correcta. La búsqueda del significado interior (correcta interpretación) solo oscurece o estorba la descripción que está tomando lugar. Buscar muchas interpretaciones es importante en tanto siempre existe una multiplicidad de significados. Por definición, la descripción de un discurso conlleva una multiplicidad de verdades (interpretaciones) que solo pueden ser reveladas a través de la descripción de las negociaciones y acomodos que la gente lleva a cabo en un contexto activo. Van Velsen sostiene que no hay puntos de vista correctos o equivocados, sino que son tan solo diferentes visiones representando diferentes intereses de grupos, estatus, personalidades, etc. Tanto como sea posible, el contexto total de los casos debe ser anotado. Reconociendo la importancia de la multiplicidad de interpretaciones en el problema de la diferenciación social, Van Velsen arguye que la recolección de los datos y el análisis de estos deben tomar énfasis en las acciones de los individuos como agentes estratégicos o como personalidades respondiendo a circunstancias cambiantes, más que como ocupantes de estatus particulares o localizaciones estructurales. En otras palabras, es necesario observar cómo relaciones sociales, recursos y valores son contextualizados (actualizados) a través de contextos específicos de acción. Y el foco en la acción es central en esta tarea. El definir una situación (o contexto apropiado) es un logro alcanzado por los actores mismos. La definición de la situación emerge de la interacción misma y no puede estar dada simplemente por la estructura de un campo más amplio. De acuerdo con este marco conceptual y metodológico, las unidades de trabajo que nos interesa observar son las interacciones que realizan los individuos en situaciones limitadas. En este sentido, creo importante evitar en lo posible discontinuidades en el curso de la acción, por lo cual sigo la técnica de la observación participante. En estas observaciones, tomo muy en cuenta la relación establecida entre los actores sociales 35 Gerardo Castillo Guzmán y el investigador, de tal modo que él mismo queda incorporado en el análisis del proceso. De cualquier forma, soy consciente de que mi situación no es en modo alguna neutra; los roles que debo interpretar y el estatus que manejo son especiales: represento a un joven universitario de la capital, hispanohablante monolingüe y asociado a un organismo no gubernamental de desarrollo. Al inicio del proyecto, intenté seguir una tipología del consumo de alcohol a partir de categorías propuestas por los mismos actores. De esta manera, buscaba reconocer bajo qué condiciones el beber era considerado socialmente inaceptable y, por consiguiente, podía presentar rasgos anímicos. Sin embargo, abandoné esta idea al centrarme en la borrachera como un tiempo socialmente permitido para el consumo colectivo de alcohol. El interés es puesto en las prácticas construidas en el proceso de la embriaguez y ya no en el discernimiento de conductas disruptivas. Más aún, variaciones y accidentes son tratados dentro de una misma descripción de regularidades. No obstante, conservo como puntos útiles de referencia las distinciones entre lo comunal y lo privado, y entre las esferas del trabajo, la amistad y lo ritual/festivo. 5. Lugares y contexto de la investigación12 La investigación se inició con las prácticas exigidas por la especialidad de Antropología para aprobar el curso de «Trabajo de campo». Entre los meses de julio y agosto de 1991, realicé mis primeras visitas a comunidades campesinas andinas en el Cusco. Retorné a la zona los meses de enero, febrero y marzo de 1992 con un tema ya decidido y, desde esta fecha, empecé a realizar observaciones más sistemáticas. Volví el verano siguiente, pero solo por el mes de febrero. Finalmente, en abril, mayo y junio de 1994, pasé una nueva temporada en el lugar de trabajo. Desde el inicio, el trabajo 12 Los datos mencionados han sido obtenidos de la observación directa, de conversaciones con campesinos y promotores, de documentos del CEDEP-Ayllu, así como de Barrenechea & Gómez, 1987; Choque & Jiménez, 1993; y Pisca, 1982. 36 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías se realizó en convenio con una ONG (Organismo No Gubernamental para el Desarrollo) que venía apoyando a estudiantes interesados en temas localizados en el Sur andino. Esta institución, el CEDEP (Centro para el Desarrollo de los Pueblos)-Ayllu13, es una asociación sin fines de lucro que recibe financiamiento de otras europeas y viene trabajando desde hace doce años en la zona; actualmente opera en 34 comunidades de los distritos de Pisac, Taray y San Salvador en la provincia de Calca, y de los distritos de San Sebastián y Cusco en la provincia del Cusco; su sede se encuentra en el pueblo de Pisac. Estas 34 comunidades están agrupadas en cuatro zonas de trabajo, obedeciendo a criterios ecológicos (control de microcuencas) y sociohistó- ricos (desmembramientos, conflictos, contactos, etc.), de las comunidades mencionadas en el trabajo. Rayanniyoc pertenece a la zona 1; Huillcapata, Kallarrayán, Patabamba y Qenqo, a la zona 2; y Pampallacta y Sacaca, a la 4. El Ayllu desarrolla tres líneas de acción: 1. Desarrollo social, que com- prende infraestructura social (construcción de aulas, salones comunales, servicio de agua a cada familia, etc.) y organización comunal, familiar, de mujeres y de jóvenes; 2. Seguridad alimentaria, referida al desarrollo agrí- cola y pecuario a través de mejora tecnológica y de un sistema de préstamo de semillas (fondo rotativo); 3. Recursos naturales y manejo de cuencas, que agrupa las labores de riego, conservación de suelos y forestación, labor para la cual cuenta con un total de 39 trabajadores, de los cuales 21 operan en el campo. En parte por lo reducido del personal, pero en gran medida por su propia personalidad, el director representa una figura muy fuerte no solo entre los propios trabajadores; sino también entre los campesinos, que mostrarán una conducta muy deferente hacia él. Las comunidades con las que trabaja el Ayllu son pequeñas, con un promedio de 84 familias y con una media de cuatro miembros14. 