Fon do E dit ori al PUCP CIUDAD Y TERRITORIO EN LOS ANDES Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico SEGUNDA EDICIÓN JOSÉ CANZIANI AMICO Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP CIUDAD Y TERRITORIO EN LOS ANDES Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP JOSÉ CANZIANI AMICO CIUDAD Y TERRITORIO EN LOS ANDES Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico SEGUNDA EDICIÓN Fon do E dit ori al PUCP Ciudad y territorio en los Andes Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico © José Canziani Amico, 2009, 2012 © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2018 Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú feditor@pucp.edu.pe www.fondoeditorial.pucp.edu.pe Foto de cubierta: Vista aérea de la ciudad wari de Pikillacta, Cusco (Servicio Aerofotográfico Nacional) Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP Tercera reimpresión de la segunda edición: setiembre de 2018 Tiraje: 500 ejemplares Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2018-12804 ISBN: 978-612-4146-02-2 Registro del Proyecto Editorial: 31501361800819 Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa Pasaje María Auxiliadora 156, Lima 5, Perú BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ Centro Bibliográfico Nacional 711.4098501 C23C 2017 Canziani Amico, José, 1949- Ciudad y territorio en los Andes : contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico / José Canziani Amico.-- 2a ed., 2a reimpr.-- Lima : Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2017 (Lima : Tarea Asociación Gráfica Educativa). 549 p. : il., mapas, planos ; 30 cm. Índice toponímico: p. [543]-549. Bibliografía: p. [517]-542. D.L. 2017-01943 ISBN 978-612-4146-02-2 1. Urbanismo - Perú - Época Prehispánica 2. Arquitectura peruana - Época Prehispánica 3. Pontificia Universidad Católica del Perú I. Título BNP: 2017-0577 Fon do E dit ori al PUCP Índice Prólogo 17 Introducción 19 Agradecimientos 22 Capítulo 1 Arquitectura y urbanismo 25 Arquitectura y urbanismo como testimonio de la edificación social 27 De los antecedentes historiográficos 29 Los Andes centrales: geografía y medio ambiente 30 La interacción sociedad – medioambiente y las modificaciones territoriales 35 Los Andes centrales como área cultural 38 Los Andes centrales: su secuencia cronológica y cultural 38 Capítulo 2 Los orígenes 41 Los orígenes: de los cazadores recolectores al desarrollo de las formaciones aldeanas 43 El paijanense 45 Los cazadores recolectores de las punas 48 Los cazadores recolectores de los valles interandinos 53 Otras evidencias 55 La transición de las sociedades cazadoras recolectoras a las aldeanas 56 Capítulo 3 El germen de lo urbano 59 El germen de lo urbano: el proceso de neolitización, los primeros asentamientos aldeanos y el surgimiento de la arquitectura pública monumental 61 Los tempranos asentamientos aldeanos de la costa 61 Los asentamientos aldeanos y el surgimiento de la arquitectura pública 64 Otros sitios de la costa sur 79 La tradición Mito 79 El proceso de neolitización y las transformaciones en la forma de asentamiento 89 Capítulo 4 El urbanismo temprano 93 El urbanismo temprano: los templos y centros ceremoniales del Formativo y las modificaciones iniciales del territorio 95 La costa y sierra norte 100 Los valles de Lambayeque 101 Fon do E dit ori al PUCP Los valles de Trujillo 105 El valle de Virú 105 El valle de Moche 108 El complejo de Caballo Muerto y Huaca de Los Reyes 109 Cerro Arena 112 El valle bajo del Santa 113 La sierra norte 116 Huacaloma 116 Layzón 117 Kuntur Wasi 118 Cerro Blanco 120 El canal de Cumbemayo 120 Pacopampa 122 Los valles de Casma y Nepeña 122 Las Aldas 124 Cerro Sechín 125 Moxeke 128 Sechín Alto 132 Cerro Blanco y Punkurí en Nepeña 135 Punkurí 137 Chankillo 138 Chavín de Huántar 140 Los valles de Lima y la costa central 147 La Florida 148 Garagay 150 Cardal 151 Paracas en los valles de la costa sur central 155 Los complejos piramidales del valle de Chincha 158 Los complejos Soto y San Pablo 160 La arquitectura de los montículos piramidales 160 Huaca Alvarado (PV.57-10) 163 La Cumbe (PV.57-03) 164 Las remodelaciones arquitectónicas en los monumentos paracas 165 Materiales y técnicas constructivas 167 Los poblados de carácter rural 168 Sistemas de irrigación y cultivo 169 Asentamientos paracas en los valles de Pisco e Ica 170 Otros asentamientos paracas en el litoral al sur de la península 173 Capítulo 5 Las primeras ciudades 177 Las primeras ciudades: de los centros ceremoniales al surgimiento de los centros urbano-teocráticos 179 Los desarrollos urbanos Gallinazo y Moche en la costa norte 182 La cultura Gallinazo y su modelo de asentamiento en el valle de Virú 184 El grupo Gallinazo 185 Los «castillos» fortificados 189 Las aldeas y otros sitios habitacionales 192 Moche 193 La ciudad moche de las Huacas del Sol y la Luna 195 La Huaca del Sol 197 La Huaca de la Luna 201 La plaza ceremonial y el frontis norte 202 Fon do E dit ori al PUCP La regeneración del templo en Huaca de la Luna 205 La plataforma principal de la Huaca de la Luna 208 El patio ceremonial 209 Las salas con pilares 210 La roca sagrada y los recintos de los sacrificios 211 Los sectores urbanos y sus conjuntos arquitectónicos 213 La ocupación moche en el valle de Chicama 223 El complejo de El Brujo 224 Mocollope y Cerro Mayal 228 La expansión moche a los valles sureños 229 La ocupación moche en el valle de Virú 230 Huancaco 232 Las características del patrón de asentamiento durante el período Huancaco 235 La ocupación moche en el valle del Santa 236 Pampa de Los Incas 238 Otros posibles centros urbano-ceremoniales 239 Sitios con recintos rectangulares 240 Un posible sitio fortificado 240 La ocupación moche en el valle de Nepeña 242 El complejo de Pañamarca 243 Otros tipos de sitios en el valle de Nepeña 247 El valle de Nepeña y los límites sureños de Moche 248 La ocupación moche en los valles norteños 248 El complejo de Sipán 250 Dos Cabezas 251 Pacatnamú 253 San José de Moro 254 Las transformaciones del modelo de asentamiento durante el Moche Tardío 257 Pampa Grande 258 Galindo 267 La sociedad Lima y el urbanismo en la costa central 272 Cerro Trinidad y otros sitios lima en Chancay 273 La ocupación lima en el valle del Chillón 276 Cerro Culebra 277 La Uva y Copacabana 278 Playa Grande 279 La ocupación lima en el valle del Rímac 280 El centro urbano ceremonial de Maranga 282 El complejo de la Huaca Pucllana 287 La ocupación lima en el valle medio del Rímac: Cajamarquilla y Vista Alegre 289 Evidencias de la ocupación lima en Pachacamac y Lurín 290 El valle de Chincha y los asentamientos de la época Carmen y Estrella 292 Algunos asentamientos en Carmen en el valle de Pisco 296 La sociedad Nasca y la cuestión de sus posibles formas de urbanismo 297 Los principales asentamientos nasca 301 Cahuachi 301 Otros sitios nasca 304 Capítulo 6 La primera formación imperial andina 311 La primera formación imperial andina. Wari: la planificación urbana como política de Estado 313 Los antecedentes 313 La capital de Wari en la cuenca de Ayacucho 316 Fon do E dit ori al PUCP Las excavaciones en el sector de Moraduchayuq 319 Otros sectores de la ciudad de Wari 322 La dinámica de la expansión territorial de Wari 325 La planificación urbana como política de Estado 326 La ciudad de Pikillacta en la región del Cusco 327 La ciudad de Viracochapampa en la región de Huamachuco 333 Otros asentamientos wari en los valles interandinos 336 Jincamocco 336 Azángaro 337 Honqopampa 339 Cerro Baúl 341 Las influencias wari en el urbanismo costeño 345 Capítulo 7 Estados y señoríos tardíos 347 Estados y señoríos tardíos. Ciudades costeñas y poblados rurales altoandinos: modos de vida distintos y formas de asentamiento diferenciadas 349 Contexto histórico, económico y territorial 349 El urbanismo lambayeque 352 Batán Grande 352 Túcume 355 Huaca Larga 355 El Templo de la Piedra Sagrada 360 La Huaca 1 361 Otros sectores y edificaciones de Túcume 362 Pacatnamú 362 La Huaca 1 366 La ocupación chimú del valle de Jequetepeque 367 Farfán 368 La sociedad chimú 369 La ciudad de Chan Chan 369 Los complejos político-administrativos 371 Los complejos arquitectónicos de elite 375 Los barrios populares 377 El urbanismo de Chan Chan 379 Clases sociales y estructura urbana 381 Chan Chan y su entorno territorial 381 Manchán 383 Chancay y sus asentamientos urbanos 385 Urbanismo y arquitectura ychsma 389 Cajamarquilla 390 Maranga - Chayavilca 392 El sector sureste y la Huaca Tres Palos 393 El gran recinto amurallado 394 Los accesos al gran recinto 394 Los caminos 395 Estructuras en el gran recinto 396 Estructuras con planta en «U» 399 Otros posibles centros urbanos en el valle del Rímac 400 Los palacios o residencias de elite 402 Pachacamac 404 Arquitectura y urbanismo chincha 410 El patrón de asentamiento durante el período Chincha 411 Fon do E dit ori al PUCP Los centros urbanos 412 La Centinela de Tambo de Mora 412 La Cumbe 414 Tambo de Mora 415 San Pedro 416 Ranchería 417 Las Huacas 418 Asentamientos intermedios y menores 418 Los sitios habitacionales 419 Los complejos administrativos 419 Los cementerios 420 El sistema de caminos 422 Curacazgos y señoríos étnicos 424 Los chachapoya 424 Kuelap 425 Poblados rurales en la sierra central 428 Patrones de asentamiento del curacazgo de Asto 429 Los señoríos Chanka 431 Capítulo 8 El Imperio inca 433 El Imperio inca: la integración macroregional andina y el apogeo de la planificación territorial 435 Organización social y económica 436 La expansión territorial inca 438 La ciudad del Cusco 440 Otros asentamientos en los alrededores del Cusco 448 El urbanismo inca a lo largo del Qhapaq Ñan 462 El urbanismo inca 469 Huánuco Pampa 469 Pumpu 477 Vilcashuamán 481 Algunos asentamientos costeños incas 484 Inkawasi 485 Cerro Azul 491 Tambo Colorado 493 Paredones 496 El Qhapaq Ñan: el sistema vial inca 498 Conclusiones 509 Bibliografía 517 Índice toponímico 543 Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCPA Carolina Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCPDonde el río se remansaba para los muchachos se elevaba una piedra. No le viste ninguna otra forma: sólo era piedra, grande y anodina. Cuando salíamos del agua turbia trepábamos en ella como lagartijas. Sucedía entonces algo extraño: el barro seco en nuestra piel acercaba todo nuestro cuerpo al paisaje: el paisaje era el barro. José Watanabe «La piedra alada» Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP PRÓLOGO Ciudad y territorio en los Andes, por su conteni- do fundamental para el conocimiento de nuestra propia historia de la antigüedad del Perú, es un tema actual entre los arquitectos, arqueólogos e historiadores. A ello se suma el que en esta obra se incluyan las últimas investigaciones, realizadas desde comienzos de los años ochentas, con nue- vos aportes para el entendimiento de la vida de los antiguos peruanos, en un esfuerzo por indagar de qué modo nacieron, cómo se formaron y crecie- ron las ciudades, de qué manera evolucionaron con el tiempo y cuáles fueron sus experiencias, relaciones, problemas y respuestas al territorio en que convivieron. Muchas son, a mi manera de ver, las contri- buciones principales de José Canziani Amico a la configuración de la historia del urbanismo pre- hispánico: comprender la historia como un pro- ceso del desarrollo humano que se desenvuelve en territorios, aglomerados urbanos o ciudades du- rante el periodo prehispánico, con una dinámica vigorosa de interrelación con su cultura, medio ambiente y territorio. Además de la concepción de la vigencia de la historia y la memoria como fuentes para aprender a conocer, a planificar y a transformar de manera creativa y sostenible nues- tro territorio contemporáneo. Los investigadores de ciencias como la ar- queología e historia nos otorgan valiosos conoci- mientos sobre las formas de vida, la producción, la organización social y económica; el aporte de los arquitectos y urbanistas contribuye a exten- der el saber con los testimonios de los hechos urbanos y territoriales, a la maravillosa creación humana en su proceso civilizatorio. Cicerón, con una visión del mañana, percibió la importan- cia