I F E ANSTITUTO RANCÉS DE STUDIOS NDINOS UMIFRE 17, CNRS-MAEE Actas del Primer Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores de la Cultura Mochica Arqueología mochica nuevos enfoques Editores Luis Jaime Castillo Butters Hélène Bernier Gregory Lockard Julio Rucabado Yong Arqueología Mochica: nuevos enfoques Primera edición: mayo de 2008 © Luis Jaime Castillo Butters Hélène Bernier Gregory Lockard Julio Rucabado Yong De esta edición: © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008 Av. Universitaria 1801, Lima 32 - Perú Teléfono: (51 1) 626-2000 feditor@pucp.edu.pe www.pucp.edu.pe/publicaciones © Instituto Francés de Estudios Andinos, 2008 Av. Arequipa 4595, Lima 18 - Perú Teléfono: (51 1) 447-6070 Fax: (51 1) 445-7650 postmaster@ifea.org.pe www.ifeanet.org Este volumen corresponde al tomo 21 de la Colección «Actes & Mémoires de l’Institut Français d’Études Andines» (ISSN 1816-1278) Crédito de fotografía: Pieza escultórica mochica, Museo Rafael Larco Herrera Fotógrafo: Carlos Ausejo Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. ISBN 978-9972-42-836-4 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N.° 2008-04854 Impreso en el Perú - Printed in Peru 187Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE: UN INTENTO DE TIPOLOGÍA Y SERIACIÓN Nadia Gamarra Carranza* Henry Gayoso Rullier** El presente artículo resume los resultados de un trabajo cuyo objetivo fue elaborar una clasificación cronológica, morfológica y tipológica de la cerámica doméstica producida en el sitio Huacas de Moche. La clasificación buscó reconocer los cambios morfológicos a través de una secuencia estratigráfica maestra. La muestra se obtuvo de las excavaciones en un sector ubicado en el núcleo urbano localizado en la planicie que separa las huacas del Sol y de la Luna. El análisis consistió en separar los fragmentos en grupos de pastas distintos, siguiendo un proceso de clasificación experimental de naturaleza arbitraria a partir de la observación de la granulometría de las pastas de los fragmentos de bordes, obteniéndose al final tres grupos identificables. Al interior de cada grupo se hizo una clasificación atendiendo a la orientación del borde (abierta o cerrada) y al tipo de vasija, y una subdivisión siguiendo las variantes morfológicas del gollete. Esta investigación nos ha permitido establecer de manera preliminar que la cerámica utilitaria mochica en el sitio no experimenta grandes cambios a través del tiempo. Para los arqueólogos es fácil reconocer en la cerá- mica a uno de los indicadores más utilizados para establecer cronologías, determinar la naturaleza y fun- ción de los espacios arquitectónicos, inferir la distri- bución espacial, interpretar ideologías, etcétera; en resumen, el estudio de la cerámica ha contribuido potencialmente al trabajo arqueológico especialmente en cuatro grandes aspectos: datación, distribución, función y estatus. Los investigadores utilizan categorías como cerá- mica ritual y cerámica doméstica (o cerámica utilitaria) atendiendo a la función de la vasija; o cerámica fina y cerámica burda o simple atendiendo al tratamiento de la superficie de la vasija. Luis Jaime Castillo agre- ga la categoría de cerámica intermedia definiéndola como cerámica «[…] que no es “fina” ni tampoco burda» (Castillo 2003: 593). El corpus de la cerámica ritual mochica, que es generalmente la cerámica fina, está conformado bá- sicamente por las botellas de asa estribo, botellas de asa lateral, los vasos acampanulados (floreros) y los cancheros. Este hecho se establece a partir del hallaz- go de estas formas en contextos estrictamente ritua- les, sean ceremoniales o funerarios. Es casi nula su presencia en otros contextos, al menos para el caso de Huacas de Moche.1 Solo conocemos de algunos casos aislados de botellas de asa estribo completas asociadas a contextos arquitectónicos en el núcleo urbano. La cerámica doméstica, generalmente burda, es aquella compuesta por vasijas utilizadas en las acti- vidades cotidianas, en el marco de la economía de subsistencia, como bienes estrictamente utilitarios. La producción cerámica de la sociedad mochica al- canzó un alto grado de desarrollo y especialización, tanto en el aspecto técnico como en el productivo, y llegó a niveles de producción en masa durante el apogeo de esta sociedad, como lo demuestra la exis- tencia de talleres de alfareros registrados tanto en el núcleo urbano de Huacas de Moche (Armas et al. 1993; Uceda y Armas 1997) como en la falda no- roeste de Cerro Blanco (Jara 2000). No se han re- gistrado otros talleres de producción de cerámica en el valle de Moche, a excepción del de Galindo, que es un taller pequeño y que según Garth Bawden fue utilizado por «[…] artesanos de bajo status so- cial sin la supervisión o control de las autoridades gobernantes» debido a la ausencia de cerámica fina (Bawden 1977: 187-98, citado en Russell et al. 1994a: 205). * Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Correo electrónico: nadiagamarra@hotmail.com. ** Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Correo electrónico: hgrullier@hotmail.com. 188 ARQUEOLOGÍA MOCHICA Fuera del valle de Moche se han registrado talle- res de diversa escala de producción en sitios como Cerro Mayal en el valle de Chicama (Russell et al. 1994a, 1994b), Pampa de los Incas en el valle de Santa (Wilson 1988: 211), y Pampa Grande en el valle de Lambayeque (Shimada 1994b). Si bien se ha podido confirmar el control de la producción de la cerámica ritual, por lo menos para el caso de Huacas de Moche, el control de la producción de la cerámi- ca doméstica no es tan evidente y «[…] el abasteci- miento podría haberse hecho a nivel regional» (Chapdelaine et al. 1995: 183). El objetivo principal de nuestro trabajo fue ela- borar una clasificación cronológica, morfológica y tipológica de la cerámica doméstica producida y usa- da por los habitantes del sitio Huacas de Moche. La clasificación buscó reconocer los cambios morfoló- gicos (innovaciones, apariciones, desapariciones y persistencias) a través de una secuencia estratigráfica maestra. El núcleo urbano está compuesto por una serie de unidades arquitectónicas denominadas conjuntos arquitectónicos (CA), articuladas por corredores y callejones, además de espacios abiertos denomina- dos plazas. Estos conjuntos arquitectónicos han sido definidos por los investigadores como residencias multifuncionales en donde se desarrollan tanto acti- vidades productivas como domésticas y de almace- naje (Uceda 2004). Chapdelaine opina que los habi- tantes de los conjuntos arquitectónicos no eran fa- milias individuales o que respondían a otro tipo de parentesco, lo que supone que se trata de grupos cor- porativos que están ejerciendo el control de la crea- ción de estos espacios y de las actividades que se llevan a cabo en su interior (Chapdelaine 