13 A lo largo de todo el trabajo, nos referiremos a ella simplemente como el Ayllu, que es el nombre que generalmente usan tanto campesinos como promotores para nombrarla. 14 No existen datos sobre quiénes conforman esta media, pero estimamos que debe recaer sobre niños y ancianos en segundo lugar. 37 Gerardo Castillo Guzmán Esto se debe principalmente a la fuerte migración, especialmente hacia el Cusco; lo que le da un carácter temporal de contactos continuos con las comunidades de origen15. La distribución por sexo es muy pareja, con una ligera ventaja femenina no mayor de un punto porcentual. La PEA (incluye a todas las personas entre los 15 y los 64 años) fluctúa desde el 50 al 60% de la población total, aunque hay que tener en cuenta que en los sectores campesinos la iniciación en los procesos productivos es muy temprana: los niños desde los seis años empiezan gradualmente a realizar pequeñas labores de pastoreo, deshierbe, entre otras. La densidad poblacional se ubica entre un rango de los 30 a 110 habitantes por km2, el cual es bastante mayor al promedio departamental que no supera los 10 habitantes; además de la expulsión de población, esto ha conducido a intensificar los cultivos, disminuyendo el período de rotación de los muyus (sectores de cultivo). A pesar de que algunas comunidades han empezado a buscar trabajos alternativos, la agricultura sigue siendo la actividad más importante16; tras ella se ubica la ganadería que, aunque muy limitada en cantidad y calidad, es una fuente muy importante de dinero inmediato por lo rápido de su venta. Estas comunidades se encuentran cerca del Cusco, lo que ha permitido un contacto fluido con el mercado y muchos de los cultivos producidos son destinados a la comercialización (caso de las hortalizas y de la cebada, principalmente). La historia de la formación de estas comunidades está muy ligada a procesos de separación de exhaciendas, lo que se consolida luego de la Reforma agraria, así como de propiedades de la Iglesia, aunque algunas de ellas tienen orígenes que se remontan al período colonial; en todo caso, gran parte aún continúa teniendo problemas territoriales no solucionados que salen a relucir especialmente en las fechas de Carnavales, que es cuando se recorren los linderos de la comunidad. 15 La tesis doctoral de Sarah Raddcliffe (1986) es un exhaustivo trabajo sobre la migración femenina en la comunidad de Kallarrayán. 16 Para la subregión Cusco, el INEI, en 1980, señalaba que 197 584 personas se dedicaban a la agricultura como principal actividad, lo que representaba el 56,1%. 38 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías A pesar de lo extendido de la violencia política, en la zona nunca hubo presencia activa de grupos subversivos ni de las fuerzas armadas; sin embargo, entre 1987 a 1991, la estadía en las comunidades por parte de los promotores del Ayllu estuvo restringida por motivos de seguridad. En todas estas comunidades se han realizado obras de infraestructura que comprenden reservorios, canales de irrigación, servicio de agua, construcción de carreteras afirmadas, locales comunales, almacenes y escuelas. Justamente, todas las comunidades cuentan con escuelas de educación primaria17, aunque los materiales educativos y la calidad de la enseñanza son deficientes. Al interior de las comunidades, la comunicación se realiza casi exclusivamente en quechua, su lengua materna. El aprendizaje del español se produce en la escuela; casi dos tercios de la población es bilingüe, el tercio restante está conformado mayoritariamente por mujeres y ancianos y existe una fuerte asociación entre bilingüismo y alfabetismo. A grandes rasgos, las comunidades de las zonas 1 y 2 se caracterizan por estar más vinculadas al Cusco y por mantener una fuerte tendencia a la individualización y, desde 1993, cuentan con servicio de fluido eléctrico. En ellas, desde una década atrás, se han venido introduciendo con gran fuerza iglesias protestantes (la Iglesia Evangélica Peruana, la Iglesia Adventista, la Iglesia Maranata y la Iglesia de los Testigos de Jehová) que crean pequeños pero muy activos grupos de fieles, caracterizados por su rechazo al alcohol y a las fiestas religiosas de santos, que en muchos casos ha desarticulado totalmente los sistemas de cargos existentes. Qenqo es la excepción a estas generalizaciones, siendo la comunidad más alta de la zona (3950 msnm). Sus cultivos principales son la papa y las habas; además, cuenta con pastos naturales y tiene acceso a la laguna de Qoricocha. El tiempo para llegar al Cusco bordea las tres horas y aún no cuenta con electricidad. En esta comunidad, todos son católicos 17 Una de ellas, la comunidad de Ccorao, es sede de un colegio de educación primaria y secundaria. 39 Gerardo Castillo Guzmán y  conservan sus festividades religiosas. Qenqo es considerada una comunidad pobrísima y con graves problemas de alcoholismo. En la zona 4, las comunidades son algo más populosas, su mayor contacto lo establecen con Pisac, en donde los jueves y domingos se realiza una feria. Poseen una organización comunal más fuerte; su calendario de festividades religiosas y el sistema de cargos no se han visto tan alterados; la presencia de grupos protestantes es mínimo; ninguna cuenta aún con servicio eléctrico y, en términos gruesos, pueden considerarse como más tradicionales. Sacaca18 es una comunidad de 115 familias y sus principales cultivos los constituyen la cebada y la papa; por lo demás, no difiere mucho de las características básicas señaladas. Por último, vale señalar que en varias comunidades de esta zona se han realizado anteriores proyectos de desarrollo con diversas instituciones19. 18 Las notas de campo tomadas en Sacaca fueron realizadas acompañando a Alejandro Chávez en su investigación sobre el ciclo de las fiestas de carnaval. 