Primera edición, julio de 1995. Cubierta: María del Carmen Herrera y Diego Carvalho Herrera La Aventura de Mariátegui: Nuevas Perspectivas Copyrigth © 1995 por Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Av. Universitaria cuadra 18, San Miguel. Lima, Perú. Tlfs. 462-6390, 462-2540 Anexo 220. Derechos Reservados ISBN 84 - 8390 - 980 - 4 Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcial­ mente, sin permiso expreso de los editores. Impreso en el Perú - Printed in Peru JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI Y LAS UNIVERSIDADES POPULARES «GONZÁLEZ PRADA» Ricardo Portocarrero PLANTEAMIENTO La crisis política actual, caracterizada como una crisis de la re­ presentación política a través del sistema de partidos, no es un pro­ blema nuevo en el Perú. Desde el surgimiento formal del Partido Ci­ vil, es una problemática y un tema recurrente · en la historia peruana. Durante el siglo XX se ha manifestado en la crisis del segundo civilismo durante el Oncenio, del aprismo y el comunismo en la se­ gunda post-guerra, del reformismo democrático a fines de los años 1960 y de la nueva izquierda en la década de 1980. Los partidos po­ líticos de este siglo surgieron de la crítica al sistema de representa­ ción política. En su prédica utilizaron diferentes denominaciones para caracterizar las formas de hacer política en nombre de la nece­ sidad de una nueva. Sería interesante analizar las causas de esta constancia para el fracaso de la representación política, cuya expre­ sión actual es la desesperanza y el escepticismo político. Pero no será en este lugar. En la década de 1920 el aprismo y el comunismo nacieron como una crítica a la «política criolla» en nombre de una necesaria «renovación de la política». Se habló del nacimiento de una «nueva generación» y de la validez de la certera afirmación de González Prada «los jóvenes a la obra y los viejos a la tumba». Con esa prédi­ ca, estos dos proyectos políticos han tenido una vigencia y una pre­ sencia política a lo largo de este siglo. Al menos hasta la actual cri­ sis política de mediados de la década de 1980. ¿Qué les permitió te- ' 389 ' ner esa vigencia y esa presencia? Al margen de la evaluación actual que podamos tener de estos proyectos, su vigencia y su presencia a lo largo del siglo se explica porque lograron encarnar en determina­ dos sujetos sociales y plantearon una determinada visión del Perú. Ello hace comprensible que la década de 1920 se convirtiera en uno de los hitos referenciales del proceso histórico peruano, especial­ mente para la comprensión de los problemas del Perú post­ oligárquico. Su importancia radicaba en que en esa época se confi­ guraron algunos de los proyectos políticos que marcaron los aconte­ cimientos del Perú hasta nuestros días y que actualmente se encuen­ tran en crisis. Hoy surge una nueva pregunta -contrapuesta y complementaria a la anterior-: ¿sobrevivirán a la actual crisis de representación polí­ tica? Desde la década de 1920 estos proyectos políticos han sufrido cambios internos de suma importancia al igual que la sociedad que les dio origen. Su crisis actual radica en que los sujetos sociales han cambiado, aunque fundamentalmente las clases sigan siendo las mis­ mas, y sus visiones del Perú ya no son adecuados para entender la realidad nacional. Ello no significa su caducidad o su desaparición, pues siguen teniendo cierta presencia política y social. Para el caso de la izquierda peruana, que es el caso que nos in­ teresa, el inicio de su renovación política debe partir del reconoci­ miento de esta premisa. Para volver a tener vigencia y presencia po­ lítica, la izquierda debe ser capaz de encarnar las aspiraciones de los nuevos sujetos sociales y de plantear una visión nueva del Perú. Ello requiere, además, constituirse en una real alternativa al proyecto neoliberal del fujimorismo. Es en ese sentido, que queremos plantear el estudio de la relación entre proyecto político y base social toman­ do el caso de José Carlos Mariátegui y el Partido Socialista (luego Comunista). Establecer la manera como José Carlos Mariátegui ha­ cía política, vinculándose con los sujetos sociales que sustentaron su proyecto político y del cual surgieron sus líderes históricos. Para ello analizaremos un espacio social concreto y privilegiado en donde confluyeron los sujetos sociales, los ideólogos y políticos que dieron origen al Partido Socialista: las Universidades Populares González Prada. 390 LAS UNIVERSIDADES POPULARES Las primeras Universidades Populares fueron fundadas en Lima en enero de 1921 y dejaron de existir en junio de 1927. Du­ rante esos seis años se convirtieron en un referente importante para los sectores de vanguardia de obreros y estudiantes de Lima, quienes habían coincidido en la necesidad de romper los marcos estrechos de una educación y una cultura elitista propugnada por el Civilismo. En sus inicios, las Universidades Populares fueron instituciones con fi­ nes estrictamente educativos y culturales que pasaron, aún en contra de las intenciones iniciales de sus organizadores y representantes, a convertirse en espacios sociales de participación política de los sec­ tores populares y de clase media en la Lima de inicios de siglo. Las Universidades Populares fueron expresión del acercamien­ to entre el pujante movimiento sindical limeño y los sectores estu­ diantiles liberales radicales de la Universidad de San Marcos. Impul­ sadas por los estudiantes organizados en la Federación de Estudian­ tes del Perú (FEP), fueron apoyados por las diferentes organizacio­ nes obreras y artesanales de Lima. Posteriormente se extendieron a algunos de los distritos que se ubicaban en sus alrededores (Vitarte y Barranco), al puerto del Callao y finalmente a provincias (lea, Arequipa, Cuzco, Trujillo, Huaraz, etc.). Hay que enfatizar, pues, que las Universidades Populares fueron un fenómeno esencialmente limeño y que a pesar de que se fundaron varios de estos centros en provincias, tuvieron corta vida y poca incidencia cultural y política. Su composición reflejaba el tejido social de la Lima popular: obre­ ros, estudiantes, empleados y yanaconas de las haciendas vecinas. Este acercamiento se inició con la solidaridad que los estudian­ tes de la Universidad de San Marcos otorgaron a la huelga obrera por las ocho horas en enero de 1919, y que tuvo como consecuencia inmediata la fundación de la Federación de Trabajadores del Tejido del Perú. Entre enero de 1919 y 1921, tanto estudiantes como obre­ ros empezaron a consolidar sus organismos de representación gre­ mial. En el caso de los estudiantes con el primer Congreso Nacional de la FEP realizado en el Cusco en 1920, en donde se aprobó la mo­ ción de fundación de las Universidades Populares. En el caso de los 391 ' obreros con el primer Congreso Obrero Local, en junio de 1921, en donde se aprobó una moción de adhesión. El sistema de enseñanza se basaba en la organización de cur­ sos, conferencias y veladas culturales. Se comprometía a alumnos de la Universidad de San Marcos, según su especialidad, para su dicta­ do. Generalmente, se le entregaba a cada asistente una breve expli­ cación de los temas y contenidos de cada curso. Las actividades se realizaban de noche en el local de la Federación de Estudiantes en el parque de la Exposición. Al igual que la Universidad, los cursos eran semestrales. Las conferencias se dictaban con cierta regularidad como complemento a otros cursos. Esta fue la modalidad escogida por José Carlos Mariátegui. Los cursos eran de tipo básico (historia, geografía, salubridad, matemáticas, castellano, economía, entre otros). No había ninguno dedicado a temas políticos o sindicales propiamente dichos. Esto ocurría debido a que los profesores eran universitarios y no obreros. Como veremos más adelante, en el caso de las conferencias de Mariátegui se trataba de temas de la historia reciente de Europa, razón por la cual al