2001: 69-70). Hemos seleccionado una muestra obtenida de las excavaciones en el Ambiente 35-5, del CA35. Este conjunto está ubicado en el núcleo urbano, sector localizado en la planicie que separa los dos monu- mentos mayores. El Ambiente 35-5 (Trinchera 9), forma parte del CA35, y es el único contexto en el sitio excavado arqueológicamente hasta la capa esté- ril, a ocho metros de profundidad, por lo que el ma- terial extraído en las excavaciones es el más idóneo para registrar la secuencia completa de ocupación mochica en el sitio. Antecedentes La gran mayoría de estudios sobre la cerámica mochica se ha concentrado en la cerámica ritual, tanto en sus características formales y técnicas (por ejem- plo Larco 1948; Donnan 1965, 1971; Purin 1983; 1985) como en su contenido iconográfico (Bankman 1980; Benson 1972; Berezkin 1980; Castillo 1989; Donnan 1976, 1978; Donnan y McClelland 1979, 1999; Kutscher 1955, 1983; Reichert 1982; entre otros). Pocos son los estudios sobre la producción de la cerámica en cualquiera de sus categorías, y la ma- yoría se orienta a las botellas de asa estribo, una for- ma estrictamente ritual (Donnan 1965, 1992; Klein 1967; Larco 1948; Purin 1983, 1985, entre otros). Claude Chapdelaine, Greg Kennedy y Santiago Uceda publicaron los resultados de un estudio sobre la producción local de la cerámica en Huacas de Moche sobre la base del análisis de la activación neutrónica de muestras de arcilla extraídas de canteras cercanas al sitio y arcillas extraídas de material arqueológico (frag- mentos de cerámica de tipo ritual, doméstico y figurinas o estatuillas) (Chapdelaine et al. 1995). El grupo de vasijas domésticas2 constituye un grupo menos homo- géneo comparado con el de las estatuillas o el de las vasijas decoradas. Esta variabilidad sugirió a los auto- res que hubo un control mucho menos estricto de la producción de cerámica doméstica si la comparamos con la producción de objetos asociados a la elite, posi- blemente por la existencia de una red de aprovisiona- miento en el valle bajo de Moche. Así, algunos tipos de vasijas domésticas se adquirieron por intercambio y otros se hicieron in situ, pues el estudio realizado permitió a los autores afirmar que los alfareros utiliza- ron ampliamente una arcilla semejante químicamente a la arcilla local: La relativa homogeneidad que existe entre los va- sos no decorados contrasta nítidamente con la ho- mogeneidad de las estatuillas y de los vasos deco- rados. El control de la producción, o el del abastecimiento de vasos domésticos, era diferente y por tanto previsible una mayor diversidad [...] Una parte de los vasos no decorados quizá fue pro- ducida en otra parte del sitio o traída de otra co- munidad situada en el valle bajo de Moche. Sería necesario efectuar un análisis para aclarar este pun- to (Chapdelaine et al. 1995: 207). 189Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE Figura 1. Ubicación del área de procedencia de la muestra. Ambiente 35-5. Lamentablemente, en este artículo no se men- ciona o identifica cuáles son los tipos o subtipos que presentan una pasta semejante a la local y cuáles no, lo cual habría sido una información sumamente va- liosa. Esta información no formó parte de los objeti- vos del estudio en cuestión. Christopher Donnan (1971) realizó un trabajo sobre las marcas de fabricante, y fue el primero en concentrarse en el estudio de la cerámica doméstica, aunque solo se limitó a ese aspecto. Por lo menos para el valle de Moche, solo encontramos un trabajo realizado por Sebastián Organde (1997). Este inves- tigador se interesó más en el aspecto espacial y contextual que en el aspecto temporal de la cerámica doméstica en Huacas de Moche, ya que la muestra que utilizó se limitó a un periodo de tiempo deter- minado: la fase IV de la ocupación moche. Sus obje- tivos principales fueron verificar las formas y dimen- siones de la cerámica doméstica en la búsqueda de una clasificación, así como comprobar la presencia de tipos recurrentes como índices de uniformización3 que reflejen una producción en masa y la presencia de especialistas. Organde comprobó que la cerámica doméstica en Huacas de Moche presenta una enor- me variabilidad en cuanto a tipos y subtipos, algo que corroboramos con nuestra experiencia de cam- po y gabinete. Caracterización de la cerámica doméstica de Huacas de Moche La cerámica doméstica de Huacas de Moche ge- neralmente está compuesta por vasijas sin decoración elaboradas ya sea con la técnica del modelado o el moldeado o combinando ambas técnicas. El tratamiento de la superficie es generalmen- te alisado o pobremente pulido y, en algunos ca- sos, la superficie se cubre con un engobe arcilloso de consistencia ligera y de tonalidad generalmen- te crema. 190 ARQUEOLOGÍA MOCHICA Figura 2. Perfil estratigráfico de la trinchera 9. 19S 7E 18S 7E 17S 7E 16S 7E 15S 7E P1 P2 P3 P4 P5 P6 P7 P8 P9 P10 P11 P12 P13 GRAVACERAMICA ARENA CENIZA MUESTRA PARA LEYENDA PIEDRA OSEOS SEDIMENTO FECHADO 0 2m1 M8 M10 m19 m18 m17 m16 m15 m14 m13 m12 m11 m10 m47 m46 m45 m44 m43 m42 m20 m48 MUESTRA DE SUELO 75.64m Algunas vasijas presentan incisiones a manera de marca de fabricante o el uso de la pintura, general- mente de color crema, siendo los motivos más elabo- rados las líneas y las olas continuas. También hay aquellas vasijas de tamaño menor que son somera- mente pulidas, como es el caso de algunas ollas sin cuello o de cuello muy corto, que presentan decora- ción pintada en color rojo o marrón sobre un baño crema, o aquellas alisadas con decoración pintada en crema. Los motivos generalmente son líneas parale- las y escalonadas. La cerámica doméstica del sitio fue cocida pre- dominantemente en horno abierto con atmósfera oxidante, aunque una pequeña porción de la mues- tra (13.57%) aparentaba una cocción de atmósfera reducida. El área de procedencia de la muestra El CA35 se encuentra ubicado en el núcleo urbano moche dentro de los cuadros E4-F4, según la cuadriculación general del Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Este conjunto está compuesto por 17 ambientes y abarca un área total de 495 m2. Li- mita por el norte con los CA 17 y 21, por el sur con el CA30, por el este con la Avenida 1 y por el oeste con zonas aún no excavadas (Tello et al. 2000, 2001). La Trinchera 9 se encuentra en las cuadrículas 14-18S/7-17E del cuadro E4, abarca todo el Am- biente 35-5 (figura 1), tiene 11 metros de largo por 5 metros de ancho y está orientada de este a oeste. Esta trinchera, que tiene 8 metros de profundidad, ha sido excavada en las temporadas 2000, 2001 y 2002 (ver Tello et al. 2001, 2002, 2003) (figura 2), y uno de los objetivos de la excavación fue el de esta- blecer una columna estratigráfica cultural completa para el sitio. La excavación reveló una superposición total de trece pisos de ocupación, de ellos, los