19 Con CIED, CIID, IICA, Embajada de Holanda, GTZ, Perú Cornell, PISCA y UNSAAC. Capítulo I PROCESOS INICIALES En este segundo capítulo desarrollaremos la puesta en escena de diferentes sesiones de bebida para delinear patrones que nos señalen los procesos a través de los cuales se desenvuelve la borrachera. Asistimos a eventos mudos en los que observamos el uso del espacio por los actores según el tipo de borrachera y según el momento en que esta se encuentra. La ubicación y el desplazamiento de los actores dependerán de su posición relativa en un contexto dado, tomando particular importancia las consideraciones de estatus, género, edad e identificación sociocultural. De la misma manera, las bebidas usadas y su distribución seguirán circuitos establecidos por y para determinados personajes. En un intento por incorporar al análisis nuevas formas expresivas, buscaremos trazar los principales rasgos de un lenguaje del cuerpo que, al igual que el lenguaje hablado, se va transformando a lo largo de la interacción y, más importante aún, su estructuración responde también a procesos de aprendizaje; por tanto se trata de una estructuración que sigue las pautas de cada cultura. 1. Bebidas Antes de centrarnos en las bebidas alcohólicas1, diremos unas palabras acerca de la base de todas ellas: el agua. El agua en toda sociedad 1 Para comparar el uso de bebidas alcohólicas en otras comunidades andinas, ver Doughty (1987) y Mangin (1958). 42 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías es el líquido por excelencia y, en una sociedad agraria, se convierte en un elemento de vital importancia. Sin embargo, en los Andes el agua en sí misma no es una bebida. Para ser bebible, debe ser transformada de un elemento natural a uno cultural. Para esto, el agua se calienta y se le agregan diversas hierbas y plantas medicinales, como hojas de coca, semillas de anís, flores de manzanilla, airampo, cedrón, etc. Recién bajo  la forma de «mates», el agua puede beberse, nunca pura y menos aún fría. La chicha2 es una bebida lograda por la fermentación del maíz, si bien los procedimientos e ingredientes utilizados varían grandemente a lo largo de todos los Andes3 e incluso, en algunas comunidades de altura (como la comunidad de Qenqo), se prepara una chicha de habas a falta de maíz. El consumo de la chicha está asociado al sector de origen campesino, lo cual aún se puede notar en las chicherías de pueblos y del Cusco4. Como el vino lo ha sido en la Europa mediterránea (Braudel, 1994), la chicha de maíz cumplió el papel de «bebida de civilización» con una larga y rica tradición que la considera como la bebida por excelencia con asociaciones sagrado-medicinales. La preparación de la chicha es una actividad doméstica netamente femenina y en las reuniones son ellas las encargadas de transportarla y servirla. Muchas de las comunidades actuales reservan parte de sus cultivos de maíz para la elaboración de chicha, pero es cada vez más notorio que prefieren conservarlos para la venta o para el consumo directo; esto sobre 2 Su nombre quechua es «aqa» [aja]; pero en la zona es usado infrecuentemente, solo por algunos hombres y mujeres ancianos. 3 En la zona, la chicha puede ser de maíz blanco o de maíz de color; también es posible hallar variantes hechas a base de papa o habas y una muy apreciada llamada «frutillada» hecha con pequeños frutos rojos y vendida especialmente a lo largo del valle del Urubamba. El tiempo de fermentación de la chicha varía de uno a dos días, dependiendo si se le echa azúcar o «concho» (fermento de chicha). Para descripciones detalladas sobre su preparación y variedades, ver los artículos de Cutler y Cárdenas (1991) y Vázquez (l967). 4 Sobre las chicherías en el Cusco, su función, estructura y papel de la mujer, ver el trabajo de Llosa (1992). 43 Gerardo Castillo Guzmán todo cuando los terrenos apropiados para el cultivo de maíz son escasos. Por esta razón, es frecuente encontrar en las fiestas, faenas y asambleas de algunas comunidades5 vendedoras de chicha; por ejemplo, para la fiesta de la Virgen de Corpijera en Patabamba (ver evento 116) había llegado una vendedora de chicha desde el Cusco. El precio del vaso de chicha varía entre los S/. 0,30 y los S/. 0,507; además, su contenido alcohólico es bajo, nunca superior al 5%. Ella es servida siempre en grandes recipientes. En las chicherías se usan vasos de vidrio en forma de cono invertido llamados «caporales», semejantes a los antiguos keros o vasos ceremoniales incas; mientras que en las comunidades se usan pequeñas jarras plásticas o jarros de metal enlosado. Cuando la chicha es trasladada para ser vendida o simplemente para ser bebida en los campos de trabajo, se usan galoneras plásticas de hasta 10 a 15 litros de capacidad; pero cuando esta es preparada caseramente, se utiliza grandes cántaros de barro o chombas. En las fiestas a la chicha, se le agrega a menudo alcohol puro para aumentar su acción embriagante, llegar más rápidamente al estado de ebriedad buscado y así disminuir los costos. También se acostumbra tomar una copa de «trago»8 para «bajar» la chicha (dado que es una bebida fermentada, al beberse en grandes cantidades produce embotamiento antes de experimentar la embriaguez). Pero cuando la chicha no es mezclada, cuando es solo «blanca», se encuentra en la frontera de lo considerado como bebida alcohólica; incluso los miembros de grupos protestantes —muchos 5 Tal es el caso de Huillcapata, comunidad que ha optado por la especialización de cultivos de hortalizas destinados al mercado del Cusco, con precios relativos más altos que los de papa u otros tubérculos. 6 Las referencias a los eventos a lo largo de los capítulos corresponde a los consignados en la sección «Anexos» al final del libro. 7 Los precios estarán siempre referidos a Nuevos Soles de abril de 1994. 8 En adelante, cuando hable de «trago» (ya sin comillas), me referiré no a las bebidas alcohólicas en general, sino a la mezcla de alcohol y agua (en vez de alcohol industrial se usa también ron de quemar y se pueden echar algunas semillas como el anís para dar sabor). 