de las aglomeraciones urbanas cuando dijo: «ninguna cosa de las cuentas que se hacen en la tierra es más grata al Dios supremo gobernador del mundo todo, que las asociaciones y congre- gaciones de hombres legítimamente unidos a las que llamamos ciudades». Indudablemente los hechos arquitectónicos, urbanos y territoriales nos permiten tener una visión de las organizaciones sociales, sus capaci- dades para encarar diferentes objetivos de mayor envergadura, sus estrategias en el ordenamiento y control de diferentes escalas espaciales. En su desarrollo cultural, los procesos huma- nos de las sociedades andinas fueron acompaña- dos, según su cosmovisión, por la presencia de una creación divina en las construcciones de sus centros ceremoniales y ciudades. Sin su anuen- cia y amparo no había función urbana posible. La ciudad era, por lo tanto, una creación divina hecha para los humanos, un don sagrado, una ofrenda de los dioses de todas las edilicias reli- giosas. El autor nos proporciona, desde una perspec- tiva política, social y cultural, una visión de la ciudad desde sus orígenes en unidades cerradas y únicas en sí mismas —propias—, sin dependen- cia o subordinación alguna a otras circunstancias. La ciudad engloba al ser humano como individuo y como colectividad dentro de un acuerdo entre el todo y las partes, en función del bien común. A partir de esta condición se construyen las nor- mas de entendimiento, las reglas de convivencia, las costumbres y hábitos de los ciudadanos, su historia y sus tradiciones. La historia del urbanismo del periodo pre- hispánico, desde los orígenes de las primeras co- munidades nómades, las primeras ciudades, las formaciones imperiales andinas, los estados y señoríos tardíos, hasta el esplendor del imperio inca, que lo define como la integración macro- regional andina y el apogeo de la planificación territorial, manifiesta una evolución acumulativa de las experiencias de los habitantes que estable- cieron un estrecho vínculo de equilibrio entre el hombre y el medio ambiente, a través de las inte- ligentes intervenciones que conciliaban un preci- so ajuste de las transformaciones constructivas y los edificios a la mesurada dimensión territorial. Fon do E dit ori al PUCP 18 PRÓLOGO Al analizar la evolución de la historia es esencial comprender el concepto actual de ur- banismo y la legitimidad de extenderlo a épocas diferentes de la nuestra; el concepto de territo- rio entendido como superación de la dualidad crítica ciudad-campo; la relación que media, en la arquitectura y en el urbanismo, entre elabo- ración cultural y realidad social y económica. Una relación, esta última, cuya complejidad y amplitud problemática es tal que abarca, desde valores del más alto grado de integración que se insertan en la cultura dominante, hasta los valores de la resistencia. Siempre me ha sorprendido lo que Pablo Ma- cera denomina «etapas» de la historia del Perú: independencia, dependencia y autonomía. Son los periodos de la República —de menos de 180 años—, la Colonia —de menos de 300 años— y la cultura andina, que abarca cerca de 12.000 años de historia, comprendida a partir del perío- do Lítico (Lumbreras) o Pre-cerámico (Rowe), unos 10.000 años antes de Cristo, más los 1532 años después de Cristo, hasta la interrupción del Estado inca cuando pasa a ser dependencia de Europa. Traducido a crueles porcentajes sería la inde- pendencia 1,4%, dependencia 2,4% y la auto- nomía 97,2 % de la vida histórica del Perú. La realidad que queda a lo largo de nuestros años de ciudadanos libres es lo poco que conocemos de la historia del Perú prehispánico, es un reclamo por la forma cómo nos fue enseñado este perio- do, que muchos años fue ignorado y olvidado, sobrevaluando principalmente lo extranjero. La importancia de Ciudades y Territorio en los Andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico se enmarca en el principio de lo pro- pio, un saber de sí mismo, una memoria histórica de nosotros construida a partir de uno, que re- afirma una clara conciencia de la identidad cul- tural, acompañada de una actitud firme y abierta que a lo largo del tiempo busca mayores niveles de estudio y profundidad. El autor nos plantea una historia integral que aborda todas las relaciones y vínculos de las fuen- tes históricas escritas de la arqueología, la geo- grafía, la antropología, etcétera. Acompañándola con otras fuentes documentales, como archivos fotográficos, fotos aéreas, planos, croquis y dibu- jos isométricos de reconstrucciones hipotéticas, otorga al lector mayor accesibilidad a la comuni- cación escrita de la historia. Pienso que el aporte de esta publicación nos permitirá apropiarnos de una historia integral de nuestro país, y en particular de la memoria de los constructores y arquitectos del antiguo Perú, en la maravillosa habilidad de transformar el terri- torio y convertirlo, a través de la arquitectura, en tierras de cultivo, en grandes ciudades e impor- tantes centros ceremoniales. Pedro A. Belaúnde Martínez Fon do E dit ori al PUCP INTRODUCCIÓN Luego de La pubLicación en 1989 de mi libro Asentamientos Humanos y Formaciones Sociales en la Costa Norte del Antiguo Perú, que concluía con el estudio de los asentamientos moche, tenía pendiente el propósito de escribir una segunda parte que tratara sobre los notables desarrollos urbanos que florecieron con los estados Lamba- yeque y Chimú, como son los casos emblemáti- cos de las ciudades de Chan Chan, Túcume, Pa- catnamú, entre otros. Es decir, la idea era conti- nuar en la lectura de la excepcional «columna de prueba» que constituye la costa norte del Perú, y así examinar las características, las continuidades y los cambios que presenta de forma consistente la evolución del proceso del fenómeno urbano a lo largo de todas sus épocas. Mientras tanto, los nuevos hallazgos y datos que aportaban los proyectos arqueológicos, desa- rrollados a partir de fines de los ochenta e inicios de los noventa, enriquecían, renovaban y ponían en discusión algunas de las interpretaciones sobre el proceso, sostenidas en el libro recientemente publicado. Por otra parte, tanto mi participación en la docencia, como en los estudios que he de- sarrollado en otras regiones —además de la costa norte—, me proponían el reto de lograr una vi- sión más global y unitaria del fenómeno de asen- tamiento en los Andes centrales, sin dejar de lado la valoración de la singularidad de los procesos regionales y la necesidad de compararlos o con- trastarlos entre sí. La ocasión de seguir profundizando en la pro- blemática de la costa norte se dio al poco tiem- po, al recibir la generosa invitación de Santiago Uceda y Ricardo Morales, directores del Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, para incorpo- rarme al equipo del proyecto como investigador asociado. Esta experiencia fue y sigue siendo para mí muy importante, ya que me permitió tener una visión directa de la problemática de un mo- numento tan emblemático como ese, que fue el templo mayor de los moche, y al mismo tiempo relacionarla con el estudio de la dinámica urbana del sitio de Moche. Mientras tanto, desarrollaba simultáneamente exploraciones y estudios sobre manejo del territorio, patrones de asentamiento y arquitectura en el valle de Chincha y otras re- giones de la costa sur. Pienso que estas visiones simultáneas y cruzadas me han permitido apre- ciar similitudes y equivalencias, pero también subrayar las marcadas diferencias y contrastes existentes entre procesos que, no obstante su contemporaneidad, se caracterizaron por pre- sentar soluciones y realidades bastante distintas entre sí. Estas visiones e inquietudes, que provenían de estas experiencias paralelas, me llevaron tanto a descartar el coronar el estudio de la «colum- na de prueba» con una segunda parte del libro, como también apuntalarla con una revisión del mismo, tal como me sugerían algunos amigos ante la rápida salida de la edición. Más bien fue madurando en mí la necesidad de lograr un tra- bajo de mayor aliento, que no perdiera de vista el enfoque regional. Un trabajo que mantenga la aproximación a lo singular, pero que al mismo tiempo pudiera correlacionar estas distintas expe- riencias en una visión amplia y contrastada, que permitiera ofrecer un panorama de lo que fue la evolución del urbanismo en los Andes centrales a lo largo de diferentes épocas, en distintos contex- tos sociales y ámbitos territoriales. Este proyecto personal comenzó a tomar cuerpo a mediados de los años noventa, propo- niéndome los temas a tratar, escribiendo apuntes y notas que ordenaba en una suerte de hoja de ruta que debía de recorrer. Pasó el tiempo y el proyecto seguía madurando, pero no tenía cuan- do arrancar, hasta que en el año 2000 —cuando transitábamos hacia el «nuevo milenio»— sufrí la rotura del mítico tendón de Aquiles y, al poco tiempo, una fractura más prosaica y dolorosa de Fon do E dit ori al PUCP 20 INTRODUCCIÓN la otra pierna. De modo que quedé reducido a una severa inmovilidad por un largo tiempo, lo que me dio la ocasión oportuna para iniciar la tantas veces proyectada redacción del texto que tenía en mente, alternando el resto del tiempo con la consulta de las múltiples fuentes biblio- gráficas que se me iban abriendo en el camino de la investigación. Fue de alguna manera esta sorpresiva «fractura histórica» —y la obligada convalecencia, a modo de beca— la que me per- mitió finalmente disponer del tiempo para em- pezar a echar a andar el libro. Luego, conforme la recuperación y la rehabilitación avanzaban, per- mitiéndome recuperar mi vida normal, la dedica- ción al libro necesariamente se resintió en cuanto al tiempo disponible. Para esto, ya había vuelto a andar y la marcha del libro se convirtió durante estos últimos años en un constante compañero de ruta. El presente estudio es producto del trabajo de investigación que he desarrollado durante los úl- timos ocho años, si bien también es fruto de más de dos décadas de investigación y docencia sobre el tema. Como ya he mencionado, el libro propo- ne ofrecer una visión de conjunto de las diferentes formas de asentamiento y manejo del territorio que realizaron las sociedades que habitaron los Andes centrales, desde los primeros cazadores re- colectores hasta el Imperio inca, presentando de manera documentada el excepcional patrimonio urbanístico y arquitectónico del antiguo Perú en sus distintas expresiones regionales. Está compues- to por ocho capítulos. El primero corresponde a la introducción, tanto de las premisas teóricas y metodológicas, como de las características singu- lares del territorio de los Andes centrales, que co- rresponde al variado escenario donde se desarrolló el proceso civilizatorio andino. Del segundo al octavo capítulo se abordan las diferentes épocas y períodos históricos, reseñando las formaciones so- ciales presentes, su relación con el espacio territo- rial y el manejo de sus recursos, así como los casos más representativos de sus formas de asentamiento y arquitectura. Para ello, se realiza en cada capí- tulo un recorrido por el territorio andino, región por región y de norte a sur, de manera de ofrecer una visión comparativa tanto de la unidad como de la notable diversidad del proceso. Finalmente, se desarrollan las conclusiones, la bibliografía y el índice toponímico. Por cierto, este texto no pretende ser exhaus- tivo, muchos sitios o complejos urbanos con estructuras arquitectónicas de importancia posi- blemente no sean considerados en él. Esto parte tanto del criterio subjetivo al establecer los sitios que unos u otros consideren más relevantes o representativos; como también de la imposibili- dad de desarrollar un tratamiento extensivo de casos, lo que excede el propósito central de este libro. Por otra parte, esta investigación propone una visión del estado del arte de esta temática hasta el momento de su conclusión, en el año 2008. Sin embargo, debemos anotar con satisfac- ción que la arqueología peruana se ha convertido en una de las ciencias sociales más dinámicas de su tiempo. Año a año se producen nuevas investi- gaciones y extraordinarios hallazgos que aportan nuevos datos y enriquecen aceleradamente nues- tro