principio no creó ningún re­ celo. Cabe resaltar que las Universidades Populares contaron, ini­ cialmente, con el apoyo oficial del presidente Leguía. Un grupo de estudiantes de San Marcos apoyaron la candidatura de Leguía en 1919 nombrándolo Maestro de la Juventud, mediante propaganda en las revistas estudiantiles. Leguía, al asumir el poder mediante un golpe de estado el 4 de julio de 1919, inició su gobierno buscando una base social de apoyo frente a las reacciones de los partidos polí­ ticos tradicionales. Así, apoyó el reclamo de los obreros y las reivin­ dicaciones estudiantiles de la reforma. Además, el primer Congreso de la FEP fue auspiciado y financiado por su gobierno, ya que el caracter y el espíritu de dicho evento fueron los mismos que motiva­ ron los Congresos de Estudiantes Americanos, todos realizados en los años de su primer gobierno. Las reivindicaciones estudiantiles se verían parcialmente reflejadas también en la Ley Universitaria de 1920. El apoyo oficial a los estudiantes continuaría cuando se le en­ cargó a Haya de la Torre, como Presidente de la FEP, el impulso y organización de las Universidades Populares. Dicho apoyo oficial 392 terminaría en 1923 con la protesta contra la Consagración del Perú al Corazón de Jesús. EL REGRESO AL PERÚ El periplo europeo de Mariátegui no ha sido aún exhaustiva­ mente estudiado. Su importancia es indudable: allí se formó como marxista. A pesar de que sus primeras divagaciones socialistas datan de 1918 en el Perú (período de Nuestra Época y La Razón), es en Europa donde esta palabra alcanza un contenido doctrinal definido. De los tres años y medio que residió en Europa, dos años y siete meses viviría en Italia. Allí estableció su radio de acción al ser nombrado agente de propaganda periodística por el gobierno de Leguía, como una forma de encubrir su deportación. Su interés por la cultura italiana databa de la influencia recibida de Abraham Valdelomar y el grupo Colónida. Por su ubicación geográfica e im­ portancia cultural, Italia se convertiría en la caja de resonancia de los principales acontecimientos europeos. A partir de esta experien­ cia y de la lectura de las principales publicaciones de la época, Mariátegui se forjó como marxista. Como él mismo escribió: «De fines de 1919 a mediados de 1923 viajé por Europa. Resi­ dí más de dos años en Italia, donde desposé a una mujer y al­ gunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países. Mi mujer y un hijo me impidieron llegar a Rusia. Des­ de Europa concerté con algunos peruanos para la acción socia­ lista»1. Esta última afirmación es la que debe reclamar nuestra aten­ ción. En Italia, Mariátegui formó parte de un grupo de estudios del Partido Socialista Italiano, dirigido por la fracción comunista. Asi­ mismo, asistió al Congreso de Livorno en enero de 1921 donde se fundaría el Partido Comunista Italiano. Más adelante, fundaría la primera célula comunista peruana en la ciudad de Génova en abril Carta de José Carlos Mariátegui a Samuel Glusberg. Lima, 1 O de enero de 1928. 393 ' de 1922, junto a César Falcón, periodista, amigo entrañable de Mariátegui desde su juventud; Palmiro Machiavello, diplomático, Cónsul en la ciudad de Génova; y Carlos Roe, médico, que en esos años realizaba estudios en Italia. Aunque no existe documentación alguna acerca de los acuerdos tomados por el grupo, queda claro por otros testimonios que sus miembros se comprometían a la fundación de un partido político adherido a la Komintern o Tercera Internacio­ nal. Es con este compromiso, «concurrir a la creación del socialis­ mo peruano», que Mariátegui regresa al Perú en marzo de 1923. Para lograr este objetivo, Mariátegui se abocará a la realización de tres tareas políticas: la publicación de un diario o una revista, la or­ ganización de una central sindical y la fundación de un partido polí­ tico. La idea de Mariátegui de publicar un diario o una revista data­ ba de su etapa juvenil. Ello se había expresado en la revista Nuestra Época y en el diario La Razón. Ello también respondía a la necesi­ dad de Mariátegui de desarrollar sus ideas, en forma libre, sin la censura tibia de trabajar en órganos de prensa que estaban dirigidos por terceras personas, en un contexto en el cual predominaba el pe­ riodismo oficialista. Mariátegui requería, pues, independencia para escribir. Se sabe que desde su llegada al Perú, entabló contacto con Pedro Ruiz Bravo, quién se encontraba deportado en Valparaíso por el gobierno de Leguía, para la compra del diario El Tiempo. 394 «Tengo el proyecto de publicar un diario y tengo, sobre todo, los capitalistas necesarios para esta empresa. Pero encuentro preferible por varias razones -ahorro de tiempo, de esfuerzo, etc.- adquirir un diario existente. Y pienso que a ud. tal vez le convenga enagenar sus derechos en El Tiempo y que, en este caso, ud. y la empresa que represento podrían entenderse y ha­ cer un buen negocio. Naturalmente ud. no podría ceder la propiedad de El Tiempo sin la seguridad de que la política del periódico no perdería ni comprometería su independencia. Pero a este respecto podría ud. estar tranquilo porque yo puedo darle la seguridad de que la independencia de El Tiempo no sólo sería mantenida sino señaladamente acentuada. Esta sería, justamente, para nosotros la base esencial del negocio»2• La idea de la importancia de la fundación de una central sindi­ cal en Mariátegui se encuentra presente desde su etapa juvenil, cuando desde el diario La Razón apoyó las reivindicaciones obreras y se vinculó a importantes dirigentes sindicales anarquistas: Barba, Gutarra, Fonkén y Del Barzo. La idea de fundar un partido político, como ya se señaló, nació del acuerdo tomado por la célula comunis­ ta peruana fundada en Italia. Testimonio de ello es la carta que César Falcón enviara a Mariátegui desde España, fechada el 15 de setiembre de 1923: 2 3 , «Lo que nosotros debemos crear es un núcleo político, un par­ tido que intervenga inmediatamente en la vida nacional. Nada de comités literarios aficionados a la política. Necesitamos to­ mar plaza desde luego en el tablero político, actuar pública­ mente, combatir i valorizamos como una fuerza nueva. ( ... ) Este fue el carácter del Comité que organizamos en Génova. Su adhesión inquebrantable a los principios de la Tercera In­ ternacional lo definía perfectamente. No podíamos pensar en­ tonces -ni pienso yo ahora- en un grupito académico. Debimos organizar, no un Comité, sino un partido. Pero la lejanía del país nos obligaba a no constituirlo hasta conocer los elementos que podían adherírsenos. Nos limitamos a formular la iniciati­ va, asegurando su integridad. Tal vez la aplicación de algunos de los principios consignados en el acta constitutiva debería­ mos adoptarla hoi a las condiciones nacionales -así, por ejem­ plo, la admisión de elementos de la pequeña burguesía-; mas esto sólo podríamos realizarlo de acuerdo con los directores de la Tercera Internacional»3 • Carta de José Carlos Mariátegui a Pedro Ruiz Bravo. Lima, 9 de junio de 1923. En: Correspondencia. tomo 1, p. 37. Carta de César Falcón a José Carlos Mariátegui. Madrid, 15 de setiembre de 1923. En: Anuario Mariateguiano, vol. 11, nº 2, Lima, 1990, p. 19. 