44 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías de  los  cuales siguen severas prohibiciones al comer y al beber9— se permiten tomar uno o dos vasos de chicha. Es el trago el que aparece como el marcador entre el beber sobriamente y la borrachera. La chicha es concebida como un estimulante del trabajo por su alto valor nutritivo10 y la fortaleza que otorga, por ello se bebe para «dar fuerzas en el trabajo» y como refrescante en momentos de fuerte sol. De esta manera, dentro de un esquema de alto/bajo, la chicha pertenece a las zonas bajas, ya que es una bebida fría que se bebe en el valle para aliviar la sed; mientras que en las noches ya no se bebe chicha, sino ponches calientes. A los niños se les permite beber chicha, se les sirven vasos a medio llenar en las fiestas y en las asambleas, especialmente a la hora del almuerzo. Además de ser alimenticia, se considera que la chicha puede tener propiedades curativas. Así, en la comunidad de Huatta se prepara un brebaje llamado «pasñacha» (jovencita): en una gran olla de barro se hace calentar chicha blanca, se le agregan huevos y un poco de alcohol, se bebe entre un grupo de seis personas y posee efectos sedantes; esta bebida se recomienda para tratar las enfermedades pulmonares. La chicha es una bebida vinculada con lo femenino: por los ámbitos de su preparación y distribución, por sus propiedades nutricias y de escaso poder embriagante que hace posible su consumo en todas las edades, por su sabor definido como «dulce y rico» (cualidades vinculadas con universos femeninos) y por su fuerte asociación con la tierra o «pachamama». De esta manera, la chicha es usada frecuentemente para «tinkar» la tierra, derramar 9 En la zona existen cuatro grupos protestantes: Testigos de Jehová, Iglesia Evangélica Peruana, Iglesia Adventista e Iglesia Maranata. Todos se caracterizan por su rechazo al consumo de alcohol, además de no participar en el sistema de cargos y de fiestas patronales; pero algunos de ellos, como los maranatas, prohíben el consumo de carne de chancho y de cuy. Un documental antropológico sobre este fenómeno fue filmado en la zona en julio de 1994 por Armando Millán y Maribel Tovar. Ver más adelante las secciones «Control social» y «Creación de identidades», en el capítulo III. 10 Recordemos que, al margen de lo otorgado por el maíz fermentado, el etanol contiene 7 calorías por gramo. 45 Gerardo Castillo Guzmán algunas gotas del líquido en señal de agradecimiento, pero también como elemento propiciatorio de mejores cosechas. El «trago» es la otra bebida más consumida por los campesinos, incluso diría que actualmente es su bebida representativa en el sentido que su uso es exclusivo de este sector. La chicha, si bien es una bebida campesina, de hecho es también consumida por los mestizos11, tanto en sus visitas a las comunidades como en las chicherías, especialmente en el valle donde la frutillada tiene gran acogida. En las reuniones presenciadas, los promotores aceptan regularmente chicha y procurarán negarse cuando se les ofrece trago. En cambio, el trago es únicamente bebido por pobladores de origen campesino, produciéndose una fuerte asociación entre campesinado y pobreza. Así, el extendido uso del trago se explica por lo bajo de su precio, que oscila entre los S/. 0,25 y los S/. 0,80 la botella de 0,275 cc aproximadamente, y lo rápido de sus efectos embriagantes. Una sola botella es más que suficiente para emborrachar a una persona, por eso el trago no se sirve en grandes vasos (como la chicha), sino en unos pequeños y, a falta de estos, es posible utilizar la tapa de las garrafas que lo contienen. En contrapartida, los daños y secuelas fisiológicas producidos son sumamente altos debido a lo tóxico del empleo de un alcohol no apto para el consumo humano12. En efecto, el trago es un preparado conseguido de mezclar agua con alcohol industrial de 90% o 70% en una proporción de 2 a 1 o 3 a 1. También es posible usar ron de quemar en vez de alcohol; la mezcla obtenida tendrá una coloración azulada a diferencia de la rosada de la primera. Muchas veces se le añade a estos preparados hierbas o semillas (comúnmente anís) que proporcionen gusto y aroma. 11 Con «mestizo» me refiero no a una categoría racial, sino a un sector de la población socioeconómicamente vinculado a la ciudad y con valores provenientes de una matriz cultural occidental. 12 Lamentablemente, no existe estudio alguno sobre los efectos psicofisiológicos del alcohol en poblaciones rurales y los pocos estudios epidemiológicos y de opinión disponibles únicamente abarcan a las grandes ciudades (Cedro, 1993a y 1993b; y Mariátegui & Sogi, 1985). 46 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías El trago por lo general se le sirve a cada persona, una a una, en el mismo vaso, de tal forma que va rotando en forma circular. El trago en la zona recibe los nombres de «milkito» y «Fujimori» (anteriormente se le llamaba «alancito»). El denominarlo con los diminutivos de estos dos presidentes podría hacer referencia a la analogía entre lo fuerte del trago con lo fuerte de sus políticas económicas; pero es también sugerente verlo simplemente como una burla, como un medio de tomar en broma el nombre de los mandatarios. Con respecto al primer calificativo, he escuchado dos interpretaciones: una se refiere a una analogía entre un dulce de bolitas de quiwicha azucaradas (aunque en verdad este producto se llama «miskito») y el trago (el dulce es a los niños como el trago es a los adultos); la otra señala que el nombre es tomado de un conocido yogurt, en uno de cuyos anuncios televisivos aparecían las personas que bebían el yogurt como flotando entre nubes, el mismo efecto que se produciría al beber el trago. En todo caso, interesa notar que todos estos nombres son tomados de personajes o productos venidos de fuera de las comunidades, conocidos a través de los medios de comunicación y especialmente de la televisión13. Si tuviéramos que clasificar al trago dentro del esquema de oposiciones alto/bajo, diríamos que ingresaría a la categoría de lo alto, no por los ingredientes usados en su preparación, ya que el alcohol es un producto llevado desde la ciudad, sino por ser caliente; es decir, se bebe en las alturas para combatir el frío (en clara oposición a la chicha). Este estereotipo es a menudo utilizado para explicar las causas de conductas alcohólicas; así, comuneros de Patabamba (ubicada a unos 3700 msnm) consideran que 13 La llegada de la electrificación a las comunidades de la zona no es anterior a 1993 y no todas las familias poseen aún televisores. Sin embargo, la experiencia e interés que poseen es grande. Cuando los comuneros llegan al local del Ayllu en Pisac para sostener reuniones, una de sus mayores distracciones consiste en ver programas de televisión y películas en video, a pesar de que la mayoría no logra entender los diálogos por ser analfabeta (o poseer una competencia lingüística demasiado baja como para leer los subtítulos en las películas no dobladas al español). Tal vez por esta razón las películas de mucha acción eran las preferidas, cintas que no requieren un argumento muy elaborado. 