pisos trece al siete tienen cerámica asociada a Moche fase II según la secuencia estilística de Larco (1948), los pisos seis a tres, a Moche fase III, y los pisos dos y uno, a Moche fase IV (Tello et al. 2003: 93-99). Las pastas son generalmente toscas y/o gruesas, aunque las hay finas y/o delgadas. Esto guarda estrecha relación con el tipo y el tamaño de la vasija, así como también el sector de la misma (gollete vs. cuerpo). Metodología El Ambiente 35-5 se tomó en cuenta para el de- sarrollo del presente reporte porque es el único hasta la actualidad excavado hasta la capa estéril, lo cual nos permitirá, con las restricciones que suponen el área del contexto y la cantidad de la muestra, aproxi- marnos al objetivo principal que perseguimos. La muestra está constituida por 538 fragmentos, en su mayoría bordes identificables como vasijas do- mésticas y adicionalmente bordes, partes de golletes o cuerpos con decoración. Del total de la muestra, 325 fragmentos pertenecen a pisos asociados con cerámica Moche fase II (del Piso 13 al Piso 7), 146 pertenecen a los pisos asociados a cerámica Moche fase III (del piso seis al tres), y 67 de los pisos están asociados a la ocupación Moche fase IV (pisos dos y 191Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE uno). De los 325 fragmentos, 307 son fragmentos de bordes y 18 son fragmentos de cuerpos de vasijas que presentan elementos decorativos. Los fragmentos no analizables, que incluyen frag- mentos de cerámica ritual, figurinas, piruros, toberas, instrumentos musicales, así como cuerpos de vasijas no identificables, fueron descartados de la muestra. También fueron descartados aquellos fragmentos de bordes de tamaño demasiado reducido como para determinar su orientación y su diámetro. El análisis de la muestra consistió en separar los fragmentos en grupos de pastas4 distintos, indepen- dientemente de la ubicación estratigráfica, siguien- do un proceso de clasificación experimental de natu- raleza arbitraria a partir de la observación de la granulometría de las pastas de los fragmentos de bor- des, obteniéndose al final tres grupos identificables. Es necesario hacer la aclaración de que utilizamos el término pasta como término general y evitamos en lo posible el uso de términos como arcilla o tempe- rante por considerarlos como categorías ambiguas, por dos razones principales. La primera tiene que ver con la composición quí- mica de arcillas y temperantes y sus calificativos de plásticos y antiplásticos o aplásticos. Técnicamente la arcilla es considerada el material plástico, mien- tras que el temperante es el antiplástico, también conocido como desgrasante porque «[…] permite desgrasar la arcilla, tenderla más fácil para trabajar o más fuerte para que no se rompa la olla al secar o durante la cocción» (Druc 1996: 23). Pero las arci- llas usadas por los ceramistas no están constituidas 100% de material plástico, presentando en su com- posición «[…] algunos minerales aplásticos que apa- recen en ella» (Arnold 1994: 481) y llegando en algunos casos a conformar un 50% de la composi- ción de la pasta sin necesitar, por lo tanto, de la adición de un temperante para su uso en la elabora- ción de vasijas. Igualmente, existen temperantes que en su composición presentan elementos plásticos (Arnold 1994: 481). La segunda razón tiene que ver con el pensa- miento del ceramista (Arnold 1994: 482; Druc 1996: 22). El ceramista o el «ollero», como se conoce po- pularmente al que produce vasijas domésticas, bus- caba y busca materias primas para luego, mediante un proceso de experimentación, determinar la «tie- rra buena para hacer ollas», es decir qué tipo de ma- terias primas le van a permitir obtener una vasija re- sistente y duradera, sin hacer distinciones entre lo que es arcilla y temperante. Nos hemos visto en la necesidad de hacer uso del trabajo etnoarqueológico de algunos investigadores (Druc 1997; Shimada 1994a; Camino 1983) para entender mejor los procesos asociados a la manufac- tura de la cerámica doméstica, pues: […] en todo el mundo han desaparecido las tec- nologías alfareras que fueron dominadas por los Estados, mientras que han sobrevivido las tecno- logías basadas en la organización de la unidad do- méstica. Incluso en algunos casos, estas últimas han evolucionado en nuevas formas de organiza- ción de la producción alfarera realizada fuera de la unidad doméstica (Arnold 1994: 488). Así, la pasta se constituyó en la primera variable de clasificación atendiendo a la granulometría obser- vable. El análisis se hizo con un lente de geólogo. Es importante señalar que utilizamos la pasta como va- riable con la intención de identificar la posible pre- sencia de alfares (aunque el método visual sea muy limitado), entendiendo un alfar como una «unidad de producción tecnológicamente uniforme» (Lum- breras 1987: 4). Bajo esta premisa, en principio, un alfar puede estar conformado por uno o más talleres. Futuros análisis petrográficos y químicos podrán ayu- darnos a identificar los posibles alfares. La segunda parte del análisis consistió en la identificación de las formas, que se hizo a partir de la observación de los fragmentos de bordes, y de las variantes a partir de la forma del gollete o cuello. Una vez separados los grupos, piso por piso, y subdivididos en formas y variantes, se procedió a to- mar datos en un formato impreso establecido. Estos datos fueron: tipo de vasija, subtipo, diámetro del borde del gollete, grosor de la pasta, color de la pas- ta, grupo, tipo de cocción, tratamiento de la superfi- cie y, eventualmente, la decoración externa e inter- na. Se contó con la ayuda de un gráfico de bordes y un calibrador. Luego se procedió a dibujar y fotogra- fiar los fragmentos, seleccionando aquellos que se consideraban representativos de un tipo y una va- riante de tipo. 192 ARQUEOLOGÍA MOCHICA Figura 3. 3a. Muestra de la granulometría del primer grupo 3b. Muestra de la granulometría del segundo grupo 3c. Muestra de la granulometría del tercer grupo Resultados El análisis de la muestra nos permitió identificar grupos de pastas, al menos dos alfares fácilmente reconocibles por observación directa; pero esta divi- sión en grupos no nos sirvió para cuestiones tipoló- gicas. Hemos elaborado una tipología atendiendo a la forma (clasificación morfológica) y utilizando como variable al interior de cada forma, las variaciones en las características del gollete y el borde (variantes). A partir de esta tipología terminamos aportando algu- nos datos generales sobre la muestra, elaborando cua- dros estadísticos que nos permitirían ver las ausen- cias y presencias de ciertas formas y variantes a través del tiempo. Grupos de pasta La separación de la muestra en grupos de pasta fue un acto metodológico orientado a la identifica- ción de alfares a partir de las características de la pasta, obvias a la observación simple. Nos basamos en un principio en la observación de la granulometría. Gra- cias a este proceso, identificamos estos tres grupos: 1. El grupo 1 (figura 3a) está formado por aque- llos fragmentos de pasta fina o muy fina donde prác- ticamente no hay elementos superiores al tamaño de las arenas finas y las arcillas. El trabajo de molido de la materia prima por parte del alfarero, si es que lo hubo, ha sido intencionalmente exhaustivo. 