395 ' Todas estas tareas políticas requerían de un paso previo: el reencuentro con el movimiento obrero. Necesitaba conocer el estado de sus reivindicaciones y expectativas para poder crear instancias de organización y difusión obrera. Un paso necesario fue su acerca­ miento a las Universidades Populares González Prada. Acompañado de Fausto Posada, empezó a asistir a las clases que se dictaban en el local de la Federación de Estudiantes en el parque de la Exposición. Allí Fausto Posada lo puso en contacto con Haya de la Torre con el cual acordaron el dictado de un curso, que en primera instancia se denominaría «El Proletariado y la Crisis Mundial». JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI EN LAS UNIVERSIDADES J>OPULARES Mariátegui iniciaría su ciclo de conferencias el 15 de julio de 1923, dentro de un contexto represivo por parte del gobierno de Leguía, luego de los acontecimientos del 23 de mayo, y se dictaría hasta el 26 de enero de 1924. Según testimonio del doctor Javier Mariátegui: «José Carlos Mariátegui concurría a los locales donde funcio­ naba la Universidad Popular, principalmente en el Palacio de la Exposición, acompañado por su esposa Ana Chiappe. Venían a pie, desde el Jirón Huari donde vivían, como disfrutando una larga caminata. Ambos traían libros, escritos en francés, italia­ no, alemán o inglés, con las páginas marcadas para dar lectura a fragmentos, traduciéndolos directamente. Por eso algunos fragmentos de las conferencias parecen incompletos: eran tota­ lizados con los textos leídos. Al regresar a casa, siempre a pie, lo hacían siempre acompañados de estudiantes y obreros que se disputaban encargarse de los libros para aligerar la carga de la pareja»4 • 4 Addendurn a la edición décirnotercera de Historia de la Crisis Mundial. 396 Años después, el mismo Mariátegui le diría a Samuel Glusberg: «No tengo el hábito de conferencista. A mi regreso de Europa, di cerca de veinte conferencias, en la Federación de Estudian­ tes y la Universidad Popular, sobre la crisis de Occidente. Conversaciones sencillas, cuyo éxito no puedo apreciar sino en este hecho: que el · auditorio me fue fiel. Conservé mi público hasta el fin»5• Para la realización de sus conferencias, Mariátegui entregó un programa que fue publicado en la revista Claridad6 cuando estas ya habían comenzado. Mariátegui realizó algunas modificaciones en el programa según avanzaban las conferencias y según los aconteci­ mientos que enfrentaron a las Universidades Populares con el go­ bierno de Leguía. En tótal dictó 18 conferencias de la siguiente ma­ nera: l. La crisis mundial y el proletariado peruano (15 de junio de 1923). 2. Literatura de guerra (22 de junio). 3. El fracaso de la segunda internacional (30 de junio). 4. La intervención de Italia en la guerra (6 de julio). 5. La revolución rusa (13 de julio). 6. La revolución alemana (20 de julio). 7. La revolución húngara (18 de agosto). 8. La actualidad política alemana (24 de agosto). 9. La paz de V ersalles y la Sociedad de las Naciones (31 de agosto). 10. La agitación proletaria en Europa en 1919 y 1920 (7 de se­ tiembre). 11. Los problemas económicos de la paz (14 de setiembre). 12. La crisis de la democracia (25 de setiembre). 5 Carta de José Carlos Mariátegui a Samuel Glusberg, 9 de febrero de 1930. En: Correspondencia, 11, 1984, p. 726. 6 Año 1, nº 2, Lima, julio de 1923. 397 ' 13. La agitación revolucionaria y socialista del mundo oriental (28 de setiembre). 14. Exposición y crítica de las instituciones del régimen ruso (19 de octubre). 15. Internacionalismo y nacionalismo (2 de noviembre). 16. La revolución mexicana (22 de noviembre). 17. Los intelectuales y la revolución (1 º de diciembre). 18. Lenin (26 de enero de 1924). Hay que señalar que la décimo-séptima conferencia fue dictada como parte de las actividades de clausura del sexto ciclo de labores de la .Universidad Popular, y que no había sido incluida en las edi­ ciones del tomo de las Obras Completas dedicada a Historia de la Crisis Mundial, cosa que se ha enmendado con la reciente edición de Mariátegui Total. La décima octava y última, inicialmente iba a estar dedicada al tema de «La crisis filosófica», pero al recibirse la noticia de la muerte de Lenín fue reemplazada. Esta conferencia se dictó como parte de las actividades por el tercer aniversario de la Universidad Popular. Así como Maríátegui trató el tema de la crisis mundial en la Universidad Popular, también lo hizo a través de su trabajo periodís­ tico para revistas dirigidas a un público muy diferente al de las Uni­ versidades Populares. Es clara la relación entre las conferencias en la Universidad Popular y sus artículos para las revistas Variedades y Mundial, que posteriormente darían lugar a su primer libro, La Esce­ na Contemporánea. El único medio de subsistencia de Mariátegui al regresar de Europa seguía siendo el periodismo. Desde setiembre de 1923 empe­ zará a colaborar con la revista Variedades, que dirigía Clemente Pal­ ma, con la sección «Figuras y Aspectos de la Crisis Mundial». Esta colaboración se cortó con la crisis de su enfermedad en mayo de 1924 y se reiniciaría en setiembre del mismo año. También comenzó a colaborar con la revista Mundial, que dirigía Andrés Avelino Aramburú. Es de resaltar que ambas revistas eran leguiístas y que, evidentemente no profesaban los ideales socialistas de Mariátegui. ¿Cómo es que Mariátegui pudo tratar los mismos temas y no crear 398 la desconfianza del gobierno de Leguía, al menos inicialmente? So­ bre este aspecto nos dice Basadre: «La rapidez mental de Mariátegui y su precisión y habilidad daban a sus artículos un valor intrínseco enteramente aparte de su propósito final, que a veces no era inmediatamente ~iscer­ nible ( ... ) Puesto que las teorías marxistas de Mariátegui -él las llamaba «socialistas»- no estaban expresadas en términos doctrinarios pedantes, sino que emergían como la tácita conse­ cuencia de su análisis de situaciones, casos o personajes con­ cretos, no causaban alarma» 7• Mariátegui mantenía las tesis centrales en ambos casos. Lo que variaba era la forma de presentación de cada tema. Mariátegui utili­ zaba entonces, un método y un discurso diferenciado dependiendo del tipo de público al cual quería llegar. En las Universidades Popu­ lares su objetivo era de concientización y clarificación ideológica; en sus colaboraciones periodísticas, informar al gran público. A ello habría que sumarle el hecho de que Mariátegui fue reci­ bido en el Perú como un periodista y un literato que fue a perfeccio­ nar su formación a Europa. Esa era la impresión de José María Eguren, por ejemplo, quién le escribió a Europa lo siguiente: «Yo lo recuerdo con frecuencia, y espero recibir pronto una obra suya, que será maestra por su arte nativo y su conoci­ miento de los hombres, que ya lo tenía en estas tierras. Creo que una obra suya en estos tiempos de su vida, será muy artís­ tica; pues ha llevado Ud. el alma limeña dedicada y profunda a estos ambientes magníficos de belleza. Mientras esto se cum­ ple, envíeme sus producciones, especialmente poesías»8• 7 Jorge Basadre: «Introducción a los Siete Ensayos». En: 7 Ensayos. 50 Años en la Historia, p. 27. 8 Carta de José María Eguren a José Carlos Mariátegui. Barranco, 21 de octubre de 1921. En: Correspondencia, t. 1, p. 32. 399 Al regresar al Perú, esta idea seguía presente. En la entrevisti que concedió a Angela Ramos para la revista Variedades, la conver­ sación tuvo como temas predominantes los de índole literaria y artís­ tica. Pero era evidente que Mariátegui no había estado al margen de los principales acontecimientos de la Europa de post-guerra. Ya al­ gunas de sus impresiones habían sido publicadas por el diario El Tiempo bajo el epígrafe de «Cartas de Italia» y firmados con su vie­ jo seudónimo, Juan Croniqueur. La última pregunta de Angela Ra­ mos sería la siguiente: «-¿Qué impresión general ha traído ud. de Europa? ¿Cree ud. en la decadencia del viejo continente? - Sí. Pero la decadencia de Europa es la decadencia de esta ci­ vilización. En Europa, junto con la suerte de Londres, Berlín y París, se está jugando la suerte de New York y Buenos Aires. En Europa se elabora la nueva civilización. América tiene un rol secundario en esta etapa de la historia humana»9 • Estas preocupaciones de Mariátegui por los temas europeos, que expresaban cambios sustanciales con respecto a su etapa juvenil, se verán reflejadas en las entrevistas otorgadas al diario La Crónica -15 de abril de 1923- y a la revista Claridad -año I, nº 1, primera quincena de mayo de 1923. El impacto de Europa se verá reflejado, además, en su producción periodística del período que va de marzo de 1923 a agosto de 1926. En ese lapso los temas referidos al viejo continente serán los predominantes. Como hemos señalado, esto se manifiesta en las conferencias dictadas en la Universidad Popular, y en las colaboraciones a las revistas Variedades y Mundial, que da­ rían lugar a su primer libro La Escena Contemporánea. No es de ex­ trañar entonces, la acusación de «europeizante» contra Mariátegui. Este predominio de los temas europeos debe ubicarse no sólo en el contexto de su experiencia europea, sino también dentro de las orientaciones de la Komintern. La tesis central de la Komintern, a la 9 «Instantáneas», Variedades, Lima, 31 de marzo de 1923. En: La Novela y la Vida. p. 138. 