LOS PUQUIOS DE NASCA KATHARINA SCHREIBER JOSUÉ LANCHO ROJAS KATHARINA SCHREIBER es profesora de Antropología en la Universidad de California en Santa Barbara, casa de estudios en la que ha enseñado desde 1984. Se doctoró en 1978 en la Universidad de Binghamton, y ha sido profesora en la Universidad de Connecticut y en la Universidad de Ariwna. Se inició en el trabajo de campo arqueológico en Ayacucho (Perú) en 1974 y ha dedicado gran parte de sus investigaciones al estudio del Imperio wari. Es autora de numerosos artículos sobre esta cultura, así como del libro \%ri Imperia/ism in Middl.e Horizon Peru (1992). En la década del ochenta empezó su interés sobre la región surperuana de Nasca, donde comenzó sus investigaciones sobre los puquios en colaboración con Josué Lancho. Entre 1986 y 1996, llevó a cabo muchas investigaciones arqueológicas en esa región, y ha podido documentar más de mil sitios arqueológicos no registrados. Actualmente se encuentra trabajando en una obra, basada en estas investigaciones, que traza el desarrollo de las culturas prehispánicas en Nasca desde los albores de la ocupación humana hasta la conquista española. jOSUÉ L\NCHO ROJAS esmdió historia y fue profesor y director de una escuela pública en Nasca entre 1967 y 1994. Entre 1995 y 1999 fue profesor de investigación educativa y turismo. Fue miembro del Concejo Municipal de Nasca entre 1975 y 1979, y director provincial del Instituto Nacional de Cultura desde 1982 hasta 1987. Es autor, entre otras obras, de Nasca: datos geográficos e históricos ( 1973. 1987), Ensayo histórico de Nasca ( 197 4; segunda edición en prensa) y María Reiche: la dama de las pampas (1974, 2000). Ha sido coordinador y consultor de más de una docena de documentales sobre los geoglifos de Nasca. Su largo interés por los puquios de Nasca lo llevó a escribir una extensa «Descripción y problema de mantenimiento y rehabilitación de los acueductos» para el Consejo de Ciencia y Tecnología del Perú, y la Organización de Estados Americanos, y lo ha llevado a realizar estudios continuos de los puquios en colaboración con Katharina Schreiber. En el año 2000 fue responsable en las áreas de educación y turismo del Plan Maestro para la Conservación de los Geoglifos de Nasca de la UNESCO. Como reconocimiento a su destacada carrera de profesor e historiador ha recibido el Diploma de Honor del Instituto Nacional de Cultura (1992), la Medalla Cívica de Nasca (1994 y 1995) y el Escudo de Oro de la ciudad de lea (1998). Actualmente trabaja en tres libros sobre la arqueología y la historia nasca, así como en un libro de poemas. AGUAS ENEL DESIERTO LOS PUQUIOS DE NASCA AGUAS ENEL DESIERTO LOS PUQUIOS DE NASCA KATHARINA SCHREIBER JOSUÉ LANCHO ROJAS Pontificia Universidad Católica del Perú Fondo Editorial Aguas en el desierto: los puquios de Nasca Primera edición Agosto de 2006 © Katharina Schreiber, 2006 © Josué Lancho Rojas, 2006 © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006 Plaza Francia 1164, Lima 1 - Perú Teléfonos: (51 1) 330-7410, 330-7411 Fax: (51 1) 330-7 405 Correo electrónico: feditor@pucp.edu.pe Dirección URL: www.pucp.edu. pe/publicaciones/fondo_ed/ Diseño de cubierta: Edgard Thays Diagramación de interiores: Juan Carlos García M. Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. ISBN: 9972-42-772-7 Hecho el depósito legal 2006-5617 en la Biblioteca Nacional del Perú Impreso en el Perú - Printed in Peru fndlce Prólogo Agradecimientos Capítulo 1 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR La tecnología hidráulica en los Andes prehispánicos La historia cultural de la región de Nasca Eventos previos a la aparición de la cultura nasca Las ocupaciones más tempranas: del Paleoindio hasta el Arcaico Medio Arcaico Tardío (2500-1800 a. de C.) Período Inicial (1800-800 a. de C.) Horizonte Temprano (800 a. de C.-1 d. de C.) y fase La Puntilla (400-200 a. de C.) Fase Montana (200 a. de C.-1 d. de C.) Período Intermedio Temprano, fases 2-7: la cultura nasca Fase Nasca Temprano (1-400 d. de C.) Fase Nasca Medio (400-500 d. de C.) Fase Nasca Tardío (500-750 d. de C.) Los eventos que siguieron al término de la cultura nasca Horizonte Medio: fase Loro (750-1000 d. de C.) Período Intermedio Tardío (1000-1476 d. de C.) La conquista y ocupación inca (1476-1533 d. de C.) El período colonial (1533-1824) Capítulo 2 EL AMBIENTE NATURAL Y LA HIDROLOGÍA DE NASCA: EL PROBLEMA DE LA FALTA DE AGUA La hidrología de Nasca XIX XXVII 7 14 15 15 19 20 21 22 23 24 26 27 28 28 29 30 31 33 39 Subdivisiones del valle El problema Capítulo 3 PUQUIOS: LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA Definición de puquio Maneras de construcción de los puquios Zanjas, galerías y socavones Observatorios, ojos o chimeneas Las formas de los ojos y la manera de construcción Zanjas rellenadas frente a socavones Profundidad y longitud de los puquios Volumen y fuentes de agua Reservorios o cochas Pozo-cochas La historia de la investigación El presente estudio Los puquios actuales Descripción de los puquios Capítulo 4 Los PUQUIOS DEL SECTOR DE IRRIGACIÓN DE NASCA Soisonguito Conventillo Agua Santa Ocongalla Soisongo, un puquio convertido Ayapana, ¿un puquio perdido? Capítulo 5 Los PUQUIOS DEL SECTOR DE IRRIGACIÓN DE AJA Llicuas Norte Llicuas Sur 48 51 53 56 57 57 62 65 67 70 70 75 76 77 80 81 83 89 92 96 100 100 104 108 111 115 120 San Marcelo 120 La Joya de Achaco 125 Achaco 126 Anglia 132 Curve 136 Cuncumayo 136 Aja 143 Aja Alto 147 Bisambra 149 Huachuca 153 Tejeje 157 Cortez 161 Vijuna 164 Orco na 167 Posibles puquios arriba de Orcona 173 Capítulo 6 Los PUQUIOS DEL SECTOR DE IRRIGACIÓN DE TIERRAS BLANCAS 175 Majoro 177 Majorito 181 Huairona 184 San Antonio de Pangaraví 189 Pangaraví 192 Callanal 196 La Gobernadora 199 Santo Cristo 204 Cantalloc 208 Majadal, ¿un puquio perdido? 215 Capítulo 7 Los PUQUIOS DEL SECTOR DE IRRIGACIÓN DE TARUGA 217 Santa María 222 San Carlos 226 Camotal, un puquio abandonado 229 Los puquios perdidos 230 Capítulo 8 Los PUQUIOS DEL SECTOR DE IRRIGACIÓN DE LAS TRANCAS 231 Chauchilla 236 Copara 236 El Pino, puquio y pozo-cocha 239 Pampón 246 Totoral 251 Huaquilla Chica, un puquio convertido 255 Huayurí, un puquio convertido 257 La Joya, un puquio destruido 260 ¿Puquios perdidos? 260 Capítulo 9 EL FECHADO DE LOS PUQUIOS 263 La evidencia 267 Sitios en asociación directa con los puquios 268 Patrones de asentamiento 269 Las prospecciones 270 Los resultados 273 La evidencia iconográfica 278 Las pruebas de radiocarbono 280 Resumen de la evidencia arqueológica 281 La evidencia de una fecha de construcción durante el período colonial 281 La modificación española de los puquios 284 EPÍLOGO: EL PAPEL DE LOS PUQUIOS EN LA NASCA ANTIGUA 287 REFERENCIAS CITADAS 295 f ndice de fotos e ilustraciones l. l. Mapa del Perú con la ubicación de Nasca, en la costa sur 4 1.2. Mapa de la costa sur del Perú con los pueblos modernos y algunos sitios arqueológicos 17 1.3. Mapa de la región de Nasca e lea con los sitios mencionados en el texto 17 2.1. Mapa de la región Nasca e lea con la ubicación del drenaje del río Grande de Nasca y sus diversos tributarios 36 2.2 . Cerro Blanco visto desde el valle de Nasca 38 2.3. Promedio anual de descarga de los ríos del drenaje del río Grande 40 2.4. Promedio mensual de descarga de los ríos del drenaje del río Grande de Nasca 41 2.5 . Mapa de la cuenca de los ríos de lea a Acarí 42 2.6. Promedio anual de descarga de ríos seleccionados a lo largo de la costa del Perú, desde Chicama en la costa norte hasta Acarí en la costa sur 44 2.7. Mapa de los tributarios sureños del drenaje del río Grande de Nasca con sus divisiones en zonas hidrográficas 49 3.1. Diagramas de los puquios y los modos de construcción 58 3.2. Fotografía aérea oblicua del puquio Achaco, un puquio tipo zanja abierta 60 3.3. La apertura de la galería hacia la zanja del puquio Cantalloc 61 3.4. La galería del puquio Aja visible en la base como un ojo, 8 metros por debajo de la superficie de la tierra 63 3.5. Limpieza de la galería del puquio Bisambra 64 3.6. Líneas de ojos de dos ramales del puquio Majoro visibles como hoyos redondos en campos de agricultura 64 3.7. Pequeño ojo cuadrado de madera encofrada, puquio Huairona 66 3.8. Zanja rellenada de tipo galería del puquio Santa María 66 3.9 Dinteles de madera de la sección de la galería y zanjas rellenadas del puquio Pampón 68 3.1 O. El puquio La Gobernadora con zanja abierta al extremo derecho, galería de zanja rellenada en la sección media y galería en forma de túnel en el extremo inferior 69 3.11. Pequeños ojos de cemento en la porción superior del puquio Santo Cristo 69 3.12. Una cocha no mejorada en el puquio Aja Alto 76 3.13. Excavación de un pozo-cocha en el valle de Las Trancas 77 3.14. Mapa de la región sur de la cuenca del río Grande de Nasca con los sectores de irrigación 82 4.1. Mapa del Sector de Irrigación Nasca con los límites de la tierra arable, los lechos del río y la ubicación de los puquios 91 4.2. Fotografía aérea de los puquios Soisonguito y Soisongo 93 4.3. Fotografía aérea del puquio Soisonguito 94 4.4. Fotografía aérea oblicua de la porción superior del puquio Soisonguito 95 4.5. Plano del puquio Soisonguito 96 4.6. Fotografía aérea de los puquios Conventillo, Agua Santa y Ocongalla 97 4.7. Fotografía aérea del puquio Conventillo 98 4.8. Fotografía aérea oblicua de los puquios Conventillo y Agua Santa 99 4.9. Plano del puquio Conventillo 99 4.1 O. Fotografía aérea del puquio Agua Sama 101 4.11. Plano del puquio Agua Santa 102 4.12. Fotografía aérea del puquio Ocongalla 103 4.13. Plano del puquio Ocongalla 104 4.14. Fotografía aérea del pozo-cocha Soisongo 105 4.15. Fotografía aérea oblicua del pozo-cocha Soisongo 106 5.1. Mapa de los sectores de irrigación Aja y Tierras Blancas, con los límites de la tierra arable, los lechos secos del río y las ubicaciones de los puquios 113 5.2. Fotografía aérea de los puquios Llicuas Norte, Llicuas Sur, San Marcelo, La Joya de Achaco, Achaco, Anglia y Curve 116 5.3. Fotografía aérea del puquio Llicuas Norte 117 5.4. Fotografía aérea oblicua del puquio Llicuas Norte 118 5.5. Plano del puquio Llicuas Norte 119 5.6. Fotografía aérea del puquio Llicuas Sur 121 5.7. Fotografía aérea oblicua del puquio Llicuas Sur 122 5.8. Plano del puquio Llicuas Sur 122 5.9. Fotografía aérea del puquio San Marcelo 123 5.10. Fotografía aérea oblicua del puquio San Marcelo 124 5.11. Plano del puquio San Marcelo 125 5.12. Fotografía aérea del puquio La Joya de Achaco 127 5.13. Fotografía aérea oblicua del puquio La Joya de Achaco 128 5.14. Fotografía aérea del puquio Achaco 129 5.15. Fotografía aérea oblicua del puquio Achaco 130 5.16. Plano del puquio Achaco 131 5.17. Fotografía aérea del puquio Anglia 133 5.18. Fotografía aérea oblicua del puquio Anglia 134 5.19. Plano del puquio Anglia 135 5.20. Cangrejera del puquio Anglia 135 5.21. Fotografía aérea del puquio Curve 137 5.22. Fotografía aérea oblicua del puquio Curve 138 5.23. Plano del puquio Curve 139 5.24. Extremo superior de la zanja del puquio Curve 139 5.25 . Fotografía aérea de los puquios Cuncumayo, Aja Norte, Aja Sur, Aja Alto, Bisambra y Huachuca 140 5.26. Fotografía aérea del puquio Cuncumayo 141 5.27. Fotografía aérea oblicua del puquio Cuncumayo 142 5.28. Plano del puquio Cuncumayo 143 5.29. Fotografía aérea de los puquios Aja Norte y Sur 144 5.30. Fotografía aérea oblicua de los ramales norte y sur del puquio Aja 145 5.31. Plano de los puquios Aja y Aja Alto 146 5.32. Fotografía aérea del puquio Aja Alto 148 5.33. Fotografía aérea del puquio Bisambra 150 5.34. Fotografía aérea del puquio Huachuca 154 5.35. Fotografía aérea oblicua del puquio Huachuca 155 5.36. Plano del puquio Huachuca 156 5.37. Fotografía aérea de los puquios Tejeje, Cortez, Vijuna, Orcona y Cantalloc 158 5.38. Fotografía aérea del puquio Tejeje 159 5.39. Fotografía aérea oblicua del puquio Tejeje 160 5.40. Plano del puquio Tejeje 161 5.41. Fotografía aérea del puquio Cortez 162 5 .42. Fotografía aérea oblicua del puquio Cortez 163 5.43. Plano del puquio Cortez 164 5.44. Fotografía aérea del puquio Vijuna 165 5.45. Fotografía aérea oblicua del puquio Vijuna 166 5.46. Plano del puquio Vijuna 167 5.47. Fotografía aérea del puquio Orcona 169 5.48. Fotografía aérea oblicua de la parte inferior y la cocha del puquio Orcona 170 5.49. Plano del puquio Orcona 171 5.50. Fotografía aérea oblicua de la porción superior del puquio Orco na 172 6.1. Fotografía aérea de los puquios Majoro, Majorito, Huairona, San Antonio y San Marcelo, y huellas del posible puquio Mojadal 178 6.2. Fotografía aérea del puquio Majoro 179 6.3 . Plano del puquio Majoro 180 6.4. Fotografía aérea del puquio Majorito 182 6.5. Fotografía aérea oblicua de la parte superior del puquio Majorito donde empieza justo al lado del puquio Huairona 183 6.6. Plano del puquio Majorito 184 6.7. Fotografía aérea de los puquios Huairona, San Antonio, Pangaraví y Callana! 