2. El grupo 2 (figura 3b) está formado por aque- llos fragmentos cuyas pastas presentan elementos de tamaños superiores a las arcillas y las arenas finas. Su granulometría es muy diversa y un intento de subcla- sificación de este grupo por el tamaño habría sido no solo trabajoso sino también inútil, pues habríamos terminado definiendo una cantidad no solo conside- rable sino también engañosa de grupos. Aparente- mente, el trabajo de molido de la materia prima por parte del alfarero, si es que lo hubo, no fue intencio- nalmente demasiado exhaustivo. 3. El grupo 3 (figura 3c) es una variación del gru- po 2, pero fue separado como tal por observarse cier- tas características particulares en los fragmentos: tie- nen como elementos granulométricos mayores unas partículas que fueron identificadas preliminarmente como algún tipo de calcita mezclada con componen- tes arcillosos; es común el uso del baño crema; y se usaron predominantemente para la manufactura de cántaros de cuello recto, en algunos casos con decora- ción asociada a los tipos Castillo Modelado y Castillo Inciso, tradicionalmente conocidos como Gallinazo. Los posibles alfares Gracias a este paso, en el proceso pudimos iden- tificar un grupo de pastas, el denominado grupo 3, cuyas características ya han sido mencionadas ante- riormente. En este grupo la muestra no es muy am- plia y, como ya hemos mencionado, solo se han re- conocido cántaros y ollas, siendo los cántaros los más numerosos (85.71%) y, entre ellos, los cántaros de gollete recto son los que tienen una presencia casi constante. Este grupo podría estar identificando la cerámica perteneciente a un alfar diferente a los de los otros dos grupos. Los grupos 1 y 2 no se diferencian más que por el tamaño de las inclusiones. Probablemente estemos hablando de la misma pasta cuyo proceso de molien- da ha sido más elaborado para el caso del grupo 1, así que ambos grupos podrían estar formando parte de un mismo alfar. Tipología Las formas que hemos reconocido en nuestra muestra son cántaros, tinajas, ollas, cuencos y pla- tos. Estas formas constituirían el set utilitario en el núcleo urbano de Huacas de Moche. Cántaros. Los cántaros son vasijas grandes, de boca angosta y presentan gollete. El cuerpo es ancho en la 193Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE Figura 4. 4.1. Cántaros de gollete recto. 4.2. Cántaros de gollete expandido. 4.3. Cántaros de gollete evertido, 4.4. Cántaros de gollete convexo. parte media estrechándose en la base. Su función es la de almacenar, preservar o transportar líquidos o sóli- dos. Aunque ocurra de manera excepcional, no se pue- de beber o comer directamente de ellos, tanto por su tamaño y volumen como por su forma (Lumbreras 1987: 3). En Huacas de Moche existen cántaros de tamaño diverso, algunos de boca muy ancha y cuerpo de grandes dimensiones, casi del tamaño de las tina- jas. Los cántaros, dependiendo de su tamaño, habrían sido utilizados para almacenar, transportar o servir lí- quidos, como el agua o la chicha, o para almacenar granos en el caso de los cántaros de grandes propor- ciones. Para el caso de los cántaros más grandes, su función y la de las tinajas pudo haber sido comparti- da, incluso es posible que sus usuarios no hayan esta- blecido una diferencia más allá de la morfológica. Estos tipos de vasijas se subdividen en los siguientes subtipos: a) Cántaros de gollete recto (figura 4.1). De ma- nera descriptiva podríamos mencionar que hemos identificado bordes de labio redondeado de paredes rectas (figura 4.1b); bordes que presentan bisel hacia fuera (figura 4.1a), hacia adentro (figura 4.1k) o en la base del labio (figura 4.1l). Otros son rectos pero ligeramente evertidos o expandidos a la altura de un labio generalmente redondeado (figura 4.1j), a veces con un engrosamiento hacia fuera (figuras 4.1e, f, g, h). En otros casos el gollete es sinuoso y de labio redondeado (figuras 4.1c, d) o de borde invertido con labio redondeado y un engrosamiento hacia fue- ra (figura 4.1m). b) Cántaros de gollete expandido (figura 4.2). Generalmente el labio es redondeado (figuras 4.2a, b, c, d, e, g). En algunos casos el labio presenta un engrosamiento con relación al grosor del gollete (fi- guras 4.2h, i). Otros fragmentos presentan labio bi- selado hacia adentro o hacia afuera (figuras 4.2f, j). c) Cántaros de gollete evertido (figura 4.3). Es- tos cántaros presentan el labio redondeado (figuras 4.3c, d, e), que en algunos casos tiene una hendidu- ra (figuras 4.3a, b). La eversión puede ser pura (figu- ras 4.3a, b, d), es decir que se da desde la parte infe- rior del gollete hasta el labio, o impura, cuando se da en la parte superior del gollete (figuras 4.3c, e). d) Cántaros de gollete convexo (figura 4.4). En las primeras ocupaciones (asociadas a formas ritua- les reconocibles como estilo Moche II), algunos frag- mentos del grupo 3 presentan un engrosamiento hacia afuera del labio, el cual en algunos casos es ligeramente evertido. Ciertos fragmentos de este subtipo en este grupo presentan decoración de esti- lo Castillo Modelado y Castillo Inciso o baño cre- ma. Entre los cántaros de cuello convexo, la tipología varía desde aquellos ligeramente convexos (porque la curvatura del gollete no es tan pronunciada) (fi- guras 4.4a, b, c, d) hasta los convexos globulares 194 ARQUEOLOGÍA MOCHICA (figuras 4.4e, f ). El labio siempre es recto e inclinado hacia adentro. Una curiosa variación que encontra- mos fue la de un borde de gollete convexo y labio ex- pandido (figura 4.4g). Ollas. Las ollas son vasijas de cuerpo generalmente esférico, gollete corto y boca ancha (Manrique y Cáceres 1989), aunque las hay también sin gollete. Su función está directamente asociada a la cocción de alimentos (Lumbreras 1987: 3). Estos tipos de vasijas se subdividen en los siguien- tes subtipos: a) Ollas de cuello expandido (figura 5.1). Gene- ralmente de labio redondeado (figuras 5.1a, b), en algunos casos de labio recto con un ligero reborde hacia adentro (figura 5.1c). b) Ollas de cuello convexo (figura 5.2). Presen- tan el borde recto e inclinado hacia adentro. c) Ollas de cuello recto (figura 5.3). Presentan el borde redondeado, ligeramente inclinado hacia adentro. d) Ollas de cuello corto (figura 5.4). El cuello generalmente es ligeramente expandido. Son las Vessel with Flange (VWF) identificadas por Heidi Fogel (1996: 23, ilustración 