47 Gerardo Castillo Guzmán la ebriedad de sus vecinos de Qenqo (ubicada por sobre los 3800 msnm) se debe a la necesidad de beber trago frecuentemente para contrarrestar el frío, mientras los primeros naturalmente señalan que beben con moderación y en todo caso «solo chichita». Cristóbal Jara, que trabaja de picapedrero en las canteras de Ccaccaccollo, me contaba que él bebe trago mezclado con «mate» (infusión de cualquier hierba medicinal) y «picchaba»14 algunas hojas de coca en los descansos: «ahora ya no se piccha para viajar ni caminar, solo en los descansos, yo traigo mi botellita de trago con mate para la altura, cuando estoy solo acá en el frío». Del trago los campesinos podrán mencionar algunas propiedades benéficas (sobre todo para males respiratorios pasajeros como resfriados o dolor de garganta), pero no así cualidades nutritivas. El trago no es adecuado para el desarrollo del niño y no existe una inicialización tan temprana como en el caso de la chicha. Y si bien el trago no es una bebida nutritiva en sí, es concebida también como un estimulante del trabajo en el sentido que sirve «para animarse», el trago «calienta» y eleva el ánimo para realizar actividades en condiciones adversas. De otro lado, el trago también «anima» en las fiestas y funciona entonces como un estimulante sexual, no por sus discutidos efectos fisiológicos, sino por ser elemento indispensable en los encuentros de parejas. Las letras de muchos huaynos (canciones andinas populares) nos hablan de la asociación entre el amante varón y el beber aguardientes (nunca he escuchado canción alguna en la que se mencione a la chicha), aunque no es infrecuente que la mujer despechada y sola beba de la misma forma15. Contrariamente a la chicha, el trago es categorizado dentro de un universo masculino: es una bebida «fuerte» (si bien no se llega a usar 14 O «chacchar», consiste en masticar hojas secas de coca formando un bolo en la boca. A menudo se acompaña con pequeñas dosis de cal o «llipta» que sirve de catalizador del elemento activo. 15 Ver las letras de la cantautora «La flor pileña». Un tratamiento similar se encuentra en las letras de las canciones de Carmencita Lara, a pesar de que tiene un público más urbano y son valses y no huaynos lo cantado. 48 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías la expresión «para machos», típica de la costa norte peruana16), se relaciona con el presidente y con el dulce de los adultos, es una bebida destinada a ser consumida preferentemente por hombres, aunque, como veremos, las mujeres también la beben, pero nunca los niños. Un producto que casi siempre es mencionado en las etnografías sobre rituales andinos es la coca, como elemento mágico-sagrado inscrito en una antiquísima tradición de resistencia cultural (Allen, 1988; Burchard, 1974; Wagner, 1976). Sin embargo, en las sesiones observadas su importancia es mínima, salvo que nos ayuda a marcar diferencias de edad: solo unos pocos ancianos picchan coca con regularidad. Como en el caso de Cristóbal Jara, la coca es consumida en los descansos de las faenas entre los grupos que se forman para tomar los alimentos: de una pequeña bolsa alguien ofrecerá hojas de coca, pero no todos piccharán, muy pocos jóvenes y mujeres lo hacen, y nunca he observado que un niño picche o chacche. En su relación con el alcohol, la coca parece congeniar mejor con el trago, bebido cuando hace frío y se está en las alturas; cuando se hace algún «pago» a la tierra o a los apus (ritos propiciatorios celebrados a seres que velan por las cosechas o el ganado), coca y trago se consumen juntos, no así ocurre con la chicha17. Algunas bebidas gozan de especial prestigio, ya sea por su precio como por estar vinculadas a sectores urbanos y mestizos. Entre ellas, la cerveza es la más representativa. La cerveza blanca en el Perú tiene un volumen de alcohol que varía muy ligeramente entre 5 y 5,5%, mientras que su precio es de aproximadamente S/. 2,5 la botella de 750 cc. En las comunidades estudiadas, son muy pocas las que tengan establecimientos en los que se pueda conseguir cerveza, solo en aquellas ubicadas al pie de la carretera al Cusco o en aquellas en las que exista una tienda cuyos 16 En Lambayeque se usa el nombre de «tumbacholo» para designar a una chicha muy fermentada y mezclada con aguardiente. 17 Sobre la coca, ver Wagner, 1976; y Allen, 1988. 49 Gerardo Castillo Guzmán propietarios sean particularmente prósperos18. El beber cerveza se da en situaciones muy precisas que tienen que ver todas ellas con la presencia de personajes foráneos: inauguraciones de obras, ceremonias con presencia de funcionarios estatales o de organismos no gubernamentales, etc. La cerveza es comprada por los campesinos para estas ocasiones; pero ellos no la consumen, sino únicamente los invitados mientras ellos beben chicha o trago. El patrón de circulación de la cerveza será entonces totalmente individual: se proporciona una botella para cada invitado y no existirá rotación alguna del licor, se procurará entregar un vaso (nunca los jarros enlosados ni los de plástico en los que se sirve la chicha) a cada uno o en todo caso se beberá «a pico», sobre todo si la botella es pequeña. La cerveza será preferentemente servida como bebida inicial; si la borrachera continúa, entonces se podrán tomar otras bebidas, que es lo que generalmente ocurre ya que las reservas de cerveza son siempre escasas. La cerveza es ofrecida como muestra de reconocimiento de la