400 cual Mariátegui se adhiere y esboza en la respuesta a Angela Ra­ mos, es el de la crisis de la civilización occidental. La crisis europea era la crisis de la civilización occidental, órbita dentro de la cual se movían los países coloniales y semicoloniales, como el Perú. Dentro de esta crisis, donde luchan la sociedad que agoniza y la sociedad que nace, los países coloniales o semicoloniales tenían un rol secun­ dario. El teatro principal de esta confrontación se hallaba en Europa. En su primera conferencia en la Universidad Popular diría: «En la crisis europea se están jugando los destinos de todos los trabajadores del mundo. El desarrollo de la crisis debe intere­ sar, pues, por igual, a los trabajadores del Perú como a los tra­ bajadores del Extremo Oriente. La crisis tiene como teatro principal Europa; pero la crisis de las instituciones europeas es la crisis de las instituciones de la civilización occidental. Y el Perú, como los demás pueblos de América, gira dentro de la órbita de esta civilización. ( ... ) El internacionalismo no es sólo un ideal; es una realidad histórica. El progreso hace que los intereses, las ideas, las cos­ tumbres, los regímenes de los pueblos se unifiquen y se con­ fundan. El Perú, como los demás pueblos americanos, no está, por tanto, fuera de la crisis; está dentro de ella. La crisis mun­ dial ha repercutido ya en estos pueblos. Y, por supuesto, segui­ rá repercutiendo. Un período de reacción en Europa será tam­ bién un período de reacción en América. Un período de revolu­ ción en Europa será también un período de revolución en América» 1º. Pero es claro que su «europeísmo» correspondió a una etapa del pensamiento político de Mariátegui. Entre setiembre de 1926 y abril de 1928, los temas predominantes en su producción periodísti­ ca serán los temas nacionales 11 • ¿Cuál fue la causa de este cambio en las preocupaciones de Mariátegui? Fundamentalmente ello se de- 10 «La Crisis Mundial y el Proletariado Peruano». En: Historia de la Crisis Mun­ dial, pp. 16-1 7. 11 Cfr. José Carlos Mariátegui. Invitación a la Vida Heroica. Antología. 401 bió al reflujo del movimiento social nacido de la Universidad Popu­ lar por la represión del gobierno de Leguía, y al cambio de los lineamientos de la Komintern. Esta señaló que tras la derrota de las insurrecciones europeas, el sistema capitalista había entrado a un nuevo período de estabilidad, pero que ya se vislumbraban los ele­ mentos de una nueva crisis. En ese sentido, las tensiones políticas se trasladaban a los países coloniales en su lucha contra el imperialis­ mo. Es dentro de este contexto que Mariátegui se da a la tarea de hallar en la historia, la economía y la cultura peruanas, la tierra fér­ til para sentar las bases del socialismo en el Perú. En ese sentido, Mariátegui escribiría en los Siete Ensayos: «No faltan quienes me suponen un europeizante, ajeno a los hechos y a las cuestiones de mi país. Que mi obra se encarge de justificarme, contra esta barata e interesada conjetura. He hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay sal­ vación para Indo-América sin la ciencia y el pensamiento euro­ peos u occidentales»12 • El ciclo de conferencias no fue la única relación que Mariáte­ gui estableció con la Universidad Popular. Si bien se negó a partici­ par de las protestas del 23 de mayo, estuvo al tanto de los aconteci­ mientos políticos posteriores que involucraban a la Universidad Po­ pular como oposición al gobierno de Leguía. Ello se expresó en la irregularidad que tuvo por momentos el ciclo de las conferencias de Mariátegui. La primera discontinuidad de ellas se debió al receso de las ac­ tividades debido a las fiestas patrias. La segunda entre fines de se­ tiembre y mediados de octubre, estuvo relacionada al arresto y de­ portación de Haya de la Torre por los acontecimientos del 23 de mayo, acusándosele de formar parte de un complot para derrocar al presidente Leguía. Las Universidades Populares decidieron organizar una serie de protestas para evitar la deportación de Haya. Frente a ello el gobierno respondió con la detención de profesores y estudian- 12 Advertencia a los Siete ensayos. 402 tes de las Universidades Populares: Osear Herrera, José Carlos Mariátegui, Luis Heysen, Jacobo Hurwitz, Nicolás Terreros, Julio Portocarrero, entre otros. La tercera, a principios de noviembre, se debió al desalojo de los estudiantes de su local gremial del parque de la Exposición, por lo cual Mariátegui debió continuar sus confe­ rencias en el local de los Motoristas y Conductores, a espaldas de la calle de Santa Clara. Las dos últimas conferencias (diciembre de 1923 y enero de 1924) fueron dictadas como parte de las actividades de clausura del año académico y del tercer aniversario de las Uni­ versidades Populares. También como parte de sus actividades en las Universidades Populares y terminado su ciclo de conferencias, Mariátegui asumirá la dirección de la revista Claridad, fundada por Haya de la Torre y se abocará a la tarea de fundar la Editorial Obrera Claridad13 • Todas estas actividades realizadas por Mariátegui implicaron un importante giro doctrinal de las Universidades Populares, ya que estas se defi­ nían apolíticas y contrarias a la difusión de ideología alguna, como parte de las ideas anarco-sindicalistas de una necesaria «autonomía de clase» por parte de los trabajadores. Este giro doctrinal pueden verse en tres aspectos: el debate ideológico, la prensa obrera y la centralización gremial de los trabajadores . . EL GIRO DOCTRINAL En cuanto al debate ideológico, Mariátegui comprendió rápida­ mente la importancia privilegiada de las Universidades Populares para llegar a los sectores políticos más avanzados de los obreros y artesanos de Lima. En su primera conferencia diría: «La única cátedra de educación popular, con espíritu revolu­ cionario, es esta cátedra en formación de la Universidad Popu­ lar. A ella le toca, por consiguiente, superando el modesto pla:... no de su labor inicial, presentar al pueblo la realidad contem- 13 Cfr. «Presentación a Claridad». En: Claridad. Edición en Facsímile, pp. 7-18. 403 il poránea, explicar al pueblo que está viviendo una de las horas más trascendentales y grandes de la historia, contagiar al pue­ blo de la fecunda inquietud que agita actualmente a los demás pueblos civilizados del mundo» 14• En los difíciles momentos que las Universidades Populares pa­ saban con la detención de Haya y su posible deportación, Mariátegui escribirá un artículo de defensa de las Universidades Populares, en donde las define en un sentido muy diferente al de sus creadores. Para Mariátegui: «Las universidades populares no son institutos de agnóstica e incolora extensión universitaria. No son escuelas nocturnas para obreros. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son es­ cuelas de clase. Son escuelas de renovación. No viven adosa­ das a las academias oficiales ni alimentadas de limosnas del Estado. Viven del calor y de la savia populares. No existen para la simple digestión rudimentaria de la cultura burguesa. Existen para la elaboración y la creación de la cultura proleta­ ria»1s. Más adelante, planteará la importancia de los espacios de cul­ tura proletaria, en cuyo planteamiento coincidirá inicialmente con los postulados del anarco-sindicalismo de la necesidad de forjar una cultura proletaria, diferenciada de la cultura burguesa, pero llevando su conclusión más allá: al problema del poder, cuando señala que la forja de una cultura proletaria es parte de la lucha política contra la burguesía. De esta manera resalta el carácter político de las acti vida­ des de las Universidades Populares. «El proletariado emprende, afanoso, la conquista de la cultura. Las últimas experiencias históricas le han enseñado el valor social y político de la ciencia y de sus creaciones. La burgue- 14 «La Crisis Mundial y el Proletariado Peruano». En: Historia de la Crisis Mun­ dial, p. 15. 15 «Las Universidades Populares. Bohemia Azul, año 1, nº 3, Lima, 27 de octubre de 1923. 404 sía es fuerte y opresora no sólo porque detenta el capital sino también porque detenta la cultura. La cultura es uno de sus principales, uno de sus sustantivos instrumentos de dominio. El capital es expropiable violentamente. La cultura no. Y, en ma­ nos de la burguesía, la cultura es un arma eminentemente polí­ tica, un arma reaccionaria, un arma contrarrevolucionaria. La cultura es el mejor gendarme del viejo régimen» 16 • Una vez definido lo que debían ser las Universidades Popula­ res, Mariátegui ubicará dentro de ellas el rol que deben cumplir los intelectuales y la relación que deben establecer con los obreros. Al fundarse las Universidades Populares, estas eran concebidas como una contribución de la Universidad a la educación obrera. Ello im­ plicaba establecer una relación paternalista en la que el estudiante universitario es el que aporta, y el obrero el que recibe. A diferencia de los estudiantes universitarios, Mariátegui planteará establecer una relación horizontal con los obreros. «Yo dedico, sobre todo, mis disertaciones, a esta vanguardia del proletariado peruano. Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estu­ diarla yo mismo con ellos. Yo no os enseño, compañeros, des­ de esta tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él las observaciones personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento euro­ peo contemporáneo» 17 • Entendida de esta manera la importancia de las Universidades Populares como espacio de debate y concientización de los obreros, 16 «Las Universidades Populares», Bohemia Azul, año 1, nº 3, Lima, 27 de octubre de 1923. 17 «La Crisis Mundial y el Proletariado Peruano». En: Historia de la Crisis Mundial, p. 18. , 405 ' Mariátegui introducirá el tema de los debates ideológicos que se lle- vaban a cabo en Europa, debates derivados de los acontecimientos de la crisis mundial y que por lo tanto, involucraban también a los obreros peruanos. «Antes de la guerra, dos tendencias se dividían el predominio del proletariado: la tendencia socialista y la tendencia sindica­ lista. ( ... ) Pero después de la guerra, la situación ha cambiado. El campo proletario, como acabamos de recordar, no está ya dividido en socialistas y sindicalistas; sino en reformistas y re­ volucionarios»18. «Una parte del proletariado cree que el momento no es revolu­ cionario; que la burguesía no ha agotado aún su función histó­ rica; que, por el contrario, la burguesía es todavía bastante fuerte para conservar el poder político; que no ha llegado, en suma, la hora de la revolución social. La otra parte del proleta­ riado cree que el actual momento histórico es revolucionario; que la burguesía es incapaz de reconstruir la riqueza social destruida por la guerra e incapaz, por tanto, de solucionar los problemas de la paz; que la guerra ha originado una crisis cuya solución no puede ser sino la solución proletaria, una solución socialista; y que con la Revolución Rusa ha comenzado la re­ volución social»19. Contradiciendo los acuerdos iniciales para la fundación de las Universidades Populares de que «la enseñanza deberá estar exenta de todo espíritu dogmático y partidista» o de que «las Universidades Populares no tienen más dogma que la Justicia Social», Mariátegui abiertamente manifiesta su adhesión al marxismo, a la revolución rusa y a las tesis de la Komintern. «Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próxi- 18 /bid. , pp. 20-21. 19 /bid., pp. 19-20. 406 mo ocaso de todas las tesis socialdemocráticas, de todas las te­ sis reformistas, de todas las tesis evolucionistas»2º. De esta manera, Mariátegui estaba rompiendo el compromiso de las Universidades Populares de no hacer proselitismo político, ni de dar orientación doctrinaria alguna. Esto motivó la hostilidad de sectores obreros anarquistas (como el grupo La Protesta), pero tam­ bién la adhesión de otros (El Obrero Textil de Arturo Sabroso). Así, Mariátegui fue logrando agrupar a obreros y estudiantes de las Uni­ versidades Populares alrededor de un proyecto socialista revolucio­ nario. De allí saldrían algunos de sus principales colaboradores: Ju­ lio Portocarrero, Eudocio Ravines, Jacobo Hurwitz, Nicolás Terreros y Luis Bustamante. En cuanto a la prensa obrera, en su primera charla en la Uni­ versidad Popular Mariátegui llamaba la atención de la falta de una prensa docente que estuviera dirigida a los obreros. Uno de sus ob­ jetivos era suplir esa deficiencia. «En el Perú falta, por desgracia una prensa docente que siga con atención, con inteligencia y con filiación ideológica el de­ sarrollo de esta gran crisis (europea); ( ... ) La única cátedra de educación popular, con espíritu revolucionario, es esta cátedra en formación de la Universidad Popular»21 • Terminado el ciclo de conferencias y deportado Haya de la To­ rre, Mariátegui asume la dirección de la revista Claridad a partir del nº 5 (marzo de 1924). A partir de este número, la revista muestra un evidente cambio de orientación en donde se abandona el tono estu­ diantil. En primer lugar, para garantizar su continuidad, la revista es amparada bajo la protección de la Federación Obrera Local. De «Or­ gano de la Juventud Libre del Perú» pasó a «Organo de la Federa­ ción Obrera Local de Lima y de la Juventud Libre del Perú». En se­ gundo lugar, el número es dedicado a Lenin, líder de la revolución rusa, quien había muerto el 21 de enero de ese año. 20 /bid., p. 22. 21 /bid., p. 15. , 407 ' Asimismo, promoverá la creación de la Sociedad Editorial Obrera Claridad, cuyo comité organizador se instala el 6 de abril. Los objetivos de esta empresa eran: publicar un diario, fundar una librería obrera y editar libros, folletos y revistas necesarias para la propaganda y la cultura obrera. Este proyecto se inscribe en una constante aspiración de Mariátegui, de promover una línea editorial que difundiera las nuevas ideas. Sin embargo, una recaída en su en­ fermedad, que terminó con la amputación de su pierna derecha en el mes de mayo de 1924, no le permitió participar ya de manera direc­ ta. Iniciada su convalescencia, hacia el mes de setiembre, Mariátegui apuntará a su propia revista y empresa editora, ya que las Universi­ dades Populares empezaban a decaer. Este fue el proyecto inicial de Vanguardia, que luego daría lugar a la revista Amauta. En cuanto a la centralización gremial de los obreros, Mariáte­ gui debía enfrentar el hecho de que los sindicatos y federaciones sindicales estaban dispersas en diversas Federaciones Locales, si­ guiendo los lineamientos organizativos anarco-sindicalistas. En las nuevas condiciones de la crisis mundial, Mariátegui planteaba la ne­ cesidad de que los obreros peruanos dieran un salto cualitativo no sólo ideológico, sino también organizativo. Desarrollo ideológico y organización estaban, pues, íntimamente ligados. «Aquí, como en Europa, los proletarios tienen, pues, que divi­ dirse no en sindicalistas y socialistas -clasificación anacrónica­ sino en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en refor­ mistas y maximalistas. Pero para que esta clasificación se pro­ duzca con nitidez, con coherencia, es indispensable que el pro­ letariado conozca y comprenda en sus grandes lineamientos, la gran crisis contemporánea. De otra manera, el confusionis­ mo es inevitable»22 • Para lograr esto, Mariátegui ligará la tarea de impulsar la cen­ tralización gremial de los obreros con la tarea de impulsar la funda­ ción de la Editorial Obrera Claridad. En el «Proyecto de Estatutos 22 !bid., pp. 21-22. 