11). Son generalmente las más elaboradas, de superficies mejor trabajadas, presen- tando en muchos casos decoración pintada con mo- tivos generalmente geométricos. e) Ollas sin cuello, con asa falsa (figura 5.5). Tinajas. Las tinajas en Huacas de Moche son va- sijas abiertas de grandes proporciones, de paredes gruesas, sin gollete, cuerpo ovoide en posición nor- mal u ovoide en posición invertida, de base convexa, nunca de base plana. A las tinajas de enormes di- mensiones, los lugareños les llaman porrones. Se trata de vasijas «[…] típicamente usadas para almacenar agua y para cocinar, enfriar y almacenar chicha» (Shimada 1994: 297; comunicación personal 2004), aunque también pudieron servir para almacenar só- lidos. Por información etnográfica5 sabemos que las tinajas de cuerpo ovoide en posición normal pudie- ron servir para almacenar agua mientras aquellas de cuerpo en posición ovoide invertida (de base más puntiaguda) habrían sido utilizadas para el reposo de la chicha. a) Tinajas de borde directo, simple o sin modificar (figura 6.1). Este tipo de tinaja puede presentar un engrosamiento al interior del labio. Entre las tinajas de borde directo, simple o sin modificar, existe una variación que presenta doble cuerpo (forma de «8»). b) Tinajas de borde reforzado exteriormente (fi- gura 6.2). Similares morfológicamente a las tinajas de borde directo, pero presentan un engrosamiento de la parte exterior del borde. Cuencos (figura 7.1). Los cuencos son vasijas de boca estrecha y cuerpo semiesférico o carenado (Manrique y Cáceres 1989). Son recipientes hon- dos, anchos, usualmente sin borde, siendo la altura menor al ancho o diámetro. En el sitio de Moche se encuentran bordes de cuencos tanto del tipo de bor- de entrante o invertido (figura 7.1a) como de bor- de expandido (figura 7.1b). Aparentemente los moldes utilizados para hacer los cuencos cerrados son los mismos que se utilizaron para manufactu- rar los cancheros, a los cuales simplemente se les adicionaba un mango. Sin embargo, los cancheros están considerados como formas cerradas, mientras los cuencos están tipificados como formas abiertas. El borde es directo o no modificado, es decir, «[…] continúa la curvatura de la pared del cuerpo» (Meggers y Evans 1969). Platos (figura 7.2). El plato se caracteriza porque su apertura es muchísimo mayor que su altura, al punto que muchos de ellos tienden a ser casi totalmente pla- nos o con una pequeña concavidad en medio y un borde plano alrededor (Lumbreras 1987: 3). Son po- cos los fragmentos de platos encontrados en la mues- tra, pero son del tipo expandido de borde generalmente más grueso que el cuerpo. Datos generales sobre la muestra Se han analizado un total de 507 fragmentos. Teniendo en cuenta las formas identificadas, las más populares son los cántaros con un 65.63% del total de la muestra (gráfico 1). El resto de los fragmentos analizados corresponde a ollas (19.34%), tinajas (12.50%), cuencos (1.56%) y platos (0.98%) que aparecen en menor porcentaje. 195Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE Figura 5. 5.1. Ollas de cuello expandido. 5.2. Ollas de cuello convexo. 5.3. Ollas de cuello recto. 5.4. Ollas de cuello corto. 5.5. Ollas sin cuello con asa falsa. Figura 7. 7.1. Cuencos. 7.2. PlatosFigura 6. 6.1. Tinaja de borde directo. 6.2. Tinaja de borde reforzado. 196 ARQUEOLOGÍA MOCHICA 0.00 20.00 40.00 60.00 80.00 100.00 120.00 11 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 Pisos % Cántaros Ollas Tinajas Cuencos Platos 0 10 20 30 40 50 60 70 Cántaros Ollas Tinajas Cuencos Platos % Gráfico 1. Gráfico porcentual de formas presentes en la muestra. Gráfico 2. Gráfico acumulativo de presencia de formas por pisos. 197Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE Gallinazo Otros 53.25 46.75 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 % Gráfico 3. Gráfico porcentual de estilos decorativos presentes en la muestra. Los cántaros y las ollas tienen una presencia cons- tante en las ocupaciones tempranas (gráfico 2), es- tando en mayor número en los Pisos 10 y 9, mien- tras que no están presentes en las ocupaciones más tardías (Pisos 2 y 1). Esto quizá se deba a que el ta- maño de la muestra es reducido en estos pisos, ya que en otros contextos se ha podido registrar estas formas en estas ocupaciones. Las tinajas, al igual que las formas anteriores, tie- nen una presencia regular en las diferentes ocupacio- nes, teniendo mayor número en los pisos tardíos (Pi- sos 3 y 2), asociados a cerámica de estilo Moche IV según la secuencia de Larco. En cuanto a los cuencos y platos, que son las for- mas menos numerosas en toda la muestra, los pri- meros aparecen en el Piso 9 y tienen una presencia regular a partir del Piso 7, mientras que los platos aparecen solo en los Pisos 10, 7, 4 y 2. Una explica- ción sobre la poca presencia de estas formas podría ser que estas forman parte de la vajilla portátil de una familia o grupo familiar, razón por la cual cuando se abandonan o se construyen nuevos espacios arqui- tectónicos, su ausencia en los rellenos de los pisos arquitectónicos es notable. Además, debemos tomar en cuenta el tamaño de la muestra. El tipo de cocción de atmósfera oxidante es el predominante en todas las formas analizadas. Hay un pequeño porcentaje (14.3%) de fragmen- tos que presentan decoración. Los elementos deco- rativos asociados a estilos del valle de Virú son los más populares y representan el 53.25% del total de fragmentos decorados (gráfico 3). Son de los tipos Castillo Modelado y Castillo Inciso (Bennett 1950: 88), como los listones mellados (figura 8a), aplica- ciones con incisiones o «rosetas» (figura 8b) e inci- siones en formas de cuñas (figura 8c). El otro tipo de decoración más común es la pintura de color crema y figuras geométricas con pintura del mismo color, pero está presente en menor porcentaje. Discusión y comentarios La discusión y comentarios que se presentan a continuación deben tomarse de manera preliminar, ya que la muestra procede de un contexto único del núcleo urbano, el CA35. La cerámica doméstica del sitio Huacas de Moche no experimenta grandes cambios a través del tiem- po. Hemos analizado cerámica de diferentes ocupa- ciones (trece pisos arquitectónicos) que ha sido aso- ciada a cerámica de los estilos Moche II, III y IV de la secuencia estilística de Larco, y esta mantiene las mismas características formales. La división en grupos de pasta obedeció a la in- tención de identificar alfares; a partir de esta división pudimos observar que existen un grupo de pastas (grupo 3) de características disímiles a las de los otros dos grupos que estarían identificando un alfar dife- rente, y posiblemente un grupo de cerámica foráneo, pues curiosamente la mayor parte de fragmentos de este grupo presenta decoración que corresponde a los tipos conocidos como Castillo Modelado y Cas- tillo Inciso del valle de Virú. Por otro lado, elemen- tos de los tres grupos reconocidos se encuentran pre- sentes en todas las fases estilísticas identificadas en nuestra secuencia maestra. Nuestro artículo no intenta establecer la impor- tancia de la cerámica como herramienta para la datación relativa, porque hemos visto que no es útil, sino más bien la identificación y caracterización de las diferentes formas del llamado «set utilitario» (léase cántaros, tinajas, ollas, platos y cuencos), las cuales están presentes en casi todos los pisos de ocupación, 198 ARQUEOLOGÍA MOCHICA Figura 8. Cerámica con decoración de estilo gallinazo. 