conocimiento. Este es especialmente el caso de la costa norte, por ejemplo, con las investi- gaciones de la notable arquitectura formativa de Huaca Partida, en el valle de Nepeña; de la mo- numental arquitectura de Sechín Bajo en Casma, que se remonta según los fechados al 3500 a.C., lo que la convierte en una de las más antiguas del Precerámico; así como de los recientes hallazgos de arquitectura pública monumental, también del Arcaico o Precerámico, en Huaca Ventarrón y el complejo Collúd-Zarpán, en el valle de Lam- bayeque, ampliando a esta región el registro de la presencia de arquitectura monumental tempra- na, la que además revela una definida identidad propia y una notable riqueza expresiva. Investiga- ciones trascendentes de las que solo disponemos de informes preliminares en el momento en que este libro entra en prensa. Una de las motivaciones centrales de este tra- bajo, como lo señala su título, ha sido contribuir al conocimiento de la historia del urbanismo prehispánico. Esta motivación se nutre de varias vertientes que tienen que ver con aspectos tanto teóricos y académicos, como de otros que tienen incidencia en la problemática contemporánea y en especial con la temática general del desarrollo territorial y el rol que en ello le corresponde a las formas de desarrollo urbano. En cuanto a los aspectos teóricos, este trabajo se ha propuesto explorar y profundizar el com- plejo y controversial tema del origen y evolución del fenómeno urbano en el área de los Andes cen- trales y su rol en el proceso civilizatorio, protago- nizado por las sociedades andinas. En cuanto a la problemática de nuestro desarrollo contemporá- neo, somos concientes y estamos convencidos de la importancia del examen histórico del proceso de desarrollo urbano y territorial, en cuanto nos proporciona una serie de elementos que pueden servir de fuente de reflexión frente a la proble- mática contemporánea y que pueden aportar a la formulación de propuestas orientadas al de- sarrollo territorial. La lectura histórica del desa- rrollo territorial es de especial importancia, ya Fon do E dit ori al PUCP INTRODUCCIÓN 21 que puede contribuir a recuperar y renovar las formas de manejo racional y sostenible de nues- tro complejo espacio territorial y sus recursos na- turales; así como reevaluar el rol de las formas de asentamiento urbano con relación al manejo del medio ambiente y el desarrollo del ámbito rural. Hoy está cada vez más claro que no es posi- ble lograr el desarrollo de nuestro país sin superar los graves problemas que se advierten en la cons- trucción de nuestra identidad nacional, frente a la urgente e impostergable necesidad de resolver la situación de pobreza en la que vive más de la mitad de nuestra población. Creemos que parte del reto de encontrar respuestas a esta problemá- tica, y de la búsqueda de soluciones a la misma, comprometen necesariamente la revaloración de nuestro rico y vasto patrimonio monumental, urbanístico y paisajístico, contribuyendo a los es- fuerzos dirigidos a su investigación, conservación y puesta en valor. Aspectos que tienen especial relevancia en el desarrollo de circuitos de turismo cultural, que adquieren cada vez mayor impor- tancia en el desarrollo económico, tanto regional como nacional, pero también en la recuperación y valoración de una identidad cultural que cons- tituye el nervio para lograr un desarrollo territo- rial armónico y sostenible. A lo largo de los años de docencia que he desarrollado sobre temas de urbanismo y ar- quitectura prehispánica —principalmente en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)— he enriquecido mis conocimien- tos gracias a las diversas preguntas y cuestiones planteadas por mis estudiantes. Sin embargo, también he podido sentir en ellos las dificulta- des y la desorientación frente a una bibliografía muy amplia y difícil de alcanzar. Por esta razón, otro de los motivos para emprender este trabajo ha sido el desarrollar un texto de divulgación de nivel universitario, destinado a investigadores y estudiantes de Arquitectura y Urbanismo, pero también de Arqueología, Historia y al público en general, que permita acceder a los alcances y re- sultados de esta investigación y, a través de ella, a un cúmulo de informaciones que se encuentran dispersas en múltiples estudios especializados de difícil acceso. Además del manejo de los temas de mi espe- cialidad, del análisis de complejos arqueológicos y de los desarrollos territoriales regionales, que fueron objeto de estudio de mis investigaciones en estos últimos años —algunos de cuyos resulta- dos se incorporan en este libro—, la necesidad de ampliar la información, con miras a proporcionar una visión global de los temas propuestos en este trabajo, me permitió revisar y estudiar múltiples fuentes bibliográficas que enriquecieron mis co- nocimientos iniciales. De esta manera, más de quinientos libros y artículos han sido consul- tados, a veces solo para recabar algunos datos puntuales, pero en su mayoría para encontrar conceptos e ideas que han sido sustantivos para construir este trabajo. En muchos casos, esto obligó al acopio de información especiali- zada, dispersa en publicaciones de circulación restringida o depositada en viejas ediciones de los trabajos de los pioneros de la investigación arqueológica. Desde el punto de vista metodo- lógico, la investigación se propuso sistematizar esta vasta información y establecer la articula- ción de datos de diferente naturaleza que, en su conjunto, me permitieron construir hipótesis interpretativas y explicativas de la arquitectura, el fenómeno urbano y el manejo del territorio. En este mismo proceso, hemos también puesto a discusión crítica las hipótesis planteadas por otros investigadores, como una manera de asu- mir su validación, sometiéndolas a los mismos criterios de prueba y rigor que nos hemos im- puesto con las propias. Como se podrá apreciar, hemos hecho un importante esfuerzo para incorporar al texto del libro la mayor cantidad de ilustraciones, las que suman más de quinientas. Estas incluyen foto- grafías realizadas durante mis viajes, visitas y trabajos de campo en diferentes lugares o sitios arqueológicos, así como fotos aéreas y de otras fuentes. Se incluyen también mapas, planos y gráficos, que al igual que las fotografías, espe- ramos permitan a los lectores tener una imagen más precisa y completa de lo que pueden alcanzar a describir los textos. Este largo proceso de análisis me ha permitido tener una nueva y más amplia visión de los temas aquí tratados desde el momento que comencé la investigación y la redacción de este libro. De esta manera, reconocemos la importancia de los múl- tiples aportes y datos de otros investigadores que han contribuido en la realización de este trabajo. Personalmente, el proceso de aprendizaje deri- vado de esta investigación ha sido sumamente importante y estimulante. De cierta manera, ha constituido para mí un excepcional viaje virtual, recorriendo los espectaculares paisajes que carac- terizan los diversos territorios de nuestro país, a través del tiempo y las distintas épocas que cons- tituyen la historia de las poblaciones que nos an- tecedieron en su construcción. La presente investigación fue sustentada como tesis doctoral para obtener el título de doctor en Arte del Construir y Urbanismo, en la Escuela Fon do E dit ori al PUCP 22 INTRODUCCIÓN Politécnica de la Universidad Católica de Lovaina (UCL), Bélgica, con la asesoría del doctor Jean Stillemans, docente principal del Departamento de Arquitectura de dicha universidad. El jurado estuvo conformado por los doctores André de Herde (UCL), David Vandenburgh (UCL), Jean Stillemans (UCL), Santiago Uceda (Universidad Nacional de Trujillo, UNT) y Luis Jaime Castillo (PUCP). Agradecimientos Soy por cierto tributario de arquitectos que ini- ciaron y fueron pioneros de la integración de la historia de la arquitectura peruana con la arqueología, como Emilio Harth Terré, cuyos trabajos no han recibido la atención merecida y cuyos esforzados levantamientos de planos se publican frecuentemente sin los créditos corres- pondientes. El privilegio de integrar la Comi- sión de Arquitectura y Urbanismo del Instituto Nacional de Cultura del 2003 al 2005, junto con personalidades como el arquitecto Carlos Williams, y luego con el arquitecto Santiago Agurto, me permitió renovar una vieja relación de amistad y respeto, así como poder compartir sus experimentadas opiniones. En especial con el arquitecto Williams tuve ocasión de retomar nuestras reflexiones y discusiones que se inicia- ron hace unos veinte años, cuando aceptó ge- nerosamente asesorar mi tesis de revalidación. Recuerdo con aprecio su fina ironía y la mo- destia con la cual compartía generosamente sus conocimientos e inteligentes aproximaciones a temas de arquitectura y urbanismo, tanto del pasado como del presente. Hoy, cuando ya no nos acompaña, me parece imprescindible desta- car su papel pionero en la integración científica e interdisciplinaria entre la arquitectura y la ar- queología, de lo cual son testimonio sus múlti- ples trabajos y aportes, muchos de los cuales son ponderados en nuestro trabajo. A Sergio Staino, viejo amigo florentino, le agradezco haberme iniciado en el apasionante mundo de la investigación científica, la que dio lugar a mi primera colaboración en el encendido ensayo «Los Orígenes de la Ciudad», en plena efervescencia post 1968. Sigo siendo deudor de la generosa aproximación a la arqueología y sus postulados teóricos que me brindó, desde mis exploraciones iniciales, el doctor Luis Guillermo Lumbreras. La vieja amistad con Elías Mujica, construida a lo largo de los comunes proyectos editoriales, del cual este libro es de alguna forma también una expresión, se ha proyectado a través de los nuevos derroteros abiertos por el Proyecto Arqueológico de la Huaca de la Luna. Mi agrade- cimiento debe extenderse al doctor Craig Morris, quien aseguró el apoyo del Museo de Historia Natural de Nueva York a las investigaciones que tuve la oportunidad de desarrollar en el valle de Chincha, algunos de cuyos resultados se han incorporado en este libro. Su repentina desapa- rición nos deja un enorme vacío, tanto por sus constantes y valiosos aportes a la arqueología an- dina, como por su amable e inteligente amistad. De John Hyslop guardo siempre un permanente recuerdo, en los que se entremezclan sus trabajos en Inkawasi en Cañete —donde lo conocí—, las largas y múltiples conversaciones sobre arqueo- logía —en especial sobre el urbanismo inca—, su permanente búsqueda de innovaciones técni- cas para el registro fotográfico de los sitios con globos o cometas, su generoso apoyo y difusión de mis primeros trabajos, su cálida y entusiasta personalidad y, no menos importante, nuestra común afición por las motocicletas. Los trabajos de la doctora María Rostworowski fueron para mí no solo una imprescindible fuente de consulta, sino también su personalidad un ejemplo de pasión y persistencia en la investigación. Su trato amical y su permanente curiosidad por nuestros trabajos fueron un estímulo que agradecemos con afecto. A la doctora Rosa Fung, mi agradecimiento por sus valiosos comentarios y aportes que me ayudaron especialmente en el tratamiento del Período Arcaico; igualmente a Santiago Uceda por sus comentarios y sugerencias en el tratamiento de la temática de los cazadores recolectores, sin olvidar por cierto la amistad construida a lo largo de estos años. A Luis Jaime Castillo por las discusiones sobre lo moche, en especial sobre las fases tardías y las hipótesis alternativas de desarrollo que ofrecen los valles de Moche y Jequetepeque. Y en general mi agradecimiento a todos los mochicólogos con los cuales he tenido la oportunidad de alternar sobre la problemática de esta cultura durante los eventos organizados por la Universidad Nacional de Trujillo y el Proyecto Arqueológico de las Huacas del Sol y de la Luna y, más recientemente, por la Dumbarton Oaks, el Museo Larco y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Agradezco el apoyo del Instituto de Investiga- ción de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes (INIFAUA) de la