importancia de los visitantes; pero, a su vez, es un marcador sociocultural: los mestizos que beben cerveza frente a los campesinos que consumen otras bebidas, aun los campesinos que regresan a la comunidad luego de largos períodos en la ciudad deben seguir bebiendo lo acostumbrado bajo pena de ser criticados de «creídos que se han olvidado de lo que son en verdad» por su cambio de preferencias. Conviene recordar que todas las imágenes aparecidas en los comerciales televisivos de las diferentes marcas de cerveza hacen referencia a contextos y grupos netamente urbanos (sin mencionar las diferencias de estratos sociales, de género y de edades existentes). Solo en un comercial de la cerveza Pilsen aparecían unos campesinos andinos ansiosos por beberla, pero esta secuencia fue rápidamente eliminada y además recibió 18 Tal es el caso de la familia Yarahuamán que posee varias tiendas relativamente surtidas en Qello Qello, activo anexo de la comunidad de Amaru. Este poblado está al borde de la carretera afirmada que conecta a Pisac con varias comunidades de la zona y es sede de una feria dominical. Los Yarahuamán, además de poseer estos establecimientos, cuentan con varios camiones que transportan arena y materiales de construcción, así como camionetas para el transporte de campesinos. 50 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías muchas críticas; por su parte, los comerciales que la cerveza Cusqueña lanza resaltan la belleza del Cusco y los campesinos que aparecen únicamente son parte de este paisaje, no son ellos parte del grupo de consumidores19. Otras bebidas, de muy infrecuente consumo, están constituidas por productos industriales como los anisados, los vinos, la guinda, la sidra, el pisco, el ron, diversos macerados de frutas y otros aguardientes. Estos licores generalmente son servidos en pequeñas copas, pero siempre solo entre los foráneos y se pueden observar dos modos de circulación: o se sirve en una sola copa siguiendo un patrón circular, o cada uno bebe de su vaso produciéndose un brindis («salud») general al inicio y después de cada cierto tiempo. En las inauguraciones, es característico que se rompa una botella de estos licores como acto ceremonial. 2. Uso de espacios Las ocasiones para beber pueden estar marcadas por encuentros más o menos espontáneos20 o por situaciones de mayor ceremonia. Las primeras se caracterizan por agrupar a personas según criterios de amistad, vecindad y afinidad, siendo predominante la reunión entre hombres, dado sus mayores posibilidades de hallarse fuera del ámbito doméstico y acceder a lugares públicos. Pero lo central de estas borracheras es el reducido número de participantes que interactúan, por lo que todos quedan incluidos en el centro de la acción; no existen espacios marginales, sino una localización sumamente precisa que impide que las actuaciones de algún individuo pasen desapercibidas. La acción podrá estar dominada por la actuación de una sola persona, pero en constante relación con los demás. Los lugares 19 Simplemente como dato: la mayoría de estas comunidades poseen extensos cultivos de cebada que son comprados por la Cervecería del Sur. 20 Un encuentro espontáneo en el sentido de totalmente casual y no buscado es muy relativo, tiene que ver con las rutinas de ocupación del tiempo diario y con los desplazamientos habituales de las personas, pero más que nada con la relación mantenida entre las personas encontradas. Es por ello que las probabilidades de tener «encuentros espontáneos» no están aleatoriamente distribuidas entre los individuos. 51 Gerardo Castillo Guzmán pueden ser diversos aunque siempre públicos: patios de casas, caminos, paraderos al pie de la carretera al Cusco, etc. Sin embargo, son las «borracheras ceremoniales»21 las que al involucrar un mayor número de participantes y nos permiten observar el uso que ellos hacen del espacio. Las ocasiones para emborracharse pueden estar definidas por fechas del calendario religioso (fiestas de patronos y de carnaval, recorrido de los linderos, celebración de los días de Todos los Santos y de los Muertos22); en este caso, el evento tendrá lugar en la explanada frente a la capilla de la comunidad o en el patio de la casa del cargo (o cargos) de la fiesta. Las festividades comunales (celebración de la fundación de la comunidad, ferias, inauguraciones de obras, fiestas patrias, cosechas, 21 Llamo «ceremoniales» a las borracheras que siguen pautas de conducta estereotipadas, tanto para definir los momentos y lugares de su realización, como los motivos mentados, sin importar mucho su pertenencia o no a un ciclo religioso. Siguiendo la distinción propuesta por Gluckman, prefiero hablar de la dimensión más amplia de ceremonial en vez de ritual. La primera implica conductas marcadas por la etiqueta social, pero no necesariamente referidas a creencias en poderes sobrenaturales o suprasensibles: «[…] I would use ‘ceremony’ to cover any complex organization of human activity which is not specifically technical or recreational and which involves the use of modes of behavior which are expressive of social relationships. All such modes of behavior, conventional and stylized, are ceremonial. I would then distinguish within the field of ‘ceremonial’ between two separate categories, which shade into another: the one i would call ‘ceremonious’ and the other ‘ritual’, following here Evans-Pritchard’s view of magic, that ‘ritual’ is distinguished by the fact that is referred to ‘mystical notions’, which are ‘patterns of thought that attribute to phenomena supra-sensible qualities which, or part of which, are not derived from observations or cannot be logically inferred from it, and which they do not possess’. If these notions are not present in the October Revolution parade, it is ‘ceremonious’ and not ‘ritual’, while the Corpus Christy Day procession is ‘ritual’ and not ‘ceremonious’ if its performance is referred to mystical notions. Since both clearly have some of the same functions, we can discuss these under the more general rubric of ‘ceremonial’» (Gluckman, 1975, pp. 22-23). Esto es necesario porque, si bien gran parte de los eventos descritos muestran conductas convencionales y estilizadas, no todas están referidas exclusivamente a campos de lo ritual-festivo, sino que abarcan también otros de carácter secular. 