408 de la Editorial Obrera Claridad», redactado por un comité organiza­ dor entre los que se encontraba Mariátegui, se establecía que el Di­ rector contaría con un Consejo de Dirección que lo asistiría y con­ trolaría en lo referido a «doctrina y táctica». Este Consejo estaría formado por un delegado de las federaciones obreras urbanas, un de­ legado de las federaciones campesinas de la costa y un delegado de las Universidades Populares. Como podrá notarse, esta representa­ ción presumía un nivel de centralización y organización de los obre­ ros y otros sectores populares que no existía. La intención de Mariátegui, y del comité organizador, era impulsar esa centraliza­ ción y organización a partir de la Editorial Obrera Claridad. Por esa razón, en su Artículo Provisorio se señala: « La representación provisional de las federaciones obreras de la república, mientras no exista una unión o Federación nacio­ nal de los trabajadores, será acordada a la Federación Obrera Local de Lima y demás federaciones locales que se encuentren dentro de sus orientaciones locales. La representación de las federaciones indígenas será acordada, en las mismas condicio­ nes, a la Federación Regional Indígena. Y la representación de las federaciones de campesinos de la costa, si no existiesen aún en este sector del proletariado, organizaciones sindicales representativas de un mínimo de cuatro mil trabajadores, podrá no ser provista, a juicio del Consejo de Dirección, hasta que las condiciones se encuentren realizadas»23 • Todas estos proyectos se verían paralizados por la enfermedad de Mariátegui y por las medidas represivas del gobierno contra las Universidades Populares. Debilitado el movimiento social por esta última razón, las actividades de las Universidades Populares se hi­ cieron cada vez más irregulares y el proyecto de la Editorial Obrera Claridad languideció. Ante esta situación, pero sobre todo frente a la necesidad de iniciar la recuperación de su salud física, Mariátegui se repliega a sus estudios dedicados a la realidad peruana a la espera de mejores condiciones para realizar sus proyectos. 23 Claridad. Edición en Facsímile, p. 209. 409 LOS AÑOS FECUNDOS Replegado a sus actividades, Mariátegui impulsará la fundación de la Empresa Editora Minerva, junto con su hermano Julio César. La primera publicación de esta empresa fue una recopilación de artí­ culos de Mariátegui, bajo el título de La Escena Contemporánea. La importancia de esta empresa editorial reside en que sirvió de base para la publicación de la revista Amauta que apareció en setiembre de 1926. Mientras tanto, a pesar de la represión leguiísta, las Universi­ dades Populares lograron sobrevivir gracias al apoyo obrero. Aunque el período que va de 1924 a 1927 aún no ha sido estudiado, se sabe que en diferentes actividades obreras la Universidad Popular estuvo representada. Sin embargo, las duras condiciones políticas no permi­ tían una actividad sostenida. Es sabido que las actividades de las Universidades Populares durante esos años fueron casi clandestinas, pero también que fueron años de importantes debates que se realiza­ ron al interior del movimiento social surgido de sus entrañas. Ello se expresa en los debates que se realizaron durante el segundo Congre­ so de la Federación Obrera Local (FOL) en 1927, en donde las anti­ guas tendencias anarco-sindicalistas tuvieron que enfrentar el surgimiento en el interior del movimiento obrero de nuevas corrien­ tes que aceptaban la participación en la vida política de los obreros en contra del antiguo apoliticismo gremial. Las que con mayor clari­ dad se manifestaban eran las corrientes socialistas y la que poste­ riormente daría lugar al aprismo. Fue en ese contexto, también, que se ubica la organización de la Alianza Popular Revolucionaria Ame­ ricana (APRA) como frente único de los trabajdores manuales e in­ telectuales. Impulsada por Haya de la Torre desde fines de 1925, implicó el debate ideológico al interior de las células que se organi­ zaron en Lima, Buenos Aires, México, La Paz, París, entre otras. Estos hechos reflejaban no sólo un momento de definición ideológica sino también de rearticulación del movimiento social sur­ gido de las Universidades Populares. El gobierno de Leguía temero­ so del resurgimiento de un movimiento de oposición, denunció en junio de 1927 la existencia de un supuesto «complot comunista». 410 Producto de ello, se disolvieron las principales organizaciones sindi­ cales (la Federación Obrera Local, la Federación Textil), se clausuró la revista Amauta, la Editorial Minerva y la Sociedad Editorial Obrera Claridad. Además, se arrestó a más de cincuenta personas que fueron llevados a la isla San Lorenzo y se deportó a profesores y colaboradores de las Universidades Populares y la revista Amauta. De esta manera las Universidades Populares recibieron el golpe de gracia. Si bien la rearticulación del movimiento social fue reprimida por el gobierno de Leguía, el proceso de definición ideológica conti­ nuó. La polémica entre Haya y Mariátegui en 1928 significó la divi­ sión del movimiento social nacido de las Universidades Populares en dos proyectos políticos diferenciados y enfrentados entre sí. Es en estas condiciones que Mariátegui retoma las tareas políticas que se había planteado a su regreso de Europa. Si bien las Universidades Populares ya no existían, el proceso de depuración ideológica le per­ mitió hallar entre los antiguos integrantes a colaboradores que se ad­ herían al socialismo marxista. De una u otra manera, las Universida­ des Populares habían cumplido su ciclo. Como primer paso, definió el carácter socialista de la revista Amauta: «El trabajo de definición ideológica nos parece cumplido. En todo caso, hemos oído ya las opiniones categóricas y solícitas en expresarse. Todo debate se abre para los que opinan, no para los que callan. La primera jornada de Amauta ha conclui­ do. En la segunda jornada, no necesita ya llamarse revista de la «nueva generación», de la «vanguardia», de las «izquier­ das». Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista so­ cialista»24. En segundo lugar, inicia sus contactos con la Komintern y fun­ da el Partido Socialista del Perú en octubre de 1928. En tercer lugar, y a lo largo de 1929, se abocará a la tarea de organizar los principa­ les instrumentos de organización de los obreros sobre bases nuevas. 24 «Aniversario y Balance». Amauta. año 11, nº 17, Lima, setiembre de 1928, p. 2. 411 ' Entre estos tenemos al quincenario Labor, la comisión organizadora de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y la Oficina de Autoeducación Obrera. Labor aparecerá como un complemento de Amauta, pero res­ pondiendo a diferentes caracteres. El segundo correspondía a una prensa de doctrina y el primero a una prensa de información. «La línea doctrinal es función de partido. Los intelectuales, en cuanto intelectuales, no pueden asociarse para establecerla. Su misión a este respecto, debe contentarse con la aportación de elementos .de crítica, investigación y debate. ( ... ) El periódico de partido tiene una limitación inevitable: la de un público y un elenco propios. Para los lectores extraños a su política, no tiene generalmente sino un interés polémico. Este hecho favorece a una prensa industrial que mientras se ti­ tula de prensa de información y, por ende, neutral, en realidad es la más eficaz e insidiosa propagandista de las ideas y he­ chos conservadores y la más irresponsable mistificadora de las ideas y los hechos revolucionarios. Hace absoluta falta, por esto, dar vida a periódicos de informa­ ción, dirigidos a un público muy vasto, que asuman la defensa de la civilidad y del orden nuevo, que denuncien implacable­ mente la reacción y sus métodos y que agrupen, · en una labor metódica, al mayor número de escritores y artistas avanzados. ( ... ) Entre nosotros, Amauta se orienta cada vez hacia el tipo de revista de doctrina. Labor que, de una parte es una exten­ sión de la labor de Amauta, de otra parte tiende al tipo de pe­ riódico de información. Su función no es la misma»25 • Es desde el quincenario Labor que se inicia la campaña por la fundación de una central sindical de alcance nacional. En el nº 8, correspondiente al r de mayo de 1929, se publica un «Manifiesto a 25 «Prensa de doctrina y prensa de información». Labor, año 1, nº 2, Lima, 24 de noviembre de 1928, p. 2. 