UNI, cuya colaboración me permitió organizar los materiales de este tra- bajo en un primer tramo de la investigación. La convocatoria de los arquitectos Frederick Cooper y Pedro Belaunde para incorporarme a la plana docente de la recientemente creada Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP, me ha Fon do E dit ori al PUCP INTRODUCCIÓN 23 permitido profundizar mi labor docente y for- mar parte de un equipo de profesores cuya ca- lidad personal y profesional ha contribuido a enriquecer mis conocimientos y a establecer re- cíprocas relaciones de colaboración y amistad. En especial agradezco al amigo Pedro Belaunde —en su condición de Jefe del Departamento de Arquitectura y Urbanismo— su interés en lograr mi participación en los espacios de investigación generados por el Centro de Investigación de la Arquitectura y de la Ciudad (CIAC). Su perse- verancia en el seguimiento de mis avances con el libro, así como su entusiasmo por el proyecto editorial del mismo, me han ayudado a mante- ner el curso y ha recuperarlo cuando este decaía, en esta suerte de «navegación en solitario» que implicaba los largos derroteros seguidos en esta investigación. Debo agradecer también sus ges- tiones con el Fondo Editorial de la PUCP y las realizadas para recibir el apoyo, por intermedio del CIAC, del Consejo Interuniversitario de la Comunidad Francesa de Bélgica (CIUF), siendo el coordinador del programa para arquitectura del convenio PUCP-CIUF el arquitecto Andre De Herde. Este apoyo me permitió el impulso final para concluir la diagramación y avanzar la edición del presente libro. El profesor Jean Francois Mabardi tuvo la ge- nerosa iniciativa de promover mi candidatura al doctorado ante el Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Católica de Lo- vaina (UCL), gesto que agradezco, al igual que su amical soporte durante la sustentación de la tesis. Agradezco al profesor Jean Stillemans su asesoría y amistad, al igual que a los demás integrantes del jurado, quienes con una extraordinaria combina- ción de cordialidad y rigor académico, me plan- tearon comentarios y sugerencias que reconozco con aprecio. A propósito de la búsqueda de las fuentes bi- bliográficas que no estaban a mi alcance, debo agradecer a muchos amigos y colegas, arqueó- logos y arquitectos, cuya colaboración sería ex- tensa mencionar. Sin embargo, quiero destacar el apoyo recibido de los amigos del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y en especial de Virginia García, a cargo de la bien organizada biblioteca del Instituto, por su eficiencia y extraordinaria rapidez en ubicar y poner a mi disposición obras que de otra forma seguramente me hubieran sido inalcanzables. Un reconocimiento muy especial a todos los colegas investigadores que han concedido genero- samente la autorización para la reproducción de las ilustraciones o material gráfico de su autoría o de los proyectos arqueológicos bajo su dirección, entendiendo la importancia de su divulgación científica. En las leyendas de las ilustraciones se ha consignado la respectiva autoría, así como la fuente bibliográfica de cada ilustración. Nos dis- culpamos por adelantado de cualquier eventual omisión involuntaria, así como por la posible falta de respuesta no obstante nuestros esfuerzos por contactar a los autores. Jean Carlo Cornejo fue un eficiente colabo- rador en el procesamiento y redibujado de gran parte del material gráfico que ilustra este libro. Debo agradecer a Aída Nagata su compromiso con el proyecto editorial de este libro. Su trabajo pulcro y minucioso acompañó los pasos iniciales de edición, antes de integrarse al Fondo Edito- rial PUCP y luego de su incorporación, donde felizmente se ha reencontrado con el libro, asegu- rando la continuidad de un buen trabajo. Agra- decimiento que hago extensivo a todos los demás integrantes del Fondo Editorial, cuyo trabajo en equipo ha superado los retos planteados por la edición del libro. José Canziani Amico Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP 1 ARQUITECTURA Y URBANISMO Como testimonio de la edificación social Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP 1 La parte final de la aguda observación del cronista Cieza de León, a propósito de las ciudades y monumentos que observa ya arruinados —en este caso refiriéndose a la ciudad inca de Vilcashuamán—, nos propone un componente fundamental del quehacer arqueológico y en especial de la historiografía de la arquitectura y el urbanismo, donde debemos deducir tanto el grado de destrucción o alteración que estos han sufrido a partir de su condición actual —es decir lo que Cieza enuncia como «fue lo que no es»— y como, a partir de lo existente, debemos construir una serie de inferencias que nos permitan aproximarnos a propuestas reconstructivas de sus características originales, es decir «por lo que es juzgamos lo que fue» en palabras de Cieza. 1 ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL en eL conocimiento e interpretación de la his- toria universal de las civilizaciones, el estudio de la arquitectura, y en especial del urbanismo, desempeña un papel clave. Existe un consenso por parte de los estudiosos del tema en asumir la emergencia del urbanismo como un elemento diagnóstico de primer nivel de los procesos civili- zatorios. Esto no es novedad, si consideramos lo emblemático que ha sido para la humanidad el fenómeno urbano para identificar este proceso, tanto que el término civilización deriva de la raíz latina civilitas, las comunidades urbanas que ha- bitan en civitas o ciudades. En el análisis de las formaciones precapitalis- tas, Marx y Engels establecieron una correspon- dencia entre los diferentes estadios de la evolución social y sus respectivas formas de asentamiento. En esta perspectiva, la ciudad constituía una va- riable fundamental que se asociaba a la aparición de las formaciones sociales clasistas y el Estado. Estos postulados fueron aplicados tiempo des- pués por Childe en su proposición pionera de la arqueología como ciencia social. Si postulamos que la arquitectura y la forma de asentamiento humano en el territorio cons- tituyen una expresión privilegiada en las que se plasma físicamente un conjunto significativo de actividades humanas —manifestando así la forma de organización social y los modos de vida—, entonces el análisis de estos testimonios representará una herramienta de gran valor para examinar la sintomatología de este tipo de pro- cesos sociales. Tanto la arquitectura como los asentamientos incorporan la calidad de productos sociales. Por lo tanto, su análisis funcional, formal y constructivo permite explorar desde estas vertientes los proce- sos de especialización productiva, la división del trabajo y las formas de organización social. Bajo esta perspectiva, en el estudio de los procesos civilizatorios adquiere una importancia medu- lar el análisis de la arquitectura pública y de los asentamientos urbanos, por la especial relevancia que asumen en el desarrollo de los procesos en cuestión. La construcción de la civilización, la edifica- ción social, económica, cultural, mítica se plas- ma en la arquitectura y en la propia forma de asentamiento, en el manejo y transformación del territorio. Por lo tanto, la tarea que tenemos por delante no es solo reconstruir la identidad material y física de la edificación arquitectónica, sino especialmente su condición de continente de actividades sociales, así como de la representación Lo que ay que ver desto son los cimientos de los edificios y las paredes y cercas de los adoratorios, y las piedras dichas, y el templo con sus gradas, aunque desbaratado y lleno de heruazales, y todos los más de los depósitos derribados: en fin fue lo que no es. Y por lo que es juzgamos lo que fue Cieza de León 1984: 2531 Fon do E dit ori al PUCP 28 CAPÍTULO I social que esta entrañó. Mediante este tipo de análisis la lectura de la arquitectura podrá expre- sar la edificación social y tendrá un papel fun- damental en la reconstrucción histórica de los procesos sociales. Por otra parte, enfrentamos el reto mayor de reconstruir y recomponer la identidad de la población de nuestro país con su invalorable patrimonio edificado, ya sea arquitectónico, urbanístico, territorial o paisajístico: en cuanto consideramos que este es un requisito indispen- sable para garantizar su conservación y puesta en valor. Por esto, sostenemos también que la re- cuperación de este invalorable patrimonio debe constituirse en una herramienta imprescindible de desarrollo y en una fuente permanente de re- flexiones acerca de nuestro futuro como país. Limitar los complejos procesos sociales con- centrándonos en el examen de las evidencias ma- teriales y artefactuales, puede proporcionar una visión parcial o degradada de la realidad social. Este es especialmente el caso, por ejemplo, de las formaciones que no exhiben destacadas rea- lizaciones culturales o arquitectónicas, como los cazadores recolectores, y cuyo equipamiento, mayormente lítico, puede aparentar una visión rudimentaria y primitiva de los mismos. Mien- tras que si incorporamos la dimensión espacial, asociando los contextos materiales a su modo de vida, y este a sus correspondientes formas de asentamiento y el manejo territorial de sus recur- sos, tendremos una visión radicalmente distinta o por lo menos de mayor profundidad y valora- ción de los procesos sociales que se desarrollaban en ese entonces. El planteamiento central de nuestro trabajo propone que el surgimiento y evolución del fe- nómeno urbano —y en especial de la ciudad— constituye una de las claves principales para el estudio del proceso civilizatorio. En ese sentido, el examen de la evolución del fenómeno urbano constituye una herramienta imprescindible para el análisis y definición de las características parti- culares que asume el proceso en cuestión, en una región determinada. Esto, universalmente se debe a que el pro- ceso de desarrollo de formaciones sociales com- plejas, especialmente aquellas que alcanzaron una organización estatal, tuvo como correlato el surgimiento y desarrollo de centros urbanos y posteriormente de ciudades. En los centros urbanos y ciudades se concentra el desarrollo de las más importantes actividades económicas y sociales, particularmente aquellas de carácter especializado. Por esta razón, el estudio de la forma que adoptaron los asentamientos y el exa- men arqueológico de sus componentes, permitirá aproximarnos a la reconstrucción histórica de las formaciones sociales que les dieron origen y en- tender un aspecto crucial, como el urbanismo, para el estudio del proceso civilizatorio en los Andes centrales. Uno de los objetivos principales de esta in- vestigación ha sido definir un panorama general del origen, evolución y desarrollo del fenómeno urbano en los Andes centrales durante la época prehispánica. Para la consecución de este propó- sito se ha identificado, en cada una de las épo- cas del desarrollo histórico-cultural en los Andes centrales, casos representativos que ilustren el de- sarrollo del fenómeno urbano y sus expresiones arquitectónicas más significativas. A partir de este enfoque se analiza la inciden- cia de los aspectos económicos, sociales y cultu- rales en el desarrollo del fenómeno urbano y las formas específicas que este asumió a través del tiempo. Paralelamente, se examina la unidad y la diversidad que se aprecia históricamente en el proceso de desarrollo urbano en el área central andina, con el propósito de analizar compara- tivamente las manifestaciones del fenómeno de región a región, y explicar en cada caso las parti- cularidades de su evolución. Las premisas metodológicas de este trabajo mantienen una línea de continuidad, aunque con mayor énfasis descriptivo con los postulados de- sarrollados en ensayos anteriores, donde hemos sostenido la importancia fundamental que tiene, para el análisis científico del fenómeno de asenta- miento humano en el territorio, establecer la rela- ción de correspondencia recíproca existente entre la formación económico-social y su correspondiente forma de asentamiento (Staino y Canziani 1984; Canziani 1989). Esta correspondencia de carác- ter teórico corresponde, en