22 No todas estas festividades son propiamente religiosas, pero sí están señaladas por el calendario religioso, como el carnaval (señalado por la Pascua) y la marcación del ganado (que coincide con el día de San Marcos). 52 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías faenas) se realizan preferentemente en los locales comunales o en el área destinada a las asambleas comunales. Todas las celebraciones que se refieren al ciclo social de la persona (bautizo, corte pelo, matrimonio, techado de casa, cumpleaños, velorio) agrupan a menos participantes y son los patios de las casas los que limitan el espacio utilizado. A diferencia de las borracheras en la ciudad, los espacios utilizados en la comunidad son básicamente públicos y en todo caso abiertos a la vista de los demás23. Para hacer más notorio el contraste, basta recordar la separación existente en muchos restaurantes y bares de la ciudad: un lugar visible para comer o tomar café y otro oculto destinado a beber24. En la fiesta de la Virgen de Corpijera, en Patabamba (ver evento 11), se pasa del patio de la casa del cargo al patio de la capilla, transitando siempre libremente por las avenidas de la comunidad. En el Cruz Velacuy de Qenqo (ver evento 13), los participantes trasladan la cruz desde la laguna de Qoricocha al templo y desde ahí van festejando a casa de cada cargo. En el Cruz Velacuy de Patabamba (ver evento 14), estuvimos bailando y bebiendo frente a la explanada del templo para luego trasladarnos a casa de Teodosio Mandortupa, también danzando y bebiendo a través de la comunidad ante las miradas de muchos niños. En este sentido, la borrachera es entendida como una actividad pública, aun cuando no sea necesariamente colectiva25. Muchos participantes de fiestas familiares pasean por la comunidad, danzando y bebiendo, para luego retornar a casa. 23 Saignes (1989) señala que las autoridades españolas procuraron prohibir las borracheras en lugares públicos, buscando que tuviesen un carácter privado, al interior de cada hogar. Creo que esta actitud tiene que ver con la imagen negativa manejada hacia la persona en estado de embriaguez; por lo tanto, el ebrio busca no ser visto y los demás prefieren ocultarlo. 24 Honigmann (1963) nos ofrece una descripción de las tabernas y el uso que se les tiene reservado a sus diferentes espacios en una villa austriaca. Es interesante la comparación porque todo indica que en el caso estudiado no existe esa ambigüedad al beber con sentimientos de culpa de la que habla Saignes (1989). 25 Creo que sería de mucha utilidad la revisión de los sentidos de privacidad manejados por los campesinos. Por ejemplo, la casa, al estar constituida por una sola habitación 53 Gerardo Castillo Guzmán Otra de las características más notorias consiste en la separación del espacio de acuerdo a grupos diferenciados. En el patio de la casa del cargo de la Virgen de Corpijera, en Patabamba (ver gráfico 12 del evento 11) los foráneos ocupábamos un lugar central26, al igual que en la fiesta comunal en Rayanniyoc (ver gráfico 2 del evento 2)27. Este esquema en el que los foráneos dominan el espacio central se repite desde las informales comidas en casa de algún dirigente hasta en las fiestas religiosas más convencionales. Es más, cuanto mayor sea la importancia del evento, con mayor deferencia se le tratará al prestigioso visitante. Esta situación es remarcada por la distribución de comida y bebida. Posición de privilegio y a la vez de separación, que es una de las mayores constantes en todas las reuniones en las que participan extraños a la comunidad. En la fiesta comunal de Rayanniyoc (ver evento 2), los miembros del Ayllu eran los únicos sentados alrededor de mesas, dándole la espalda a los campesinos del lado opuesto. Y en una inauguración de pozas de agua en la comunidad de Pampallacta (ver evento 5), a la que asistieron los promotores de la zona plurifuncional, no se presta al ejercicio de una actividad privada muy desarrollada. Recordemos que incluso las relaciones sexuales parecen ser realizadas más frecuentemente a campo abierto (Castillo, 1992b). 26 Sentados en las únicas bancas existentes frente a la puerta de la casa, una promotora ocupaba el extremo izquierdo seguido por el jefe zonal, continuaba yo a su derecha y al final se hallaba una estudiante de historia. El lado izquierdo lo ocupaban cinco campesinos sentados sobre adobes cubiertos de mantas y pieles de cordero, amigos cercanos y parientes del cargo. Frente a nosotros, al extremo derecho, tocaban los músicos. Al interior de la casa se encontraba la esposa del cargo y otras dos campesinas que le ayudaban en la preparación de los alimentos. 27 Los participantes se habían dispuesto en el perímetro dejando un espacio libre central. Junto a la puerta lateral se ubicaba un grupo de mujeres que controlaba el servido y distribución de la chicha y del trago; al extremo derecho habían colocado una mesa y dos bancas formando un ángulo de noventa grados; los promotores del Ayllu estaban reunidos en estas bancas y a los costados inmediatos se encontraban sentadas en el suelo algunas mujeres. Frente a nosotros, en el otro extremo de la habitación, se ubicaban tres músicos; la directiva, compuesta por cuatro comuneros, se ubicaba al centro del lateral derecho; el espacio restante era ocupado por filas de comuneros intercaladas por pequeños grupos de mujeres. 