185 6.8. Fotografía aérea del puquio Huairona 186 6.9. Fotografía aérea oblicua del puquio Huairona 187 6.10. Plano del puquio Huairona 188 6.11. Fotografía aérea del puquio San Antonio 190 6.12. Fotografía aérea oblicua del puquio San Antonio 191 6.13 . Plano del puquio San Antonio 192 6.14. Fotografía aérea del puquio Pangaraví 193 6.15. Fotografía aérea oblicua del puquio Pangaraví 194 6.16. Plano del puquio Pangaraví 195 6.17. Fotografía aérea del puquio Callana! 197 6.18. Fotografía aérea de los puquios La Gobernadora, Santo Cristo, Cantalloc, Bisambra, Huachuca y Tejeje 201 6.19. Fotografía aérea del puquio La Gobernadora 202 6.20. Fotografía aérea oblicua del puquio La Gobernadora 203 6.21. Plano del puquio La Gobernadora 204 6.22. Fotografía aérea del puquio Santo Cristo 205 6.23. Fotografía aérea oblicua del puquio Santo Cristo 206 6.24. Plano del puquio Santo Cristo 207 6.25. Fotografía aérea del puquio Cantalloc 209 6.26. Fotografía aérea oblicua del puquio Cantalloc 210 6.27. Plano del puquio Cantalloc 211 6.28. Schreiber en el ojo del puquio Cantalloc donde se juntan los dos ramales 211 6.29. Fotografía aérea oblicua con los ojos del puquio Cantalloc recién restaurados con paredes de contención en forma de espiral 214 6.30. Fotografía aérea oblicua de las huellas de un posible puquio en Majadal 216 7.1. Mapa del valle Taruga con los límites de la tierra arable, el lecho del río y la ubicación de los puquios 219 7.2. Fotografía aérea de los puquios Santa María y San Carlos, y el puquio abandonado de Camota! 221 7.3 . Fotografía aérea del puquio Santa María 223 7.4. Fotografía aérea oblicua del puquio Santa María 224 7 .5. Plano del puquio Santa María 225 7.6. Fotografía aérea del puquio San Carlos 227 7.7. Fotografía aérea oblicua del puquio San Carlos 228 7.8 . Plano del puquio San Carlos 229 8.1. Mapa del valle Las Trancas con los límites de la tierra arable, el lecho del río seco y la ubicación de los puquios 233 8.2. Croquis de Mejía Xesspe, redibujado sobre la base del original trazado por él en 1927 y publicado en 1939 235 8.3. Fotografía aérea de los puquios Chauchilla y La Joya 237 8.4. Fotografía aérea de los puquios Chauchilla y La Joya 238 8.5. Fotografía aérea de los puquios La Joya y Copara 240 8.6. Fotografía aérea del puquio Copara 241 8.7. Fotografía aérea de los puquios El Pino y Pampón 243 8.8. Fotografía aérea del puquio El Pino 244 8.9. Fotografía aérea oblicua del puquio El Pino 245 8.10. Plano del puquio El Pino 246 8.11. Fotografía aérea del puquio Pampón 247 8.12. Fotografía aérea oblicua del puquio Pampón 248 8.13 . Plano del puquio Pampón 249 8.14. Fotografía aérea de los puquios Pampón, Huaquilla Chica y Totoral 252 8.15. Fotografía aérea del puquio Totoral 253 8.16. Fotografía aérea oblicua del puquio Totoral 254 8.17. Plano del puquio Totoral 255 8.18. Fotografía aérea del pozo-cocha de Huaquilla Chica 256 8.19. Fotografía aérea del puquio Huayurí, con rasgos de otros posibles puquios, Santa Luisa y La Marcha 258 8.20. Fotografía aérea del pozo-cocha El Limón 259 9.1. Fronteras de las áreas estudiadas sistemáticamente, 1986-1996 271 9.2. Patrones de asentamiento del período Nasca Temprano 273 9.3. Patrones de asentamientos del período Intermedio Tardío 274 9.4. Patrones de asentamiento del período Nasca Medio 276 9.5 . Patrones de asentamiento del período Nasca Tardío 277 9.6. Representación de la orca de Nasca 5 279 f ndice de cuadros l. l. Cronología de los Andes y de la región de Nasca prehistórica 16 2.1. Promedio mensual de descarga de los ríos del drenaje del río Grande de Nasca 41 2.2. Promedio anual del caudal de los ríos del drenaje del río Grande de Nasca en comparación con el tamaño de su cuenca 43 3.1. Técnicas de construcción de los puquios 59 3.2. Ubicación de los puquios en relación con las fuentes de agua 71 3.3. Número de puquios con descarga medible, por mes, entre 1985 y 1994 73 3.4. Descarga total de los puquios, por mes, entre 1985 y 1994 74 3.5. Datos básicos de los puquios 84-85 Pró!OQO LA COMPLEJIDAD SOCIAL DEL ANTIGUO PERú es conocida por varias carac­ terísticas únicas, y quizá la más sorprendente de ellas sea la ausencia de un sistema formal de escritura. Uno de los logros técnicos menos men­ cionados, pero que permitió el grado extremo de transformación del medio ambiente al que fueron capaces de llegar, fue su habilidad para alcanzar fuentes de agua subterránea en un medio que de otro modo sería un desierto abrasador. Los jardines hundidos o «mahamaes», los cuales fueron expuestos por primera vez ante una amplia audiencia de americanistas en las publicaciones de Parsons en American Antiquiry (1968; Parsons and Psuty 1975), demuestran la energía empleada y la labor dirigida a la excavación, hasta varios metros por debajo del nivel de la superficie, para establecer campos de cultivo inmediatamente en­ cima del nivel del agua. La antigua Chan Chan, la gran capital Chimú, tenía varios jardines hundidos (Moseley 1983), aunque la antigüedad de la técnica es posiblemente mucho mayor. Recientemente, Fairley (2003) informa acerca del uso de un «alma­ cén de agua geológico», identificado por desagües dirigidos hacia suelos represados, cubiertos con un lecho de roca impermeable, suelos con una porosidad y espesor adecuados para mantener cantidades significa­ tivas de agua detrás de un muro o represa hechos por el hombre. Fairley . argumenta que los contrafuertes de la pared que contenían los sedimen­ tos humedecidos tenían un diminuto agujero o rotura intencional a través del cual filtraba el agua. El autor indica una asociación inca para este sitio en particular, aunque es posible que el diseño de este rasgo tenga una manifestación más temprana. Los puquios representan otra clase de uso de la napa freática: «Un puquio es ... un pozo horizontal: una zanja o una galería subterránea que conecta un punto en la superficie con el agua del subsuelo subterránea. El agua filtra hacia el puquio, fluye a través de él y se derrama, sea al interior de un pequeño reservorio (qocha) o directamente en los canales de irriga­ ción. Los puquios son no solo una fuente confiable de agua para irriga­ ción, sino también una fuente de abastecimiento de agua para uso do­ méstico a lo largo de todo el año». Muchos de los interesados en el manejo del agua alrededor del mun­ do en la antigüedad hemos conocido muy recientemente el sistema de puquios en el área andina del sur de Perú y norte de Chile. Aparente­ mente, la primera mención del sistema de puquios se hizo en las notas de campo de Alfred Kroeber en 1926; aunque los puquios eran conoci­ dos, recién son discutidos en varios textos en español desde 1930. Sin embargo, solo ahora se está llevando a cabo un análisis sistemático de estos sistemas. En esta monografía, Katharina Schreiber y Josué Lancho examinan cuidadosamente los restos de los puquios de la región Nasca en el sudoeste del Perú. Ellos reúnen con mucha habilidad información de la etnohistoria, etnoarqueología y prospección arqueológica para es­ tablecer la distribución e importancia de estos sistemas. Mediante el examen de una porción adecuada del territorio total de una antigua cultura-los Nasca- Schreiber y Lancho colocan el sistema de puquios en un contexto holístico y antropológico, y dan una estimación empíri­ ca apropiada de la antigüedad de los puquios. Aunque varios estados arcaicos surgieron en ambientes desérticos, fueron pocos los que ocuparon una zona tan árida como la costa y piemonte sur del Perú. En la mayor parte de esos años no se alcanza a medir la precipitación lluviosa que recibe esta región, que al parecer fue muy escasa; por eso, para poder crear un ambiente habitable y asegurar simplemente el poder beber agua potable, los Nasca hicieron una gran inversión en la construcción de los puquios. El argumento que explica la invención de esta tecnología por los antiguos peruanos es uno de los aspectos más importantes de este trabajo. El examen que hacen Schreiber y Lancho de más de cuarenta sistemas de puquios en tres ambientes XX discretos pero adyacentes, demuestra que la construcción de los puquios se inició hacia los años 400-500 de nuestra era. Ellos muestran que existe una zona de infiltración natural, alimentada principalmente por corrientes superficiales que se originan en los Andes, la cual colinda con una zona inhóspita del Valle Medio, identificada por la ausencia de agua superficial. En la zona de infiltración, la mayor parte de fuentes de agua superficial son absorbidas por las arenas y los suelos aluviales rela­ cionados, y se desplazan bajo tierra hasta alcanzar la superficie nueva­ mente a una distancia relativamente corta en el Valle Bajo. Con una convincente argumentación basada en datos de campo logrados con mucho esfuerzo, Schreiber demuestra que la ocupación humana del extremadamente árido Valle Medio, un ambiente inhabitable sin un sofisticado control del agua, floreció hacia el año 500 d. de C. La cons­ trucción de los puquios es la única manera en que este ambiente relati­ vamente llano, abierto y, subsecuentemente, productivo fuera transfor­ mado por la agricultura para sostener a las poblaciones en la antigüedad. El conjunto de datos de Schreiber y Lancho señala la frecuente aso­ ciación de puquios actuales con pequeños reservorios o gochas. En cuan­ to a sistemas de control de aguas del antiguo Perú, raramente se men­ ciona el rol de la construcción de tanques en conexión con elaborados esfuerzos de canalización, especialmente en la zona norteña inmediata. Teniendo en consideración los altos niveles de evaporación, las gochas pueden ser una adición posterior a los sistemas de puquios, aunque las investigaciones en otros lugares del Perú podrían incluir el rol de las aguas represadas en el pasado. El discernimiento convencional de fuera del Perú sugeriría que el siste­ ma de puquios fue introducido en la época colonial española, dadas las elaboradas y únicas características de los pozos horizontales y su muy larga historia entre las civilizaciones del desierto en el Viejo Mundo (Barnes y Fleming 1991; c( Scarborough 2003). Los «karez» o «qanat» del Viejo mundo continúan operando a lo largo de una angosta faja desde China sur-central hasta la zona mediterránea del norte de África y España. Posiblemente, el karez del Viejo Mundo fue difundido ampliamente por los antiguos persas, siendo la referencia conocida más antigua la XXI que se identificó en una tableta de arcilla con escritura cuneiforme, asociada a Sargón II de Asiria (722-705 a. de C) (Garbrecht 1987: 8). También se han asociado túneles para conducir agua con la Jerusalén del siglo VI a. de C. ( Gill 1991), así como con Persépolis (English 1966), y los griegos son acreditados con un largo tunel de conducción de aguas a través de una colina cárstica en Samos, más o menos correspondiente a la misma época (Crouch 1993: fig. 4.1). La construcción de Karez se difundió a España con los moros y, posiblemente, influyó en una serie de modificaciones hechas en los pozos horizontales del Nuevo Mundo. Schreiber y Lancho argumentan que los sistemas de puquios de los Na.sea fueron construidos como trincheras abiertas, las cuales fueron subsecuentemente rellenadas, mediante el uso de una estructura de din­ teles de madera y piedras de soporte que preservaban el conducto subte­ rráneo. Posiblemente estos túneles tengan una profundidad