términos generales, a entidades o categorías abstractas. Sin embargo, así como las formaciones económico-sociales se presentan en la realidad de una manera concreta y específica, que se define y manifiesta en un de- terminado modo de vida, de la misma manera la forma de asentamiento, en cuanto categoría abs- tracta, se expresa de forma singular en un deter- minado modelo o patrón de asentamiento. De esta propuesta resulta que, así como en términos teóricos y generales establecemos las relaciones de correspondencia entre distintas for- maciones sociales y sus correspondientes formas de asentamiento, al nivel de los procedimientos analí- ticos, debemos establecer la relación dialéctica de correspondencia entre los modos de vida y su concreción en específicos modelos o patrones de asentamiento (véase cuadro 1).2 Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 29 A lo largo de este trabajo examinaremos un conjunto de aspectos arquitectónicos y urbanís- ticos que consideramos diagnósticos y funda- mentales para interpretar las características que el proceso civilizatorio asume en los Andes centrales. Se ha sostenido, que si bien este proceso presenta singularidades y una identidad unitaria, que en términos generales permiten caracterizarlo como «andino», también es necesario advertir que mani- fiesta una notable diversidad, como una marcada desigualdad en sus desarrollos de región a región y en el devenir de una época a otra, lo cual significa que este proceso no fue lineal ni continuo. Bajo estas premisas, debemos notar una ad- vertencia cautelar: tanto el Estado como su corre- lato urbanístico, la ciudad, no son, como muchas veces se supone equivocadamente, organismos únicos, creados por la humanidad en los inicios de la civilización y enriquecidos en el curso de los siglos. Por el contrario, constituyen una serie de entidades diferentes, históricamente limitadas y determinadas por causas y circunstancias especí- ficas (Staino y Canziani 1984). Si asumimos la concepción del Estado como la forma de organización política que regula las relaciones sociales, mediante el ejercicio del poder por parte de una clase social dominante, lo que aquí nos interesa no es tanto la «evolución» del Es- tado en sí misma, sino el cómo y el porqué se dan las condiciones sociales que hicieron y hacen po- sible su existencia, y cuáles serían los elementos diagnósticos que nos pueden permitir inferir su presencia o ausencia. En este caso, utilizando los indicadores y las herramientas analíticas que nos proporciona la arquitectura y el urbanismo. De los antecedentes historiográficos Sin bien se dispone de una bibliografía relativa- mente amplia de estudios referidos al desarrollo de los procesos civilizatorios y su relación con la evolución de las formaciones urbanas, estos es- tán concentrados en el examen de lo acontecido en el Viejo Mundo y, en especial, en el caso del Cercano Oriente —Egipto y Mesopotamia—. Esta región cuenta con una amplia bibliografía que va desde los trabajos pioneros de Childe (1936; 1942) y Frankfort (1954), a estudios más recientes como los de Adams (1972), Manzanilla (1986) y Redman (1985). Existen limitados estudios que examinan esta problemática en otras regiones donde se desarro- llaron civilizaciones originarias —India, China, Mesoamérica—, así como existen trabajos de debate teórico con referencias comparativas a distintas regiones (Service 1984). Sin embargo, constatamos que en el caso de los Andes centrales este tipo de trabajos es muy escaso. Para el antiguo Perú tenemos estudios que provienen del campo de la arqueología princi- palmente. Algunos con limitaciones teóricas y ya desactualizados en cuanto a documentación em- pírica (Rowe 1963; Schaedel 1966; 1972), otros con importantes aportes en cuanto a la evolución de los patrones de asentamiento en ciertos valles de Cuadro 1 CATEGORÍAS TEÓRICAS CATEGORÍAS EMPÍRICAS SOCIEDAD ASENTAMIENTO FORMACIÓN ECONÓMICO SOCIAL MODO DE VIDA FORMA DE ASENTAMIENTO PATRÓN DE ASENTAMIENTO 2 Para graficar estas relaciones de correspondencia podemos utilizar como ejemplo la formación económico-social de los cazadores recolectores, a la cual en términos generales corresponde como forma de asentamiento el establecimiento provisional o momentáneo, y el nomadismo o la trashumancia territorial. Mientras que, de manera concreta, esta formación social de cazadores recolectores se manifiesta en múltiples y diversos modos de vida, desde los innuit o esquimales del Ártico, a los selk’ nam, yámana y alacaluf del extremo austral de América (Chapman 1998), pasando por las comunidades nativas de la Amazonía, o de los bosquimanos del Kalahari en África, los semang y sakai de las selvas de Malasia, etcétera, si nos desplazamos a otros continentes (Forde 1966). Allí se puede comprobar que cada unos de estos modos de vida, bastante distintos entre sí, manifiestan a su vez su singularidad en patrones de asentamiento con características propias que los hacen sustancialmente diferentes. Fon do E dit ori al PUCP 30 CAPÍTULO I la costa, entre los que destacan los de Willey (1953) en Virú y Wilson (1988) en el Santa. Otras im- portantes contribuciones teóricas relacionadas con el examen de esta problemática se encuen- tran en Lumbreras (1981). En este panorama, que evidencia la ausencia de una visión temática de conjunto —desde el campo de la arquitectura y el urbanismo—, disponemos de una primera aproximación general al tema de las formaciones urbanas en América en el clásico estudio sobre las ciudades precolombinas de Hardoy (1964); y de tan solo una importante síntesis sobre la arqui- tectura y el urbanismo en el antiguo Perú en el trabajo publicado por Williams (1981) hace más de veinte años. El autor, en colaboración con Sergio Staino, publicó un ensayo acerca de los orígenes de la ciudad y su rol en el proceso civilizatorio. Allí se examinaba comparativamente los casos de Sumer, Egipto y el antiguo Perú (Staino y Canziani 1984). Posteriormente, publicó un estudio centrado en el examen de las formas de asentamiento en la costa norte, relacionado con la evolución de las forma- ciones sociales en dicha región durante los perío- dos tempranos de la época prehispánica (Canziani 1989). A continuación, ha publicado una serie de artículos en revistas especializadas acerca de este tema, con referencia a determinados valles y épo- cas (Canziani 1992a; 1993; 2000; 2003a; 2003b), al manejo del espacio territorial en el área andina y en determinadas regiones de esta (Canziani 1991; 1995; 2002), o centrados en los monumentos que integran complejos urbanos (Canziani 1987; 1992a; 1992b; 2000; 2003a; 2004). En estas dos últimas décadas en nuestro país se han desarrollado muchos proyectos arqueológicos centrados, tanto en el análisis de complejos urba- nos, como de los monumentos arquitectónicos que los integran. En muchos casos, los resultados de estas investigaciones han enriquecido y altera- do sustancialmente la información preexistente, basada muchas veces en el examen superficial de los sitios. Justamente, uno de los propósitos de este trabajo ha sido revisar esta vasta bibliografía dispersa y especializada, sistematizar y articular la información documental pertinente y divulgar sus nuevos alcances. Los Andes centrales: geografía y medio ambiente3 El área de los Andes centrales, en cuanto a geo- grafía y características medioambientales, cons- tituye una de las áreas mundiales con mayor diversidad climática y biológica.4 Esto se debe, en primer lugar, a la presencia de la cordillera de los Andes, que asciende desde el nivel del mar —en el litoral de la costa del océano Pacífico—, hasta llegar a las montañas de nieves perpetuas, con nevados como el Huascarán, cuya cumbre alcanza los 6.768 m.s.n.m., para luego descen- der nuevamente hacia las planicies de las selvas tropicales de la cuenca amazónica. De modo que el solo factor altitud en un área que se encuentra en una zona tropical, genera múltiples y distintos pisos ecológicos, con las consiguientes variacio- nes climáticas, topográficas e hidrográficas. Por otro lado, el litoral marino de nuestras costas se ve afectado por el fenómeno de enfriamiento de sus aguas por la corriente de Humboldt y el afloramiento de aguas frías provenientes de las profundas fosas marinas. De esta manera, el mar también actúa como un condicionante que altera sustancialmente las características climáticas de nuestras regiones costeras. En los territorios de la cordillera de los Andes centrales se desarrollan valles —algu- nos transversales a esta—, como los costeños, que descienden desde sus flancos occidentales hacia la costa, generando verdes oasis en esta zona desértica. Otros se desarrollan al interior, limitados por los pliegues y flancos de las estri- baciones de la cordillera, formando los deno- minados valles interandinos, que se localizan principalmente en la zona quechua, si bien al- gunos sectores de su trayecto pueden también ubicarse en la zona correspondiente a la deno- minada yunga oriental. La presencia de la corriente fría de Humboldt frente a las costas peruanas, y la riqueza de nutrientes que esta genera, favorece la existencia de altas concentraciones de plancton, la base de una vasta cadena trófica que se caracteriza por una impresionante diversidad de especies y una alta densidad de la biomasa marina, constituida por centenares de especies de peces, moluscos, crustáceos, así como aves y mamíferos marinos. 3 Desde la antropología y la arqueología se ha reconocido en el área andina de América del Sur distintas áreas de integración económico-social. Entre estas, el área de los Andes centrales corresponde a los territorios que van desde el desierto de Sechura y la sierra de Piura, por el norte, hasta el nudo de Vilcanota y Arequipa por el sur (Lumbreras 1981). 4 El Perú es un país extraordinariamente diverso ya que posee 84 zonas de vida de las 108 definidas en la Tierra (Holdridge 1947; 1967), lo cual lo hace extremadamente rico en recursos, paisajes, en distintas expresiones culturales y en promisorias posibilidades. Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 31 Esta extraordinaria riqueza de recursos marinos, que hasta el día de hoy tiene una importancia fundamental en la economía de nuestro país, desempeñó un papel de enorme relevancia en cuanto fuente privilegiada de recursos alimenticios y productivos desde los tiempos de los primeros pobladores del litoral y a lo largo de las distintas épocas durante el proceso civilizatorio andino. La corriente fría de Humboldt también desempeña un papel clave sobre las condiciones climáticas, especialmente en el caso de las regiones costeras, generando una serie de fenómenos que determinan sus condiciones desérticas, aun cuando estos territorios se encuentran en latitudes próximas a la línea ecuatorial y, por lo tanto, en un área propia de zonas lluviosas y de bosques húmedos tropicales. En nuestro caso, las grandes masas de aire húmedo transportadas por los vientos alisios entran en contacto con las aguas frías del mar, formando bancos bajos de niebla Fig. 1 – Mapa geográfico de los ecosistemas de los Andes centrales (redibujado de Troll 1958). Fig. 2 – Paisaje de litoral marino en la caleta de Jihuay, Atiquipa (foto: J. Canziani). Fon do E dit ori al PUCP 32 CAPÍTULO I que se ubican entre los 200 a 600 metros de altura, provocando el fenómeno conocido como inversión térmica. Este fenómeno se produce cuando el sol calienta el aire que está sobre la niebla, mientras que por debajo de las nubes, y en proximidad del suelo, las temperaturas son bastante más bajas. De esta manera se inhibe la precipitación de lluvias en las zonas costeras, de lo que deriva sus predominantes características desérticas. Sin embargo, estas nubosidades típicas y persistentes en las regiones costeras durante el invierno —de junio a setiembre—, producen ligeras precipitaciones de lluvia fina conocida como garúa. Estas precipitaciones son más frecuentes en zonas próximas al litoral y algo más elevadas o con barreras de cerros, donde dan origen a un fenómeno muy especial y único de la costa peruana: las lomas. Se trata de la formación de pastos y vegetación arbustiva