412 los Trabajadores de la República» por el Comité Pro 1 º de Mayo26 a favor de una central obrera nacional única. Su Comité Provisional quedaría constituido en junio de 1929. Como parte de la organiza­ ción de la CGTP se impulsó la Oficina de Autoeducación Obrera. Desaparecidas las Universidades Populares, la tarea era impulsar una nueva institución que se encargara de los aspectos referidos a la concientización de los obreros, y que estuviera acorde con la etapa de organización y lucha política que se abría. Las tareas políticas impulsadas por Mariátegui y sus colabora­ dores se inscribían dentro de los lineamientos planteados por la Komintern. En ese sentido, impulso los órganos de autoeducación obrera propuestos por la Internacional Sindical Roja o Profintern, organismo sindical dependiente de la Komintern. En la revista Amauta se publicaron los lineamientos de autoeducación obrera pro­ puesta por este organismo internacional: «l. La Misión de la Autoeducación Obrera La Auto-Educación, es decir, el estudio sin maestros y sin es­ cuelas, es considerada, actualmente como uno de los medios más seguros de perfeccionar los conocimientos de los militan­ tes obreros revolucionarios. La autoeducación tiene varias ven­ tajas con respecto al estudio en las escuelas: desarrolla más la iniciativa y la actividad de los alumnos. En tanto que la ense­ ñanza en la escuela está limitada a un plazo determinado, la autoeducación puede realizarse durante toda la vida; constituye un trabajo permanente en el desenvolvimiento individual, por la extensión de los conocimientos; de la posibilidad de estar constantemente al corriente de las cuestiones más importantes del movimiento obrero. ( ... ) Nuestros camaradas más activos han practicado siempre y con­ tinúan practicando la autoeducación propiamente dicha, en for­ ma de lectura de nuestras publicaciones, y en particular nues- 26 labor, nº 8, 1 de mayo de 1929, p. 8. 413 ' tros periódicos, que dan a conocer a los trabajadores las diver- sas decisiones y resoluciones en nuestros congresos, conferen­ cias, etc. Sin embargo, el trabajo de autoeducación tenía el de­ fecto que se efectuaba sin ningún plan, sin ningún sistema, sin ninguna dirección. Así, implicaba frecuentemente tiempo y fuerzas malgastados, que daban resultados mínimos. A fin de que el trabajo de autoeducación dé buenos resultados, es decir, que pueda reemplazar eficazmente a la escuela o los cursos con sus profesores, es necesario organizarlo según un plan determinado y bajo una dirección absolutamente probada. ( ... ) El principio primordial en la dirección de la autoeducación es la orientación del trabajo de los alumnos, sin dificultar, no obstante, su trabajo autónomo, sino, por el contrario, desarro­ llando con ellos los hábitos de actividad independientes. ( ... ) IV. Métodos de Consulta La condición principal del éxito de las consultas es la prepara­ ción de los camaradas que deben dirigirlas. Estos deben, no so­ lamente, en la medida de lo posible, estar bien preparados des­ de el punto de vista teórico, sino estar bien al corriente de las principales cuestiones actuales del movimiento obrero, y aún deben, en cierta medida, conocer los métodos del trabajo indi­ vidual y colectivo en los circulos»27• Es interesante resaltar el carácter autodidacta de la propuesta, ya que el mismo Mariátegui lo era. Recordemos que se había forma­ do en el periodismo de la década de 1910. Asimismo, es claro que la propuesta de la Profintern está basada en la experiencia de la re­ volución rusa, que por el carácter cerrado del régimen zarista prime­ ro y el impacto de la guerra civil después, utilizó este método como 27 La Subcomisión de Educación de la I.S.R. (Internacional Sindical Roja): «La Autoeducación Obrera>>, Amauta, año III, nº 24, Lima, junio de 1929, pp. 85- 88. 414 una manera de suplir la falta de maestros e infraestructura en los primeros años de la revolución. Sin embargo, la estructura de la Ofi­ cina de Autoeducación Obrera, que dependería de la CGTP, recogía más la experiencia de las Universidades Populares: « 1.- La «Oficina de Auto-Educación Obrera» es el organismo oficial de cultura proletaria de la Confederación General de Trabajadores del Perú. ( ... ) 3.- La «Oficina de Auto-Educación Obrera» adopta como pro­ grama el formulado en la tesis sobre auto-educación obrera que publican el nº 8 de Labor y el nº 24 de Amauta. ( ... ) 6.- La «Ofieina de Auto-Educación Obrera» tendrá dos seccio­ nes, una de cursos elementales y otra de cursos superiores. La primera estará formada por los cursos siguientes: Historia del Perú, Historia Universal, Geografía Universal, Castellano y Sindicalismo. La segunda estará formada por los cursos siguientes: Sociolo­ gía, Historia de las Ideas Sociales, Economía, Biología y Sin­ dicalismo»28. Mariátegui no llegaría a ver esta tarea cumplida. El plenum de fundación de la CGTP se realizó semanas despues de su muerte en abril de 1930. En su honor, la CGTP impulsó la fundación de las Escuelas Obreras y Campesinas José Carlos Mariátegui: «El proletariado peruano ha empezado no sólo a fortificar sus aparatos sindicales sino también a crear sus propios órganos de cultura. La iniciativa, auspiciada por la Confederación General de Trabajadores, de dar vida a unas escuelas obreras y campe­ sinas que adopten el nombre de José Carlos Mariátegui como el de uno de los más abnegados luchadores del proletariado, ha encontrado enorme acogida en las filas de la clase obrera. La 28 «Estatutos y Reglamentos de la Oficina de Auto-Educación Obrera». En: Ideo­ logía y Política, pp. 156-157. 415 ' inauguración de la primera Escuela Obrera y Campesina José Carlos Mariátegui, ha tenido lugar en Vitarte. Sucesivamente, se han inaugurado nuevas escuelas obreras y campesinas entre los choferes, textiles de las di versas fábricas, marítimos, yanacones. Comunican de provincias y de los centros mineros los preparativos para fundar escuelas, y demandan programas. En Lima proseguirán las inauguraciones a medida que los tra­ bajadores que lo han pedido comuniquen los locales y fijen las fechas. ( ... ) Hasta la aparición de Mariátegui en la historia del proletariado peruano, este permaneció enfeudado a los intereses y a la men­ talidad de los caciques de la política criolla o, últimamente, de la pequeña burguesía intelectual que se le acercó llevándole la cultura universitaria y trató de sojuzgarle a sus aspiraciones y anhelos. La Universidad Popular, -en la que sólo la interven­ ción de Mariátegui marca una orientación clasista- fue el ins­ trumento de esta tentativa. El primero en señalar el rol de la clase proletaria que, al igual que en todos los países del mun­ do, también en el Perú había hecho su aparición, era Mariátegui. El la reflejó ideológica y políticarnente»29 • Podemos ver en esta extensa cita, un elemento que más adelan­ te será constentemente enfatizado: la ruptura con las Universidades Populares. Mariátegui había reconocido en las Universidades Popula­ res, el único órgano de difusión y discusión obrera existente a su re­ greso de Europa. Participó activamente en ella, la defendió y trató de dar una nueva orientación doctrinal. Con su desaparición luego del «complot comunista» de 1927, se cerraba evidentemente una nueva etapa en el proceso de concientización y organización de los obreros. Las Universidades Populares habían cumplido su ciclo. Al morir Mariátegui, y con el paulatino cambio de los lineamientos po­ líticos al interior del Partido Comunista que siguió la línea de «clase contra clase», los ataques a las Universidades Populares se volvieron 29 «Las Escuelas Obreras y Campesinas José Carlos Mariátegui», Amauta, año IV, nº 32, Lima, Agosto-Setiembre de 1930, pp. 82-83. 