no mayor de 1 O metros, y para ser accesibles a ellos se hizo mediante la construc­ ción, a distancias regulares, de «ojos» verticales, o pozos revestidos con piedras. Aunque este tipo de construcciones puede ocurrir en el Viejo Mundo, la técnica más frecuente de construcción era y es, de lejos, la de túneles hechos a través de arcillas aluviales y coluviales homogéneas. Y muchos de estos sistemas son profundos, siendo el más profundo el de Gonabad en Irán, cerca de la frontera con Afganistán, con un «pozo madre» que desciende hasta 300 metros por debajo de la árida superfi­ cie, aunque la mayoría de ellos tienen un rango de 20 a 100 metros (English 1966). Esta técnica de construcción difiere marcadamente de la construcción de trincheras que Schreiber y Lancho describen para la región de Nasca, aunque la excavación de túneles es frecuentemente un añadido para estos sistemas hoy en día. Como Schreiber y Lancho indi­ can, seguramente, la tecnología española influyó en modificaciones de los antiguos puquios y puede muy bien haber introducido el clásico sistema de «galerías» de túneles excavados. El reciente trabajo de Mónica Barnes (2002) en el Valle de Tehuacan, México, sugiere que esos sistemas son de datación colonial. En México, parece que se trata de galerías en forma de túneles y no de sistemas de trincheras rellenadas (Woodbury y Neely 1972). No obstante, mientras XXII no se inicien investigaciones de patrones de asentamiento y uso de la tierra como las realizadas por Schreiber en Nasca, no se tendrá una verdadera prueba de la antigüedad de los sistemas del valle de Tehuacan. Mesoamérica tiene una larga tradición ideológica de uso de agua aso­ ciado con el interior de las montañas, agua que sale de «montañas de agua» específicas. Esta arraigada visión del mundo estaba presente entre los aztecas (Broda, Carrasco y Matos M. 1982), los mayas (Scarborough 1998) y, posiblemente, los antiguos peruanos. Schreiber y Lancho no­ tan la mitología asociada con Cerro Blanco, la montaña de arena que contiene un lago subterráneo y supuesta fuente para la mayoría de puquios de la región Nasca. Este mito de origen es una construcción cultural muy duradera y profundamente arraigada a lo largo de las Américas. La monografía de Katharina Schreiber y Josué Lancho es la presenta­ ción definitiva de este tipo de manejo de aguas, no solo para el Perú sino también para el Nuevo Mundo. Cuando se le asocia con las otras técnicas peruanas únicas para la obtención de agua subterránea en la antigüedad, revela el grado de manipulación de la napa freática logrado por este gran conjunto de civilizaciones sudamericanas. No conozco otra cultura antigua tan reconocida por el manejo de sus aguas subterrá­ neas o tan hábil en términos tecnológicos para aprovecharlas. El trabajo de Schreiber y Lancho incrementa considerablemente nuestro corpus de conocimientos de tecnologías usadas por antiguas sociedades y su­ braya nuevamente los desarrollos innovadores e independientes de las antiguas poblaciones del Nuevo Mundo. XXIII VERNON L. SCARBOROUGH Universidad de Cincinnati, Ohio. Referencias citadas BARNES, Mónica 2002 Tehuacan Filtration Galleries in Pan-Hispanic Perspective. Ponencia en el simposio «The Prehispanic 'Fossilized' Canal Systems of the Tehuacan Valley», organizado por James B. Neely. Denver: Sociedad de Arqueología Americana. BARNES, Mónica y David FLEMING 1991 «Filtration-Gallery lrrigation in the Spanish New World». Latín American Antiquity 2: 48-68. BRODA, Johanna, David CARRASCO y Eduardo MATOS MoCTEZUMA 1982 The Great Temple of Tenochtitlan, Center and Periphery in the Aztec World. Berkeley: Universidad de California. CROUCH, Dora P. 1993 Wáter Management in Ancient Greek Cities. 'Oxford: Universidad de Oxford. English, Paul W 1966 City and Village in lran: Settlement and Economy in the Kirman Basin. Madison: Universidad de Wisconsin. Fairley, Jr., Jerry P. 2003 «Geological Water Storage in Pre-Columbian Peru». Latín American Antiquity 14: 193-206. GARBRECHT, ]urgen 1987 «Irrigation Throughout History: Problems and Solutions». En Walter O. Wunderlich y EgbertJ. Prins (eds.). Wáter far the Future. Boston: A. A. Balkema, pp. 3-18. G ILL, Daniel 1991 «Subterranean Waterworks of Biblical Jerusalem: An Adaptation of a Karst System». Science 254: 1467-70. XXIV MosELEY, Michael E. 1983 «The Good Old Days Were Better: Agrarian Collapse and Tectonics». American Anthropologist 85: 773-799. PARSONS, Jeffrey R. 1968 «The Archaeological Significance of Mahamaes Cultivation on the Coast of Peru». AmericanAntiquity 33: 80-85. PARSONS, Jeffrey R., y Norbert P. PsuTY 1975 «Sunken Fields and Prehispanic Subsistence on the Peruvian Coast». American Antiquity 40: 259-282. ScARBOROUGH, Vernon L. 1998 «Ecology and Ritual: Water Management and the Maya». Latin American Antiquity 9: 135-159. 2003 The Flow of Power: Ancient Wáter Systems and Landscapes. Santa Fe: School of American Research Press. WooDBURY, Robert B. y James A. NEELY 1972 «Water Control Systems of the Tehuacan Valley». En Chronology and Irrigation: The Prehistory of the Tehuacan Valley Frederick J ohnson (ed.). Vol. 4. Austin: Universidad de Texas, pp. 81-153. XXV AQradeclmlentos Los autores queremos agradecer a las instituciones y personas que apo­ yaron nuestros estudios iniciales sobre los puquios en el año 1986: el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) y la Cor­ poración de Desarrollo de lea (CORDEICA), en el caso de Josué Lancho, y el University Research Expeditions Program (UREP), en el de Katharina Schreiber. Las investigaciones arqueológicas y los estudios posteriores de los puquios fueron realizados gracias al auspicio de la National Geographic Society (1989-1990 y 1995-1996), el Kaplan Fund (1994) y el Academic Senate de la Universidad de California de Santa Bárbara (1987, 1988 y 1993). María y Renate Reiche también contribuyeron con fondos para el proyecto. Agradecemos a nuestros colegas arqueólogos por sus años de apoyo intelectual: a los doctores Luis Lumbreras, Giuseppe Orefici, Federico Kauffman, Fernando Silva Santisteban, Miguel Pazos, Susana Arce, Anita Cook, Helaine Silverman y Patrick Carmichael. Johny Isla sirvió como codirector de los proyectos arqueológicos de 1994 y 1996, y no pudo haber sido un mejor colega y amigo. Agradecemos también a los estu­ diantes participantes Mary Van Buren y Cynthia Bettison (1986); Dennis Ogburn, David McDowell y Jeffrey Cox (1990); Huayta Montoya, Christina Conlee, Tiffiny Tung, April Van Wyke y Kirk Frye (1994); Giancarlo Marconi (1994 y 1995); y Karen Anderson, Kevin Vaughn, Corina Kellner, Cynthia Herhahn y Justin Jennings (1996), así como a Keith Kintigh y los veintiún voluntarios de UREP por su participación en el proyecto de los puquios de 1986. En Nasca agradecemos a nuestros amigos Aroldo Corzo, al profesor Néstor Quincho, a Graciela Caso y su hermana Lucy, a Ángela Rojas, a los hermanos Orlando y Rogelio Aragonez y sus hermosas familias; a Juan Valdivia, Eduardo Herrán y Efraín Alegría. Teófilo Guía y Timoteo Gutiérrez, del Hotel Nazca Lines, nos han hecho sentir bienvenidos cada año. Tenemos una deuda de gratitud con el valiente grupo de lim­ piadores de los milenarios puquios, en especial con Pánfilo Farfán. Y agradecemos a nuestra amiga Olivia Watkin, de Wasi Punku por crear un hogar para varios equipos de arqueólogos. Queremos ofrecer también nuestro aprecio a los colegas que leyeron y comentaron esta obra: Anita Cook, Charles Stanish, Patrick Carmichael, Helaine Silverman, Christina Conlee, Kevin Vaughn y Hendrik Van Gijseghem. Muchas figuras originales de esta obra fueron dibujadas por David Lawson, del Anthropology Graphics Laboratory de la Universi­ dad de California de Santa Bárbara. Las versiones finales fueron prepa­ radas por Elizabeth Klarich, quien hizo una gran labor. Esta versión de nuestro trabajo es, en parte, una traducción del libro, Irrigation and Society in the Peruvian Desert: The Puquios o/ Nasca, pu­ blicada en 2003 por Lexington Books. El presente ha sido revisado y está más actualizado que el original. Agradecemos a Mariana Mould de Pease y George St. Clair por ayudarnos en la traducción, a Jaquelyn Bernuy por su ayuda en revisar la versión final y al Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica por el esfuerzo invertido en finalizar esta versión publicada. Agradecemos a nuestras familias por su afecto y su apoyo a nuestras investigaciones, y al amor que sentimos por la historia del Perú. Finalmente, agradecemos al doctor John Howland Rowe por sus con­ sejos y por infundirnos la inspiración necesaria para realizar este estudio sobre los puquios de Nasca. Dedicamos esta obra a su memoria. XXVIII Capítulo 1 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR NASCA ES UN ENCANTO. Verde y serena, es la esmeralda de la costa sur del Perú. Un oasis en el desierto de hoy, una meca para los viajeros de todo el mundo. Nasca es también la cuna de una de las civilizaciones más particulares de los Andes, aquella que produjo quizá la cerámica y el arte textil más fino y elaborado que alguna vez se conoció. Nasca aún existe cómodamente instalada entre los áridos pies occidentales de los Andes (figura 1.1) y se extiende a lo largo del desierto carente de lluvia -uno de los lugares más secos de la faz de la Tierra-. ¿Cómo ha sido esto posible?, ¿cómo lograron conquistar los nasquenses este severo am­ biente y transformarlo en una brillante joya que permanece hasta hoy? Los tíos que fluyen desde los Andes y cruzan el desierto hasta el mar han sido usados durante milenios por poblaciones antiguas y modernas a lo largo de la costa del Perú para regar sus campos y aplacar su sed. Pero en Nasca las lluvias de las montañas entregan a los valles solo un hilo de agua, que incluso deja de correr la mayoría de los meses; es más, muchos años los ríos no fluyen en absoluto. En vez de fiarse del agua de los ríos, entonces, la clave de los logros de Nasca yace en su antigua habilidad para utilizar el agua que se encuentra debajo de la superficie de la tierra árida y que permite así su transformación en un paraíso verde. La población de Nasca logró este aprovechamiento al desarrollar un ingenioso sistema de acueductos debajo de la tierra, llamados en la ac­ tualidad puquios. 1 En esencia, los puquios actúan como pozos horizon­ tales. Captan el agua del subsuelo -de la napa freática, básicamente el 1 El término quechua «puquio» posee diversos significados, pero todos tienen en co­ mún que denotan una fuente de agua. Más comúnmente usado para referirse al manan­ tial natural, el término también puede referirse a las fuentes de agua construidas por el ser humano, tales como los campos hundidos, los canales de irrigación y las galerías Figura 1.1. Mapa del Perú con la ubicación de Nasca, en la costa sur. N ASCA : LA JOYA DE LA COSTA SU R flujo de los ríos subterráneos- y transportan el agua hacia sus hogares y sus campos, en la superficie. Quizá quien describe con más encanto este desarrollo sea el inglés Clements Markham, quien, aún joven, en 1853, viajó a lo largo de la costa del Perú, al sur de Lima. Cuando Markham llegó a Nasca se mara­ villó del verdeante paisaje y lo describió como«[ ... ] el punto más fértil y bello de la costa del Perú» (Markham 1991: 50). Lo encontró particu­ larmente excepcional porque el valle de Nasca parecía uno de los luga­ res más secos que había visto. ¿Cómo era posible? La fertilidad [de Nasca] se debe a la habilidad e industria de sus anti­ guos habitantes. Bajo su cuidado un árido yermo se convirtió en un dsueño paraíso, y así ha continuado. Esto se efectuó por abrir profun­ das zanjas a lo largo de todo el valle y tan arriba de las montañas que los actuales habitantes no saben las ubicaciones de sus orígenes. En lo alto del valle las zanjas principales [los puquios] aparecen, con una altura de unos cuatro pies, techados y con un piso de piedra y también con algu­ nas piedras a los costados. Estos canales techados que descienden de las montañas [ ... ] abastecen [ ... ] cada hacienda con agua todo el año y ali­ mentan [ ... ] los pequeños riachuelos que irrigan los campos y las huer­ tas. (Markham 1991: 50) En este libro describiremos el sistema de puquios tal como existe hoy y como se supone que existió en el pasado. La tecnología hidráulica elabo­ rada no fue extraña a los Andes antiguos, por lo que comenzaremos resu­ miendo algunos logros hidráulicos de varias culturas andinas, desde los simples canales de los agricultores más tempranos hasta las grandes obras hidráulicas de los chimú y los incas. Continuaremos nuestra introduc­ ción con un resumen de la historia cultural de Nasca: el desarrollo y la de filtración. Debido a que los acueductos de Nasca son llamados 'puquios' por la gente que los usa en la actualidad, seguiremos su iniciativa y continuaremos empleando aquí este vocablo, aunque en algunos círculos se ha puesto de moda usar la palabra «acueduc­ to» para referirse a ellos, en parte para tratar de picar la curiosidad de los turistas y en parte, también, porque se suele privilegiar los términos europeos sobre los indígenas, lo que refleja así la idea de que los términos europeos son más científicos y, por lo tanto, más apropiados. 