54 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías y varios directivos, ellos permanecieron dentro de un aula del colegio mientras que los campesinos entraban en grupos para acciones específicas: para el discurso de agradecimiento, para los bailes, para servir la comida y la bebida; incluso, al momento de comer, todos los campesinos se retiraron dejándonos solos, caso extremo de separación de espacios. Es probable que en muchas ocasiones las mujeres cumplan un papel de mediadoras en el sentido físico (ver evento 2): ocuparán espacios contiguos a los de los visitantes, pero la comunicación será nula, no solo por su menor dominio del español que dificulta el entendimiento con los foráneos (salvo algunas excepciones, todos los promotores del Ayllu manejan suficientemente el quechua como para mantener una conversación fluida), sino por su papel que tiende a excluirlas de la participación activa de las esferas públicas. Es así como al inicio de las reuniones se necesitará personas que sirvan de mediadores entre el grupo de extraños y el resto de comuneros28. En el evento 11, es el cargo el que debe conversar con nosotros, los otros contactos los establecen los jóvenes que reparten la comida y las bebidas. Pero cuando los miembros del Ayllu se retiraron, ya en la capilla, mi acompañante y yo quedamos como dos desconocidos, permanecimos a un costado y la frecuencia de bebida servida disminuyó notablemente, nosotros no gozábamos del prestigio de los «ingenieros» aun cuando nuestra presencia estuviese asociada a la institución29. Curiosamente, un año antes había asistido a la misma fiesta en Patabamba (ver gráfico 8 del evento 6) —y en aquel entonces conocía a menos personas aún—, pero solo acompañado por el conductor de la camioneta, ocasión en la que mi posición fue central, incluso más importante que la del párroco. A la hora de comer, fui yo el que ocupó el lugar central, a mi derecha se ubicó el párroco seguido por su ayudante 28 Esto se hará más notorio cuanto mayor sea la importancia otorgada a los invitados y mayor formalidad revista el evento. 29 Esto mismo ocurre cuando se inauguran obras: el maestro de obras que ha permanecido en la comunidad por varias semanas dirigiendo los trabajos es rápidamente diferenciado del grupo de invitados del Ayllu, ocupando un lugar marginal con respecto a este último. 55 Gerardo Castillo Guzmán y a mi izquierda se halló el conductor de la camioneta. La ocupación de los espacios centrales se define de acuerdo al estatus relativo asignado a los participantes y este estatus depende de la importancia otorgada en cada caso30. Pero aunque la posición de los foráneos se establezca por una oposición de campesinos/no campesinos, los primeros en ningún caso permanecen como una masa indiferenciada, a su interior forman subgrupos sobre la base de criterios de prestigio, edad, género y función. Así, hemos visto que los más ancianos tienden a reunirse a beber juntos (justo frente a la puerta de la capilla); además, son ellos los que detentan mayor prestigio dentro del sistema de cargos. Los músicos, como los danzantes, forman unidades distinguibles, incluso con sus propias frecuencias de bebida, impuestas en parte por la secuencia actividad-descanso. El resto de varones se ubica en pequeños grupos de amistad y parentesco. A este nivel, los desplazamientos son escasos; ahora el patrón de interacción es muy similar al que se mantiene en los encuentros espontáneos. En la descripción del evento 11, dos personajes aparecen con autonomía propia: uno es el cargo quien, por la naturaleza de su función, debe estar desplazándose continuamente por el espacio, dirigiéndose a los diversos grupos y deteniéndose en cada uno de ellos, además irá al interior de la casa a ordenar el servido de comida, beberá con cada uno de los presentes que lo busque y deberá atender a los recién llegados; el segundo es la vendedora de chicha, quien se mantiene en un extremo y sus interacciones se limitan a contactos intermitentes que duran el tiempo necesario para beber un vaso de chicha. Otro grupo que se ubica en los sectores marginales de la acción está formado por los niños, quienes juegan alrededor del círculo mayor, se acercan tímidamente a los visitantes o procuran comida con las mujeres. Estas últimas forman uno de los grupos más compactos y cerrados, 30 Para el caso de las sesiones de bebida ceremonial en el reino de Tonga, Urbanowicz (1967) indica que el servido de la cava se hará uno por uno siguiendo el orden de los participantes en el círculo formado, pero este orden deriva del estatus de la persona con respecto al resto de los demás participantes. 56 Alcohol en el sur andino. Embriaguez y quiebre de jerarquías cuya presencia, aunque indispensable, rara vez ocupa un lugar central. Ellas permanecen al interior de las casas y, en las asambleas31, mientras los hombres forman hileras frente a la mesa directiva, ellas se juntan en círculo en un extremo. Las sesiones de bebida se estructuran así sobre un patrón de ubicación circular. Este patrón es el de un conjunto de grupos unidos por la rotación del alcohol32. La focalización de la acción se da sobre un espacio definido desde un ideal adulto-masculino, todo aquel grupo que se aleje de este modelo tenderá a desplazarse hacia los márgenes33. Pero la ubicación de los participantes nunca es estática, va cambiando de acuerdo al desarrollo de la borrachera. Lo que hemos descrito representa un modelo de ubicación inicial y es tal vez el orden ideal de ocupación espacial y de interacción entre grupos, pero este orden será cuestionado y revertido. 31 La presencia de mujeres en las asambleas de las comunidades de la zona ha ido aumentando en los últimos años, en parte por la presión del Ayllu, aunque no tengan una participación activa. Sin embargo, su opinión no es necesariamente igual que la de los hombres: ellas se hacen escuchar en temas referidos a los clubes de madres, huertos familiares, vacunación infantil, programas de alimentación, cría de pollos y cuyes, etc. En las votaciones, su participación es tanto más importante por cuanto desarrollan un mayor consenso reflejado en un voto unitario. 32 Para una comparación entre los patrones simétricos de interacción del chacchado de coca y los patrones asimétricos de la interacción al beber en una comunidad andina, ver Allen, 1988. 33 Del 14 al 16 de julio, se realiza la fiesta de la Virgen del Carmen en el distrito mestizo de Pisac. Numerosos grupos de danzas, a modo de cofradías, compiten y organizan cada una de ellas una pequeña fiesta. En las noches, se forma alrededor de cada grupo musical círculos concéntricos de participantes donde los primeros gozan de la comida (el chiriucho,