416 parte de la lucha política contra el aprismo. Desde entonces fueron vistas como organismos de manipulación o subordinación de la clase obrera por los intelectuales de clase media, y sirvieron para atacar las supuestas desviaciones «intelectuales» de algunos miembros del partido. Se creó entonces una versión oficial sobre las Universidades Populares, que pueden ser resumidas en las siguientes palabras de Ricardo Martínez de la Torre: , «Ciertemente, desde el punto de vista de clase, los centros obreros estaban tan desorientados como los estudiantes. Aún cuando no tenían una noción exacta de la cuestión social, sa­ bían defender bravamente sus reivindicaciones. La organiza­ ción, la solidaridad, el espíritu de lucha fueron un ejemplo para los estudiantes que venían de la Universidad saturados de indisciplina, de vanidad y suficiencia pequeño burguesa. Las organizaciones proletarias aparecían oscilando entre el economicismo, el apoliticismo de los anarquistas, representan­ tes principalmente del artesanado, animados por el activo gru­ po de «La Protesta», además de las ideas politicamente vagas y nebulosas difundidas por la pequeña burguesía radical. La in­ fluencia del anarco-sindicalismo, del sindicalismo revoluciona­ rio, predisponía a los sectores atrasados del proletariado para el deslumbramiento ante los estudiantes que militaban en la oposición. La conciencia política de clase no había despertado. Eran des­ conocidos el marxismo y el movimiento obrero internacional. Se nutrían de las corrientes anarquistas llegadas de los Estados Unidos, Argentina, Chile, España. Sin embargo, la agitación estudiantil, que fue además una consecuencia, como hemos vis­ to, de los vigorosos movimientos obreros contra el trabajo noc­ turno en las fábricas, por la jornada de ocho horas, la defensa de los salarios, el paro de 1919, a través de las Universidades Populares sirvió para sacudir a las masas trabajadoras, desper­ tando en ellas un interés creciente por los problemas de orden político. ( ... ) De ese modo maduraban las condiciones subjetivas para que, más tarde, José Carlos Mariátegui -quien llevó una fresca co- 417 ' rriente revolucionaria al ambiente palustre de las Universidades Populares que flotaban en la vaguedad de la consigna de que «La Universidad Popular no tiene más dogma que la justicia social»- sentara las bases, con un reducido equipo de intelec­ tuales y obreros revolucionarios, el Partido Socialista del Perú»3º. De esta manera los militantes del Partido Comunista contribu­ yeron a fortalecer la popularidad de Haya de la Torre, ya que este reivindicaba a las Universidades Populares como obra estrictamente suya y como expresión de los orígenes del aprismo. Así, el Partido Comunista no sólo renegaba de sus raíces sociales, del hecho de ha­ ber nacido al interior de un movimiento social que hizo de las Uni­ versidades Populares un lugar de encuentro entre los obreros y las clases medias, sino además de toda una tradición de autoeducación obrera impulsada por el anarco-sindicalismo desde fines del siglo pasado. Los obreros que participaron en las Universidades Populares llegaron como parte de un proceso de elevación de sus conciencias y de liberación. de la ignorancia a la que eran condenados. No es de extrañar entonces la popularidad de Haya de la Torre a su regreso del exilio en 1931. Los obreros y los intelectuales lo re­ cordaban como el fundador de las Universidades Populares, deporta­ do por el dictador Leguía, que con discursos encendidos y liderazgo mesiánico había dirigido a obreros y estudiantes en las protestas del 23 de mayo. Además, a su regreso impulsó la fundación de nuevas Universidades Populares, pero esta vez como escuelas dependientes del Partido Aprista y que generalmente estaban ubicados en sus lo­ cales partidarios. Haya supo utilizar estos elementos para crear su propia versión oficial sobre las Universidades Populares y los oríge­ nes del aprismo. Los militantes del Partido Comunista quisieron, en cambio, en una actitud iconoclasta, fundar todo de nuevo. No hicie­ ron caso a Mariátegui cuando este escribió en 1927: 30 «La Universidad Popular». En: Ricardo Martínez de la Torre. Apuntes para una interpretación marxista de la historia del Perú. t. 11, pp. 257. 418 «Los verdaderos revolucionarios, no proceden nunca como si la historia empezara con ellos. Saben que representan fuerzas históricas, cuya realidad no les permite complacerse con la ultraísta ilusión verbal de inagurar todas las cosas»31 • Este elemento puede ayudar a comprender, además de otros as­ pectos señalados en conocidos estudios, por que el Partido Aprista fundado en 1931, logró mayor presencia política en los años 1930 que el Partido Comunista. El Partido Aprista buscó reinsertarse en la tradición obrera anarco-sindicalista, especialmente en lo referido a la educación obrera. El Partido Comunista rompió con ella, y de esa manera se marginó de importantes sectores de los obreros. REFLEXIONES FINALES Al inicio quisimos llamar la atención en torno al carácter de la crisis política que vivimos hoy en el Perú, en tanto crisis de repre­ sentación política. A lo largo del texto hemos mostrado el intento de José Carlos Mariátegui a través de su participación directa en el mo­ vimiento social que se fue gestando en las primera décadas del si­ glo, y que tuvo como espacio social privilegiado a las Universidades Populares González Prada. Queda claro que Mariátegui concebía que las tareas políticas derivadas de los acuerdos de la célula comunista de Génova, implicaban un trabajo de largo aliento. Además, que Mariátegui era conciente que los instrumentos necesarios para la constitución de un proyecto socialista marxista en el Perú no exis­ tían aún o no estaban a la altura de los requerimientos que los acon­ tecimientos mundiales imponían. Por ello impulsó la organización de una prensa obrera y doctrinal, la fundación de organismos de centra­ lización gremial y el partido político que se convirtiera en el repre­ sentante del conjunto de las clases trabajadoras. Todas estas tareas fueron iniciadas desde las Universidades Po­ pulares, y continuaron luego de su disolución. Es indudable enton- 31 «Heterodoxia de la Tradición». Mundial, Lima, 25 de noviembre de 1927. , 419 ' ces, que el Partido Socialista al igual que el Partido Aprista tienen sus raíces en las Universidades Populares. De allí salieron algunos de sus más importantes dirigentes, establecieron lazos con importan­ tes gremios obreros que se convertirían en su base social por déca­ das (mineros y textiles respectivamente). De esta manera sellaron las bases de una representación política que tuvo vigencia hasta hace menos de una década. Recuperar la capacidad para representar polí­ ticamente a los sectores sociales más pobres del país, implicará una vuelta a los inicios: un acercamiento directo al movimiento social al cual se busca representar, extraer de su interior a los nuevos dirigen­ tes y políticos, pero sobre todo respetar sus principales organizacio­ nes. Dejar de lado las bondades y comodidades de la política oficialista del fujimorismo, expresión de la vieja «política criolla» contra la cual insurgieron el socialismo y el aprismo en la década de 1920. 420