5 A GUAS EN EL DES IERTO : LOS PUQUI OS DE NASCA caída de varias culturas y civilizaciones, y sus logros. Solo al compren­ der el desarrollo de las sociedades complejas y al conocer las necesidades y habilidades de estas sociedades, podremos juntar las piezas del contex­ to cultural en el cual los puquios desempeñaron un determinado papel. En el capítulo 2 presentaremos el contexto fisiográflco de los puquios. El escenario físico de Nasca, diferente al de otros valles costeños, propor­ ciona un conjunto de apremios extremos mejor aminorados por medio del desarrollo de la tecnología del puquio. Haremos esfuerzos paradeta­ llar las condiciones físicas -las limitaciones geológicas e hidrológicas­ impuestas sobre la población de Nasca por su mundo físico. En el capítulo 3 trataremos sobre los puquios mismos en términos de su tecnología, sus probables métodos de construcción y su uso contem­ poráneo. Resumiremos los estudios previos sobre los puquios llevados a cabo en las décadas de 1920, 1930 y 1940, y detallaremos nuestros propios esfuerzos sostenidos durante las dos décadas pasadas. En los capítulos 4 al 8 describiremos el sistema, detallando cada pu­ quio de los sectores de irrigación de Nasca, Aja (valle de Nasca), Tierras Blancas (valle de Nasca), Taruga y Las Trancas, así como las evidencias existentes en los otros valles. Si bien hay unos 36 puquios que están funcionando en el presente, creemos que fueron originalmente un núme­ ro algo más elevado: por lo menos 41 y quizá hasta cincuenta o más. Tam­ bién presentaremos evidencias referidas los puquios que ya no existen. Quizá el aspecto más crítico para los arqueólogos y los historiadores sea el interrogante respecto a la fecha de la construcción de los puquios. Demostraremos en el capítulo 9 que los datos arqueológicos respaldan el supuesto de la construcción de la mayoría de los puquios durante el primer milenio después de Cristo y que se habría iniciado durante el período de transición entre la cultura Nasca Temprana y Tardía. Suge­ rencias recientes respecto a que el sistema fue enteramente construido por los españoles son insostenibles, y fallan al no tomar en cuenta las habilidades de los antiguos nasquenses para conocer y manipular su medio ambiente. No encontramos razón alguna para sugerir que esta tecnología estaba más allá de las capacidades de la población andina y que, por lo tanto, habría sido introducida por los europeos. 6 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR Una vez demostrado que la mayoría de los puquios fueron induda­ blemente usados en tiempos prehispánicos, reconsideraremos en el ca­ pítulo 1 O la historia cultural de Nasca y situaremos los puquios en su debido contexto cultural. Veremos que el tiempo de inicio de la cons­ trucción de los puquios corresponde a grandes interrupciones y cam­ bios culturales en Nasca y que solo por medio del desarrollo de los puquios fueron posibles la transformación y la supervivencia. Final­ mente, consideraremos los puquios en el mundo moderno y su impor­ tancia para Nasca, así como su significado para nuestro entendimiento y apreciación de la tecnología indígena tradicional. LA TECNOLOGÍA HIDRÁULICA EN LOS ANDES PREHISPÁNICOS Las poblaciones humanas necesitan comer, y la producción de comida -especialmente la suministrada por la agricultura- requiere de un deta­ llado conocimiento del medio ambiente y de los constreñimientos que este impone a la habilidad de producir alimentos, tales como, entre otros, el rango de temperaturas, la disponibilidad de agua y las condiciones del suelo. A menudo, si no usualmente, las poblaciones humanas deben ma­ nipular su medio ambiente para crear condiciones conducentes a la pro­ ducción de comida. En el caso de la sierra andina, para cultivar, la pobla­ ción humana debe sobreponerse a una precipitación lluviosa limitada y de estación, así como a las bajas temperaturas propias de las mayores alturas. En la hiperárida costa, donde la precipitación de lluvia es insignificante, la carencia de agua impone serios constreñimientos al desarrollo de sistemas agrícolas. Como veremos, las culturas prehispánicas manipulaban el agua y otros factores, tanto en la sierra como en la costa, de diversas maneras y a una variedad de escalas, lo que les permitía producir comida para su pobla­ ción en permanente alza. Al considerar las modificaciones humanas sobre el ambiente natu­ ral necesitamos tener en cuenta tres asuntos interrelacionados. En pri­ mer lugar, que estas modificaciones son adaptaciones primarias a las condiciones normales y a las fluctuaciones normales en esas condiciones -por ejemplo, la escasez crónica de agua-. En segundo lugar, que tales 7 A GUAS EN El DESIERTO: LOS PUQUI OS DE NASCA innovaciones tecnológicas pueden o no ser capaces de enfrentar los cam­ bios extraordinarios en condiciones normales; sequías prolongadas, por ejemplo, pueden tener como resultado un colapso agrícola si la tecnolo­ gía no está en capacidad de manejar condiciones extremas. Y, en tercer lugar, que la construcción de tales rasgos requiere organización y mano de obra de diversa complejidad. Este último punto es especialmente relevante para el desarrollo de organizaciones sociales complejas. Se ha argumentado, como lo hizo Wittfogel (1957), que el desarrollo de grandes sistemas de irrigación contribuyó directamente a la aparición de sistemas sociales complejos, necesarios para coordinar su construcción y mantenimiento. Otros (por ejemplo, Adams 1974) han sostenido que las organizaciones sociales complejas precedieron el desarrollo de los sistemas de irrigación en gran escala. Si bien nuestro interés no es poner a prueba estas ideas, cabe señalar que nuestros datos proporcionan otro ejemplo útil de la función de la irrigación a gran escala en el surgimiento de la complejidad socio­ política (retomaremos este tema en el capítulo 1 O). La sofisticación de la tecnología hidráulica prehispánica en los Andes demuestra que el pueblo andino tenía un entendimiento muy claro de su ambiente y de cómo manipularlo a su favor. Desde las comunidades agrícolas más tempranas de la costa hasta las impresionantes civilizacio­ nes e imperios de los siguientes milenios, la población andina se pre­ ocupó por el agua -cómo encontrarla, cómo distribuirla y cómo con­ trolarla-. En la hiperárida costa del Perú, este objetivo se logró tanto por medio de la construcción de extensos sistemas de canales de irrigación como utilizando fuentes de agua subterránea. En la sierra, donde las bajas temperaturas eran un factor adicional en detrimento de la agricul­ tura, la población nativa desarrolló maneras de usar el agua y la andenería para elevar las temperaturas ambientales e incorporar nuevas áreas al cultivo. La primera agricultura extensiva de la costa del Perú corresponde probablemente al Período Arcaico Tardío (también llamado Precerámico Algodón), aproximadamente entre los años 2500 y 1800 a. de C., tiem­ po en el cual el algodón y otras cosechas industriales se cultivaban a lo 8 NASCJ\ : LA JOYA DE LA COSTA SUR largo de la costa peruana. Sin el beneficio de por lo menos alguna forma de irrigación el cultivo habría sido extremadamente limitado, si acaso posible. En el Período Inicial ( 1800-800 a. de C.), la producción agropecuaria se convirtió en la forma dominante de subsistencia, un desarrollo que no pudo haber ocurrido sin el concomitante desarrollo de la irrigación por acequia. Es probable que los primeros sistemas fue­ sen relativamente simples: se desviaban canales cortos desde los ríos y el agua se desparramaba a lo largo de los campos adyacentes. Si bien aún no tenemos ejemplos claros de sistemas de irrigación fechados en el Arcaico Tardío y el Período Inicial, podemos suponer su existencia so­ bre la base del simple hecho de que la agricultura no pudo existir, en esa época, sin irrigación. Conforme pasaba el tiempo las poblaciones crecían, se necesitaba incorporar más tierra al cultivo y los sistemas de irrigación crecieron en concordancia, con lo que se hicieron más grandes y complejos, y deja­ ron extensos restos visibles todavía. Si bien es posible citar innumera­ bles ejemplos de irrigación por acequia correspondientes a todos los subsiguientes períodos, ciertamente esta forma de irrigación alcanzó su apogeo con la cultura chimú, en la costa norte, fechada en el Período Intermedio Tardío (1000-1476). Los chimú tuvieron un conocimiento de la ingeniería extremadamente sofisticado, como lo han demostrado Ortloff y otros, e incorporaron enormes extensiones de desierto al cul­ tivo mediante la construcción de grandes canales de irrigación (Kosok 1965; Ortloff 1981, 1988, 1993, 1995). Ante la eventualidad de una seria interrupción climática, intentaron incluso conectar el valle de Chicama con el de Moche por medio de un canal de larga extensión (Ortloff y Kolata 1993: 214-215; Ortloff, Moseley y Feldman 1982), si bien las razones del fracaso de esta empresa todavía son materia de cier­ ta disputa (Kus 1984; Pozorski y Pozorski 1982). En una escala algo más pequeña, donde el agua del subsuelo (la zona freática) estaba cerca de la superficie, los campos agrícolas eran excavados dentro de la tierra hasta un nivel ligeramente encima de la napa freática (Denevan 1980; Parsons y Psuty 1974, 1975; Rowe 1969; Soldi 1982). Estos campos, llamados hoyas o mahamaes (o incluso puquios), eran 9 AGUAS EN EL DESIERTO : LOS PUQUIOS DE N ASCA regados gracias a la elevación del agua subterránea mediante una acción capilar. Las hoyas se encontraban comúnmente cerca de la costa, donde el nivel del agua subterránea era relativamente alto. Buenos ejemplos se pueden ver aún en la costa norte, sobre todo aquellos adyacentes a Chan Chan, la capital de los chimú. Ha sido posible identificar otros ejemplos al sur de Lima, en el valle de Chilca, así como en el valle de Pisco. Aun cuando siempre eran de extensiones restringidas, es proba­ ble que las hoyas desempeñaran una función secundaria a la irrigación por canal (Moseley 1969) y, realmente, esta tecnología tal vez no se desarrolló hasta el año 500 (Parsons y Psuty 1974, 1975). Es interesante que una tecnología similar se usara en el norte del África árabe, en el Sahara argelino cerca de los montes Atlas (Soldi 1982: 73-74). Los campos hundidos, llamados ghout, eran excavados a una profundidad de 4 a 12 metros, y allí se cultivaban árboles de dátiles. Se piensa que estos rasgos pudieron construirse allí tan tempranamente como el siglo XIV. Sin embargo, no hay necesidad de sugerir que esta tecnología fue introducida en los Andes desde el Viejo Mundo: hay varias narraciones de testigos presenciales sobre la existencia y el uso de las hoyas en la costa del Perú al tiempo de la llegada de los españoles (Cieza 1984 [1553]; Gasea 1976 [1553]). Pedro Cieza de León parece haber quedado muy impresionado con ellas. Así lo señala Ana María Soldi: Ninguno de los cronistas que vieron las hoyas en los primeros veinte años después de la invasión europea expresó la menor duda de que se tratara de un sistema