8a. Listones mellados. 8b. «Rosetas». 8c. Incisiones en forma de cuñas. en proporciones casi idénticas y con características similares. La casi nula variación de las características forma- les de las diferentes formas identificadas en la cerámi- ca doméstica se debería a que en este tipo de cerámica no está plasmada la ideología de la sociedad que la produce, como sí ocurre con la cerámica de tipo ri- tual. Los cambios entonces nos son bruscos y no obe- decen a tendencias regidas por el Estado. No es de extrañar, entonces, que al observar la cerámica utilitaria de otros periodos, por ejemplo Salinar, Virú o Chimú, esta tenga las mismas características que la excavada en contextos mochica. Como prueba de ello tenemos la omnipresencia de cerámica doméstica con decora- ciones de tipo Castillo Modelado y Castillo Inciso durante la ocupación mochica en el sitio. William Strong y Clifford Evans (1952: 316, 325) ya habían mencionado que los tipos Castillo Modelado y Castillo Inciso, que son el tipo de de- coración más común en la cerámica doméstica, apa- recen en el periodo Salinar (middle Puerto Moorin period) y relacionan a este tipo de decoración con vasijas domésticas. Además, según Carol Mackey (citada en Organde 1997: 2), el 99% de vasijas ga- llinazo halladas en el valle de Moche son domésti- cas. Vemos entonces que se trataría de un estilo que está presente desde periodos tempranos y que está relacionado con cerámica utilitaria. Queda descar- tada entonces la idea de que la presencia de cerámi- ca con este tipo de decoración en contextos mochica nos estaría indicando una especie de sometimiento de grupos gallinazo por parte de esta sociedad, como lo propusieron Shimada y Maguiña (1994: 56). Se trata simplemente de un estilo decorativo usado des- de épocas tempranas y que se mantiene vigente en época mochica. Como hemos mencionado líneas arriba, creemos que esto obedece a que la cerámica doméstica permanece prácticamente invariable a tra- vés del tiempo. Este tipo de material era producido sin el control del Estado, y entre las razones para sustentar esto podemos decir de que no era un ele- mento de prestigio ni contenía la carga ideológica estatal; es por eso que podemos encontrar cerámica de estilo Castillo Modelado y Castillo Inciso en con- textos mochica sin que esto no lleve a pensar en un dominio o una suerte de esclavitud de un grupo gallinazo. Se trata simplemente de que la gente con- tinuó decorando su cerámica doméstica como siem- pre lo había hecho. Queda por realizar (lo que sería de suma impor- tancia para entender el carácter de este tipo de cerá- mica) una comparación entre la cerámica doméstica obtenida en sitios urbanos, como las Huacas de Moche, y en sitios rurales del mismo valle, para po- der establecer sus diferencias y similitudes. De existir tales diferencias estaríamos hablando de una especie de talleres especializados en la producción de cerá- mica utilitaria solo para satisfacer la demanda de la gente de la ciudad (gente de mayor estatus), y que la gente de las comunidades rurales quizá se autoaba- stecía de la cerámica necesaria para la vida cotidiana o la obtenía por intercambio. 199Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE La existencia de estos talleres especializados en la producción de cerámica utilitaria o doméstica nos llevaría a una serie de interrogantes: ¿hubo una pro- ducción a escala doméstica o supradoméstica o exis- tieron ambas simultáneamente?, ¿fue esta especiali- zación independiente o ligada?, o dicho de otra ma- nera, ¿fue la producción de cerámica doméstica de alguna manera controlada por el Estado? Otro punto a tratar sería el de comparar la cerá- mica doméstica de diferentes periodos culturales (Salinar, Gallinazo, Chimú). Este futuro análisis nos permitiría reafirmar (o quizá descartar) la conclusión de este artículo: la casi nula variación morfológica de la cerámica doméstica, como señalamos al empezar este capítulo. Si bien no cambian las características formales, sí existe un cambio en el porcentaje de la presencia y predominancia de ciertas formas sobre otras a través del tiempo. Por ejemplo, en las ocupaciones tardías las tinajas son las formas más comunes después de los cántaros. De manera preliminar, podríamos decir que esto se da como respuesta a la creciente complejización de la sociedad mochica reflejada en la aparición de un poder organizado en estas ocupa- ciones que han sido asociadas a cerámica de la fase Moche IV de la secuencia de Larco. Pudo haberse dado una ampliación de las redes de intercambio, a la vez que el poder local logra tener el control de un mayor número de recursos. La mayor presencia de tinajas pareciera deberse a una intensificación en el proceso de producción de chicha, producto de una mayor cantidad de actividades ceremoniales de tipo administrativo, asociadas a los principios de redistribución y reciprocidad, así como para satisfacer la demanda diaria de esta bebida. Es necesario corro- borar esto con la información que arrojen las futuras excavaciones en el núcleo urbano, especialmente con las excavaciones en el resto del CA35, puesto que la muestra, si bien numerosa, se reduce a un ambiente dentro de un conjunto arquitectónico específico con sus propias características de contexto. Pensamos que la diferenciación de las pastas se debe a que: a) posiblemente hubo una selección de las materias primas según el tipo o la parte de la vasi- ja a manufacturar; o b) era la misma arcilla, pero se le aplicaba un proceso de molienda en diferentes ni- veles según la necesidad. Estas dos posibilidades tie- nen sustento etnográfico. Los estudios en Mórrope (Lambayeque) y en Áncash (Druc 1997; Shimada 1994a) han demostrado que los ceramistas muelen la pasta en diferentes niveles según el tipo de vasija que desean elaborar, mientras que los alfareros de Sinsicap (La Libertad) revelaron que los alfareros «[…] usaban [las arcillas] según las necesidades de la pieza a realizar» (Camino 1987: 32), seleccionando la arcilla de las diversas canteras cercanas a la zona, algunas de las cuales no necesitan de un temperante. Obviamente, la disponibilidad de diferentes arcillas en un área