en zonas normalmente desérticas y que se dan gracias a estas garúas, pero también debido a la propia condensación de la humedad contenida en las nubes al entrar estas en contacto con la superficie fría de los suelos. En algunos casos, donde las condiciones son más propicias, se forman grandes extensiones de lomas que incluyen el desarrollo de bosques. En el desarrollo y reproducción de este fenómeno la vegetación desempeña un papel crucial, ya que las hojas y ramas de las plantas se convierten en elementos que multiplican el fenómeno de condensación, incrementando notablemente la precipitación del agua, además de disminuir su evaporación y favorecer su acumulación infiltrándola entre sus raíces. Estas lomas, con su abundante vegetación, dan vida a una gran variedad de fauna, entre la que se encuentran mamíferos como el guanaco, el venado, el zorro; aves como palomas, peri- cos, halcones y gavilanes; además de caracoles de tierra y muchos insectos. Este hecho hace de las lomas una zona especialmente rica en re- cursos, y por lo tanto un lugar particularmente frecuentado por el hombre desde los tiempos de los primeros cazadores y recolectores. Sin em- bargo, hoy en día su frágil ecología está a punto de desaparecer debido a la persistencia de la de- forestación y el sobrepastoreo, iniciados desde la época colonial. Según Pulgar Vidal (1996), en el territorio de los Andes centrales tienen lugar ocho regio- nes naturales a las que asigna los nombres que asumen en la toponimia indígena: Chala, que corresponde a las regiones del litoral costero; Yunga, al territorio de las zonas altas y cálidas de los valles occidentales, como también a ciertas zonas bajas y cálidas de los valles de las vertientes orientales entre los 500 y 2.300 m.s.n.m.; Que- chua, a las quebradas y valles interandinos que se localizan entre los 2.300 y 3.500 m.s.n.m.; Suni o Jalca, a las estribaciones cordilleranas entre los 3.500 a 4.000 m.s.n.m.; Puna, a los territorios altoandinos y altiplánicos entre 3.500 y 4.500 m.s.n.m., ricos en pastos naturales; Janca, a las zo- nas de glaciales y nieves perpetuas entre los 4.000 y 6.768 m.s.n.m.; Rupa-rupa o Ceja de Selva, a los flancos orientales de los Andes; y, Oma- Fig. 3 – Paisaje de dunas en el desierto cerca a la playa Gramadal, Huarmey (foto: J. Canziani). Fig. 4 – Paisaje de bosques de lomas y acumulación de niebla en el cerro Cahuamarca, Atiquipa (foto: J. Canziani). Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 33 gua, o Selva Baja, correspondiente a los bosques húmedos y tropicales de nuestra Amazonía. Sin embargo, otros estudiosos de nuestra geografía proponen la presencia, no solamente de las ocho regiones ya señaladas —que corresponderían a un corte transversal en las regiones centrales de este territorio—, sino a muchas más subdivisio- nes ecológicas o ecorregiones (Brack 1986; Brack y Mendiola 2000). Al respecto, algunos estudios geográficos destacan las marcadas diferencias territoriales y medioambientales existentes en los Andes cen- trales entre las regiones del norte, del centro y del sur. Las diferentes condiciones geográficas, orográficas y climáticas, que se presentan en es- tas distintas latitudes, fueron graficadas en sen- dos cortes transversales tanto por Troll (1958) para los Andes en América del Sur, como por Pulgar Vidal (1996) en cinco perfiles transver- sales, que atraviesan regiones del norte, centro y sur del Perú. A continuación resumimos de forma somera una breve descripción de las ca- racterísticas que distinguen estas tres grandes regiones transversales que atraviesan los Andes centrales. En el caso de la región norte, las cordilleras no alcanzan una gran elevación y se desarrollan a una relativa distancia del litoral marino. Estas condiciones originan que los valles de los ríos que descienden desde el flanco occidental de los Andes generen amplios abanicos aluviales, for- mando extensas planicies sedimentarias. Esto, con el progresivo desarrollo de la irrigación arti- ficial, permitirá su conversión en las mayores ex- tensiones agrícolas de la costa peruana, sirviendo de sustento a los poderosos procesos civilizatorios que se desarrollarán en esta región. Estas condiciones propicias al desarrollo agrí- cola se verán también favorecidas por una ma- yor humedad, derivada de la amplitud de las cuencas de los valles, así como por la mayor incidencia del régimen de lluvias, lo que deriva en los caudales generosos en sus ríos. Por otra parte, la atenuación de la corriente de Hum- boldt y la proximidad de las aguas cálidas del mar tropical al norte, o su eventual descenso hacia el sur con el desencadenamiento de even- tuales fenómenos de El Niño, provocan lluvias en las zonas de costa que propician el desarrollo de extensos bosques secos y el incremento del acuífero de la napa subterránea. En las zonas Fig. 5 – Paisaje de zona de yunga oriental, en el encañonamiento del río Marañón en la localidad de Balsas, en el límite entre los departa- mentos de Cajamarca y Amazonas (foto: J. Canziani). Fig. 6 – Paisaje de valle de zona quechua en los alrededores del Cusco (foto: J. Canziani). Fig. 7 – Paisaje de planicies de puna en Qonococha. Al fondo los nevados de la Cordillera Blanca (foto: J. Canziani). Fon do E dit ori al PUCP 34 CAPÍTULO I de sierra de las regiones del norte, los pasos de montaña son relativamente bajos, lo que faci- lita las relaciones de transversalidad —tanto biológicas como humanas— entre la costa, la sierra y las regiones de la vertiente amazónica. Asimismo, la escasa altura de las montañas de las cordilleras del norte también deriva en la desaparición de la puna, que tanta importancia tiene en las regiones del centro y, sobre todo, en las del sur. En contrapartida se presentan zonas conocidas como páramos, con condicio- nes medioambientales bastante distintas a las de la puna, aun cuando puedan corresponder al mismo piso altitudinal. En el caso de la región central, los Andes pre- sentan marcadas cadenas montañosas y alcanzan su mayor altitud. La distancia más próxima de la cordillera occidental con relación al litoral de la costa, deriva en la reducción de la extensión de los conos aluviales de sus valles; mientras que la menor extensión de sus respectivas cuencas deriva por lo general en la presencia de ríos con caudales algo más moderados, generando las condiciones para el desarrollo de valles agrícolas de mediana extensión. En las correspondientes regiones de sierra se generan amplios valles interandinos, como el Callejón de Huaylas o el del Mantaro. La altitud de las cordilleras y de los respectivos Fig. 8 – Cortes transversales esquemáticos en las regiones del norte, centro y sur del Perú (redibujado de Brack y Mendiola 2000; Pulgar Vidal 1996; Troll 1958). Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 35 pasos de montaña dificultan relativamente la co- municación entre los valles interandinos, y entre estos y las regiones costeras. Por otra parte, en estas regiones altoandinas se desarrollan grandes planicies elevadas propias de la puna. En la región sur de los Andes centrales se acentúan las condiciones de aridez y las sequías son frecuentes, con regímenes de lluvias irregu- lares y más escasas, especialmente en la vertiente occidental. Sus regiones costeñas se caracterizan por el desarrollo de extensos tablazos desérticos y la presencia de una cordillera marítima paralela al litoral, donde es común el desarrollo de vege- tación de lomas. Los valles de esta región costeña son relativamente pequeños y cuentan con cuen- cas hidrográficas de limitada extensión, que se desarrollan en territorios de punas relativamente secas y sujetas a frecuentes sequías, y donde se originan ríos pequeños, cuyo escaso caudal se ve reducido aún más por procesos de evaporación e infiltración, siendo común que aun en época de lluvias sus aguas no lleguen a desembocar al mar, perdiéndose en el desierto. Por lo tanto, estas regiones costeras presentan severas limitaciones al desarrollo agrícola, tanto como consecuencia de la escasez de agua, como de suelos adecuados para el cultivo. Las zonas de cultivo se limitan a algunos valles oasis como los de Ica y Nazca, que, por las razones antes expuestas, tienen ade- más la singularidad de desarrollarse al pie de la cordillera y estar relativamente alejados del lito- ral. De otro lado, en las zonas altoandinas de la región sur es dominante el piso ecológico corres- pondiente a la puna, donde el rol de la ganadería es preponderante, así como el de los cultivos de altura. Los territorios de puna hacia el occidente son secos e inclusive áridos, mientras que los que se desarrollan hacia el oriente son más húmedos, ya que se benefician de las lluvias generadas por los vientos alisios del sureste que transportan ma- sas de aire húmedo desde la Amazonía. Los valles interandinos propios de zonas Quechua o Yunga están relativamente encajonados o con ríos que transcurren en profundos cañones, lo que difi- culta o impide el aprovechamiento de sus aguas para fines agrícolas. La interacción sociedad – medio ambiente y las modificaciones territoriales Para la cabal comprensión de las distintas for- maciones sociales que se desarrollaron histórica- mente en las diferentes regiones de los Andes centrales, es necesario ubicarlas en su correspon- diente escenario paisajístico y medioambiental. Como veremos más adelante, cada una de es- tas sociedades interactuó de manera específica con su medio, desarrollando formas especiales Fig. 9 – Campos agrícolas y canales de irrigación en el valle medio de Chincha (foto: J. Canziani). de manejo para hacer posible la producción y la explotación de sus particulares recursos, en el marco de sus propias estrategias de desarrollo económico y social. Esto llevó históricamente al establecimiento de distintos modos de vida y a la conformación de diferentes tradiciones cultu- rales regionales. Fig. 10 – Hoyas de cultivo en la localidad de Chilca (foto: J. Canziani). Fig. 11 – Acueductos subterráneos en la localidad de Cantalloc, Nazca (foto: S. Purin). Fon do E dit ori al PUCP 36 CAPÍTULO I En el territorio del antiguo Perú, a partir de la revolución neolítica y el desarrollo inicial de la producción agrícola, se constata la iniciación de un proceso paralelo de modificación de las originales características naturales del territo- rio, con el propósito de acondicionarlo para servir de base a distintos procesos productivos ligados a la agricultura, principalmente (Can- ziani 2007). Este proceso tiene la singularidad de carac- terizarse desde sus inicios no solo por la am- plia domesticación de plantas y animales, sino que paralelamente va acompañado por la do- mesticación del territorio en cuanto medio de producción. Tanto la extraordinaria diversidad geográfica y climática de los medios ambienta- les y ecosistemas que caracterizan el territorio del Perú, como la necesidad de adecuarlos a las exigencias de diversos tipos de producción, para superar o atenuar las condiciones nega- tivas o las limitaciones que estos presentaban por naturaleza al desarrollo de estas actividades productivas, dieron como resultado el desplie- gue de un extraordinario y variado corpus de paisajes culturales.5 Entre los paisajes culturales ligados al desarro- llo de zonas de producción, podemos mencionar entre los principales los que se desarrollaron en la costa desértica. Entre estos destacan los valles agrícolas generados mediante el despliegue de grandes sistemas de irrigación artificial; los va- lles oasis donde se aplicaron sistemas de hoyas 5 El Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO comprende bajo el concepto de paisajes culturales una diversidad de obras que combinan el trabajo del hombre y la naturaleza. En un paisaje cultural se manifiesta de forma singular la interacción entre la sociedad y su ambiente natural, y su conservación contribuye a la biodiversidad y a la sostenibilidad del desarrollo territorial, destacando los valores naturales presentes en el paisaje. Fig. 12 – Terrazas de cultivo asociadas a sistemas de riego en las lomas de Atiquipa (foto: J. Canziani). Fig. 13 – Tendales para el secado de pescado formando sistemas de terrazas en los promontorios de Punta Mulatos en la caleta de Ancón (foto: J. Canziani). Fig. 14 – Reconstrucción hipotética del manejo del te- rritorio de lomas en Atiquipa (Canziani 2002). Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 37 de cultivo, o se desarrollaron complejas formas de regadío que aprovecharon las aguas subterrá- neas mediante el manejo de puquios y la cons- trucción de galerías filtrantes, especialmente en la costa sur, donde se agudizan las condiciones de aridez y son escasas las fuentes de agua super- ficial; al igual que el manejo de los bosques de neblina en las zonas de lomas y el desarrollo de terrazas de cultivo irrigadas con el agua capturada de la niebla por los bosques; así como las lagunas Fig. 15 –Terrazas agrícolas de formación lenta en la localidad de Picol, Cusco (foto: J. Canziani). Fig. 16 – Sistema de andenes agrícolas asociados al riego en la loca- lidad de Laraos, Yauyos (foto: J. Canziani). Fig. 17 – Sistema de cultivo en camellones, conocidos también como waru waru en el altiplano puneño (foto: E. Mujica). y wachaques para el manejo de la totora, o los tendales para el secado de pescado, presentes en distintos puntos del litoral. Por otra parte, en la sierra y valles interandi- nos destacan las terrazas de formación lenta que posibilitan el desarrollo de cultivos de secano en laderas de fuerte pendiente. Esto permitió ge- nerar suelos con menor gradiente y así mejorar la retención del agua de lluvia y disminuir la erosión. Sin embargo, frente al constante riesgo de sequía, y las notables ventajas de asegurar y controlar el desarrollo de los cultivos median- te la irrigación artificial, se realizaron extensos sistemas de andenes agrícolas asociados a obras de canalización para posibilitar su riego. En la puna, para lograr el desarrollo agrícola en una altitud que se encuentra en el límite de las posi- bilidades biológicas, y donde además los cultivos se encuentran expuestos a las frecuentes heladas y a la crítica alternancia de períodos de duras sequías o severas inundaciones, se desarrollaron sistemas de qochas, así como también sistemas de camellones o waru waru; al igual que el des- pliegue de bofedales, generados en su mayoría mediante sistemas relativamente simples de riego o inundación de extensiones ubicadas en zonas de punas secas. Así se propició el desa- rrollo de la vegetación y, de forma consecuente, se favoreció la pastura de camélidos, y hoy de vacunos y ovinos. Estas diferentes modificaciones territoriales, por encima de su diversidad funcional, características paisajísticas, extensión y niveles Fon do E dit ori al PUCP 38 CAPÍTULO I de complejidad comprometidos, tienen en común la superación de las limitaciones territoriales —climáticas, topográficas, de suelos, hidrográficas, etcétera— para permitir o favorecer el desarrollo de las actividades productivas. En la mayoría de los casos se puede percibir que estas modificaciones, además de enfrentar las condiciones negativas, comportaron el aprovechamiento o mejoramiento de las condiciones positivas o favorables presentes en el medio natural. Por lo tanto, se puede plantear que estas mo- dificaciones territoriales tuvieron y aún tienen como aspecto común el propósito de generar, mejorar o ampliar las condiciones productivas del medio natural, garantizando a su vez la repro- ducción de las condiciones de base que aseguran la sostenibilidad de estos procesos. Si bien las modificaciones territoriales fueron realizadas con herramientas relativamente senci- llas, habrían comprometido una tecnología vasta y compleja que se caracterizaba por el despliegue de formas especiales de organización social de la producción. En cuanto trascendentes medios e instru- mentos de producción social de escala terri- torial, los paisajes culturales representan no solo un importante patrimonio tecnológico, y, funcional al desarrollo territorial. También constituyen un referente relevante para las co- munidades que los generaron o heredaron en lo que se refiere a la constitución, conservación e, inclusive, la recuperación de su identidad cultu- ral (Canziani 2007). Los Andes centrales como área cultural Cuando en un conjunto de regiones localizadas en un determinado territorio geográfico se apre- cia que sus desarrollos culturales, por encima de sus diferencias regionales, comparten histórica- mente una serie de rasgos que definen una iden- tidad, y donde además se aprecia una evolución en la que se pueden observar tanto continuida- des como procesos de cambio, se entiende que se está frente a un área cultural. Corrientemente se ha entendido como área cultural a territorios donde se registran deter- minadas tradiciones estilísticas en el repertorio de su cultura material. Sin embargo, estudiosos de esta problemática, como Lumbreras (1981), sostienen que es preferible asumir una caracteri- zación histórica de este término, que no esté por lo tanto referido exclusivamente a los aspectos es- trictamente culturales, si no que incorpore todas aquellas esferas relacionadas con el modo de vida y la evolución histórica de las formaciones eco- nómico-sociales. En este sentido, en un área histórico-cultural se debe percibir una unidad, que es producto de la relación particular que instauran las sociedades con su medio ambiente específico, con el desa- rrollo de determinadas técnicas de producción, especialmente en el campo de la agricultura. Este proceso, en el caso de los Andes centrales, presen- ta una definida impronta de unidad e integración en el marco de una notable diversidad. Los Andes centrales: su secuencia cronológica y cultural El área de los Andes centrales comprende gran parte del territorio de lo que es ahora el Perú, con un límite norte en el desierto de Sechura y la sierra de Piura y al sur con el nudo de Vilcanota y Arequipa. A las regiones que se encuentran más al sur se les denomina área centro sur y corres- ponden al altiplano de la región circumlacustre del Titicaca, comprendiendo los desiertos coste- ros del extremo sur del Perú y del norte de Chile, y las punas de Bolivia (Lumbreras 1981). Existen distintos planteamientos para defi- nir la evolución histórica y la correspondiente secuencia de períodos culturales de los Andes centrales. En el presente texto asumimos dos pro- puestas como las principales, debido a que son las mayormente aceptadas por los estudiosos de la materia, ya que además resumen e incorporan Fig. 18 – Bofedales para la pastura de camélidos en las punas secas de Aguada Blanca, Arequipa (foto: J.Canziani). Fon do E dit ori al PUCP ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL 39 los aportes de distintos investigadores de la ar- queología andina. En el caso de la secuencia propuesta por Rowe (1962) —establecida fundamentalmente a partir de sus investigaciones y de la secuen- cia estratigráfica obtenida en excavaciones ar- queológicas en el valle de Ica— se privilegia los aspectos relacionados con la vigencia de deter- minados rasgos culturales y los cambios estilís- ticos, especialmente de aquellos que se aprecian en la producción cerámica. De esta manera, se propone un período Precerámico, que com- prende tanto a las sociedades de cazadores y recolectores como a la época de las comuni- dades aldeanas de los primeros agricultores; le sucede un Período Inicial, referido a la época en que aparece inicialmente la cerámica;6 luego se establecen tres horizontes, definidos sobre la base de la difusión y presencia en el área de los Andes centrales de los rasgos estilísticos genera- dos primero por el fenómeno Chavín —Hori- zonte Temprano—, luego por el fenómeno Wari —Horizonte Medio— y finalmente por la ex- pansión inca con el imperio del Tahuantinsuyu —Horizonte Tardío—. Entre estos horizontes se dan dos períodos en que prevalecen los rasgos re- gionales, al cesar las influencias de carácter pan- andino. De este modo, se definen dos períodos intermedios: el Intermedio Temprano entre los Horizontes Temprano y Medio y luego el Inter- medio Tardío, entre los Horizontes Medio y Tar- dío (véase cuadro 2). Asimismo, tenemos la secuencia propuesta por Lumbreras (1981), quien privilegia el distinto ni- vel de desarrollo y características de las formacio- nes sociales presentes en cada época. En este caso, propone un período Lítico, que corresponde a la temprana época de los cazadores recolectores; le sucede el período Arcaico, correspondiente a la aparición de las comunidades aldeanas precerá- micas de los primeros agricultores; el período Formativo, que se inicia con la aparición de la ce- rámica —Formativo Inferior— y que, en las fa- ses posteriores —Formativo Medio y Superior—, corresponde a la época caracterizada por el fenó- meno Chavín y el surgimiento de las «altas cul- turas»; el período de los Desarrollos Regionales Tempranos, caracterizado por el surgimiento de distintas formaciones regionales y la presencia de estados teocráticos; la Época Wari, para la que se propone el desarrollo de una primera formación de carácter imperial en el área andina; el período de los Estados Regionales Tardíos, caracterizado por el resurgimiento de las formaciones regiona- les y la presencia de distintos estados y señoríos; para concluir con la Época Inca, correspondiente 6 Los fechados «históricos» de la arqueología peruana propusieron para los Andes centrales la introducción de la cerámica alrededor del 1800 a.C. Sin embargo, un conjunto de fechados de recientes investigaciones desarrolladas tanto en la costa como en la sierra del Perú (véase VI Simposio Internacional de Arqueología PUCP. El Período Formativo: Enfoques y Evidencias Recientes. Lima, 2008), están ubicando consistentemente este evento alrededor del 1600 a.C. Esto implica que la cerámica habría aparecido en el área más tarde de lo que se había asumido. Asimismo el Período Inicial sería más breve de lo previsto, y algunos sitios asignados a este período, basándose fundamentalmente en los fechados, corresponderían al Arcaico o Precerámico Tardío. Cuadro 2 Secuencia cronológico cultural Cronología Lumbreras (1981) Rowe (1962) 10000 – 5000 a.C. Lítico Precerámico 5000 – 1800 a.C. Arcaico 1800 – 500 a.C. Formativo Período Inicial Horizonte Temprano 500 a.C. – 700 d.C. Desarrollos Regionales Tempranos Intermedio Temprano 600 – 1000 d.C. Época Wari Horizonte Medio 1000 – 1450 d.C. Estados Regionales y Señoríos Tardíos Intermedio Tardío 1450 – 1532 d.C. Época Inca Horizonte Tardío Fon do E dit ori al PUCP 40 CAPÍTULO I al desarrollo del imperio del Tahuantinsuyu (véa- se cuadro 2). Evidentemente, estas dos propuestas de secuen- cia cronológico-cultural están referidas a los mis- mos procesos y eventos históricos. Estas columnas secuenciales, por lo tanto, deben ser considera- das como herramientas útiles para la definición y comprensión de lo que distingue y separa una época de otra. Aclarando que en este sentido no existen límites ni barreras precisas que marquen definidamente el inicio o fin de un período. Por lo tanto, es preciso señalar que estas herramientas, así como tienen ventajas, también pueden tener limitaciones, por ejemplo, en la aplicación de re- gión a región, donde se aprecia que los procesos no son necesariamente lineares ni homogéneos, ya que están sujetos a una serie de desigualdades en los distintos niveles y formas de desarrollo. Fon do E dit ori al PUCP 2 LOS ORÍGENES Fon do E dit ori al PUCP Fon do E dit ori al PUCP 2 LOS ORÍGENES: de los cazadores recolectores al desarrollo de las formaciones aldeanas cuando se hace referencia a la época de los caza- dores recolectores, generalmente viene a la mente una serie de imágenes ampliamente difundidas en la bibliografía, que reducen estos primeros po- bladores de los Andes a la condición de grupos sumamente primitivos, totalmente dependientes de lo que la naturaleza buenamente les proveía. Según esta visión, algo simplista, estaríamos fren- te a grupos humanos que se desplazaban ince- santemente a lo largo de un amplio territorio en persecución de la fauna salvaje. Inclusive, se ha llegado a plantear largos desplazamientos estacio- nales desde la cordillera hasta las lomas costeñas, siguiendo una supuesta migración estacional de los