de cultivo indígena que explotaba condiciones geográficas muy peculiares y donde se cultivaba plantas indígenas que se adaptaban de manera muy especial al ambiente creado dentro de las excavaciones. (1982: 31) En la costa norte del Perú también se emplearon otros métodos para sacar agua de la napa freática con un uso menos intensivo de mano de obra, como la excavación de grandes pozos hasta la napa freática en los recintos reales de Chan Chan, para proporcionar agua de uso domésti­ co (Day 1974). En la costa sur, hasta hoy, cuando los ríos cesan de fluir 10 NASCA: l.A JOYA DE LA C O STA SUR durante la temporada seca, la población excava pozos de pocos metros de profundidad dentro de los lechos secos de los ríos para tener acceso, allí, a la napa freática. Esta práctica tiene considerable profundidad en el tiempo: Cieza proporciona una descripción de esta estrategia en uso en el valle de ka (1984: 221 [1553]). Nosotros mismos hemos observa­ do, en diversas ocasiones, la vigencia de esta estrategia en el valle de Nasca. En resumen, las poblaciones costeñas prehispánicas no solo eran extre­ madamente adeptas a manipular el agua de los ríos-vía la irrigación por acequias~ para proporcionar una fuente de agua confiable para sus cam­ pos, sino que, también, eran conscientes de los usos del agua del subsuelo. La excavación de hoyas, de pozos grandes y otros indica su apreciación de la utilidad del agua freática, especialmente cuando y donde el agua de la superficie no estaba disponible. En términos de organización social, aun cuando era posible cons­ truir y mantener sistemas de canales básicos con individuos o pequeños grupos, la irrigación a gran escala -sobre todo en la escala que hemos visto en el caso de los chimú- ciertamente requería de una organización sociopolítica compleja, no solo para construir y mantener el sistema sino para defenderlo y resolver las disputas sobre el uso del agua. Las hoyas, si bien demandaban una gran inversión de mano de obra para su cons­ trucción, una vez que estaban en uso solo necesitaban un poco de man­ tenimiento. A su vez, los pozos grandes y los pozos profundos no nece­ sariamente exigían mucha mano de obra ni una compleja organización social para coordinar su construcción o su mantenimiento. Si bien en la sierra la falta de agua no era un factor tan crítico como en la costa, todavía hoy es un hecho que la precipitación lluviosa es limi­ tada y que se requiere irrigación en muchas áreas. Sin embargo, las bajas temperaturas en alturas elevadas tienen el efecto de imponer un límite superior en el alcance de la agricultura. Las poblaciones prehispánicas usaban una variedad de técnicas, incluida la manipulación del agua del subsuelo para mejorar el régimen de temperatura y permitir la produc­ ción de alimentos en zonas de otra manera inhóspitas. 11 A GUAS EN EL DESIERTO : LOS PUQUIOS DE N ASCA Una de las principales formas en que la población prehispánica llegó a superar los efectos de las bajas temperaturas fue la construcción de andenes con fachada de piedra. Los andenes tienen un potencial más elevado que el terreno seco para almacenar el calor y, por lo tanto, pro­ porcionan alivio contra las heladas (Denevan 2003: 183). Tienen tam­ bién el efecto de elevar el límite de congelamiento y prolongar la tem­ porada de cultivo en altitudes mayores. Solo mediante la construcción de andenes resultó posible ampliar el alcance de la agricultura de maíz en una gran parte de la sierra. En la sierra central del Perú, la construc­ ción de andenes parece haber sido realizada durante el Horizonte Me­ dio, quizá por mandato del Imperio wari (Schreiber 1992: 149-151). La construcción de la andenería es una actividad de gran intensidad de mano de obra; pero, una vez completa, la inversión en este rubro para mantener las terrazas disminuye. La mayoría de los andenes prehispánicos están todavía en uso. La andenería tiene la ventaja agregada de disminuir los deslizamientos de tierra y la erosión. La precipitación lluviosa empapará con mayor facilidad una superficie horizontal que una en ladera; entonces, en efec­ to, la andenería es una manera más de manipular y sacar ventaja de los limitados recursos de agua. Más aún, la irrigación de la andenería se diseña más sencilla y eficientemente que aquella que precisan los cam­ pos en laderas. Otro ejemplo de la manipulación del agua en la sierra es el caso de los campos elevados, llamados camellones, en el altiplano (Erickson 1985, 1986, 1987, 1988; Kolata 1986; Kolata y Ortloff 1989; Ortloff y Kolata 1989, 1993; Smith, Denevan y Hamilton 1968). En áreas húmedas o inundadas alrededor del lago Titicaca, la tierra se apila en campos lar­ gos, estrechos y elevados, que dejan canales de agua entre ellos. Alimenta­ dos por una combinación de canales -derivados de manantiales o arro­ yos- y agua subterránea, los camellones son especialmente resistentes a las fluctuaciones climáticas (O rdoff y Kolata 199 3). De manera similar a la inversión wari en la andenería, la cultura tiwanaku de las últimas fases del Período Intermedio Temprano y del Horizonte Medio invirtió una gran cantidad de mano de obra en la construcción de campos elevados 12 N ASCA: l.A JO YA DE LA CO STA S UR alrededor del perímetro del lago Titicaca. Al igual que la andenería, los campos elevados tienen propiedades termales que elevan la temperatura del ambiente, reduciendo así el peligro de las heladas y alargando la temporada de cultivo (Kolata y Ortloff 1989) . Desafortunadamente, los campos elevados no fueron inmunes a la pro­ longada sequía que comenzó después del año 1100 d. de C. (Thompson y Moseley-Thompson 1989;Thompson y otros 1985), y su fracaso puede haber contribuido materialmente al colapso de Tiwanaku (Ortloff y Kolata 1993). Cabe mencionar que, solo en años recientes, se ha puesto algunos de los camellones nuevamente en producción (Erickson 1988). Cerca del lago Titicaca también se encuentran rasgos similares a aquellos de los campos hundidos de la costa. Se los llama cochas y son campos excavados hasta cerca de la zona freática (Flores Ochoa y Paz Flores 198 5), donde el agua subterránea yace relativamente cerca de la superficie. * * * En este breve resumen hemos visto que la población prehispánica de la costa y de la sierra manipulaba su ambiente natural de forma que le asegu­ rara la adecuada producción de comestibles. Ellos construyeron sistemas de canales de irrigación que se extendían desde canales en pequeña escala hasta las enormes obras de los chimú; para ello utilizaban el agua del subsuelo empleando los campos hundidos (tanto en la costa como en la sierra), pozos grandes y pozos temporales. En la sierra, donde la tempe­ ratura es un factor de limitación adicional, la andenería y los campos elevados proporcionaban alivio frente a las heladas, así como tempora­ das de cultivo más largas, lo que permitía la producción de maíz en la sierra central y de papas y quinua en el altiplano. Estos sistemas se desarrollaron como respuesta a las condiciones nor­ males de aridez, a la limitada precipitación lluviosa y a las bajas tempe­ raturas. Muchos de ellos, como los sistemas de canales en la costa y los andenes en la sierra, también sobrevivieron a fluctuaciones climáticas más extremas. Algunos estaban claramente asociados con inversiones 13 A GUAS EN EL DESIERTO : LOS PUQUI OS DE NASCA de mano de obra a gran escala y organizaciones sociopolíticas comple­ jas: construcción de andenes por los wari, construcción de campos ele­ vados por los tiwanaku y construcción de sistemas de canales a gran escala por los chimú. Pero incluso en ámbitos de complejidad social más simples, la gente conocía su medio ambiente y sabía cómo superar los mayores constreñimientos impuestos por este. En la costa ya exis­ tían sistemas de irrigación por lo menos en el año 1800 a. de C. y quizá tan tempranamente como en el 2500 a. de C., construidos por indivi­ duos o pequeños grupos con poco control central. Volvamos ahora al caso de Nasca, una región costeña con extremas limitaciones de recursos hidráulicos. Aquí veremos el desarrollo de otra forma de tecnología diseñada para utilizar los recursos del agua subte­ rránea: los puquios. LA HISTORIA CULTURAL DE LA REGIÓN DE NASCA Antes de tratar el tema de los puquios es útil resumir la historia cultural de la región de Nasca. Esto proporcionará un marco de referencia cul­ tural para la comprensión de la evolución de la tecnología del puquio y la función que desempeñó en el desarrollo de las culturas prehistóricas de Nasca. La costa sur del Perú es quizá mejor conocida gracias a la cultura nasca que existió allí durante el Intermedio Temprano (1-750 d. de C.). El fabuloso arte cerámico y textil de esta cultura se conoce como ejem­ plo sobresaliente de la artesanía prehistórica. El gran centro ceremonial de Cahuachi, con sus docenas de huacas o pirámides truncas, fue el centro ceremonial de la cultura nasca (Oreflci 1993; Oreflci y Drusini 2003; Silverman 1993). La población de Nasca usó la pampa del desier­ to, debajo de los contrafuertes de los Andes, como un gigantesco lienzo sobre el cual bordó los famosos geoglifos: las líneas de Nasca. Menos conocidos son los milenios de desarrollos culturales que ante­ cedieron a la cultura nasca, desde los cazadores y recolectores más tempranos del Período Arcaico Temprano hasta la cultura Paracas del 14 NASCA : LA JOYA DE LA COSTA SUR Horizonte Temprano. Poco conocido es también el hecho de que la propia cultura nasca pasó por un cambio radical durante su historia, tanto que debe considerarse mejor como dos culturas muy diferentes en términos de su estilo artístico y de su organización social. Más tarde, durante el milenio que siguió a la desaparición de la cultura nasca, hay evidencia de la conquista wari, del resurgimiento de la cultura local y otra vez de la conquista, esta vez por el imperio inca. En este capítulo haremos un bosquejo, al menos a grandes pincela­ das, de la historia cultural de la región del río Grande de Nasca, ubicán­ dolo en su contexto andino general (cuadro 1.1). Aun cuando nos ocu­ pa la costa sur del Perú en general, que se extiende desde el sur del valle de Pisco hasta Acarí, los eventos de mayor interés para nosotros son aquellos que se dieron en el drenaje del río Grande de Nasca (figuras 1.2 y 1.3). Esta región es única, dado que comprende ocho o nueve valles de ríos separados que se unen en un solo drenaje. Uno de esos valles es el del río Nasca, que da nombre tanto a la región como a la cultura prehispánica (la geografía de la zona se presenta con mayor detalle en el capítulo 2). EVENTOS PREVIOS A LA APARICIÓN DE LA CULTURA NASCA Las ocupaciones más tempranas: del Paleolndlo hasta el Arcaico Medio Las poblaciones más tempranas que vivieron en la región andina llega­ ron a la América del Sur quizá tan tempranamente como trece mil años atrás, durante lo que se llama el Período Paleoindio. Su subsistencia se basaba primariamente en la caza de la megafauna, como lo indican las grandes puntas de proyectil que definen el período, tales como Clovis en Norteamérica, y puntas de cola de pescado en la América del Sur. En el presente, no se conoce ninguna ocupación de este período en o alre­ dedor de la región del río Grande de Nasca. El nivel del mar era mucho más bajo en ese tiempo, por lo que cualquier sitio localizado a lo largo de la costa ahora se encuentra sumergido. 15 1500 d. c. - 1000 500 500 a. C. 1000 2000 2500 3000 4000 6000 8000 CRONOLOGÍA DEL VALLE DE NASCA Ocupación incaica La Tiza Colapso (post Wari) Ocupación Wari Loro Nasca Tardío Nasca Transicional · Nasca Temprano Montana La Puntilla ???? Período Inicial Arcaico Tardío Arcaico Medio Arcaico Temprano Paleo Indio 3-4 2 7 5 4 3 2 1 10 8 Fases CRONOLOGÍA ANDINA Horizonte Tardío Intermedio Tardío Horizonte Medio 6 Intermedio Temprano Horizonte Temprano 1-7 Período Inicial Pre-cerámico de Algodón Pre-cerámico Cuadro. 