determinada ahorra el trabajo de molerla: simplemente se selecciona. Pero los estudios realizados por Chapdelaine y coautores (1995) demuestran que la pasta de varios fragmentos de cerámica del tipo doméstico de Huacas de Moche se aproxima químicamente a la pasta utili- zada para la elaboración de cerámica ritual y figurinas, y por lo tanto fue obtenida de la misma fuente. Nues- tro análisis preliminarmente permitió asumir que los componentes presentes en las pastas son generalmente los mismos (a excepción del grupo 3), solo que su granulometría varía en diversos casos. Por lo tanto, es más plausible decir que en la mayoría de los casos los alfareros del sitio obtenían las arcillas de la misma cantera, y como parte del proceso previo a la manu- factura se realizaba un proceso de molienda según el tipo y la parte de la vasija a producir. En cuanto al abastecimiento de este tipo de cerá- mica, existe una remota posibilidad de que algunas de las vasijas de tamaño reducido se hayan produci- do en el taller alfarero excavado por José Armas y compañeros en 1993, ya que se registran moldes de pequeños cántaros (jarras) y cuencos en estos con- textos, así como un fragmento de olla cruda (Armas et al. 1993: 41,75). Sin embargo, es necesario decir que estas formas pudieron haber sido elaboradas como piezas rituales más que utilitarias. La produc- ción de vasijas de grandes dimensiones (tinajas y gran- des cántaros), en cambio, pudo realizarse en el taller que se encuentra en la falda norte de Cerro Blanco. Gloria Jara reporta que en dicho sector se encontró una gran concentración de fragmentos de cerámica, específicamente de tinajas y cántaros de gran forma- to, además de encontrar elementos crudos, así como 200 ARQUEOLOGÍA MOCHICA utensilios necesarios para la producción de cerámi- ca, como platos de alfarero, batanes, manos de mo- ler, moldes, entre otros (Jara 2000: 41). Estamos ha- blando entonces de dos centros de producción dis- tintos para cada tipo de vasijas; teniendo en cuenta el tamaño de estas, se trataría entonces de una suerte de especialización de talleres alfareros. Futuras excavaciones demostrarán si hubo más talleres en el sitio. No debemos olvidar que parte de las vasijas domésticas utilizadas por la población de las Huacas de Moche pudo haber sido obtenida por intercam- bio con otros centros de producción fuera de la ciu- dad, o por medio de «olleros» itinerantes. El CA35 es el mayor contexto excavado exhaustivamente dentro de la zona urbana de mane- ra vertical y horizontal. Actualmente se están excavando pisos asociados a la ocupación Moche fase III, por lo que en un futuro no muy lejano la cerámi- ca obtenida dentro de sus pisos y rellenos arquitectó- nicos permitirá contar con una muestra mucho más confiable en la búsqueda de afirmar o no la invariación morfológica de la cerámica doméstica en las Huacas de Moche a través del tiempo. Agradecimientos. Queremos expresar nuestro más sin- cero agradecimiento al doctor Santiago Uceda Cas- tillo, codirector del Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, por su amistad, apoyo y asesoramiento. A Cinthya Gallardo, alumna de pregrado de la Univer- sidad Nacional de Trujillo, por su ayuda en la des- cripción y dibujo del material analizado. A Julio Rucabado, Hélène Bernier y Gregory Lockard por sus acertados comentarios sobre este artículo. Notas 1 Nos referimos a vasijas completas, pues se han encontrado fragmentos de cerámica ritual en los pisos y en los rellenos de piso en el núcleo urbano. 2 Chapdelaine y coautores denominan a las vasijas domésticas «vasos no decorados» y las describen como vasos «[…] cuya forma y tamaño sugieren una producción doméstica para la realización de actividades cotidianas ligadas a la subsistencia» (Chapdelaine et al. 1995: 196). 3 Según Rice (1996, citada en Organde 1997: 15), la estandarización debe entenderse como un aumento de la uniformidad de la cerámica a través del tiempo, mientras que la uniformización es un estado de uniformidad en un conjunto de cerámicas dado en algún punto del tiempo. 4 Según Arnold, «[…] la conducta de los alfareros preindustriales en la preparación de la pasta no se ajusta exactamente a definiciones invariables de “arcilla” y “temperante” como plásticos o aplásticos agregados respectivamente. Por el contrario, los alfareros están interesados en modificar la pasta de tal manera que ellos puedan realizar con éxito vasijas con el uso de esta. Así, la pasta es el resultado de la adaptación dinámica del alfarero al seleccionar, mezclar y modificar materias primas usando una determinada tecnología para producir formas específicas» (1994: 482). 5 Jhonny Azabache, residente de la campiña de Moche y trabajador del Proyecto Arqueológico Huacas del Sol y de la Luna, obtuvo esta información de su abuela, quien se dedicó a preparar chicha en la campiña. Referencias citadas Armas José, Violeta Chamorro y Gloria Jara 1993 «Investigaciones arqueológicas en el complejo Huacas del Sol y la Luna: talleres alfareros de la sociedad Moche». Informe de prácticas preprofesionales. Facultad de Cien- cias Sociales, Universidad Nacional de Trujillo. Arnold, Dean E. 1994 «Tecnología cerámica andina: una perspectiva etno- arqueológica». En Izumi Shimada (ed.). Tecnología y organización de la producción cerámica prehispánica en los Andes. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Uni- versidad Católica del Perú, pp. 477-504. Bankmann, U. 1980-1981 «Clubs, Cups and Birds in Moche Art. A Peruvian Copper Object and its Iconographical Implications». En Acta Praehistorica et Archaeologica, 11-12, pp. 121-30. Bennett, Wendell C. 1950 The Gallinazo Group, Virú Valley, Perú. Publications in Anthropology 43. New Haven: Yale University. Benson, Elizabeth P. 1972 The Mochica, a Culture of Perú. Londres y Nueva York: Thames and Hudson, Praeger Publishers. Berezkin, Yuri E. 1980 «An Identification of Anthropomorphic Mythological Personages in Moche Representations». En Ñawpa Pacha, 18, pp. 1-26, Institute of Andean Studies, Berkeley. Camino, Lupe 1983 «Los últimos “olleros” de Sinsicap». En Boletín de Lima, 29 (5), pp. 31-36, Lima. Castillo, Luis Jaime 1989 Personajes míticos, escenas y narraciones en la iconogra- fía Mochica. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 201Gamarra y Gayoso LA CERÁMICA DOMÉSTICA EN HUACAS DE MOCHE 2003 «Los últimos mochicas en Jequetepeque». En Santia- go Uceda y Elías Mujica (eds.). Moche: Hacia el final del milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999). Tomo II. Lima: Universidad Nacional de Trujillo y Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 65-123. Chapdelaine, Claude 2001 «The Growing Power of a Moche Urban Class». En Joanne Pillsbury (ed.). Moche Art and Archaeology in Ancient Perú. Studies in the History of Art 63. Center for Advanced Study in the Visual Arts, Symposium Papers XL. Washington D. C.: National Gallery of Art, pp. 69-87. Chapdelaine, Claude, Greg Kennedy y Santiago Uceda 1995 «Activación neutrónica en el estudio de la producción local de la cerámica ritual en el sitio Moche, Perú». En Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos, 24 (2), pp. 183-212, Lima. Donnan, Christopher B. 1965 «Moche Ceramic Technology». En Ñawpa Pacha, 3, pp. 115-138, Institute of Andean Studies, Berkeley. 