animales entre regiones bastante lejanas. De esta manera, los cazadores recolectores nos han sido presentados frecuentemente como seres totalmente supeditados a la fauna silvestre y, a partir de esta idea, asumimos inconscientemente que la condición de «salvajismo» derivaría de esta suerte de simbiosis con la animalidad.1 Sin embargo, las investigaciones desarrolla- das en las últimas décadas en los Andes centrales acerca de los recolectores y cazadores superiores del período Lítico nos presentan una realidad bastante distinta. Estos nuevos datos permiten sostener que alrededor del 10000 a.C. se regis- tra la presencia de grupos humanos que tienen —no obstante su limitado nivel de desarrollo— un conocimiento y un manejo complejo de la di- versidad medioambiental; están provistos de un bagaje tecnológico que comprende una amplia gama de instrumentos de piedra, hueso, madera y fibras vegetales, muchas veces sofisticados en su forma y técnica de elaboración, como es el caso de las puntas de proyectil; conocen la utili- zación del fuego y sus múltiples aplicaciones; y por último, no son ajenos a la manifestación de determinadas tradiciones culturales. Pero quizá uno de los aspectos más notables que se desprende del estudio de las nuevas evi- dencias de esta época, corresponde a la aprecia- ción de que estos tempranos pobladores dieron lugar a distintos modos de vida, al enfrentar la diversidad medio ambiental y la variedad de re- cursos presentes en las diferentes regiones de los Andes centrales. Estos distintos modos de vida constituyen una clara expresión de los niveles de conocimiento desarrollados por estos primeros pobladores en el manejo y apropiación de los re- cursos disponibles en cada medio específico, lo que les permitió garantizar el sustento y la repro- ducción de sus poblaciones.2 Nos parece necesario subrayar aquí la im- portancia teórica y metodológica que presenta este fenómeno, especialmente en cuanto se re- fiere al tema central que nos interesa: la forma de asentamiento. Y es que, en el marco general del análisis de una determinada formación eco- nómico-social, podemos aproximarnos al exa- men empírico que esta asume en la concreción de distintos modos de vida, con características 1 Este sesgo en el tratamiento del período de los cazadores recolectores también ha sido advertido críticamente por Uceda (1987: 14-17), al igual que la equivocada tendencia evolucionista de considerar a los artefactos toscos o rudimentarios como «antiguos» y a los más elaborados como más «recientes», aislando estos instrumentos del análisis de sus asociaciones contextuales, lo que ha derivado en más de un craso error de interpretación. 2 Algunos autores utilizan al definir este proceso el término «adaptación», el que nos parece inapropiado ya que propone una suerte de dependencia pasiva de estas sociedades a las condiciones ecológicas, oscureciendo así el hecho fundamental de que son los hombres y mujeres los agentes principales en la interacción que establecen con el medio y sus recursos, y que como tales son los protagonistas centrales de los constantes cambios que genera la evolución social. Fon do E dit ori al PUCP 44 CAPÍTULO 2 específicas y singulares. En especial, nos parece relevante señalar que se puede comprobar que a estos distintos modos de vida corresponderán, de manera consecuente, particulares formas —mo- delos o patrones— de asentamiento y manejo del espacio territorial. La formación social de los cazadores recolectores —relativamente simple frente a la creciente complejidad de las que poste- riormente le sucederán— ofrece, por esta misma razón, una serie de aspectos cuyo estudio nos per- mite la comprensión de algunos de los elementos fundamentales que regulan el desarrollo y evolu- ción del fenómeno de asentamiento humano en el territorio desde sus primeros inicios. La presencia de distintos modos de vida entre los cazadores recolectores del área central andina emerge claramente de los datos y la relativamen- te amplia documentación que nos proporcionan los trabajos arqueológicos desarrollados en las últimas décadas. De esta manera, en distintos sitios de diferentes regiones, tanto de la sierra como de la costa, se ha constatado la existencia de culturas materiales bastante diferenciadas. Conforme se profundiza el estudio de los uten- silios, herramientas y otros restos materiales de la actividad social de estos grupos, se establecen las condiciones que permiten que estos datos nos aproximen a la definición de distintos procesos de trabajo. Esto permite, a su vez, configurar reconstructivamente procesos productivos gene- rales —examinados en el conjunto de sus inte- rrelaciones—, con características específicas en los distintos ámbitos regionales y a lo largo de la evolución temporal (Bate 1982). De esta manera, podremos empezar a valorar cómo y cuánto estas diferencias están expresando el desarrollo de distintos modos de vida, es decir la manera particular en que estos grupos humanos Fig. 19 – Mapa de ubicación de los principales sitios del período Lítico: 1 Pampas de Paiján Pampa de los Fósiles 2 Quirihuac 3 Ochiputur 4 Casma 5 Ancón 6 Chivateros, 7 Guitarrero 8 Lauricocha 9 Pachamachay 10 Telarmachay 11 Pikimachay Fon do E dit ori al PUCP LOS ORÍGENES 45 desarrollaron sus actividades y formas de organiza- ción a lo largo del tiempo y del espacio, en relación con las singulares condiciones medio-ambientales en las que actuaron. Es evidente que un rol funda- mental le corresponde al análisis de las particulares formas de asentamiento y de manejo del territorio en el estudio y comprensión de los aspectos que caracterizan el modo de vida. El paijanense Con fechados que se remontan inclusive al 13000 antes del presente, se registra en la costa peruana la existencia de importantes sitios que documen- tan la presencia y actividad de bandas de reco- lectores cazadores, desde Lambayeque hasta Ica, aunque con mayor énfasis en la costa norte y cen- tral. Estas poblaciones se identifican por la forma especial que asumen en la elaboración de puntas líticas de gran tamaño, que se caracterizan por ser alargadas y pedunculadas. El nombre de esta cultura deriva del lugar donde por vez primera se registró científicamente su presencia —en Paiján, al norte del valle de Chicama— y se le reconoce como paijanense o tradición Paiján. Se supone que las condiciones climáticas de los territorios de la costa norte no debieron ser muy distintas de las actuales. Sin embargo, mu- chos autores sostienen la posibilidad de que el ambiente haya sido algo más húmedo que el actual y quizá similar a las condiciones que se presentan en este territorio durante eventos como el fenómeno El Niño, cuando muchas quebradas se vuelven activas con la presencia de cursos de agua; se dan mayores extensiones cu- biertas con pastos y bosques naturales; y las zonas de lomas registran una mayor densidad y verdor. También se plantea la posibilidad de que esta época haya coincidido con el inicio de una fase de deglaciación que habría elevado progresivamente el nivel del mar, sumergiendo parte de la franja costera y, por lo tanto, los vestigios de ocupación que en ella se encontraban. Si esto fuera así, de- bemos suponer que muchos de los sitios hoy re- gistrados se habrían localizado por lo menos unos diez kilómetros más alejados del litoral de lo que hoy se encuentran. De acuerdo a esta hipótesis, esta localización ubicaría muchos sitios en una zona ecológica propia del pie de monte andino, lo que podría explicar en parte la presencia de un medio aparentemente más húmedo en estos hábitats (Chauchat 1988: 58-60). Prácticamente la totalidad de los sitios de ocupación correspondientes al paijanense se encuentran ubicados a campo abierto. Este es un primer dato sumamente interesante, ya que relaciona de manera directa la forma de asentamiento con las condiciones del medio en que este se encuentra. Este caso nos revela cómo en un medio con un clima benigno y templado, los abrigos naturales —como las cuevas— no habrían tenido mayor importancia, a diferencia de lo que acontece en otros medios con condiciones climáticas bastante más severas. En algunos casos, se supone el desarrollo de paravientos en los campamentos, es decir, estructuras simples en forma de medialuna destinadas a la protección de la molesta sensación de frío que genera la acción del viento (Gálvez y Becerra 1994). La posible existencia de este tipo de estructuras, elaboradas con materiales perecederos, podría haber sido una de las causas que generara las concentraciones de artefactos con límites en forma de medialuna que se detectan en la excavación de algunos campamentos (Uceda 1987: 21). En casos excepcionales, como en el sitio de Quirihuac, se ha documentado el aprovechamiento de ciertos abrigos rocosos, en cuanto sitios que ofrecían un buen refugio y protección frente a la acción del sol abrasador propio de la costa norte. Los investigadores que han abordado el estu- dio del paijanense han observado la presencia de distintos tipos de sitios espacialmente articulados entre sí. Tanto su localización, como las eviden- cias de las diferentes actividades que en estos se realizaban, definen las características y función de estos sitios, que se identifican como campa- mentos, talleres y canteras. Los sitios del primer tipo están asociados a una amplia variedad de ar- tefactos líticos y corresponden a lugares de asen- tamiento temporal de las bandas; mientras tanto, los últimos dos están asociados a la extracción de piedras y a las distintas fases de producción de los artefactos líticos (Chauchat 1988: 52-53). Fig. 20 – Pampa de los Fósiles. Vista general de una cantera (Chau- chat 1988: fig. 2.4). Fon do E dit ori al PUCP 46 CAPÍTULO 2 Las canteras son sitios donde los paijanenses extraían la materia prima para la elaboración de distintos artefactos líticos. Si bien la actividad principal está destinada principalmente a la obtención de los bloques o «núcleos» adecuados para la producción de estos instrumentos, se ob- serva que esto no excluye —especialmente en el caso de las puntas de proyectil— la realización de alguna de las fases subsiguientes de su proceso de elaboración en el mismo sitio de la cantera, como es el caso de la confección de los artefac- tos denominados bifaciales o «preformas». Estos materiales preelaborados eran luego trasladados a los talleres asociados a los campamentos, don- de se les terminaba de fabricar. En algunos casos, como se ha documentado en Casma, se utiliza- ron herramientas líticas en forma de cuña, espe- cialmente elaboradas para resolver la particular dificultad que presentaba la extracción de las ro- cas utilizadas como materia prima (Uceda 1992). Asimismo, en distintos ámbitos territoriales se ha podido comprobar el manejo simultáneo de di- ferentes canteras con distintos tipos de rocas, lo que estaría indicando la selección de las materias primas preferidas o más adecuadas para la elabo- ración de los distintos tipos de artefactos (Becerra y Gálvez 1996). En los talleres, ubicados con una relativa proximidad a los campamentos y asociados a estos en cuanto parte de un mismo sitio, se desarrolló el trabajo especializado destinado a la confección final —a partir de las «preformas»— de dos tipos de instrumentos básicos en el equipamiento de las gentes de Paiján: las puntas de proyectil y lo que los arqueólogos denominan unifaces, tales como cuchillos, raederas, perforadores, etcétera. El re- lativo aislamiento de las gentes que realizaban en el taller este trabajo lítico, con relación al grueso de la banda presente en el campamento, podría ser explicado por la necesaria concentración que esta actividad implicaba, así como una prudente decisión para evitar la presencia de lascas y otros afilados descartes de la talla donde el grueso de la gente se encontraba circulando. En los campamentos se advierte la presencia de una gran variedad de instrumentos líticos, donde son escasas las puntas de proyectil, tan fre- cuentes en los talleres donde eran producidas.3 Esto es algo totalmente lógico, si se piensa que este tipo de instrumentos se «consumen» en el desarrollo de la caza o la pesca; mientras que en los campa