1.1. Cronología de los Andes y de la región de Nasca prehistórica. o / I 1 \ '1 1 \ '\ ' ~ 100 km \ ', '-...... ...., ' Bahía\ de San Nicolas Figura 1.2. Mapa de la costa sur del Perú con los pueblos modernos y algunos sitios arqueológicos 50 km Cuenca del Río Grande de Nasca N t Figura 1.3. Mapa de la región de Nasca e lea con los sitios mencionados en el texto AGUAS EN EL DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA Hacia el año 8000 a. de C., el clima era más cálido y la megafauna que antes se cazaba ya se había extinguido. Este período, llamado Arcai­ co Temprano, fue un tiempo de cambio hacia la caza de animales pe­ queños y la recolección de variadas plantas silvestres. Aun así, los nive­ les del mar eran todavía más bajos que en el presente, por lo cual los sitios del Arcaico Temprano localizados a lo largo de la ribera estarían hoy igualmente debajo del agua. Sin embargo, tenemos evidencia de la ocupación de la sierra encima del área del río Grande de Nasca. En el sitio de Oscconta, en la provincia de Lucanas, unos 100 kilómetros al noreste de Nasca, hay un pequeño sitio al aire libre en el cual encontra­ mos puntas de proyectil que datan de la fase Puente (8000-6000 a. de C., aproximadamente); también se encontraron sitios de esta época en el valle de Sondondo (Schreiber 1982). Hacia el año 6000 a. de C., durante el período llamado Arcaico Medio, la economía andina había llegado a basarse en una recolección más in­ tensiva de plantas y en la caza de animales más pequeños en la sierra, y en la explotación de recursos marinos en la costa, incluidos pescados, moluscos y mamíferos marinos. Los primeros residentes de Nasca que conocemos en el presente vivieron durante el Período Medio Arcaico. En 1952, Duncan Strong registró basureros y conchales sin cerámica a lo largo de la bahía de San Nicolás, en la ribera suroeste de Nasca. Las fotos publicadas de los artefactos líticos de ese sitio indican una fecha en el Arcaico Medio (Eric White, comunicación personal 1995). Strong no encontró allí evidencias de productos agrícolas (1957: 8-10). En el mismo valle de Nasca, cerca del núcleo del gran centro ceremo­ nial de Cahuachi, Johny Isla localizó una ocupación de esta época (Isla 1990); el sitio se llama La Esmeralda. Era aparentemente una residencia sedentaria, completada con una arquitectura remodelada a lo largo del tiempo y un entierro humano. Antes del desarrollo de la agricultura, esta porción del valle de Nasca, probablemente, tenía bosques y pudo haber servido como un hábitat apropiado para pequeños mamíferos y aves que podían ser aprovechados por los seres humanos. Además, el río Nasca fluye perennemente en esta parte del valle, proporcionando un buen ambiente para las plantas silvestres e incluso para el cultivo 18 N ASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR incipiente. Se encontraron restos de cuyes, aparentemente una ofrenda colocada en la construcción (Isla 1990: 75). Había, asimismo, conchas de moluscos, lo que indica que los recursos marinos también formaban, por lo menos, una pequeña parte de la dieta, aunque el sitio está locali­ zado a más de 40 kilómetros de la costa. Arcaico Tardío (2500-1800 a. de C.) A menudo llamado Precerámico Algodón, el Arcaico Tardío fue un pe­ ríodo durante el cual la subsistencia en la costa se basó primariamente en una economía marítima (pescados, mamíferos marinos, moluscos), pero durante el cual también se cultivaron ciertas cosechas no comesti­ bles, tales como calabazas y algodón. Estos productos se usaban con fines domésticos, para las redes de pescar y como flotadores . En ese tiempo, el nivel del mar se había estabilizado, y los arqueólogos pueden encontrar en el presente signos de asentamientos a lo largo de la ribera. Visto que la población cultivaba plantas y recolectaba recursos marinos, la mayoría de los principales sitios conocidos del Arcaico Tardío están situados de manera tal que es evidente que la población pudo explotar tanto el océano como el fondo del valle. Es decir, la mayor parte de los sitios se localizan a lo largo de la ribera, en cercana proximidad con los valle§ de tierras cultivables. Algunos de estos sitios son bastante grandes y exhiben las primeras construcciones monumentales de la región andina. Numerosos sitios corresponden a esta descripción en la región andina, y los sitios monumentales mejor conocidos están localizados a lo largo de la costa norte y central del Perú. Una lista abreviada de ellos incluye Huaca Prieta, en el valle de Chicama (Bird 1948); Alto Salaverry, en el valle de Moche (S. Pozorski yT. Pozorski 1979); Aspero, en el valle de Supe (Feldman 1987; Moseley y Willey 1973); y El Paraíso, en el valle de Chillón (Moseley 1975; Quilter 1985). Pero en la costa sur, especial­ mente en lea y Nasca, tales sitios son más pequeños tanto en tamaño como en número. Como trataremos con más detalle en el capítulo 2, la topografía de estos valles sureños difiere sustancialmente de aquella de los valles ubicados más al norte. A diferencia de los valles del norte, las 19 A GUAS EN. EL DESIE RTO : LOS PUQUI OS DE NASCA porciones arables de estos valles de ríos yacen muy tierra adentro, lejos de los recursos marítimos necesarios para mantener a una población que cultiva algodón y calabazas. Así, esperamos encontrar una extensa población humana en los valles interiores del drenaje del río Grande de Nasca solo después de que el cultivo de comestibles se volvió la forma predominante de subsistencia, durante el Período Inicial. A lo largo de la costa, donde los valles son muy estrechos y con tierra arable limitada, podemos esperar solo muy pequeñas ocupaciones correspondientes al Arcaico Tardío. El sitio de Casavilca es un pequeño montículo de desechos localizado un kilómetro al norte de la boca del valle de lea. En este sitio se recupera­ ron artefactos líticos en considerable cantidad, así como restos de calaba..: zas y algodón (Engel 1958: 126-127). En la porción más baja del drenaje del río lea, en una zona llamada Monte Grande de lea, Patrick Carmichael encontró dos sitios sin artefactos de cerámica, pero con evidencias de algodón (1991: 61-62). Carmichael no encontró ningún sitio del Arcaico Tardío en su prospección a lo largo de la ribera y del valle bajo del río Grande de Nasca, y otras prospecciones de los valles interiores tampoco han proporcionado evidencia de ocupaciones del Arcaico Tardí~ (Browne y Baraybar 1988; Reindel e Isla 1999; Schreiber 1990, 1991; Schreiber e Isla 1995, 1998; Silverman 1993, 1994). Esta falta de datos puede significar: 1) que los sitios del Arcaico Tardío son indudablemente esca­ sos en la región; o 2) que la investigación arqueológica ha tendido a centrarse en los períodos cerámicos, posteriores al desarrollo del cultivo de comestibles. Período Inicial (1800-800 a. de C.) Durante el Período Inicial se construyeron y se usaron centros mayores de peregrinación en la costa norte y central del Perú. En la costa central, estos han tendido a un despliegue en forma de U (Williams 1980); algunos de estos grandes sitios son Garagay y la huaca La Florida, en el valle del Rímac; y Cardal y Mina Perdida, en el valle de Lurín (Burger 1992: 69-75). En la costa norte, los centros ceremoniales tendían a un 20 N ASCA: LA JOYA DE LA COSTA SU R despliegue lineal con pirámides y plazas circulares hundidas; los sitios mayores son Pampa de las Llamas-Moxeke (Pozorski y Pozorski 1987) y Sechín Alto, en el valle de Casma; Caballo Muerto, en el valle de Moche; y Purulén, en el valle de Zaña, por nombrar unos cuantos (Burger 1992: 75-99). En la sierra del norte arraigó la tradición religiosa de Kotosh, y sus templos han sido identificados en Kotosh y en varios otros sitios, inclusive en Huaricoto (Burger y Salazar-Burger 1980; Burger 1992: 118-124). En la sierra y en la costa sur, sin embargo, dicha complejidad no se evidencia mucho, aun cuando las comunidades agrícolas simples eran numerosas y estaban ampliamente desperdigadas, sobre todo en la sierra. Es algo sorprendente que en el drenaje del río Grande de Nasca ten­ gamos tan poca evidencia de ocupación durante el Período Inicial, dado que se conocen ocupaciones mayores en los sitios de Hacha, en el valle de Acarí, al sur de Nasca (Riddell y Valdez 1988), y en Erizo, en el valle de lea, al norte. Asimismo, en la provincia de Lucanas, adyacente en la sierra, se identificaron numerosos sitios del Período Inicial, y sus arte­ factos exhiben semejanzas estilísticas tanto con Hacha como con otros sitios de la sierra (Schreiber 1982). En cambio, después de casi dos décadas de prospección arqueológica sistemática en el valle de Nasca, solo se encontró un fragmento de cerámica del Período Inicial. Durante el Período Inicial se desarrollaron primero los grandes sistemas de irri­ gación en otros valles costeños; pero, como veremos, grandes porciones del valle de Nasca no eran apropiadas para la irrigación por canal, y eso puede explicar la falta de sitios del Período Inicial. Horizonte Temprano (800 a. de C.-1 d. de C.) y fase La Punt//la (400-200 a. de C.) La mayor parte de lo que usualmente se refiere como el Horizonte Tem­ prano fue un tiempo durante el cual el culto de Chavín se tornó influ­ yente, y se extendió por todo el norte y el centro del Perú (Burger 1992). En la costa sur, la cultura paracas es aquella que manifestó semejanzas estilísticas con Chavín (Tello 1959; Tello y Mejía Xesspe 1979; Engel 21 A GUAS EN EL DESIERTO : LOS PUQUIOS DE N ASCA 1966; Paul 1991). Paracas se conoce por las excavaciones iniciales de cementerios mayores en la península del mismo nombre, que hicieron surgir las expresiones «Paracas Necrópolis» y «Paracas Cavernas», antes consideradas dos fases temporales distintas (ahora se sabe que son aproxi­ madamente contemporáneas, pero cultural y espacialmente diferencia­ das). Resulta, sin embargo, que estos estilos corresponden más apropia­ damente al período siguiente, la fase Montana, como plantearemos a continuación. La definición estilística más útil de la cultura paracas del Horizonte Temprano es la desarrollada por Menzel, Rowe y Dawson (1964), y sus fases 3 a 8 definen el período de influencia Chavín. En los ríos sureños del drenaje de Nasca no tenemos evidencia de ocupaciones que perteneciesen a las fases 1 a 7, pero sí se encuentran algunos pue­ blos y aldeas ocupados durante la fase 8. Entonces, esta fase, la que nombramos como fase La Puntilla, probablemente se refiere a la coloni­ zación inicial de estos valles (Van Gijseghem 2004). Los sitios de habitación de la cultura paracas se encuentran concen­ trados en la región del valle de lea (Cook 1999; De Leonardis 1997; Massey 1991) y son más escasos en otros valles, incluidos los del río Grande de Nasca. La cerámica incisa que la caracteriza, y que se conoce de lea, se encontró quizá en una docena de sitios del valle del Ingenio durante una prospección sistemática llevado a cabo por Helaine Silverman (1994: 365-368). En los valles sureños de Nasca, los sitios bien defini­ dos como de habitación, todos ellos aldeas grandes, pertenecen a la fase 8 del Horizonte Temprano, un tiempo durante el cual la población de lea pudo haberse reubicado en Nasca. Fase Montana (200 a. de C.