1971 «Ancient Peruvian Potter’s Marks and their Interpretation through Ethnographic Analogy». En American Antiquity, 36 (4), pp. 460-6, Society for American Archaeology, Washington D.C. 1978 Moche Art of Perú. Precolumbian Symbolic Communication. Los Ángeles: Los Angeles Museum of Culture History, University of California. 1976 Moche Art and Iconography. UCLA Latin American Center Publications. Los Ángeles: University of California. 1992 Ceramics of Ancient Perú. Fowler Museum of Cultural History. Los Ángeles: University of California. Donnan, Christopher B. y Donna McClelland 1979 The Burial Theme in Moche Iconography. Studies in Pre- Columbian Art and Archaeology 21. Washington D. C.: Dumbarton Oaks Reserch Library and Collection. 1999 Moche Fineline Painting. Its Evolution and its Artists. Los Ángeles: UCLA Fowler Museum of Cultural History. Druc, Isabelle C. 1996 «De la etnografía hacia la arqueología: aportes de en- trevistas con ceramistas de Áncash (Perú) para la ca- racterización de la cerámica prehispánica». En Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos, 25 (1), pp. 17-41, Lima. Moore, Jerry 1989 «Prehispanic Beer in Coastal Perú: Technology and Social Context of Prehistoric Production». En American Anthropologist, 91, pp. 682-695. Organde, Sébastian 1997 «Variabilité morphologique, fonction et contextua- lisation de la poterie domestique du site Moche, Pérou». Tesis de maestría. Université de Montréal, Canada. Orton, Clive, Paul Tyers y Alan Vince 1997 La cerámica en arqueología. Barcelona: Editorial Crí- tica, Grijalbo Mondadori S. A. Purin, Sergio 1983 «Utilisation des rayons-X pour l’observation des tra- ces de fabrication sur cinq vases mochicas». En Bulletin des Musées Royaux d’Art et d’Histoire, 54 (2), pp. 5-20, Bruselas. 1985 «Construction de trois vases noirs mochicas». En Bulletin des Musées Royaux d’Art et d’Histoire, 56 (1), pp. 95-104, Bruselas. Reichert, Raphael X. 1982 «Moche Iconography: The Highland Connection». En Alana Cordy-Collins y J. Stern (eds.). Pre-Columbian Art History, Selected Readings. Los Ángeles: Peek Publications, Palo Alto, pp. 279-91. Russell, Glenn, Leonard Banks y Jesús Briceño 1994a «Producción de cerámica a gran escala en el valle de Chicama. Perú: el taller de Cerro Mayal». En Izumi Shimada (ed.). Tecnología y organización de la produc- ción cerámica prehispánica en los Andes. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 201-227. 1994b «Cerro Mayal: nuevos datos sobre la producción ce- rámica Moche en el valle de Chicama». En Santiago Uceda y Elías Mujica (eds.). Moche: Hacia el final del milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cul- tura Moche (Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999). Tomo II. Lima: Universidad Nacional de Trujillo y Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católi- ca del Perú, pp. 181-206. Shimada, Izumi 1994a «La producción de cerámica en Mórrope, Perú: pro- ductividad, especialización y espacio vistos como re- cursos». En Izumi Shimada (ed.). Tecnología y organi- zación de la producción cerámica prehispánica en los Andes. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Univer- sidad Católica del Perú, pp. 295-319. 1994b Pampa Grande and the Mochica Culture. Austin: University of Texas Press. Shimada, Izumi y Adriana Maguiña 1994 «Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su rela- ción con la cultura Moche». En Santiago Uceda y Elías Mujica (eds.). Moche: Hacia el final del milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999). Tomo II. Lima: Universidad Nacional de Trujillo y Fon- do Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 31-58. Strong, William D. y Clifford Evans Jr. 1952 Cultural Stratigraphy in the Virú Valley, Northern Perú: The Formative and Florescent Epoch. Columbia Study 202 ARQUEOLOGÍA MOCHICA in Archaeology and Ethnology 4. Nueva York: Co- lumbia University Press. Tello, Ricardo, G. Ágreda, J. Chiguala, G. Pinillos, J. Tufinio y O. Velásquez 2000 «Investigaciones en el conjunto arquitectónico 30-cen- tro urbano Moche». En Santiago Uceda y Ricardo Morales (eds.). Investigaciones en la Huaca de la Luna 1999. Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo, pp. 167-221. Tello, Ricardo, M. Encomenderos, J. Siccha, C. Mercado, M. Rodríguez, F. García, D. Gonzales y M. Vera 2001 «Investigaciones en el conjunto arquitectónico 35, cen- tro urbano Moche». En Santiago Uceda y Elías Mujica (eds.). Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe técnico 2000. Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo, pp. 149-87. Tello, Ricardo, Fanny Madani, Christian Hidalgo, Sandy Obregón y Nancy Corrales 2002 «La penúltima ocupación del conjunto arquitectóni- co no 35 de las Huacas del Sol y de La Luna». En Santiago Uceda y Ricardo Morales (eds.). Proyecto Arqueológico Huaca de La Luna. Informe técnico 2001. Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo, pp. 95-128. Tello, Ricardo, Francisco Seoane, Krisna Smith, Jorge Meneses, Alonso Barriga y Jessenia Palomino 2003 «El conjunto arquitectónico no 35 de las Huacas del Sol y de la Luna». En Santiago Uceda y Ricardo Morales (eds.). Proyecto Arqueológico Huaca de La Luna. Informe técnico 2002. Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo. Topic, Theresa Lange 1977 «Excavations at Moche». Tesis de doctorado. Harvard University. Uceda, Santiago 2004 «“Los de arriba y los de abajo”: relaciones sociales, políticas y económicas entre el templo y los habitan- tes en el centro urbano de las Huacas de Moche». En Luis Jaime Castillo y Jeffrey Quilter (eds.). Nuevas perspectivas en la organización política Mochica. Actas del congreso New Perspectives on Moche Political Organization (Lima, 6 al 8 de agosto 2004), Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Dumbarton Oaks y Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera. Uceda, Santiago y José Armas 1997 «Los talleres alfareros en el centro urbano Moche». En Santiago Uceda y Ricardo Morales (eds.). Investi- gaciones en la Huaca de la Luna 1995. Trujillo: Uni- versidad Nacional de Trujillo, pp. 93-104. Wilson, David L. 1988 Prehispanic Settlement Patterns in the Lower Santa Valley, Perú: A Regional Perspective on the Origins and Development of Complex North Coast Society. Smithsonian Series in Archaeological Inquiry. Was- hington D.C.: Smithsonian Institution Press.