-1 d. de C.) Las investigaciones recientes sugieren que ciertos desarrollos ocurrieron después del fin de la influencia Chavín, pero antes de la aparición de la cultura Nasca. Durante este tiempo, la aparente desaparición del culto de Chavín ocasionó varios cambios culturales en los Andes. En la sierra norte y en la costa, aparecieron nuevas tradiciones cerámicas y hay mues­ tras de un incremento de la violencia. En el río Grande de Nasca, los 22 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR estilos locales de cerámica continuaron vigentes, con cambios menores. Quizá el rasgo más característico de este período en la costa sur sea la aparición del espectacular estilo de los textiles de Paracas Necrópolis y Cavernas. Lo que llamamos la fase Montana incluye en Nasca lo que tradicio­ nalmente se define como las fases 9 y 1 O del Horizonte Temprano ( esti­ los de cerámica Ocucaje 9 y 1 O) y la fase 1 del Período Intermedio Temprano (estilo Nasca 1). Hemos agrupado estas fases por su concu­ rrencia en numerosos sitios. Encontramos, al igual que Silverman (1994: 371), que la cerámica de Ocucaje 10 (y 9 en nuestro caso) siempre se encuentra con el estilo Nasca 1, y que varios sitios tienen solo represen­ tadas estas tres fases. Sin embargo, también encontramos algunos sitios del Período Intermedio Temprano fase l, de un solo componente, y ello ocurre a veces en localidades defensibles. Parece ser que la fase Montana constituyó un período de continuo crecimiento de la población, en que la población se desperdigaba y se establecían nuevos asentamientos en toda la región. El desarrollo del so­ bresaliente arte textil indica quizá la aparición, durante este tiempo, de una artesanía especializada. Es probable que la construcción de arquitec­ tura monumental en Cahuachi comenzara hacia el final de este período, durante la fase 1 del Período Intermedio Temprano (Orefici 1993). Los extensos cementerios que rodean el sitio ceremonial incluyen muchos entierros de todas las fases del período Montana, lo que sugiere que Cahuachi pudo haberse iniciado antes del Intermedio Temprano 1. Los sitios defensivos del Intermedio Temprano 1 también sugieren un incremento del conflicto. Al final de la fase Montana casi todos los sitios fueron abandonados y, con la aparición de la cultura Nasca du­ rante el siguiente período, los sitios se establecieron en localidades ente­ ramente nuevas. PERÍODO INTERMEDIO TEMPRANO, FASES 2-7: LA CULTURA NASCA La cultura nasca pertenece al período Intermedio Temprano (1-750), un tiempo durante el cual surgieron varias de las civilizaciones andinas 23 AGUAS EN EL DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA más características. La mejor conocida es la cultura moche, en la costa norte; y entre las otras se incluyen la cultura Lima en la costa central, Huarpa en la cuenca de Ayacucho y diversas culturas en la sierra. fase Nasca Temprano (1-400 d. de C.) La cultura que viene a la mente de la mayoría de las personas cuando oyen la palabra «Nasca» es la que llamaríamos cultura Nasca Temprano, que data de las fases 2-4 (Nasca 2-4) del Período Intermedio Temprano. Durante este período predominó el característico estilo «monumental» de la cerámi­ ca nasca (Rowe 1960). Las representaciones de plantas variadas, mamíferos, reptiles, pájaros, criaturas marinas y seres sobrenaturales dominaban la iconografía. Los diseños pintados en la cerámica finamente elaborada de­ rivaban del arte textil de la fase precedente. De hecho, el arte textil llamado Paracas continúa hasta los tiempos de Nasca Temprano, por lo menos hasta el período Intermedio Temprano 2. El gran centro ceremonial de Cahuachi era aparentemente el centro de la vida religiosa de Nasca. Situado en el valle bajo de Nasca, en lo que probablemente era territorio sagrado (esta afirmación se debatirá a con­ tinuación), Cahuachi fue el centro de un amplio culto mortuorio. Los cementerios están alineados a ambos lados del valle bajo de Nasca, en una extensión de 1 O kilómetros, mientras que los sitios de habitación de este período son poco frecuentes en el valle bajo. Cahuachi está en el centro de esta necrópolis, con docenas de pirámides truncas y montícu­ los o huacas sometidos a continuos agrandamientos y remodelaciones durante las fases Nasca Temprano. Las excavaciones de Orefici (1993; Orefici y Drusini 2003) y Silverman (1985, 1986, 1988, 1990, 1993) han demostrado que la mayor parte de la construcción en Cahuachi se realizó durante las fases 2 y 3 del Período Intermedio Temprano, y que en la fase 4 cesó toda actividad de este tipo. Estos autores toman este hecho como base para indicar que el sitio fue abandonado durante la fase 4. Pruebas calibradas de radiocarbono de muestras recogidas por Orefici nos dan nuestros mejores fechados absolutos, finalmente, para el Período Intermedio Temprano 2 y 3: un 24 N ASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR conjunto de alrededor de veinte pruebas de radiocarbono se ubica muy estrechamente entre los años 1 y 400 (Orefici, comunicación personal 1990). De acuerdo con nuestros propósitos, hemos extendido tentativamente Nasca hasta el año 500 d . de C., para incluir la fase 4. Silverman (1990, 1993) sostiene, dado que no encuentra evidencia de la ocupación permanente del sitio, que Cahuachi funcionaba como centro de peregrinaje y que allí se celebraban regularmente ceremonias religiosas. Recientes excavaciones de Orefici han revelado, en cambio, una gran cantidad de desechos de habitación, lo que indica que, por lo menos, un pequeño número de habitantes ocupaba el sitio probable­ mente de manera permanente. Queda claro que Cahuachi era un tipo de sitio muy especial, que descendía de una larga tradición andina de centros de peregrinaje comenzada tan tempranamente como en el Pe­ ríodo Arcaico Tardío en la costa central. Sin embargo, creemos proba­ ble que la élite político-religiosa residiera en Cahuachi de manera per­ manente, rodeada de los símbolos y las galas del poder (Schreiber 1998; Vaughn 2000). Silverman (1993: 324-327; véase también Silverman 2002: 50-57) argumenta que el sitio de Ventilla, en el valle del Ingenio, fue un sitio de habitación y centro político grande de la sociedad Nasca Temprana. Nuestras observaciones sugieren que la habitación pudo no ser tan ex­ tensa como se pensaba y que el sitio tuvo primariamente una función ceremonial. El sitio es muy impresionante en términos de construcción de montículos o huacas, y lo vemos como un pequeño centro ceremo­ nial en directa relación con el centro de peregrinaje de Cahuachi. He­ mos identificado otros pequeños sitios satélites también en los valles de Nasca y Taruga. A pesar de las diferencias menores de opinión entre varios arqueólogos, es probable que todos estén de acuerdo con que la cultura Nasca Tem­ prana era relativamente compleja en su organización social y política, así como en su organización religiosa. Aun cuando no satisface defini­ ción alguna de lo que sería una sociedad estatal, estaba organizada a una dimensión que los antropólogos llamarían de curacazgo o cacicazgo. Existe bastante evidencia de organización y coordinación de proyectos 25 A GUAS EN EL DES IERTO : LOS PUQUIOS DE NASCA de mano de obra dentro de la esfera de influencia Nasca, como la cons­ trucción y modificación de la arquitectura monumental de Cahuachi y sus satélites, y quizá incluso la construcción de los geoglifos de las pam­ pas cercanas. Tales proyectos demandaban el trabajo de un gran núme­ ro de personas, así como cierto grado de control centralizado. Más aún, estos proyectos requerían de una determinada sofisticación técnica, si no especialización, en campos que incluyen la ingeniería y habilidades de arquitectura. La influencia Nasca Temprana se extendió por todo el valle de lea, y al sur hasta el valle de Acarí, como se evidencia en la distribución del estilo de cerámica. En todos los valles encontramos el mismo patrón de asentamiento: pequeñas aldeas desperdigadas, sin pueblos grandes ni centros urbanos (Schreiber y Lancho 1995). Las excavaciones de Kevin Vaughn en el sitio de Marcaya, en el valle de Tierras Blancas, indican que las aldeas eran económicamente autosuflcientes. También encuen­ tra evidencias para diferenciar rangos sociales en la existencia de casas familiares de élite en Marcaya (Vaughn 2000, 2004). El sitio más grande era Cahuachi, en el valle bajo de Nasca, pero se encuentran sitios más pequeños con montículos y pirámides truncas del mismo estilo de construcción en varios otros valles. No podemos saber, sobre la base de los datos actuales, si una sola familia gobernante o un curaca servía a toda la región en que se encuentra la cultura Nasca Temprana, o si cada valle o grupo de valles tenía sus propios gobernan­ tes, quienes a su vez rendían homenaje al curaca de Cahuachi. Queda claro, sin embargo, que había una estructura de poder gobernante y que este grupo o individuo tenía poder para organizar grandes proyectos con uso de mano de obra: la construcción y reconstrucción de la arqui­ tectura monumental en Cahuachi y sus subsidiarias. Fase Nasca Medio (400-500 d. de C.) Es evidente que algo ocurrió en la cultura nasca alrededor del año 400, o quizá más cerca del 500 d. de C., ya que en ese entonces se produjeron grandes cambios. Durante casi un siglo se ha reconocido que la cerámica 26 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR Nasca pasó por un cambio estilístico mayor, de los estilos «monumen­ tales» de Nasca Temprano a los estilos «prolíferos» de Nasca Tardío (Rowe 1960). Originalmente llamados Nasca A y B, respectivamente, el perío­ do de transición entre ellos fue llamado Nasca X (Gayton y Kroeber 1927; Kroeber 1956; Kroeber y Collier 1998). Siguiendo la seriación de Lawrence Dawson, en la cual la secuencia de Nasca fue dividida en 9 fases, el período de transición entre Nasca Temprano y Tardío corres­ ponde a la fase 5 de tal secuencia. No solo el arte cerámico experimentó un cambio significativo, sino que -cómo hemos visto- la actividad de construcción en Cahuachi había cesado ya en el Período Intermedio Temprano 4. La existencia de un gran número de entierros humanos del Período Intermedio Tempra­ no 5 en la región alrededor de Cahuachi sugiere que el culto mortuorio no había cesado y que Cahuachi aún servía de centro ceremonial. No­ sotros proponemos que la falta de nuevas construcciones en el sitio no necesariamente significa que no continuara en uso. Indudablemente, ofrendas tan tardías como del Horizonte Medio han sido identificadas en Cahuachi (Orefici, comunicación personal; Silverman 1987, 1993). Lo que sí terminó en ese lugar fue la continua remodelación y expan­ sión de las huacas o montículos existentes. Es posible que la masiva mano de obra dedicada a Cahuachi en tiempos más tempranos se redirigiera a otras necesidades, tal vez a la construcción de puquios. Los patrones de asentamiento también comenzaron a experimentar algunos cambios durante este período; así, conforme eran abandonadas las antiguas aldeas, se establecían otras nuevas. Las recientes prospeccio­ nes en la región del río Grande de Nasca, como debatiremos con mayor detalle en el capítulo 7, indican que la población comenzó a concen­ trarse en asentamientos más grandes durante este período de transición. Fase Nasca Tardío (500-750 d. de C.) La sociedad de Nasca Tardío pertenece a las fases 6 y 7 del Período Intermedio Temprano y continuó las tendencias que comenzaron en la fase 5. La cerámica tomó una apariencia totalmente nueva; los diseños se 27 A GUAS EN EL DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA hicieron mucho más abstractos, con un exceso de elementos «proliferantes». Los asentamientos se tornaron muy grandes, pero poco numerosos, quizá debido a necesidades de defensa. Los datos captados en lea (Cook, co­ municación personal 1994) y Acarí (Valdez 1989) indican que un giro semejante en el patrón de asentamiento se estaba dando también en esos valles. Las representaciones de guerreros en la cerámica, aun cuan­ do están presentes en las fases más tempranas, parecen incrementarse en frecuencia. No se edificaron nuevas construcciones en Cahuachi; pero aún se efectuaban entierros en los cementerios adyacentes, lo que sugie­ re que continuó sirviendo para sus funciones ceremoniales. La fase Nasca Tardío sigue siendo una de las menos conocidas, pero es igualmente uno de los más importantes capítulos de la historia cultu­ ral de Nasca. Parece ser un tiempo de reorganización cultural, con una organización sociopolítica quizá más compleja que en los tiempos de Nasca Temprano. Los EVENTOS QUE SIGUIERON AL T~RMINO DE LA CULTURA NASCA Horizonte Medio: fase Loro (750-1000 d. de C.) Otra gran interrupción ocurrió al comienzo de la fase Loro, un período durante el cual la región probablemente fue conquistada por el Imperio wari. Empezando en la época 1 B del Horizonte Medio, Wari se expan­ dió fuera de su núcleo en la cuenca de Ayacucho y llegó a controlar gran parte de la sierra andina, desde el Cusco en el sur hasta Cajamarca en el norte, así como buena parte de la costa (Isbell y McEwan 1991; Schreiber 1992). El viejo centro ceremonial de Tiwanaku había establecido su propia base de poder político en el altiplano, en los tiempos de Tiwanaku IV, durante la última mitad del Período Intermedio Temprano. Parece haber extendido su base económica hacia las regiones más allá del alti­ plano en los tiempos Tiwanaku V, durante el Horizonte Medio (Kolata 1993). Durante la fase Loro se estableció un centro Wari mayor en Pacheco, en el valle medio de Nasca, durante lo que generalmente se denomina la época lB del Horizonte Medio (Menzel 1964), y un centro más pequeño 28 NASCA: l.A JOYA DE LA COSTA SUR en Pataraya, en el valle alto de Tierras Blancas, durante la fase 2 (Schreiber 1999, 2000; Schreiber e Isla 1998) . En otras regiones de los Andes, especialmente en la sierra y en la costa central y sur, Wari continuó la dominación de sus territorios durante la fase 2 del Horizonte Medio. La organización social de Nasca experimentó cambios mayores duran­ te este tiempo (Schreiber 2000) . Solo recientemente han sido identifica­ dos como tales los estilos de cerámica contemporáneos a Wari. Anterior­ mente se llamaba Nasca 8 y se creía fechada antes del Horizonte Medio, pero ahora es evidente que la cerámica Nasca 8 pertenece al Horizonte Medio. Por esta razón ya no usamos la designación numérica, y nos referimos a este estilo y fase como Loro, nombrado así por el sitio Huaca del Loro, en el valle de Las Trancas (Strong 1957). Hubo un cambio en el foco del asentamiento hacia el sur de la región, principalmente en el valle de Las Trancas, y apareció una cultura local centrada en el sitio de la Huaca del Loro. Luego de la caída de Wari, la población regional descendió y los sitios se ubicaron en áreas escondidas o defensivas. Período Intermedio Tardío (1000-1476 d. de C.) Después del colapso de Wari, alrededor del año 1000 d. de C., aparecie­ ron culturas distintas en varios lugares de los Andes. La mejor conocida es el Estado chimú, en la costa norte; otras son las culturas de Cajamarca, los huanca, los chanca, los lupaqa y los colla. Siguiendo la retirada de Wari, la sociedad de Nasca continuó una vez más su propia trayectoria; pero aun cuando era más populosa -y cier­ tamente más compleja, en términos sociopolíticos, de lo que había sido durante el Período Intermedio Temprano- su arte cerámico nunca al­ canzó las cumbres artísticas a las que llegó durante los tiempos de Nasca Temprano y Nasca Tardío. Se establecieron muchos nuevos asentamientos, incluso pueblos gran­ des y un sitio de proporciones urbanas. La población se expandió bastan­ te, en apariencia, y la región entera del río Grande de Nasca estuvo posi­ blemente gobernada por el gran centro de La Tiza, en el valle de Nasca. Las excavaciones en Pajonal Alto, en el valle de Taruga, hechas por Christina 29 AGUAS EN El DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA Conlee, indican que este fue un período de interacciones económicas continuamente crecientes (Conlee 2000, 2003). La conquista y ocupación Inca (1476-1533 d. de C.) Al comenzar la segunda mitad del siglo xv, un grupo oscuro de la sierra sur del Perú comenzó una serie de conquistas que culminarían con la conformación del imperio más grande conocido en el Nuevo Mundo: el Tahuantinsuyu, el imperio de los incas. A partir de su capital, en el Cusco, conquistaron toda la región andina desde el Ecuador hasta Chile, tanto la sierra como gran parte de la costa. Aparentemente, tomaron el control de la costa sur hacia el año 1476 d. de C. y en Nasca encontraron escasa resistencia (Menzel 1959). Establecieron un centro en Caxamarca, hoy llamado Paredones, en el valle de Nasca. En el presente tenemos pocos datos acerca de los cambios políticos ocurridos en la región de Nasca como resultado de la ocupación inca; pero, dada la existencia de una centralización local, es probable que los incas dejaran el gobierno en manos de las élites locales (cf. Menzel 1959). El centro incaico, en vez de ser de índole administrativa, pudo haber sido efectivamente un retiro privado perteneciente a uno de los empera­ dores inca. El camino inca de la costa atravesaba la región cruzando el desierto desde el valle bajo de ka, pasaba por el área de confluencia de los tributarios norteños de Nasca y llegaba al centro administrativo incaico fundo del Collao (ahora La Legua), en el valle del Ingenio. El camino continuaba a través de las zonas bajas de los valles restantes (véase el debate en el capítulo 2). El periodo colonial (1533-1824) En 1533, Atahualpa, el gobernante inca, fue muerto por Pizarra y los espa­ ñoles procedieron a tomar control del antiguo imperio. Nuestros registros más tempranos de la región indican que estaba gobernada por un hombre llamado don Francisco Nanasca y que los españoles usaron su nombre para referirse a la región; su nombre propio era probablemente Cajamarca. Los 30 NASCA: LA JOYA DE LA COSTA SUR jesuitas adquirieron más tarde grandes propiedades de tierras en esta área, específicamente en el valle del Ingenio -terreno vendido por Nanasca en 1546 ( Cushner 1980: 17)- . El valle llegó a hacerse conocido gracias al vino producido con la uva allí cultivada. 2 2 Debemos hacer notar que muchas referencias a Nasca encontradas en los documen­ tos coloniales se refieren a una región ~ás grande, no específicamente al pueblo o al valle de Nasca. Sin duda, muchos documentos usaban «Nasca» cuando se referían al valle del Ingenio, muy importante para los españoles. 31 Capítulo 2 EL AMBIENTE NATURAL Y LA HIDROLOGÍA DE NASCA: EL PROBLEMA DE LA FALTA DE AGUA AuN CUANDO NASCA es hoy un paraíso de verdor, y así lo ha sido durante algún tiempo, el ambiente físico en el cual está localizada presenta, a primera vista, obstáculos casi insuperables para la ocupación humana. Esencialmente, no hay precipitación lluviosa en la costa sur del Perú debido a una combinación de corrientes frías del océano y otras condi­ ciones climáticas, y durante la mayoría de los años Nasca recibe precipi­ tación lluviosa que no se alcanza a medir. Aún más, los ríos de Nasca tienen déficit de agua y apenas se puede contar con ellos para propor­ cionar alivio por la falta de lluvia. La carencia de agua en Nasca es muy severa; pero las mismas condiciones que limitan la vida en este lugar son aquellas que disponen el escenario para la construcción de los puquios, por lo que aquí volvemos al debate acercad.e dichas condicio­ nes. Específicamente, consideraremos el medio geológico de Nasca, en general, y las condiciones hidrológicas de los valles de Nasca, Taruga y Las Trancas, en particular. El drenaje del río Grande de Nasca está conformado por una serie de ríos usualmente secos y por un flujo que sale fuera de los Andes usando un solo canal hacia el océano Pacífico (figura 2.1). Los ríos mayores, de norte a sur, son los siguiientes: Santa Cruz, Grande, Palpa, Vizcas, Inge­ nio, Nasca, Taruga y Las Trancas. Mientras que la mayor parte de los ríos andinos fluyen directamente hacia el mar, en la región de Nasca una serie de cerros costeños bloquean la trayectoria de estos ríos. Tales cerros costeños son restos erosionados de una antigua cordillera que precedió a la de los Andes. La región tiene una relativa actividad tectónica y esd. surcada por pequeñas fallas (Montoya y otros 1994). Geológicamente, el carácter de la región fue creado por la aparición del batolito andino, que formó la estructura basamento de los Andes. Cuando este basalto se elevaba, se calentaba y deformaba, el estrato de .............................. o ',, ('(§ ..... _ i!) "º \ ,<:;, ' i!)C' - \ AGUAS EN EL DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA Santa Cruz 50 km /¡r. \ / C' 1 o\, N t Figura 2.1. Mapa de la región Nasca e lea con la ubicación del drenaje del río Grande de Nasca y sus diversos tributarios. roca existente, lo que produce una sobrecarga de rocas metamorfósicas ricas en metales y minerales (Montoya y otros 1994: 74-76). Las mu­ chas pequeñas minas de oro en la región de Nasca son un testimonio de este proceso. La actividad volcánica en los jóvenes Andes produjo el grueso flujo de basalto que remata las montañas en esta región, lo que resulta en amplios terrenos planos de puna ideales para apacentar camélidos. La reserva de Pampa Galeras está localizada en la provincia de Lucanas, Ayacucho, justo encima de Nasca. La actividad volcánica también produjo un depósito extensivo de ceniza y otros piroclásticos finos que cubre los flancos occidentales de los Andes, aguas arriba de los tributarios sureños del río Grande de Nasca (Montoya y otros 1994: 55-56). 36 EL AMB IENTE NATURAL Y LA HlllROLOCiA DE NASCA: F.L l'ROllLEMA DE LA FALTA DE ACUA El terreno surgido entre la cadena de los cerros costeños y los Andes es una pampa plana y amplia, conocida como el lugar en donde se con­ centran los geoglifos de Nasca. Esta pampa desértica ahora yace de 400 a 500 metros de altitud, y su terreno arenoso está cubierto por pequeñas piedras de color marrón rojizo. Los geoglifos fueron creados al hacer a un lado esas pequeñas piedras, dejando un camino abierto para exponer el suelo, que muestra un color más claro. La porción principal de la pampa, aquella con las figuras más conocidas, yace al sur del valle del Ingenio y al norte del valle de Nasca; pero al sur del valle de Las Trancas, así como al norte del Grande, también se encuentran numerosos geoglifos. En la pampa surgida entre los Andes y la cordillera costeña, otros fenómenos crearon ciertas condiciones únicas de la región. La elevación de la ribera ha expuesto grandes depósitos de arena. Al mismo tiempo una variedad de factores han producido vientos severos, localmente lla­ mados paracas, que soplan por toda la región distribuyendo la arena de sur a norte. El flanco del sur del valle de Las Trancas está completamen­ te velado por dunas y por la sabana de arena, y esta última ha comenza­ do a cubrir el flanco norte del valle. La evidencia arqueológica sugiere que el cubrimiento del lado norte no comenzó hasta el segundo milenio. Grandes campos de dunas son comunes desde Acarí, en el sur, hasta lea, al norte de Nasca. Quizá el rasgo topográfico más distintivo de la costa sur sea la montaña cubierta de arena llamada Cerro Blanco, que domi­ na el valle de Nasca (figura 2.2). Este es uno de los picos sagrados de la región, junto con Tunga (también llamado Huaricangana), el punto más alto a lo largo de la cordillera costeña; lo son también el cerro Ilacata, cerca de Pampa Galeras; Usjunta, una formación de andesita al norte de Pampa Galeras; y Qarwarazu, un volcán extinguido en la puna al noreste de Nasca (Reinhard 1986). De acuerdo con las creencias locales, cada una de estas montañas es el hogar de una deidad de las montañas llamada huamani. El huamani de Cerro Blanco es femenino, mientras que los otros cuatro son masculi­ nos, y tres de estos últimos desempeñan un papel específico en las di­ versas versiones conocidas del mito que explica el origen de Cerro Blan­ co. Ella era una joven muy hermosa, esposa de Ilacata o de Qarwarazu, 37 AGUAS EN EL DESIERTO: LOS PUQUIOS DE NASCA Figura 2.2. Cerro Blanco visto desde el valle de Nasca. (Foto: Jim Wheeler, 1986) dependiendo de la versión del mito. Un día, mientras su esposo dor­ mía, se fugó con el joven y hermoso Tunga. Cuando su esposo despertó y comprendió que ella se había ido, se puso furioso y salió a perseguir a la pareja errante, creando tormentas y temblores por donde pasaban. Asustado, Tunga escondió a la joven debajo de una pila de harina de maíz blanco. Al verse burlado por los amantes fugitivos, el esposo, en medio de consignas y maldiciones, pidió a su padre que los convirtiera en cerros, lo que se cumplió: ella quedó convertida en un cerro blanco y él, en un cerro azul. Allí siguen hasta hoy en día: Cerro Blanco, la her­ mosa doncella, y Cerro Azul, a su lado, su eterno pretendiente. Se cree que Cerro Blanco es la fuente de toda el agua de los puquios, asunto sobre el cual debatiremos a continuación. Cada año se entregan ofrendas en esta cima, para asegurar el surgimiento de las aguas de los puquios (Reinhard 1986). 38 EL AMBIENTE NATURAL Y LA HI DROLOGÍA DE NASCA: EL PROBLEMA DE LA FALrA DE AGUA LA HIDROLOGÍA DE NASCA Retornando a nuestra discusión acerca del entorno natural, la cordillera co